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5 mitos del amor romántico que seguramente reconocerás

Sociedad

Por: PijamaSurf - 03/09/2017

El objetivo de este tipo de terapias es explicar cómo el primer paradigma conlleva a una relación de pareja cargada de mitos con tintes dramáticos y rígidos, haciendo que el amor sea más bien un ancla que oprime las vidas de ambos miembros (y de la posible familia que exista)

En terapia de pareja se explica que existen dos paradigmas del amor: el primero, el amor romántico, que cree en la existencia de la media naranja, en la necesidad de estar eternamente emparejadísimos, apasionados y enamorados, en la obligación irrefutable de la monogamia y la fidelidad, en que la presencia de los celos es sinónimo de cuidado y amor, en que el amor todo lo puede –incluyendo pobreza, enfermedades, trastornos mentales o adicciones, en los roles de género en la familia o la pareja; y el segundo, las alternativas éticas en la pareja, en donde se cree que una persona se vale por sí sola y decide compartir su vida con otra, en los acuerdos hablados y pactados sobre la monogamia, la fidelidad y la lealtad, en la compersión o la felicidad de que el compañero de la relación esté disfrutando aunque no sea con uno, en una duración límite del enamoramiento y la pasión, en la responsabilidad y cuidados que se brindan a la relación de pareja, en las redes afectivas y el compañerismo de vida. 

El objetivo de este tipo de terapias es explicar cómo el primer paradigma conlleva una relación de pareja cargada de mitos con tintes dramáticos y rígidos, haciendo que el amor sea más bien un ancla que oprime las vidas de ambos miembros –y de la posible familia que exista; mientras que el segundo resulta en una dimensión realista sobre las capacidades y herramientas de cada miembro para establecer una vida como compañeros íntimos. No obstante, descarapelar el amor romántico resulta ser una actividad compleja pues, en palabras de Karen Armstrong:

el mito trata de lo desconocido; su función es ayudarnos a hacer frente a los conflictos humanos. En ese sentido, los mitos han sido la base de todas las culturas humanas, porque han otorgado a la sociedad modelos de conducta y actitudes. […] Es una guía que transmite un código ético y que, además, ha configurado la base de todas las religiones.

¿Cómo se puede desmitificar un mito que constituye la base de nuestra sociedad actual? 

Una solución adoptada ha sido la reeducación: informar empáticamente sobre los mitos del amor romántico y sus consecuencias. Estos son algunos de los mitos amorosos: 

– “Y vivieron felices para siempre”. Es el principal mito del amor romántico. Para Coral Herrera Gómez, redactora en Metiendo ruido:

la estructura mítica de la narración amorosa es casi siempre la misma: dos personas se enamoran, se ven separadas por diversas circunstancias, obstáculos […] y barreras. Tras superar todos los obstáculos, la pareja feliz por fin puede vivir su amor en libertad.

Este mito acostumbra hacer uso de estereotipos de género que remarcan la pasividad de la mujer y la actividad del hombre; el dramatismo de la mujer y la promiscuidad del hombre; la vulnerabilidad de la mujer y la fortaleza del hombre; la necesidad de salvación de la mujer y la solvencia económica del hombre. Son ideales que no corresponden con la realidad. 

– “La media naranja”. Este mito apareció en el banquete de Aristófanes, en los Diálogos de Platón, donde se hace la suposición de que los humanos tenían dos cabezas y ocho extremidades pero fueron divididos por Zeus al haberlo hecho enojar. El objetivo de los humanos era volverse a unir a su otra mitad, a aquel personaje que estaba predestinado a uno, y “su culminación es recuperar los aspectos que nos fueron amputados y de esa manera, recuperar nuestra propia y completa identidad”. El mayor defecto de este mito es que transmite “la búsqueda de una unidad perdida” como si fuera una obligación tener una alma gemela –y en caso de no encontrarla, sentirse “defectuoso”, así como estar incompleto si no se encuentra el amor de "la media naranja". 

– Mito de la exclusividad. El gran amor, fulgurante y maravilloso, sólo puede sentirse por una única persona en toda la vida, lo cual promueve la creencia de la exclusividad emocional y sexual, así como la de los celos hacia las exparejas y otras personas. Esto incluye los deseos y fantasías eróticas, e incluso puede considerarse infidelidad si la pareja ve pornografía para su satisfacción propia. 

