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El último pensamiento puede determinar la calidad de nuestro sueño a la vez que puede usarse para practicar yoga en los sueños y cobrar lucidez

Hoy en día muchas personas tienen hábitos poco conducentes a un buen dormir y menos aún a la exploración lúcida de los sueños. Se considera que lo importante es simplemente dormir --conciliar el sueño como sea y apagar la mente-- sin pensar en la forma en la que hacemos esto, ni reparar en la riqueza posible del mundo onírico. Muchas personas se quedan dormidas viendo televisión o llevan sus celulares o tabletas a la cama y lo último que ven es una de esas pantallas brillantes. Además de que esto afecta los ciclos de melatonina que permiten dormir bien, de alguna manera también estos hábitos in-forman nuestros sueños, cruzando el umbral como fantasmas mentales y programando el contenido de nuestros sueños.

Como los antiguos navegantes que zarpaban a lo desconocido y se encomendaban a santos o a deidades, al dormir uno puede realizar una pequeña oración y/o meditación como programación y purificación para tomar un buen camino. El maestro budista Chökyi Nyima Rinpoche señala:

Justo antes de quedarse dormido siempre hay un pensamiento final. Podemos intentar que ese último pensamiento sea uno noble y benevolente. Si lo hacemos, la cualidad de ese pensamiento puede permear todo nuestro sueño... podemos decir, desde un punto de vista espiritual, que nuestro sueño se vuelve un sueño virtuoso. Si tu último pensamiento es egoísta o hasta hostil, entonces quedarse dormido con eso en la mente satura todo el proceso de sueño con emociones poco sanas. Esto es una idea muy simple, pero es una importante. Sin mucha dificultad... podemos asegurarnos de que una parte significativa de nuestra vida se vea saturada de bondad.

Y es que resulta absurdo y francamente inconsciente abandonarse sin más, sin esperanza de recuerdo o provecho, a la oscuridad de los sueños, cuando en realidad no es tan difícil llevar con nosotros la lámpara de la conciencia. Andrew Holecek, en su libro Dream Yoga, hace énfasis en la importancia del último pensamiento del día:

Tomando un concepto del yoga del bardo: el último pensamiento que tienes antes de quedarte dormido tiende a reencarnar como el primer pensamiento o sensación en tu próximo estado de conciencia. Si puedes gentilmente sostener un pensamiento, intención o sensación antes de dormirte, ese pensamiento, intención o sensación tiende a surgir en tus sueños.

El sueño es la continuidad de nuestra mente, una zona porosa y permeable a los pensamientos y acciones de la vigilia, si bien más sensible a registros sutiles. Así podemos disolver la frontera dualista entre el sueño y la vigilia y tratar de tejer un contínuum no-dual, que permita construir una estado mental estable orientado a la paz y la sabiduría. Desperdiciar ese tercio de nuestra existencia, donde además podemos indagar la realidad bajo preciosas condiciones especiales, es casi imperdonable desde la perspectiva del espíritu.

Holecek recomienda realizar ciertas prácticas de limpieza y cultivo de virtud previas para prepararnos para el sueño, quizás de la misma manera que nos prepararíamos para un encuentro con un ser querido (el alma que en el misticismo es la amada) o que nos aseguraríamos de calmar nuestra mente antes de una cita importante. "Una buena higiene para dormir en el sentido espiritual tiene que ver con irse a dormir con un estado mental limpio para que puedas tener sueños claros y limpios". Después de hacer ejercicio o ensuciarse en la lluvia o en el lodo, generalmente una persona se bañaría antes de dormir. Esta misma higiene tiene sentido en su aspecto mental o espiritual. 

El lector que quiera hacer de su diaria incursión "oneironáutica" podría ensayar esta invocación de Guru Rinpoche: "Cuando te vas a dormir cultiva el Espíritu del Despertar (bodhicitta) pensando, 'Por el bien de todos los seres sintientes a lo largo y ancho del espacio practicaré el samadhi ilusorio, y lograré la perfecta budeidad. Para este propósito entrenaré en mis sueños" (Natural Liberation, trad. de Alan Wallace).

