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3 inesperados factores que contribuyen a la depresión, según la ciencia

Salud

Por: pijamasurf - 03/28/2017

Quizá es tiempo de repensar eso a lo que llamamos progreso, ya que muchas de sus manifestaciones nos están literalmente enfermando

Sobre la depresión se ha hablado últimamente más que nunca en la historia. Hoy es uno de los problemas de salud pública más importantes. Lo anterior resulta paradójico, ya que la esperanza de vida ha crecido como nunca (rondando los 80 años en la mayoría de los países) y, a la par, estamos más rodeados de avances tecnológicos; estas cualidades deberían supuestamente ser idóneas, al menos desde nuestra concepción occidental de progreso.

Sin embargo, ¿por qué la depresión es un tema cada vez más recurrente? Las teorías abundan, entre ellas nuestra desconexión con la naturaleza (lo que actualmente ocurre más que nunca), la pérdida de comunidad (como resultado del individualismo capitalista), etc. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?

A pesar de que aparentemente estamos mejor como sociedad (aunque no lo creas, también es el período más pacífico de la historia), algo no está bien. Antiguamente, partiendo de que ninguna sociedad concebía que la vida podía ser felicidad perenne, los individuos asimilaban el hecho de que la vida está constituida de momentos de todo tipo. En cambio, hoy parece que estamos obligados a sentirnos felices todo el tiempo, no obstante que las emociones consideradas como negativas contribuyen a la salud mental.

Un interesante artículo de Waking Times desglosa factores que generalmente no son tomados en cuenta al momento de diagnosticar una depresión y que, paradójicamente y explicados por la ciencia, nos muestran por qué nos estamos literalmente enfermando de esta época:

 

Mala alimentación

La idea imperante de “progreso” nos ha llevado a la industrialización de los alimentos, y con ello nos ha privado del derecho más básico de todos: el de una alimentación saludable, la cual no puede ejercerse si los alimentos disponibles son procesados en su mayoría, y los orgánicos son muy costosos. En los últimos años, por ejemplo, se ha confirmado que el microbioma humano que nos habita es una especie de segundo cerebro, y sí: si no está sano, tus emociones tampoco lo serán.

 

Anemia espiritual

La desacralización de la realidad nos ha llevado a una existencia que se siente vacía. Aunque no hablamos necesariamente de regresar a una religión, la ciencia está comprobando que todo está conectado, tú influyes al universo, y ello vuelve nuestra experiencia en el mundo mucho más trascendente si comenzamos a tomar esto en cuenta. Las sustancias psicodélicas, por ejemplo, están comprobando ser una vía efectiva para tratar la depresión; y es que, curiosamente, uno de sus efectos es proveernos de experiencias que nos muestran la sagrada interdependencia entre todo lo existente.

 

Falta de sol

Estar encerrados casi eternamente y volcados a nuestros dispositivos está haciendo que perdamos contacto con la naturaleza, incluso con el recurso energético por excelencia para la vida humana, el Sol. Este nos provee de vitamina D, la cual influye en nuestra salud mental. Según diversos estudios, una deficiencia de Sol puede aumentar hasta en un 85% la sensación de depresión.

La lista es larga, aunque afortunadamente están comenzando a estudiarse factores que erróneamente enclavamos en el concepto de "progreso". Nos encontramos en tiempos de muchos cambios, y uno de los más prometedores es el tratamiento de las enfermedades no de manera aislada sino ligadas al todo, desde traumas infantiles o accidentes hasta lo más básico, como la falta del vital contacto con la naturaleza.

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Salud

Por: PijamaSurf - 03/28/2017

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Uno de los supremos placeres vitales es comer. Quien tiene la fortuna de hacerlo con la frecuencia y variedad adecuadas puede atestiguarlo. Uno de los momentos más felices del día será siempre frente a un plato atiborrado de los manjares de nuestra elección. Quizá una buena comida podría salvarnos la vida.

No se trata sólo del placentero ritual; algunos alimentos son fundamentales para lograr una salud mental plena. Quienes padecen ansiedad o depresión pueden acercarse a ciertos alimentos que les ayudarán a recuperar el ánimo.

Para este tipo de enfermedades, mantener un estilo de vida saludable es necesario para no sufrir recaídas ni desviaciones. Junto con una buena rutina de ejercicios para reducir algunos síntomas, caminatas en entornos naturales y sesiones de meditación, la alimentación adecuada nos ayudará a seguir viendo el vaso medio lleno, pase lo que pase.

Algunos de los nutrientes clave son el omega 3 (presente en la chía, la soya, el cacahuate y el aceite de oliva), los aminoácidos (frijol, ajonjolí, lentejas, espinacas), las vitaminas B (huevo, pescado, germen de trigo, coliflor), la vitamina D (leche, champiñones) y minerales como el zinc (nuez, habas), el magnesio (garbanzo, chocolates, avellanas) y el hierro; con estos nutrientes se puede alcanzar una sólida salud mental.

Estos nutrientes son necesarios para producir hormonas y neurotransmisores cerebrales y también contribuyen a regular el azúcar en la sangre, para mantener un estado de ánimo bueno.

De acuerdo con un estudio realizado a lo largo de 10 años en más de 15 mil personas, aquellos que siguen una dieta con elementos gastronómicos mediterráneos tienden a ser menos proclives a la depresión.

La nutrióloga Melissa Brunetti, especializada en la relación entre salud mental y alimentación, afirma que el desayuno ideal para una persona que enfrenta problemas de depresión consiste en huevos (que incluyen muchos de los nutrientes ya mencionados), aguacate y algún tipo de germen: “Nuestro cerebro es casi 60% grasa y necesitamos obtenerla de nuestra alimentación diaria. El aguacate es rico en triptófano, un conductor de serotonina, nuestro químico corporal para el bienestar”.

No se trata sólo de comer bien, sino de mantener hábitos alimenticios adecuados. Hacer tres comidas al día, con sus colaciones entre una y otra, es importante para evitar la irratibilidad que puede provocar el hambre y una baja concentración de azúcar en la sangre.

Estas pautas de alimentación, en combinación con el seguimiento adecuado del tratamiento asignado por un profesional, crean las condiciones adecuadas para mantenernos saludables por dentro y por fuera.