– El enamoramiento y la pasión duran toda la relación. Al principio de una relación, durante los primeros 3 o 6 meses, el enamoramiento se encarga de fortalecer el vínculo mediante la pasión y altos niveles de oxitocina. Sin embargo, conforme pasa el tiempo y surgen las primeras peleas, el enamoramiento cesa y, en caso de que la relación sea lo suficientemente fuerte como para superar la ruptura, se convierte en amor. En esta etapa, la madurez provoca que el vínculo afectivo se intensifique, el compromiso se incremente y la pasión disminuya. Desgraciadamente este mito provoca decepción en la pareja cuando se reduce la actividad sexual o la excitación hacia la vida en común, resultando en muchas ocasiones en una ruptura amorosa y divorcios.

– Sólo existe un único tipo de pareja: el de un matrimonio heterosexual monógamo. Esto imposibilita la diversidad en la formación de la familia, los vínculos emocionales y la orientación sexual. En caso de no formar parte de este grupo, nada ni nadie puede asegurar éxito en aquella relación de pareja ni en la felicidad en la soltería. 

Estos mitos, entre algunos otros, quitan libertad en la relación de pareja: de reinventar, evolucionar o aprender nuevas formas de relacionarnos. Por esta razón, ser capaces de reconocer que el amor romántico puede impactar negativamente en la experiencia de la vida y la pareja, hará que se tomen alternativas para que el sufrimiento deje de doler y la felicidad sea responsabilidad de quien la está buscando. 

La realidad no es la representación que nos hacemos de ella, y este mapa del arquitecto japonés Hajime Narukawa es el mejor ejemplo de ello

La cartografía, con ser una ciencia, es también una ilusión. Posee procedimientos rigurosos y aspira a la fidelidad de llevar a un mapa la realidad geográfica de nuestro planeta, pero en la medida en que se traduce en una representación que a su vez provoca un efecto en las personas, los mapas que se generan pueden mirarse asimismo como un recurso por el cual generaciones enteras son formadas bajo ciertas ideas. Ciertos cartógrafos medievales, por ejemplo, situaban a Jerusalén en el centro del mundo. A medidos del siglo XX, el artista uruguayo Joaquín Torres García dibujó un mapa de América del Sur pero invertida, esto es, con el Ecuador en la base y la Patagonia en la parte superior, un gesto artístico pero también político con el que quiso manifestar que no todo el arte valioso y digno de reconocimiento se generaba en los países del norte.

Estos ejemplos, entre otros motivos, sirven para preguntarnos por el significado de los mapas, para no verlos con inocencia sino, por el contrario, con cierto escepticismo, como representaciones de una realidad que desde otras perspectivas puede ser distinta.

Prueba de ello es el trabajo del arquitecto japonés Hajime Narukawa, quien desde hace 10 años ha buscado la representación más exacta posible, en un plano bidimensional, de la forma esferoide oblata de nuestro planeta.

Los mapas del mundo que usualmente vemos usan la proyección de Mercator, llamada así en honor al cartógrafo flamenco Gerardus Mercator, quien la desarrolló en 1569. Por casi 500 años nuestra idea de los continentes, mares y casquetes polares ha dependido de una proyección que convierte la forma de la Tierra en un cilindro que hace posible su representación en dos dimensiones. Aunque útil, este método es impreciso, pues en última instancia no refleja las dimensiones reales de la geografía terrestre. Por poner dos ejemplos sencillos: África y la India son mucho mayores de lo que estamos habituados a imaginar, y la verdad es que ni Estados Unidos ni Europa son tan grandes como parecen.

Narukawa ha seguido en parte los pasos de Buckminster Fuller, arquitecto e inventor que, preocupado también por estas cuestiones, desarrolló el mapa Dymaxion, una proyección en la que la Tierra se convierte en un icosaedro para que las caras de éste puedan desplegarse en un plano.

En la proyección de Narukawa, denominada Authagraph, ese poliedro que corresponde a la esfera terrestre está compuesto de 96 caras triangulares de idéntica superficie que, al desdoblarse, se transforman en el tan asequible mapa rectangular al que estamos acostumbrados.

Sólo que en este caso no es el mapa de siempre, sino uno en el que las dimensiones de todo cuanto existe sobre la superficie del planeta se acercan con la mayor precisión posible a la realidad.

El mapa no es el territorio, decía un motto célebre hace algunos pocos años. La realidad, después de todo, no es solamente la representación que nos hacemos de ella, pero no menos cierto es que estas representaciones, si nos descuidamos, son capaces de determinarla.