El samadhi ilusorio es la concentración durante el estado onírico y el dominio del cuerpo del sueño. Guru Rinpoche sugiere que el sueño puede usarse para precipitar nuestro propio despertar, el cual tiene el motivo esencial de servir para el despertar de los demás. Los sueños como un terreno sagrado, un "laboratorio" (palabra que sugiere tanto el lugar donde se labora como el lugar donde se ora). Para hacer disponible el sueño como espacio de labor espiritual es necesario reconocer el sueño como sueño, hacerlo consciente o lúcido. Al hacer esto uno entra en una dimensión de posibilidades casi infinitas, como uno de esos espacios paralelos en The Matrix en los cuales Neo realiza un entrenamiento acelerado descubriendo la naturaleza ilusoria de la realidad. 

En la tradición del budismo tibetano se recomienda mantener una visualización antes de quedarse dormido, una de las que se suelen usar es visualizar una A (puede ser tibetana, sánscrita, latina, etc.) en la garganta o una perla roja en este mismo punto. En la incipiente ciencia occidental de los sueños lúcidos se usan a veces dream signs, objetos mentales o señales particulares con las que el practicante trabaja a la manera de "memoria prospectiva" para detonar el sueño lúcido. Un ejemplo de esto es la peonza (o trompo) de la película Inception. Uno puede visualizar cierto objeto con la intención de reencontrarlo en el sueño y, cuando esto sucede, la identificación suele detonar la lucidez. 

No sólo los budistas han visto el sueño explícitamente como un espacio de integración y desarrollo espiritual. En Occidente, el filósofo neoplatónico Sinesio observó que los sueños eran indicadores de nuestro progreso espiritual y llamó a limpiar el espejo de la fantasía o de la imaginación para que pudiera reflejar la divinidad. Uno de los últimos grandes alquimistas de Occidente, René Schwaller de Lubicz, dijo:

El segundo antes de caer en el sueño es el momento más valioso del día, cuando el córtex cerebral se apaga y tú sigues en una conciencia despierta. Realmente es el estado meditativo perfecto, y las asociaciones hechas en ese estado no obedecen reglas lógicas; pueden traer consigo verdaderas revelaciones al liberarse de la rutina de los significados racionales. Como la mente ha abandonado el control, pero no la conciencia, deja el campo abierto al complejo emocional que usualmente yace suprimido y atado por la mente. Date cuenta que la presencia última de la más alta función intelectiva, aunque en un estado completamente pasivo, es esencial porque sin esa presencia simplemente estás dormido y soñando, y nadie nunca ha logrado nada en un estado de sueño profundo... Algunos estados de conciencia pueden compararse con sueños, pero si han de servir a la conciencia, deben ser una agudización, no una obnubilación.

Aunque lo que refiere aquí Schwaller tiene que ver más con el estado hipnagógico, "aquel que lleva al sueño", el cual recomienda usar como práctica contemplativa, no hay duda de que el cultivo de una relajación aguda (no obnubilada) en los momentos antes de quedarse dormido tendrá un efecto positivo en el sueño global. Schwaller exhorta a pasar de la inteligencia racional a lo que llama inteligencia del corazón, esto es, cortar el pensamiento discursivo y dejar que se "inscriba la vibración emotiva".

