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Douglas Rushkoff sobre cómo la tecnología digital está ayudando a crear nuevos nacionalismos

Política

Por: Pijamasurf - 12/26/2016

Uno de los más brillantes analistas actuales nos permite ver el papel de la tecnología digital en la conformación de un nuevo escenario político donde se hace patente que las promesas de libertad e integración del Internet están fracasando

Existe una fuerte tendencia global en la que estamos viendo el surgimiento de un nuevo nacionalismo, con una marcada inclinación hacia la derecha en países como Estados Unidos, Austria, Francia, Hungría e incluso la India. Algunos analistas han manifestado la inquietud de que esto podría ser la antesala de un nuevo fascismo, en tanto que ciertos movimientos políticos están teniendo éxito con bases en el proteccionismo, la xenofobia, el conservadurismo, etcétera.

Douglas Rushkoff, quizás el más brillante teórico de medios en la época posMarshall McLuhan, ha sugerido que la tecnología digital (o la nueva ecología mediática) ha contribuido de manera importante a crear las condiciones para que se originara este nuevo nacionalismo, particularmente de fenómenos como Donald Trump o el Brexit. Ruhskoff apunta que, inicialmente, se predicó el supuesto de que el Internet ayudaría a acabar con el nacionalismo. Uno de sus primeros activistas, John Barlow, en su Declaración de Independencia del Ciberespacio, dijo que el nuevo "espacio social global" estaría "naturalmente libre de tiranías". Pero, dice Rushkoff:

el Internet ha tenido el resultado opuesto. No estamos avanzando a una nueva sociedad global, estamos retrocediendo otra vez al nacionalismo. En vez de movernos hacia la integración racial de los colores de Benetton, estamos encontrando que muchos añoran un pasado ficticio en el que las personas quieren pensar que las razas eran distintas, y que todo estaba bien. 

 

El Internet ayuda a tomar partidos

Rushkoff mantiene que Internet

se ha convertido en un bucle [loop] de retroalimentación que se autorrefuerza, cada elección que hacemos es cuidadosamente notada e integrada por los algoritmos que personalizan nuestros feeds de noticias, aislándonos así cada vez más en nuestras burbujas de filtro ideológicas. Ninguno de los miles de personas que aparecen en mi feed de Twitter apoyaron a Trump o al Brexit. Para aquellos que sí lo hicieron, estoy seguro de que lo contrario es verdad.

Esto hace que el Internet nos ayude a tomar partidos, aislándonos por definición en un rincón del espectro y reforzando nuestra visión polarizada de la realidad. Esto también explica, entre otras cosas, por qué para muchos el triunfo de Trump parecía imposible o ridículo: todo el contenido que veían en sus feeds reafirmaba su propia noción.

Rushkoff enfatiza que los medios digitales tienen la tendencia a distinguir y dividir, mientras que medios más cálidos como la TV tenían la característica de disolver fronteras y amalgamar a las masas en nociones colectivas. Los candidatos convencían a las personas con su capacidad telegénica, como Reagan, prometiendo la unidad que se percibía al compartir ese mismo momento, una realidad común. La TV era un medio continuo, como una ola uniforme; ahora vivimos en discretos paquetes de información:

El máximo candidato digi-génico, Donald Trump, exige que construyamos un muro para protegernos de los mexicanos. Esto es porque el sesgo principal del ambiente digital mediático es la distinción. Medios análogos como la radio y la televisión eran continuos, como el sonido de un vinilo. Los medios digitales, por contraste, están hechos de muestras [samples] digitales. Asimismo, las redes digitales descomponen los mensajes en pequeños paquetes, y los rearman del otro lado. Los programas informáticos se reducen a una serie de 1s y 0s, o prendido y apagado. 

Esta lógica se traslada a las plataformas y las aplicaciones que usamos. Todo es una elección --desde el tamaño de fuente hasta el lugar del "snap to" grid. Tiene 12 o 13 puntos, está posicionado aquí y no allá. Enviaste el email o no. No existen intermedios.

