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¿Es hora de aceptar que el azúcar es una sustancia tóxica que debe ser regulada?

Salud

Por: Pijamasurf - 12/22/2016

No todas las calorías son iguales: el azúcar refinada debe ser entendida como lo que es, una droga que está relacionada con la obesidad y la diabetes

La manera en la que el azúcar permea nuestra existencia en ocasiones hace difícil que nos demos cuenta de su influencia y de sus peligros. La industria alimenticia en gran medida está basada en añadir azúcar a los alimentos y de esta forma hacer que los consumidores desarrollen una dependencia o al menos que reciban de mejor manera sus productos. Todos queremos tener una vida dulce.

En los últimos años se ha ido acumulando investigación científica que sugiere que el azúcar en sí misma, más allá de que se coma mucha o poca, es una sustancia tóxica. El investigador Gary Taubes ha compilado importante evidencia en este sentido en su reciente libro The Case Against Sugar. Tauber desmenuza la lógica imperante que ha permitido que el azúcar se mantenga relativamente indemne y desregulada, pese a que la OMS reconoce que nos encontramos en una crisis mundial de diabetes y obesidad.

La industria del azúcar se ha mantenido a flote bajo el argumento de que sólo añade calorías a la dieta, como cualquier otro alimento, y por lo tanto si sólo nos moderamos nunca tendremos problemas. Se ha creado la ilusión, dice Tauber, de que no importa si las calorías vienen de "el azúcar, una toronja, un steak o un helado". Esto se utiliza entonces para explicar por qué algunas personas se vuelven obesas --lo cual se puede evitar no dejando de tomar Coca-Cola, sino "consumirla (y todo lo demás) con moderación, o quemar el exceso de calorías con actividad física". 

Lo anterior mantiene que la obesidad es simplemente un trastorno producido por un desbalance energético. Sin embargo, mantiene Tauber, existen indicios de que se trata de un trastorno de acumulación de grasa, es decir, un desorden metabólico y hormonal, el resultado de una "perturbación endócrina".

Esta hipótesis, que cuenta con el respaldo de investigación reciente, implica que el azúcar y los granos refinados:

tienen efectos en el cuerpo humano que conducen directamente a la diabetes y a la obesidad, independientemente de las calorías que se consumen. Desde esta perspectiva, los azucares refinados en realidad sí son tóxicos, aunque sea después de varios años o décadas de consumo. Nos volvemos gordos y diabéticos no porque comemos demasiado de ellos --aunque evidentemente esto está implícito tautológicamente-- sino porque tienen efectos fisiológicos y metabólicos únicos que directamente detonan estos trastornos.

Esto no significa que con echarle una cucharada de azúcar al café tendremos diabetes, de la misma manera que si sólo inhalamos una línea de cocaína tampoco es muy probable que tengamos problemas, pero eso no quita que el azúcar daña salud.

Evidentemente es el momento de bajarle al azúcar y de exigir que se regulen estos alimentos. Quizás se debería hacer algo similar a lo que se ha hecho con el tabaco, aunque es más difícil ya que el azúcar tiene incluso más poder, es la droga que más consumidores tiene entre sus huestes en la historia de la humanidad. En Chile, por ejemplo, una nueva ley obliga a etiquetar los alimentos procesados que contienen mucha azúcar. 

Médicos revelan la clave para que una experiencia de psilocibina sea realmente curativa

Salud

Por: Pijamasurf - 12/22/2016

Una sola dosis de psilocibina puede curar la depresión y la ansiedad por hasta 6 meses, pero es necesario proveer ciertos cuidados para que la experiencia pueda ser asimilada

Hace unas semanas se publicó un importante estudio en el que investigadores encontraron que una sola dosis de psilocibina (la sustancia activa de los "hongos mágicos") puede aliviar por más de 6 meses la depresión y la ansiedad en pacientes con cáncer. Actualmente se realizan numerosas investigaciones con esta sustancia para tratar diferentes adicciones y problemas psicológicos. Los resultados son sumamente prometedores y son parte de lo que ha sido llamada una revolución de la medicina psicodélica.

En los 40 y 50 se empezaron a realizar con cierto éxito estudios clínicos con psicodélicos, después del descubrimiento del LSD, pero la mayoría de las sustancias psicodélicas fueron prohibidas en los 70, en parte como reacción a un movimiento social liderado por Timothy Leary, un ex profesor de psicología de Harvard, quien se convirtió en un entusiasta evangelizador del poder de la psicodelia.

Más allá del entusiasmo desbordado de Leary, su texto The Psychedelic Experience, inspirado en el Bardo Thödol (traducido erróneamente como El libro tibetano de los muertos) sigue siendo una extraordinaria guía para la experiencia psicodélica, al hacer fuerte énfasis en la importancia de lo que llamó set and setting, la intención, el ambiente y el contexto de la situación que permiten generar un buen viaje. Notablemente, algunas de las intuiciones de Leary están siendo aplicadas como la plantilla base para las nuevas experiencias médicas psicodélicas.

En un reciente artículo publicado en el New York Times sobre la investigación mencionada en la que investigadores de NYU y de Johns Hopkins tuvieron el mismo éxito aliviando la depresión de pacientes con cáncer, se hace hincapié en la importancia de crear un ambiente conducente antes, durante y después de la experiencia para que ésta pueda madurar y fijarse en el paciente. 

Roland R. Griffiths, de la Universidad Johns Hopkins, quizás la principal autoridad en la emergente medicina psicodélica, le dijo al NYT que cuando una persona toma psilocibina en un rave como Burning Man, la experiencia suele "desvanecerse rápidamente como el agua corriendo entre sus manos". Es por ello que es muy importante tener las herramientas para que la experiencia eche raíces. Los investigadores de NYU le pidieron a los pacientes que escribieran sobre sus visiones y se realizaron sesiones para discutir la experiencia posteriormente. Griffiths enfatiza que los pacientes reciben apoyo integral durante las sesiones y después, y esto hace la diferencia. Una de las formas en las que se muestra el cuidado es el diseño de playlists de 7 horas con música que va acompañando las diferentes etapas de los viajes, generalmente música clásica, ritmos orientales y ambientales (como Brian Eno).

Informándose antes, creando un ambiente propicio (con música y atenciones como entregar una rosa a los pacientes), escribiendo sobre las experiencias y luego discutiéndolas, los médicos se aseguran no sólo que la experiencia vaya por buen camino y canalice su potencial, sino que se fijen y se refuercen nuevos patrones neurales.