La práctica de los sueños, ya sea de los sueños lúcidos o del yoga tibetano de los sueños, es importante también porque es la forma que tenemos para ensayar nuestro paso de la vida a la muerte. Como dijo Shakespeare en La tempestad: "Estamos hechos de la misma materia de los sueños y nuestra breve vida cierra su círculo con otro sueño". Quizás el aprender a reconocer que estamos soñando, lo cual es favorecido por la atención y la intención que llevamos a nuestros últimos momentos antes de quedarnos dormidos, sea una forma de practicar el reconocimiento también del sueño de la muerte --el sueño que sigue al sueño de la vida. Al morir, según enseña el budismo tibetano, entramos a un mundo transitorio o intermedio, llamado bardo, el cual está compuesto de nuestro propio contenido mental o karma. La conciencia que llevamos al bardo y la forma en la que interactuamos con los fenómenos que producimos allí determinan nuestra siguiente reencarnación o incluso nuestra trascendencia del ciclo de muerte y renacimiento. Lo fundamental en esto, al igual que en un sueño lúcido, es notar que lo que estamos experimentando está siendo generado por nuestra propia mente. Al igual que en los sueños, nuestros últimos pensamientos en vida pueden ser determinantes en la generación de los fenómenos del bardo, ya sean más puros y claros o más opacos y nebulosos y por lo tanto difíciles de ver su realidad. Al final todo se trata, en la vigilia o en el sueño, en la vida o en la muerte, de despertar, que es lo mismo que reconocer la luz de la propia conciencia y erradicar la ignorancia que es la fuente del sufrimiento. Como dice Guru Rinpoche en el Bardo Thödol (el mal llamado Libro tibetano de los muertos): "la ignorancia es no reconocer que la luz que ves es el despliegue de tu propio ser".

 

Twitter del autor: @alepholo

Un breve análisis sobre tres importantes conceptos que nos permiten entender a mayor profundidad las implicaciones de los estados no ordinarios de conciencia en el individuo, la ciencia, la espiritualidad y la cultura

Los conceptos de psiconauta y psicotecnología resultan de suma importancia para conocer mejor las potencialidades ocultas del ser humano, los estados no ordinarios de conciencia y las sustancias psicoactivas (desde milenarias plantas sagradas hasta compuestos recientemente sintetizados en el laboratorio). Sin embargo, estos términos son generalmente desconocidos o directamente ignorados cuando se aborda un enfoque que no tome en cuenta el derecho a la libertad cognitiva del ser humano (aquel principio inalienable de total soberanía sobre la propia conciencia).

La palabra psiconauta (un neologismo de raíces griegas que significa literalmente “navegante de la mente”) aparece originalmente en 1970, en el trabajo del escritor alemán Ernst Jünger, especificamente en su obra Acercamientos: Drogas y ebriedad, donde el autor utiliza el término para referirse a los viajeros de los espacios interiores que usan vehículos psicodélicos. No obstante, si bien Jünger es el creador del término, uno de sus principales popularizadores ha sido el eminente etnobotánico Jonathan Ott. Considerado todo un erudito en su campo, Ott, en su obra de 1995 Diccionario de los ángeles, define al psiconauta como un viajero embarcado en las odiseas chamánicas que ocurren en el universo de su propia mente.

Más recientemente Richard Doyle, en su obra La farmacia de Darwin, ha conceptualizado al psiconauta como aquella persona que explora la mente mediante una inevitable ciencia o metodología en primera persona; esto equivaldría a decir que la psiconáutica se relaciona directamente con la capacidad de desarrollar modelos que comprendan tanto la descripción como la explicación de la fenomenología de la conciencia. La doctora Diana Reed Slattery, quien ha estudiado a profundidad diversos mapas y modelos psiconáuticos, establece en el siguiente orden dicha metodología:

(1) Ajustar la química de la conciencia mediante una sustancia psicodélica (o algún otro vehículo psicotecnológico)

(2) observar los cambios en la conciencia

(3) reportar lo ocurrido.

Con respecto a la metodología propuesta por Slattery, modelos provenientes tanto de la farmacología como del chamanismo o la psicoterapia parecen coincidir en que las tres variables más importantes a cuidar para un adecuado ajuste de la química cerebral son el set (o programa mental del individuo), el setting (el entorno y la compañía al momento de la experiencia) y la dosificación –y calidad-- del propio compuesto. De acuerdo con Rick Strassman (autor de DMT: La molécula del espíritu) la mayor parte de los “accidentes” relacionados con experiencias psicodélicas provienen de no cuidar alguna de estas tres variables.