Así que no debe sorprendernos que una sociedad que corre en estas plataformas tienda hacia algo similar a estas formulaciones discretas. ¿Me gusta o no me gusta? ¿Blanco o negro? ¿Rico o pobre? ¿De acuerdo o en desacuerdo?

La dicotomía, la visión dualista, el reduccionismo y el enfrentamiento entre opuestos están programados en el sistema operativo de nuestra tecnología. Quizás vale la pena recordar uno de los axiomas de Rushkoff, "programa o serás programado", el cual va muy bien con el famoso de McLuhan "el medio es el mensaje".

Esto probablemente sea lo más sensato que se ha escrito sobre el triunfo de Donald Trump

Política

Por: Pijamasurf - 12/26/2016

La brillante lectura de Charles Eisenstein sobre el estado en el que se encuentra Estados Unidos actualmente

A continuación reproducimos una traducción de lo más relevante de un texto escrito por Charles Eisenstein, autor de varios libros y una importante voz en el movimiento ecológico en Estados Unidos. El texto en inglés completo puede leerse aquí. Como preámbulo sólo mencionamos lo que ha señalado el Dalái Lama en varias ocasiones: que son las personas más ignorantes las que merecen nuestra mayor compasión. Lo cual no significa que las miremos de manera condescendiente, sino que hagamos un esfuerzo por entenderlas y genuinamente ayudarlas, lo cual también significa reflexionar sobre nuestros propios defectos.

Lo normal está siendo trastornado. Por los últimos 8 años ha sido posible para la mayoría de las personas (al menos entre las clases más o menos privilegiadas) creer que la sociedad se encuentra bien, que el sistema, más allá de algunas vacilaciones, básicamente funciona, que el deterioro progresivo de todo, desde la ecología a la economía, es sólo una momentánea desviación del imperativo evolutivo del progreso.

Una presidencia de Clinton habría ofrecido 4 años más de esta pretensión. Un presidente mujer después de un presidente negro habría significado para muchos que las cosas están mejorando. Habría oscurecido las cosas aún más. Habría oscurecido la realidad de la economía neoliberal, guerra imperialista, extracción de recursos bajo el velo de un falso progresivismo femenino. Ahora que hemos, en palabras de mi amiga Kelly Brojan, rechazado a un lobo vestido de oveja en favor de un lobo vestido de lobo, la ilusión es imposible de mantener.    

[...] Aunque uno siempre puede tener la esperanza de un milagro. Lo más probable es que Trump, ya que carece de una ideología política sólida, llene su gabinete de halcones neoconservadores adictos a la guerra, insiders de Washington, saqueadores corporativos, arrasando con el bienestar de la clase trabajadora blanca que lo eligió mientras les proveía el endulcoramiento del conservadurismo social.  

Los horrores sociales y ambientales que probablemente se cometerán bajo el presidente Trump seguramente provocarán una desobediencia civil masiva y posiblemente disturbios. Para quienes apoyaron a Clinton, de entrada con poca convicción, la administración de Trump podría marcar el final de su lealtad a nuestras presentes instituciones gubernamentales. Para los que apoyan a Trump, la celebración inicial chocará con la dura realidad cuando Trump pruebe que, al igual que sus predecesores, no tiene la capacidad o la voluntad de desafiar los sistemas anquilosados que continuamente degradan sus vidas: el capital financiero global, el Estado profundo [las agencias de inteligencia y sus sistemas de big data], y sus ideologías programativas. Añade a esto una probable crisis económica global, y la endeble lealtad al sistema existente se podría desplomar.  

Estamos entrando en tiempos de gran incertidumbre. Instituciones tan duraderas que parecían ser idénticas a la realidad pueden estar por perder su legitimidad y disolverse. Podría parecer que el mundo se está viniendo abajo. Para algunos, este proceso empezó en la noche de la elección, cuando la victoria de Trump provocó incredulidad, shock, vértigo. "No puedo creer que esto esté pasando!".

