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La ciencia misma demuestra que la realidad objetiva no existe

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/04/2017

Físico explica cómo una visión científica rigurosa indica que la realidad objetiva no existe

En 1952, Niels Bohr escribió: "Aquellos que no han entrado en shock cuando primero supieron de la teoría cuántica no la pudieron haber entendido". Esto es debido a que la física cuántica estremece completamente la realidad convencional de la física clásica, que sigue dominando en la mente colectiva. Mayormente la teoría cuántica destruye la noción fundamental de la ciencia, que existe una realidad objetiva, independiente de la observación subjetiva. Lo explico así Werner Heisenberg: "lo que observamos no es la naturaleza en sí misma, sino la naturaleza expuesta a nuestros métodos de interrogación". 

Seguimos viviendo intelectualmente en un mundo de hace más de 100 años, lo cual no es extraño, ya que lo que postula la física cuántica es realmente radical y va en contra de una noción profundamente arraigada en nuestra percepción: aquella de un mundo sólido separado en un sujeto y un universo de objetos. Pero, como dice José Ignacio Latorre, catedrático de física cuántica en la Universidad de Barcelona: "La ciencia desmonta el prejuicio de una preexistente realidad objetiva y local... La ciencia desmonta esta hipótesis que creíamos sólida. ¡Con prejuicios... no eres científico!". Es un prejuicio que la mayoría de los científicos parecen todavía defender la objetividad de la realidad, algo hasta cierto punto natural pues, por la dureza de la costumbre, es más fácil moverse en un mundo donde se piensa que todas las cosas son sólidas e independientes. Asimismo, abandonar la noción de una realidad objetiva pone en crisis a la ciencia en tanto que coloca en entredicho muchos de sus fundamentos y su aparente poder por sobre las demás formas de conocimiento, esencialmente esa idea de que la ciencia tiene la exclusividad de lo "objetivo", un conocimiento superior que hoy sabemos que es ilusorio. Por otro lado, también es cierto que la física clásica funciona bien en el plano de la realidad ordinaria. Si olvidáramos que las cosas tienen una naturaleza espectral y metiéramos la física cuántica en el clóset, podríamos seguir adelante sin inquietarnos demasiado por la naturaleza fundamental del universo. Latorre explica:

La física clásica es determinista, pero todos los experimentos de mecánica cuántica demuestran que venimos del azar. Y nos enseñan humildad: ¡nos dicen que no tenemos derecho a conocer la realidad!... Cada experimento a escala subatómica, cuántica, nos dice que sólo podemos captar alguna información (posición, movimiento...) del electrón y de otras partículas, ¡pero no conocer su esencia! En cuanto las miras, inevitablemente las perturbas y alteras... La realidad es un concepto sutil. Existe en la medida en que la miras. Acercarte a conocerla... la condiciona, ¡la crea!

Lo anterior hace referencia al problema de la observación en la mecánica cuántica, algo que llevó a John Wheeler a formular su teoría de un universo participativo, en el cual el cosmos entero existe de manera dependiente de un observador y la información juega un papel primordial. Andréi Linde, uno de los físicos más reconocidos del mundo, nos recuerda esto mismo:

Debemos recordar que nuestro conocimiento del mundo empieza con la percepción, no con la materia. Estoy seguro de que mi dolor existe, porque mi "verde" existe, y mi "dulce" existe. No necesito prueba de su existencia, porque estos eventos son parte de mí; todo lo demás es una teoría.

¿Acaso no es la más grande alucinación, defendida por tantos científicos materialistas, considerar que el mundo está lleno de objetos materiales independientes, de alguna manera autoexistentes, más reales que nuestra propia percepción? Esta noción es paradójicamente metafísica, ya que no podemos comprobar de ninguna manera que existan realmente estos objetos (de los cuales se deriva la objetividad) porque dependemos de nuestra percepción para conocerlos, les proyectamos una realidad metafísicamente.

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Estudio comprueba que contacto con la religión en la infancia genera impactos mentales

Ciencia

Por: PijamaSurf - 04/04/2017

Según la autora del estudio, Kathleen H. Corriveau, la exposición constante a la religión reduce la habilidad de los niños de distinguir entre la realidad y la fantasía

En psicología y psiquiatría, la incapacidad de distinguir entre realidad y fantasía es un síntoma derivado del consumo de alguna sustancia psicoactiva y, si es recurrente, de la psicosis. ¿Y si hubiesen otros factores desencadenantes, como la educación y la religión? Sorprendentemente un estudio realizado en la Universidad de Boston, en Estados Unidos, parece confirmar este hecho al menos en cuanto a los pacientes infantiles. 

Según la autora del estudio, Kathleen H. Corriveau, la exposición constante a la religión reduce la habilidad de los niños de distinguir entre la realidad y la fantasía. Es como si la exposición a la religión, a edades tan tempranas, hiciera que los niños tengan pequeños o esporádicos rasgos de psicosis. 

Para llegar a esta conclusión, los investigadores presentaron tres tipos de historias –religiosa, fantástica y realista– a un grupo de niños de entre 5 y 6 años de edad. Entre ellos se encontraban tres grupos de niños religiosos: aquellos que van a una iglesia cristiana y a una escuela pública, aquellos que no van a la iglesia pero sí a una escuela religiosa y aquellos que van a la iglesia y a la escuela religiosa; y un grupo de niños que no tiene contacto alguno con aspectos religiosos –no va a la iglesia ni a una escuela religiosa. El objetivo era averiguar si los niños eran capaces de identificar si los personajes de los cuentos eran reales o ficticios. 

Los resultados demostraron que los niños que van a la iglesia o a una escuela religiosa requieren más tiempo para diferenciar entre realidad y fantasía, mientras que los niños sin ningún contacto con la religión lograban distinguirlo casi de inmediato. Para Corriveau: “Los resultados sugieren que la exposición a ideas religiosas tiene un impacto poderoso en la capacidad infantil de diferenciación entre realidad y ficción, y no sólo por las historias de religión sino también las de fantasía”.

De alguna manera, los cuentos de fantasía y religión pueden influir en el juicio de los niños. Todos los niños, sin importar su bagaje religioso, identificaron al protagonista de las historias realistas como un personaje real; al de las historias religiosas, los niños que van a la iglesia o a una escuela religiosa lo identificaron como real; y al de las historias ficticias, el mismo grupo lo juzgó también como real. La autora sugiere que:

incluso si los niños no poseen inclinación para creer en suposiciones divinas o superhumanas, la educación religiosa puede llevarlos a creer que sí es posible. […] La enseñanza religiosa, en especial la exposición a historias milagrosas, lleva a los niños a recibir información genérica hacia lo imposible; esto es, produciendo un mayor rango de tolerancia al aceptar la fantasía como una realidad.

Actualmente el 28% de los estadounidenses creen que la Biblia es la palabra exacta de Dios y que debe interpretarse literalmente; mientras que un 47% cree que la Biblia está inspirada en la palabra de Dios. Esto significa que la educación religiosa influye en la cosmovisión de las personas, así como en su capacidad de diferenciar entre la fantasía y la realidad, dándole a la religión la habilidad de forjar la personalidad de los individuos.