Es por esta razón que Stanislav Grof, psiquiatra checo considerado padre de la psicología transpersonal, define a los psicodélicos como amplificadores no específicos de la conciencia, es decir, son considerados no específicos debido a que su efecto se encuentra sujeto a las variables anteriormente mencionadas. Ésta resulta ser una cuestión fundamental para entender las distintas posturas existentes en torno a estas sustancias: hay quienes las consideran medicinas, espíritus maestros, armas de lavado cerebral (o, como en el caso de la reduccionista psiquiatría ortodoxa, psicotomiméticos o agentes estimulantes de psicosis). Todas estas perspectivas pueden, en cierta medida, llegar a ser válidas cuando consideramos el nivel de realidad que habita el individuo, así como el resultado observable, producto del balance (o desbalance) de las variables ya mencionadas.

Una vez entendido el primer concepto, vale la pena profundizar en cuáles son las herramientas o medios utilizados por los psiconautas para acceder a estos nuevos y desconocidos espacios mentales. El segundo concepto que trata este articulo son las psicotecnologías; dicho termino es extraído del paradigma multiestados, un modelo propuesto por el doctor Thomas B. Roberts (quien imparte una cátedra titulada “Estudios Psicodélicos”, en la Universidad de North Illinois en Estados Unidos). Bajo la lógica de la teoría de Roberts, las psicotecnologías pueden ser entendidas como herramientas o dispositivos psicológicos con la función de permitir a quien los usa alcanzar un output deseado de información, es decir, una respuesta observable que pueda manifestarse en forma de ciertas habilidades específicas; relacionadas con el estado de conciencia del individuo. La idea general con respecto a esto es que los psiconautas, trabajando apropiadamente con el amplio catálogo de psicotecnologías existentes, pueden seleccionar, modificar o mejorar a voluntad habilidades o procesos relacionados con la percepción, cognición o emoción.

De esta manera, estas sustancias formarían parte de una familia concreta de psicotecnologías; esto abre el tema hacia la identificación y el estudio de otras formas de tecnologías de la mente como puede ser la meditación, el yoga, técnicas de respiración (como la holotrópica), la hipnosis, los cantos chamánicos o icaros, el manejo del sueño lucido, las artes marciales iniciáticas, la privación sensorial o formas más modernas de estimulación cerebral como el biofeedback.

Con este modelo, Roberts propone que las psicotecnologías psicodélicas deben jugar un rol esencial como agentes facilitadores del principio metodológico de la experimentación, es decir, los psicodélicos no son necesariamente mejores herramientas que otros medios como la respiración o la meditación, pero sí son vehículos más veloces. En otras palabras, experimentar responsablemente con estas sustancias no requiere de los largos períodos de entrenamiento que sí conlleva, por ejemplo, aprender complejas asanas de yoga, activar todos los chakras del cuerpo o dominar antiguas técnicas meditativas orientales.

Pero entonces, ¿por qué no tenemos una sociedad basada en este tipo de psicotecnologías, tal y como Aldous Huxley propuso en su famosa obra La isla (último trabajo publicado antes de su famosa muerte en LSD)?

Si bien la respuesta a esto puede tener múltiples matices, en el fondo el problema filosófico al que se adhiere es lo que Roberts llama “la falacia del estado único”, aquel supuesto erróneo de que todas nuestras habilidades útiles residen únicamente en el estado de conciencia ordinario. En este sentido el pionero en antropología transpersonal, Charles Laughlin, complementa esto al señalar que existen sociedades monofásicas y multifásicas, siendo nuestro paradigma occidental uno estrictamente monofásico; esto significa que la conciencia ordinaria (también conocida como vigilia) es considerada lo correcto y normal, los sueños son poco valorados y los estados no ordinarios son sistematizadamente descartados al considerarse anormales o simplemente patológicos.

No obstante,  el estado prohibicionista ha establecido una dictadura de realidades, una donde la libre exploración de la conciencia es castigada y estigmatizada. Ott, en su famosa obra Pharmacotheon, se refiere al prohibicionismo como un experimento de ingeniería social cuyas leyes son inaplicables, ineficaces, insalubres, inmorales, antieconómicas, anticientíficas y antiecológicas. En esa misma obra Ott sostiene además que el consumo de sustancias psicoactivas es básicamente una actividad normal y virtualmente universal en toda la historia de nuestra especie. De forma similar, el también etnobotánico Terence  McKenna, en El manjar de los dioses, incluso relaciona a los psicodélicos con el desarrollo de procesos evolutivos complejos (como el propio lenguaje) entre los primeros grupos de homínidos en África.

