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"Abuela de la selva" puede preparar más de 500 recetas medicinales de memoria

Salud

Por: pijamasurf - 04/04/2017

Una prodigiosa curandera que es también poeta reside en la selva de Kerala

En la jungla de Kerala, en el sur de la India, se encuentra la curandera Lakshmikutty, una mujer tribal de 75 años que es conocida y respetada en la región por su gran capacidad como sanadora y como poeta. Su historia ha cobrado relevancia luego de que el departamento forestal de Kerala considerara importante recoger su sabiduría en un libro y de que su historia se viralizara en la red. Lakshmikutty pertenece a una tradición de grandes mujeres medicinales que son también la voz de la tierra, algo similar a lo que en México fue María Sabina.

Cientos de personas visitan su choza, no sólo para recibir tratamiento contra veneno y mordeduras sino para escuchar sus sabias y gentiles palabras que recuentan toda una forma de existir ligada a la naturaleza. Su conocimiento proviene de su madre, una partera, y de una tradición oral que hasta el momento no se ha fijado en escrito.

La curandera, quien es apodada Vanamuthassi, algo así como "abuela de la selva" tiene la idea de convertir su hogar en un pequeño hospital y centro de estudio. Lakshmikutty actualmente ya enseña en diversos institutos cercanos sobre medicina natural. 

Tanto en este caso como en muchos otros que pueden encontrarse en países latinoamericanos, lo importante preservar el conocimiento tradicional, que hoy en día es ferozmente amenazado por la industrialización y la globalización. Mantener este tipo de tradiciones es algo realmente invaluable. 

 

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Las emociones negativas son fundamentales para la salud mental... déjalas ser

Salud

Por: pijamaSurf - 04/04/2017

Entender que las emociones negativas y “malos” momentos son parte de la vida, curiosamente resulta liberador para la mente

El aparato de la felicidad como lo conocemos ahora, es en realidad bastante nuevo. Durante milenios, generaciones y generaciones asumían con naturalidad que esta vida, entendida como felicidad plena, es una utopía y, más contracultural aún (o al menos así suena hoy), eso no le quitaba lo bello ni hacía que no mereciera ser vivida.

Como ejemplo tenemos fragmentos de los huehuetlatolli, la palabra antigua de los mexicas, donde en algunas cartas de un padre dirigidas a su hija se muestra cómo en la cosmovisión de dicha cultura éste era un mundo de obstáculos y también de sufrimientos, y no por ello un lugar exento de felicidad, es decir, que el enfrentar períodos o momentos de tristeza, frustración, miedo, etc., es simplemente parte de la vida.

Hoy, sin embargo, con la maquinaria que nos obliga irremediablemente a ser felices todo el tiempo (y además demostrarlo obsesivamente en las redes sociales) pareciera que los sentimientos “negativos” se vuelven aún más frustrantes, ya que les hemos negado el derecho a la normalidad --por cierto, por primera vez en la historia. Lo anterior genera sociedades obsesionadas con sentirse bien todo el tiempo, como si ello fuese un sinónimo de felicidad.

Estudios recientes han confirmado la sabiduría del conocimiento milenario de que la felicidad plena es una utopía, e incluso se ha advertido que la aceptación de las emociones negativas como parte de la vida no sólo nos prepara para los momentos malos (algo así como hacían los estoicos), sino que este entendimiento es también crucial para la salud mental.

Un estudio de la Universidad de la Tecnología de Queensland en Australia, hecho en el 2009 y liderado por el psicólogo David J. Kavanagh, encontró que los pacientes con problemas de alcohol y drogas que evitaban los pensamientos que les conducían a tomar fueron más propensos a hacerlo. Es decir, reprimir los pensamientos que molestan genera que no puedan sanarse.

Por su parte, otra investigación de la Universidad de Florida, realizada en el 2012 por Eric L. Garland, arrojó resultados muy interesantes también con pacientes con dependencia al alcohol. Midiendo sus niveles de estrés por medio de su ritmo cardíaco se descubrió que los pacientes que evadían pensamientos incómodos o dolorosos sufrían más estrés que aquellos que simplemente afrontaban el pensamiento y lo dejaban transcurrir hasta que cesara por sí mismo (algo muy parecido a lo que ocurre con la meditación).

Aceptar el dolor nos provee de herramientas psicológicas para afrontar la existencia. En cambio, obsesionarnos con la idea de que somos raros por no sentirnos felices todo el tiempo nos está ocasionando severos daños psicológicos.