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¿Por qué vemos rojas estas fresas si no tienen ningún pixel rojo?

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/03/2017

Esta imagen ha estado recorriendo el Internet y es un ejemplo de una ilusión óptica muy común

Esta foto, que no contiene pixeles rojos, es un ejemplo de ilusión óptica que es muy común en la realidad. La imagen fue creada por el profesor de psicología Akiyoshi Kitaoka y semeja unas fresas con un filtro azul. Sin embargo, no tiene rojo; la imagen está mayormente compuesta de gris y azul.

El fenómeno se llama "constancia de color" y se popularizó hace 2 años con un famoso vestido que causó gran polémica porque nadie podía ponerse de acuerdo sobre de qué color era. Este fenómeno es la forma en la que el cerebro automáticamente hace una corrección de color cuando un objeto es filtrado a través de una luz distinta. 

En el caso de las fresas, debido a la fuente azul de la luz, el cerebro sustrae este sesgo azulado, lo que hace que veamos el gris como rojo, a lo que se le añade la expectativa de nuestro cerebro de ver fresas de color rojo.

La constancia de color es un fenómeno evolutivo puesto que aunque en estos casos nos puede confundir tiene una cierta utilidad, ya que filtra la contaminación de color de fuentes de luz. Por ejemplo, sería muy confuso si un plátano maduro se viera amarillo en la mañana y verde en la tarde. Esto permite que un objeto sea siempre igual, que tenga consistencia no obstante la luz.

Lo interesante de esto es que revela cómo la evolución no nos equipa para ver la realidad sino sólo para sobrevivir, y ambas cosas no suelen coincidir. Esto es algo que ha trabajado el neurocientífico Donald Hoffman de manera fascinante. 

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El neurocientífico Sam Harris explica en qué consiste el estado mental que llamamos felicidad

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/03/2017

Ya sea que estemos teniendo sexo, jugando un deporte o meditando, esta cualidad de la atención define el gozo de dichas experiencias

Sam Harris es uno de los neurocientíficos más conocidos, debido a sus libros y su presencia en la Red. Harris es  ateo (pero moderado, no tan fanático como Richard Dawkins), ha experimentado con psicodélicos y práctica la meditación (mindfulness). En una aportación para el sitio Big Think Harris responde a la pregunta sobre qué es lo que lo hace feliz, y en su respuesta nos da un modelo funcional de la felicidad que es muy cercano al budismo.

Harris dice que "la ausencia de neurosis, la ausencia de miedo, la ausencia de ansiedad" es lo que lo hace feliz, y esto lo podemos extrapolar a todas las personas. El neurocientífico agrega: "cuando reconoces lo que es la conciencia, cuando esos estados se han desvanecido [la mente] me parece intrínsecamente feliz. Esta intrínsecamente bien, intrínsecamente pacífica e incluso a veces alegre". Esto recuerda la noción budista de que la mente es la causa que precede a todas las cosas y que la naturaleza esencial de la mente, más allá de todo obnubilamiento, es la budeidad, la cual puede definirse como el estado constante que ha trascendido el sufrimiento.

La felicidad de Harris, seguramente influida por el mindfulness, está basada "en sólo darse cuenta del propio ser en el momento presente", sin que esto signifique "estar continuamente en conversación con el propio ser sobre el momento presente y pensando, pensando, pensando incesantemente". Cuando esto se deja, cuando las ruminaciones cesan, "ya sea porque estás meditando, o estás gozando haciendo un deporte, o teniendo sexo", entonces la felicidad surge naturalmente. "En realidad todas las experiencias pico tienen esta característica de que tu atención esta focalizada de una manera no compleja en tu experiencia en el presente. Este estado de la mente yo lo llamaría la felicidad". Lo contrario de la felicidad sería "la autoabsorción neurótica... la ansiedad del futuro o el reproche de lo que no hiciste". En suma, todo lo que nos impide reconocer la realidad del presente. Lo importante de esto es que la felicidad que propone Harris, que tiene claros ecos con el budismo, en gran medida no es contingente a factores externos que impliquen obtener algo del mundo sino que sólo depende de nuestra propia interioridad, de conseguir calmar, concentrar y controlar nuestra mente, de ser capaces de atender a lo que sucede sin proyectar miedos o esperanzas. La felicidad proviene de la mente y se vierte hacia el mundo, del cual recibe una siempre renovada frescura, todo está siempre cambiando, no hay nada a qué agarrarse y eso para la mente es la libertad.