Recientemente, cada vez más autores hablan de un renacimiento psicodélico; entre ellos encontramos a Ben Sessa, James Oroc, Christopher Partdridge y al propio Tom Roberts. En cualquier caso, estamos hablando de un reavivamiento del interés científico, cultural y espiritual en torno a estos compuestos. Desde mitades del siglo XX hasta la actualidad, tres fases pueden ser perfectamente reconocidas:

1. Desde el descubrimiento de la LSD-25 por parte del químico suizo Albert Hofmann en 1943 hasta el final de la década de los 50 con el filósofo e intelectual Aldous Huxley como figura central.

2. La era contracultural psicodélica de la década de los 60 con el doctor Timothy Leary en el centro. Tras la caída de este movimiento y el alzamiento del prohibicionismo, voces como las de Jonathan Ott se volvieron esenciales. Además de ser un académico riguroso y un erudito en contacto con la primera línea de investigadores psicodélicos como Hofmann y Wasson, Ott es un desafiante explorador psicodélico que se volvería una fuente esencial en la siguiente década para alimentar el interés de las nuevas generaciones de psiconautas (una responsabilidad similar a la de Terence McKenna).

3. El desarrollo de la cultura rave desde mediados de la década de los 80; algunos de los principales representantes de esta fase son el químico Alexander Shulgin (difusor y resintetizador del MDMA, e inventor de más de 230 sustancias psicoactivas, muchas de ellas probadas en él mismo y su esposa), el reconocido etnobotánico y filósofo Terence McKenna (también llamado el bardo psicodélico), el doctor Rick Strassman (psiquiatra cuya investigación reavivó el interés del público por las experiencias con DMT en este siglo) y el artista visionario Alex Grey (cuya campaña de 2013 para la edificación de un mausoleo psicodélico se convirtió en uno de los proyectos más exitosos en la plataforma de crowdfunding digital Kickstarter).

Es entonces, a partir de la década de los 90, también llamada la década del cerebro, que encontramos un interés renovado en el estudio científico de los efectos de estas sustancias por parte de la neurociencia cognitiva y la psicofarmacología; el resultado más visible de este creciente interés fue la reapertura de la investigación psicodélica con el ya mencionado trabajo de Strassman con DMT en la Universidad de Nuevo México, más otros estudios recientes realizados con psilocibina en la Universidad Johns Hopkins, además del trabajo de investigación psicoterapéutica de MAPS con MDMA o las investigaciones con otros psicodélicos que realizan organismos como la Fundación Beckley o el Instituto Heffter.

Para entender mejor cómo todas estas diversas líneas de investigación encajan y pasan a ofrecernos un panorama altamente optimista en relación a la integración y reconocimiento de estas sustancias en nuestra cultura, Roberts nos ofrece un modelo de cuatro etapas destinado a cubrir importantes áreas de nuestra realidad como lo son la ciencia, la espiritualidad, el arte y la propia mente; esto se logra estableciendo un modelo no secuencial, es decir, una teoría donde una nueva etapa no sustituye a otra, sino que éstas coexisten y se construyen naturalmente a partir de su interacción. Las cuatro etapas evolutivas ubicadas por Roberts son las siguientes:

1. La etapa medica-neurocientifica (psicoterapéutica)

2. La etapa espiritual-religiosa (enteogénica)

3. La etapa intelectual-artística (ideogénica)

4. La etapa de las aplicaciones mentales o mindapps (psicotecnologíca)

 

Etapa 1: Psicodélicos en el laboratorio

La etapa medica-neurocientifica es quizá la más visible en la actualidad, y se encuentra caracterizada por los avances científicos en facultades de medicina, clínicas y laboratorios de biología (mayormente en Europa y Estados Unidos); dentro de esta etapa, las experiencias místicas (o transpersonales) producidas por las sustancias psicodélicas son la principal variable de investigación en la curación y/o el cambio de actitudes en pacientes y voluntarios.

