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Al parecer pasar mucho tiempo frente a las pantallas de la tecnología digital tiene efectos similares a ciertas drogas "duras"

No hay duda de que uno de los problemas de salud más grandes que enfrentará el mundo en las próximas décadas es el abuso de la tecnología digital. Según ciertos investigadores el Internet, los videojuegos, los constantes mensajes de los smartphones y próximamente la realidad virtual son un arsenal de estímulos que pueden comprarase con drogas "duras". Esto en tanto que estimulan nuestras áreas neurales de recompensa (el circuito de dopamina), como las drogas, pero también porque al igual que algunas drogas proveen una especie de entretenimiento inmersivo que puede ser adictivo.

De acuerdo con el doctor Nicholas Kardaras, director de una importante clínica de rehabilitación en Estados Unidos y profesor de medicina en el centro Stony Brook Medicine, el 'tiempo de pantalla' esta correlacionado con comportamientos adictivos entre los niños y adolescentes y esta adicción no es más fácil de tratar que la misma heroína. Kardaras es el autor de un nuevo libro, Glow Kids, en el que analiza este preocupante fenómeno.

Según reportes de la Academia Americana de Pediatras, los niños de entre 8 y 10 años pasan 8 horas al día con diferentes medios digitales y los adolescentes pasan 11. Uno de cada tres niños empieza a usar tabletas o smartphones antes de que pueda hablar, y datos de la doctora Kimberly Young sugieren que en Estados Unidos el 18% de los usuarios de Internet de edad universitaria sufre de adicción a la tecnología. 

Tal vez los términos "heroína digital" o "cocaína electrónica" (usados por el doctor Peter Whybrow) son un poco fuertes. Seguramente pasar 11 horas frente a una pantalla no es exactamente igual para el cerebro que inyectarse heroína, pero si tomamos en cuenta la cantidad de personas que están volviéndose adictas a este "fármaco digital" es entendible que suenen las alarmas. 

Kardaras plantea que en algunos casos es necesario realizar un detox o una dieta sin 'tiempo de pantalla', algo que es sumamente difícil en nuestra sociedad. Esto es importante incluso para que los sistemas nerviosos hiperestimulados se puedan restablecer. En el caso de los niños recomienda medidas como pueden ser usar una computadora de escritorio, evitar el uso de laptops y tabletas en la recámara, cenas sin pantallas y en general ciertas restricciones que pueden ser bien llevadas con actividades alternativas.

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El triunfo de Donald Trump pone de manifiesto un fenómeno paradójico de la comunicación mediática contemporánea: las personas no buscan informarse, sino reafirmar lo que ya piensan

Entre las varias explicaciones que han comenzado a surgir en torno al triunfo de Donald Trump en las pasadas elecciones presidenciales de Estados Unidos, una que merece atenderse es la que toca a los medios de comunicación, que como en otros procesos políticos, esta vez también tuvieron un papel fundamental en el resultado de los acontecimientos. Se habla de “medios” pero también parece que este término podría estar transitando hacia una noción un tanto más flexible, pues ahí donde antes pensábamos en la radio, la televisión o los periódicos como fuentes de información, quizá ahora cabría señalar esas “formas” de comunicación más bien personalizadas que son las redes sociales.

El peso absoluto de los llamados “medios sociales” aún está por verificarse, pero sin duda su peso relativo ya es evidente. Algunos análisis señalan ya el declive de los medios tradicionales frente a la relevancia al parecer cada vez más creciente de la información que fluye por redes como Facebook y Twitter. Pablo Boczkowski, doctor por la Universidad Cornell e investigador en la Universidad Northwestern, publicó hace un par de días un análisis comparativo sobre la influencia de ambos candidatos –Hilary Clinton y Donald Trump– en los dos tipos de medios. Grosso modo, el punto de partida de este examen fue la disparidad en el “espaldarazo” de varios periódicos estadounidenses a cada uno de los políticos: a Clinton la respaldaron 229 diarios y 131 semanarios, mientras que Trump contó con el apoyo manifiesto de únicamente nueve diarios y cuatro semanarios.

Sin embargo, en las redes sociales la situación fue inversa: la base de fans y followers fue ampliamente mayor para Trump, quien con 25 millones de seguidores, sumados de Facebook y Twitter, aventajaba a Clinton con casi 7 millones, pues en los perfiles sociales de la candidata la suma era de casi 18 millones, esto al 4 de noviembre y según las cifras de Boczkowski. Y ya que las “reacciones” de esas personas también son medibles, esa diferencia también se tradujo en mucho mayor impacto para Trump de los mensajes difundidos en redes sociales, en un caso, hasta 30 veces más que los de Clinton.