En momentos así es normal buscar a alguien a quien culpar, como si identificar un culpable pudiera restaurar la normalidad, por lo cual muchos reaccionan con enojo. El odio y la culpa  son formas convenientes de encontrar sentido en la perplejidad. Cualquiera que difiera de la narrativa de la culpa puede recibir más hostilidad que los mismos oponentes, como en el tiempo de guerra cuando los pacifistas son más denostados que el mismo enemigo.

La narrativa de "culpen a los racistas" (los ignorantes, los tontos) genera una clara división entre los buenos (nosotros) y los malos (ellos), pero también violenta la verdad. Oscurece, también, una importante raíz del racismo --el enojo desplazado de los sistemas opresivos y sus élites hacia otras de las víctimas de ese sistema. Finalmente, emplea la misma deshumanización del otro que es la esencia del racismo y la precondición de la guerra. Tal es el costo de preservar una historia moribunda. Es por eso que los paroxismos de violencia comúnmente acompañan el fallecimiento de la narrativa que define a una cultura.

Todo se vuelve posible cuando colapsan las instituciones dominantes. Cuando la fuerza que anima los nuevos ideales es el miedo y el odio, todo tipo de pesadillas fascistas y totalitarias pueden sobrevenir, ya sea que sean ejecutadas por los poderes existentes o aquellos que emergen en contra de ellos en una revolución.   

Es por ello que, al entrar en un período de desorden intensificado, es importante introducir una fuerza diferente para animar las estructuras que pueden aparecer después de que las viejas quiebren. La llamaría amor, si no fuera por el riesgo de detonar una sensación delusoria de jerga new age  y,  también, porque ¿cómo hace uno de manera pragmática para llevar el amor al mundo de la política? Así que mejor empecemos con empatía. Políticamente, la empatía es similar a la solidaridad, nacida del entendimiento de que todos estamos en esto juntos. ¿En qué estamos juntos? Para empezar, estamos juntos en este estado de incertidumbre.

¿Qué se siente ser tú? Es el momento de llevar esta pregunta y la empatía que provoca a nuestro discurso político como una nueva fuerza animadora. Si estas anonadado por el resultado electoral y sientes el llamado del odio, tal vez primero pregúntate, "¿Cómo es ser un seguidor de Trump?". Pero no con un condescendiente aire de superioridad, de verdad, penetrando más allá de la caricatura de misógino fundamentalista y buscando a la persona real. Incluso si la persona que tienes enfrente realmente es un misógino o fundamentalista, pregúntate, "¿realmente esta persona es así?". Pregúntate sobre qué confluencia de circunstancias sociales, económicas, biográficas y demás las pudieron haber llevado hasta aquí. Quizás todavía no logres saber cómo lidiar con ellas, pero al menos no estarás en un camino automático de conflicto. Odiamos a lo que le tenemos miedo, y le tenemos miedo a lo que no conocemos. Así que dejemos de hacer invisibles a nuestros oponentes detrás de la caricatura del mal...  "El odio sólo es el guardaespaldas de la pena. Cuando las personas pierden el odio, se ven obligadas a lidiar con el dolor que lo subyace".

Vivimos en una civilización que nos ha robado a casi todos nosotros de un sentido profundo de comunidad, de conexión íntima con la naturaleza, de amor incondicional, de libertad de explorar la inocencia y mucho más. El trauma agudo que viven los que son encarcelados, abusados, violados, traficados, empobrecidos, asesinados y despojados no exenta a sus perpetradores. Lo viven como en la imagen de un espejo, añadiendo daño a sus almas además del daño que en primera instancia los llevó a la violencia. Así la adicción es harto frecuente en la policía. Así la depresión es una epidemia de las clases altas. Todos estamos en esto juntos.

Es el momento de dejar de alimentar el odio. La próxima vez que postees en línea, checa las palabras que utilizas para ver si no se está colando una forma de odio: deshumanización, burla, sarcasmo... alguna invitación al enfrentamiento nosotros vs ellos.

[...] Esto no significa que nos retiremos de la conversación política, sino que reescribamos su vocabulario. Hablar las verdades más duras pero con amor. Es ofrecer análisis político agudo pero que no lleve implícito el mensaje "Acaso no son horribles esas personas...".