El éxito de las experiencias de conciencia trascendente psicodélica puede verse reflejado en los estudios para el tratamiento de la ansiedad, depresión, diferentes tipos de adicciones, psicosis, neurosis, autismo o el trastorno de estrés postraumático (TEPT), lo cual conduce a una aceptación social basada en las propiedades curativas de estas experiencias.

Por ejemplo, el mejoramiento en la plasticidad cerebral ligado a estos estados psicodélicos puede ser entendido como resultado de lo que el investigador Michael Winkelman denomina psicointegración. Este concepto sugiere que al ser análogos de la serotonina --un neurotransmisor básico del organismo-- los psicodélicos modulan no sólo un proceso cerebral específico, sino varias actividades de muchos otros neurotransmisores. Esto produciría una integración entre la estructura cerebral del tálamo, que regula el flujo de información proveniente del sistema nervioso, y del córtex, que interpreta emocionalmente dicha información. Cabe señalar que tanto el tálamo como el córtex hacen uso de los circuitos serotoninérgicos (5-HT2), lo cual hace sugerir a Winkelman que las experiencias psicodélicas, al estimular estos circuitos, mejoran en términos generales los procesos de comunicación cerebral, explicando así dicha neuroplasticidad.

 

Etapa 2: Psicodélicos en la espiritualidad

A pesar de los grandes avances que la ciencia descubre con respecto a los psicodélicos, sus potenciales aplicaciones no se restringen exclusivamente a la psicoterapia moderna; es por ello que en esta segunda etapa estos compuestos suelen recibir el nombre de enteógenos, un neologismo propuesto por Ott, Wasson y otros reconocidos académicos. El significado de este término es “generando la divinidad interior” y hace referencia al uso de psicodélicos en contextos donde el individuo posee un sentido de lo sagrado, o bien, un modelo de interpretación espiritual (oracular o ritualístico) para las experiencias producidas por dichas sustancias. Estos modelos son frecuentemente observables en las antiguas escuelas iniciáticas, como la de Eleusis en Grecia, donde parecen haber utilizado psicodélicos derivados del cornezuelo de centeno u hongos psilocíbicos como catalizadores para rituales de iniciación (otros ejemplos de esto fueron el soma en la India, así como el teonanácatl en Mesoamérica).  

Pruebas del desarrollo actual de esta segunda etapa pueden encontrarse en: (1) el incremento en el número de iglesias que usan legalmente compuestos psicodélicos de forma enteogénica (Santo Daime, União do Vegetal, Iglesia Nativa Americana, etc.), (2) el impacto social de la conciencia “espiritual” de los psicodélicos en la cultura popular, y (3) la rápida propagación de diferentes tipos de publicaciones sobre el uso enteogénico de los psicodélicos gracias, en gran medida, a internet, y particularmente a sitios como Erowid.

 

Etapa 3: Psicodélicos como catalizadores intelectuales y artísticos

Si nos remontamos a las investigaciones del doctor Oscar Janiger en la década de los 60, encontraremos que dichos estudios mostraron que muchos artistas se sentían más ingeniosos e inspirados durante o después de una experiencia psicodélica, esto ha conducido a señalar que el uso selectivo de psicodélicos en la resolución de problemas para ingenieros, físicos, matemáticos, diseñadores, arquitectos o artistas, podría constituir una de las aplicaciones artístico-intelectuales más relevantes de estas sustancias.

Apoyando este argumento también podemos mencionar algunos científicos que lograron catalizar sus habilidades creativas e intelectuales por medio de estados psicodélicos; la lista incluye --entre muchos otros-- a Kary Mullis (desarrollador de la técnica de reacción en cadena de la polimerasa-PCR), Francis Crick (uno de los descubridores de la estructura molecular de la doble hélice del ADN), Steve Jobs (fundador de Apple), Richard Feynman (premio Nobel de física), Douglas Engelbart (pionero del Internet, las interfaces gráficas, creador del hipertexto y del mouse), Mark Pesce (uno de los desarrolladores del Lenguaje para Marcación de Realidad Virtual VRML), John C. Lilly (pionero en la comunicación interespecies y creador de los tanques de aislamiento sensorial), y por supuesto, Aldous Huxley (escritor considerado como una de las máximas autoridades intelectuales del siglo XX).

