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Esta maravillosa especie, una de las de mayor tamaño en el reino de los insectos, nos revela algunos de sus más íntimos secretos.

A lo largo y ancho de Nueva Zelanda vive una criatura muy parecida a los grillos conocida como weta. Estos insectos pueden parecer atemorizantes al principio pero, si se les ve bien, son criaturas hermosas y fascinantes.

Son una especie muy antigua, pues se calcula que la edad de estos insectos es de 180 a 190 millones de años, es decir, sobrevivieron a varios períodos geológicos y a la extinción de los dinosaurios.

Se han encontrado más de 70 especies, la más grande, el Weta gigante, puede llegar a tener el mismo tamaño de una palma, mientras que los más chicos miden 5cm. Habitan en el suelo, los árboles, las cuevas, los pastizales y los arbustos.

No poseen alas pero cuentan con mandíbulas para triturar su comida. Sus funciones dentro de la cadena alimenticia son similares a las de los ratones; suelen esconderse en el día y salir por las noches para alimentarse de vegetación, deshechos y otros insectos enfermos o muertos.

Su clasificación es difícil; se han encontrado pocos especímenes de algunas variantes. Actualmente están amenazados por la reducción y modificación de su hábitat natural y la introducción de animales ajenos al entorno (como ratas, gatos o erizos).

Al sentirse amenazados, los machos son especialmente agresivos y usualmente levantan sus patas posteriores cubiertas de espinas. Los weta machos cuidan de un número de hembras que esconden sus huevos entre la vegetación. 

Son capaces de invernar mediante la criptobiosis, es decir, se llevan a un estado de suspensión animada en el que desaparecen sus signos vitales y conservan intactas sus células congeladas para despertar en primavera. Sin duda son uno de los insectos más interesantes de Oceanía. En el siguiente video puedes ver un poco más del weta:

Imponentes paredes de agua viajando a la velocidad de un tren descarrilado son parte del arsenal de la naturaleza

Las olas son parte del movimiento mismo del océano cuando toca tierra en las costas del mundo: su tamaño, dirección y fuerza depende de muchas variables, como el viento, la presencia de fenómenos como huracanes, tormentas o incluso maremotos, así como del fondo marino y la presencia de arrecifes de coral.

A medida que las olas se aproximan a tierra (lugar donde los surfistas pueden aprovecharlas), la energía que las impulsa hacia adelante no tiene otra dirección a donde ir que hacia arriba, lo cual genera crestas majestuosas de espuma cuando la gravedad hace lo suyo. Lo anterior no aplica a los tsunamis, porque la energía que las impulsa es demasiado fuerte, puesto que viene de movimientos debajo del fondo marino. 

Estas son algunas de las olas más monstruosas y majestuosas jamás registradas:

 

Teahupo’o, Tahití: 7 metros

Estas olas aún son “surfeables”, aunque los conocedores dicen que su caída es una de las más pesadas.

 

El dragón de plata: 9 metros

Llamada apropiadamente “el dragón de plata”, esta ola es producto de la marea de Hangzhou sobre el río Qiantang, que corre en dirección opuesta al río.

 

Banzai Pipeline: 9.144 metros

Ubicada en Oahu, Hawaii, es una de las más peligrosas olas para surfear, pues si te caes de la cresta entras directamente en el arrecife de coral. Se cree que al menos diez personas han muerto en el lugar.

Andy irons en el Billabong Pipeline Masters 2009

Tsunami del Índico: 15 metros

En el 2004, un tsunami afectó las costas del océano índico viajando a unos 800 kilómetros por hora y adentrándose más de una milla en la tierra. Cobró un aproximado de 200,000 vidas, lo cual la vuelve la ola más mortífera registrada.

 

Nazare, Portugal: 24 metros

Un punto obligado de los mavericks de olas grandes, Nazare produce olas inigualables que pueden observarse desde un mirador. En 2011, el surfista Garrett McNamara impuso el récord mundial al surfear una ola de 24 metros. En 2013, McNamara afirmó haber surfeado una ola de 30 metros en el mismo sitio, pero su altura nunca fue confirmada.

McNamara en Nazaré (via travelandsurf.com)

Mar de Noruega: 26 metros

Las “olas vagabundo” u olas monstruo son olas que aparecen espontáneamente y que hasta 1995 se creía que eran un mito. El año nuevo de ese año, la guardia costera noruega documentó una ola de 26 metros. La explicación de este fenómeno puede ser que dos o más olas se encontraron en el mar y alinearon sus crestas para formar entre todas una más grande, pues se registraron al menos 20 olas alrededor de la mayor.

 

Bahía de Lituya, Alaska: 30 metros

Un terremoto seguido de un deslave en 1958 provocó una ola de 30 metros, el mayor tsunami jamás registrado. La ola entró a tierra y se llevó a su paso el bosque de Lituya. Al menos cinco personas murieron, pero los daños a propiedad fueron mínimos dado que se trataba de un lugar con poca infraestructura.