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Henri Cartier-Bresson: el ojo del siglo

Arte

Por: Kin Navarro - 04/06/2017

El fotógrafo francés que miró al siglo XX como pocos, en 20 fotografías

Este genial fotógrafo francés nació el 22 de agosto de 1908 en Chanteloup-en-Brie, Francia.

 

Marsella, Francia, 1932.

 

Estudió pintura en Montparnasse y con apenas 23 años viajó a Costa de Marfil para realizar su primer reportaje.

 

Hamburgo, Alemania, 1952-1953.

 

Fue confundador, junto a Robert Capa, Bill Vandivert, David Seymour y George Rodger, de la Agencia Magnum, una de las agencias fotográficas más importantes a nivel mundial.

 

París, Francia, 1932. Plaza de Europa, Gare Saint-Lazare.

 

Fue asistente del cineasta Jean Renoir.

 

Unión Soviética, Rusia, Leningrado, 1973.

 

Frente a su lente desfilaron figuras tan importantes como Picasso, Henri Matisse, Ezra Pound, Albert Camus, Marie Curie, Édith Piaf, Malcom X, Arthur Miller, Mao Zadong, Gandhi, Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, entre muchas otras figuras mundiales del arte y la política.

 

Londres, Inglaterra, 1953. Estacion de tren de Waterloo, Tren partiendo hacia Ascot.

 

Fue el primer reportero occidental al que se le permitió la entrada a la URSS luego de la muerte de Stalin.

 

Andalucía, Sevilla, España, 1933.

 

Viajó por todo el mundo captando la belleza de lo espontáneo en lugares como España, Francia, la India, China, Grecia, México, Indonesia, Japón, Yugoslavia y un largo etcétera.

 

EEUU, Nueva York, 1947.

 

En 1982 ganó el premio internacional de la Fundación Hasselblad.

 

EEUU, Nueva York, 1935.

 

Trabajaba exclusivamente en blanco y negro, usualmente con una Leica de 35mm. Nunca usaba flash y era partidario de componer sus fotos desde el disparo mismo y presentarlas sin ninguna clase de intervención hecha en el laboratorio.

 

Cuba, La Habana, 1963. Café en la Plaza.

 

Desde 1933 sus fotografías han viajado alrededor del mundo incansablemente; desde aquel entonces ha tenido una exhibición casi cada año hasta la fecha.

 

Honshu, Japón, 1965. Prefectura de Iwato, Miyako.  

 

Era tímido y detestaba la publicidad; esto le permitió trabajar en distintos lugares sin ser interrumpido.

 

Unión Soviética, Moscú, 1954. Fabrica Zis, producción de camiones.

 

La fotografía, según Cartier-Bresson:

 

Para mí la cámara es una libreta de bocetos, un instrumento de la intuición y la espontaneidad, la maestra del instante que, en terminos visuales, pregunta y decide de forma simultánea. Para poder dar algún “sentido” al mundo, uno debe sentirse involucrado con lo que enmarca a través del visor. Esta actitud requiere concentración, discilplina mental, sesibilidad y un sentido de la geometría. Es por economía de las intenciones que uno llega a la simplicidad en la expresión.

 

Tomar una fotografía es retener el aliento cuanto todas estas facultades convergen en una cara de la huidiza realidad. Es en ese momento que dominar una imagen se vuelve una gran alegría física e intelectual.

 

Tomar una fotografía significa reconocer –simultáneamente y en sólo una fracción de segundo– tanto el hecho en sí mismo como la organización rigurosa de las formas percibidas visualmente que le dan sentido.

 

Es poner la cabeza, el ojo y el corazón en el miso eje.

 

India, Kashmir, Srinagar, 1948. Mujeres musulmanas las faldas del monte Hari Parbal rezando al Sol que se asoma detrás del Himalaya.

 

Bretaña, Finisterre, Francia, 1956. Recolección de algas.

 

Gallup, Nuevo México, EEUU, 1947.

 

Oaxaca de Juárez, Oaxaca, México, 1963.

 

Puedes ver más de sus fotos aquí. Todas las fotos son propiedad de Henri Cartier-Bresson/MagnumPhotos.

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Instalan desierto sintético en un museo (para experimentar el silencio absoluto)

Arte

Por: pijamasurf - 04/06/2017

El Guggenheim tiene una interesante exposición en la que los usuarios podrán reposar (y explorarse) en un ambiente de casi perfecto silencio

Como hemos mencionado antes aquí, el silencio en nuestra era es una necesidad poco reconocida que se ha convertido en un lujo. El silencio, que es lo místico, es también la raíz de la salud de la mente. El silencio, que es oro (según la frase popular), es ahora también una atracción de museo.

El Museo Guggenheim de Nueva York ofrecerá a sus asistentes un desierto sintético, acústicamente blindado, en el que se podrá tener una experiencia de la amplitud que nutre la mente. El proyecto PSAD Syntethic Desert III es el hijo de la mente del artista Doug Wheeler, un proyecto que ha madurado, con desprecio a la premura y a la agitación que caracteriza a nuestra época, desde hace 50 años (en el silencio, el tiempo se desvanece). El desierto sintético de Wheeler consiste de una plataforma --que da la impresión de suspenderse sobre un abismo en el que se encuentra una serie de pirámides hechas de un material que apaga el sonido (una versión de las cámaras anecoicas usadas en experimentos). La iluminación, a su vez, hace que se tenga la ilusión de que la galería es un espacio interminable, sin límites visibles. Se tiene entonces la sensación de estar en el mar o en el desierto, algo que mimetiza el desierto de Arizona, caro a Wheeler. 

Quizás este espacio pueda servir como un destello del silencio tan apreciado por diversos místicos. Uno de los más destacados en la actualidad, David Chaim Smith, escribe en The Awakening Ground:

La práctica contemplativa empieza con el amor al silencio. Silencio en este caso no se refiere a la mera ausencia de sonidos audibles, aunque este es uno de los aspectos que invitan a la mente a la gran expansión de su naturaleza esencial. El gran silencio es pleno, resonante y habla a través de todas las cosas. Puedes empezar llamándolo en tu interior, donde reside sin interrupción.

El amor al silencio es una especie de hambre o sed. Cala profundamente hondo. La urgencia de unirse a él es como el fuego que intensifica la aspiración gnóstica.