Uno de los fundamentos para explicar esta relación entre creatividad y conciencia psicodélica puede ser encontrado en un revelador estudio del 2011 publicado por British Medical Journal, donde se demostró que personas con un alto coeficiente intelectual desde su niñez suelen ser más susceptibles a convertirse en consumidores de ciertas drogas como el MDMA. La explicación a esto yace en el hecho de que las personas inteligentes se encuentran normalmente más abiertas a tener este tipo de experiencias debido a la alta estimulación cognitiva y/o emocional que estos compuestos producen; es por ello que en este contexto de la tercera etapa, Roberts denomina a los psicodélicos ideogénos (generadores de ideas), y sugiere que este uso puede servir como un puente de transición hacia el cuarto escenario evolutivo: la etapa de las aplicaciones mentales o psicotecnologíca.

 

Etapa 4: Psicodélicos como tecnologías de la mente

Hay que recordar que fue Alan Watts, filósofo y uno de los principales divulgadores del budismo zen en occidente, quien sugirió en su momento que los compuestos psicodélicos pueden considerarse como complementos perceptivos semejantes al telescopio o al microscopio, sólo que en el caso de estas sustancias el complemento no se encuentra enfocado en el mundo externo, sino en estados internos del sistema nervioso.

Además del estado ordinario de conciencia, los humanos tenemos la capacidad de acceder a muchos otros estados, cada uno con sus particulares habilidades específicas o residentes. Mediante lo que Roberts llama mindapps (o psicotecnologías), podemos instalar y trabajar dichos estados o habilidades. Por esto mismo, las aplicaciones mentales, las psicotecnologías (o mindapps), también pueden llegar a recordarnos un poco a la teoría de los ocho circuitos cerebrales del doctor Timothy Leary y de Robert Anton Wilson, así como al concepto de metaprogramación desarrollado por el doctor John Lilly.

La etapa psicotecnológica, al igual que las ideas de psiconautas como Leary, Wilson, Lilly y Watts establece que el ser humano al explorar su conciencia se encuentra cada vez más consciente de sí mismo, de su modo de operar, y por consiguiente, está avanzando hacia una modalidad de comportamiento donde la inteligencia estudia a la inteligencia, o el sistema nervioso estudia al propio sistema nervioso; esto nos lleva a reprogramarnos y a eliminar más fácilmente condicionamientos y automatismos que normalmente reducen nuestra calidad de vida.

Siguiendo esta línea, Roberts sugiere que tal y como podemos programar e instalar un número indefinido de aplicaciones dentro de nuestros dispositivos electrónicos, de igual manera podemos usar dentro nuestro ciertas psicotecnologías que nos lleven a desarrollar o trabajar funciones o habilidades específicas, no disponibles normalmente en el estado ordinario de conciencia.

Finalmente, y para concluir este artículo, me gustaría incluir una serie de links a publicaciones (lamentablemente, sólo disponibles en inglés) que no corresponden a los habituales sitios devotos a las sustancias psicodélicas, sino que fueron presentadas en publicaciones mainstream y journals académicos oficiales a lo largo de la última década, esto también puede ser visto como evidencia del antes mencionado renacer  psicodélico. Tomo estas referencias del último libro del doctor Roberts, The Psychedelic Future of Mind, una lectura más que recomendada para quien haya encontrado interesante este texto y donde muchas de estas ideas se exponen a mayor profundidad.

The Chronicle of Higher Education. Researchers Explore New Visions for Hallucinogens. 2006

The Lancet. Psychedelic Research Moves Mainstream. 2008

American Psychological Association Monitor. Research on Psychedelics Makes a Comeback. 2010

Scientific American. Hallucinogens as Medicines. 2010

The Economist. Research Into Hallucinogenic Drugs Begins to Shake Off Decades of Taboo. 2011

The New York Times. A Dose of a Hallucinogen From a ‘Magic Mushroom, and Then Lasting Peace. 2016

 

Contacto con el autor: Ibrah Gebrail // Psyconautas Radio // La Drogoteca