Pero este no es el único factor que explica la relevancia de los medios sociales en el triunfo de Trump. Guillermo Valencia, de la consultora Microwise, realizó otro análisis a propósito de la manera en que los seguidores de los candidatos estaban conectados, y de nuevo los resultados favorecen a Trump. Como se ve en estas gráficas, las redes de Clinton estuvieron separadas en tres grandes grupos sin muchos puntos de contacto entre sí, mientras que las de Trump formaron un sistema eficientemente vinculado.

Seguidores de Hillary Clinton en Twitter

 

 

Seguidores de Donald Trump en Twitter

 

¿Qué implicaciones tiene este fenómeno? ¿Qué importancia tiene que la influencia de los medios tradicionales esté en franca decadencia y que dicho hueco esté siendo llenado por las plataformas sociales?

Entre otros efectos, quizá la clave está ya en la forma que adquiere ese gráfico de la red que formaron los seguidores de Donald Trump en los medios sociales. Como vemos, es una forma circular, es decir, aislada. Varios analistas contemporáneos han observado esa tendencia a formar lo que Joshua Benton, en otro análisis de la comunicación en este proceso electoral del Nieman Journalism Lab de la Universidad de Harvard, llama “universos sociales segregados”, fragmentos de realidad fomentados por la manera en que funcionan las redes sociales y en los cuales el usuario no está realmente informándose sino más bien reafirmando la opinión que ya tiene sobre determinado asunto, incluso, irónicamente, si esto implica desinformarse, como bien señala Benton en su análisis con ejemplos fehacientes.

Tanto en Facebook como en Twitter se ha buscado perfeccionar el algoritmo para que aquello que vemos sea “relevante”, y esto por un propósito muy sencillo: que el usuario continúe visitando la plataforma, tanto como sea posible. Si de pronto dejáramos de ver cosas que nos interesan, simplemente dejaríamos de usar Facebook o Twitter (como se dejaron de usar otras redes), con lo cual el negocio de ambas empresas terminaría por fracasar. Pero no es así, y por eso especialmente Facebook se preocupa tanto por la relevancia del contenido.

En términos cotidianos, este modelo se traduce en algo muy simple: una versión cómoda de la realidad. Los likes que damos, los unlikes, los shares, los comentarios, todo ello se suma para que cada vez que entremos a Facebook veamos casi exclusivamente lo que nos place y muy pocas veces algo que desafíe nuestra visión del mundo.

Ruth Fremson/The New York Times

¿Conectarnos sólo nos está aislando? Ese parece ser el efecto paradójico de la “comunicación” contemporánea. En Mashable, Damon Beres sostiene con cierto ardor que es momento para Facebook de “matar” su news feed (es decir, la versión actual del algoritmo descrito). El problema es en realidad más profundo, y sin duda eso merece otra reflexión, pues aunque no estuviera Facebook, no parece posible en este momento que el grueso de la población haría otro tipo de elecciones informativas. En términos estructurales eso tiene que ver con otros factores. Sin embargo, el reclamo de Beres lleva algo de razón.

Como empresa, Facebook se rige únicamente por su modelo de negocio (la “relevancia del contenido”) y, con ello, pretende una neutralidad política que en los hechos no se presenta así. En nuestra época se habla mucho de sistemas que se autorregulan, y la comunicación en redes sociales es un buen ejemplo de ello. Pero ante los resultados actuales vale la pena reflexionar si esa supuesta autorregulación es un valor positivo, si como usuarios podemos ceder tanta libertad a los algoritmos o es momento de preguntarnos si de verdad estamos consumiendo lo que queremos y nutre nuestra visión del mundo, incluso desafiándola, o sólo lo que el sistema, en su autorregulación, nos entrega, bajo el único criterio de que cientos o miles o millones de personas están consumiendo eso mismo.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

Fuentes

Joshua Benton, The forces that drove this election’s media failure are likely to get worse

Damon Beres, Facebook failed America this year — now it should kill the News Feed

Pablo Boczkowski, Has Election 2016 been a turning point for the influence of the news media? (en español en este enlace)

Guillermo Valencia, Por qué Trump va a ganar las elecciones en Estados Unidos contra todo pronóstico

Imagen principal: Aaron Josefczyk / Reuters