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Transfusiones de sangre de niños para combatir el envejecimiento... ¿nueva moda entre la élite?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/18/2016

Esta práctica, incluida dentro del campo de la parabiosis, podría popularizarse entre celebridades y millonarios alrededor del mundo

Desde tiempos inmemorables la humanidad ha perseguido algo cercano a la inmortalidad. El deseo de extender la vida lo más posible quizá responde a un ímpetu biológico que da continuidad al instinto más básico de todos, la supervivencia –aunque también podríamos considerar ingredientes como un narcisismo trascendental o un caprichoso apego por la vida.

Entre ciertos círculos, por ejemplo la élite mundial, la persecución de la larga vida, y en particular el combate del envejecimiento, podría ser aún mayor si consideramos que es un circuito intensamente estimulado por el ego, la vanidad y, en general, el poder. Y no es novedad que en estos contextos se recurre a tratamientos sofisticados, y obviamente muy costosos, para verse joven, mantener o extender la belleza física o neutralizar las consecuencias de estilos de vida pocos saludables. Sin embargo, uno de estos recursos, cuya existencia se ha rumorado desde hace ya un tiempo, tiene algo de escalofriante: realizar periódicamente transfusiones de sangre extraída a niños y reinsertada a adultos para mantener el organismo joven. 

Esta práctica, incluida dentro del campo de la parabiosis, podría ser más común de lo que imaginamos. De hecho, en una entrevista para el medio Inc.com, Peter Thiel, fundador de PayPal y quien por cierto apoyó a Trump en su campaña, definió este recurso como lo más cerca que la ciencia moderna está de crear una panacea antienvejecimiento. Y si bien Thiel ha afirmado que no ha "comenzado en forma" a someterse a estos tratamientos, Gawker reportó en algún momento que se rumoraba que este personaje gasta alrededor de 40 mil dólares cada 3 meses para hacerse de una transfusión sanguínea que proviene de un joven de 18 años.

Los primeros antecedentes de experimentos en torno a la parabiosis se registraron a mediados del siglo XX y se cree que hoy, aunque aún no se implementa de forma tan abierta y comercial, existen varias personas, entre ellas algunos de los más exitosos empresarios de Silicon Valley y celebridades de Hollywood, que podrían ya estar gozando de las "mieles" de esta práctica. 

El esquema recuerda un poco los escenarios imaginados (¿o semidescritos?) de las novelas de Breat Easton Ellis y, aunque aún no hay nada confirmado (como quizá jamás se confirmarán muchos de los hechos históricos que ocurren al interior de estos círculos), al menos sirve como un metafórico recordatorio alrededor de la ambición obsesiva y el ego inconmensurable que caracterizan a la cúspide de la élite mundial.

7 muros de conciencia que la humanidad tiene que derribar antes de vivir sin fronteras

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/18/2016

Estas 7 barreras impiden nuestra convivencia franca con los otros, pero sólo porque así lo permitimos

Las fronteras han existido en prácticamente toda la historia de la humanidad. Hubo un breve período, hace miles de años, en que los antepasados de nuestra especie conocieron la comunión perfecta y la solidaridad sin límites, pero después de eso, todo fue más o menos como lo conocemos hasta la fecha: división, desunión, diferenciación.

Mucho de esto, sin embargo, existe sólo en nuestra mente. En varios casos las barreras que impiden la convivencia son más bien mentales.

A continuación compartimos siete de estos “muros de conciencia” que están ahí, en nuestras relaciones de todos los días, los cuales bastaría dejar de sostener para que cayeran por sí mismos, bajo el peso de su inutilidad.

 

La idea de propiedad

Desde las primeras mitologías se ha creído en la existencia de una “edad de oro” caracterizada por la abundancia de todas las cosas, la paz, la tranquilidad y la ausencia del sufrimiento. Pero además de todo esto, las historias en torno a ese motivo coinciden en un elemento: la inexistencia de la idea de propiedad. “Entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”, dice Don Quijote en su célebre discurso al respecto.

Mucho de lo que pensamos que nos pertenece son en realidad bienes transitorios; lo permanente, que es más valioso, nunca nadie nos lo arrebatará: ¿por qué entonces seguir pensando que algo es nuestro, exclusivamente?

 

La individualidad

La clave de nuestra supervivencia como especie fue la asociación entre individuos, algo que aún podemos observar en parientes evolutivos nuestros como los chimpancés o los gorilas. A diferencia de otros animales, nuestra fortaleza ha estado siempre en la unión con otros. No obstante, en el último siglo se ha impuesto justo la tendencia contraria: la atomización de la sociedad, el aislamiento en individuos que se sienten incapaces de formar un lazo con otros. Pero la historia demuestra lo contrario: que necesitamos de otros para vivir y conseguir lo que nos proponemos.

 

La falta de empatía

Otro rasgo contemporáneo cada vez más común es la renuencia a “ponerse en los zapatos de otro”, como se dice coloquialmente. Ahora el ensimismamiento domina nuestras relaciones cotidianas, desde las más simples (en la calle o en el trabajo) hasta las más complejas (una relación de pareja, por ejemplo). Tal parece que sólo podemos ver el mundo desde nuestra perspectiva, sin ponernos a pensar que cada cual experimenta la realidad a su propia manera, según sus propias circunstancias.

 

El temor al dolor

¿Por qué actualmente le tendremos tanto miedo al dolor? Nosotros no tenemos la respuesta a esa pregunta, pero sí otra cosa: la certeza de que el dolor es un gran maestro. Como han asegurado numerosos artistas, filósofos y otros grandes pensadores, el dolor templa el espíritu, es decir, hace que nuestra forma de habitar la realidad transite hacia prácticas más compasivas, empáticas e incluso, paradójicamente, relajadas. El dolor nos hace más humanos, y con ello nos acerca más a los otros.

 

La idealización

Idealizar es un movimiento más o menos natural de la mente, pero no por ello menos dañino. Idealizamos un estilo de vida, una relación, a personas específicas e incluso a países enteros. Sólo que idealizar deja fuera los detalles mínimos y particulares que dan una perspectiva mucho más precisa de cualquier cosa. Curiosamente, al idealizar nos alejamos de la realidad.

 

El apego

La noción de apego se asocia sobre todo con la doctrina budista, en donde se le considera el origen del sufrimiento. Sufrimos porque no entendemos que, en última instancia, lo único que nos pertenece es lo que somos, y nada más. Nos empeñamos en hacer nuestro aquello que por definición nunca será más que de sí mismo, y al imponerse esa realidad, nacen la frustración, el dolor, la tristeza. ¿Qué pasaría si abandonáramos ese esfuerzo estéril?

 

Ego

La “cárcel del ego” no es un lugar agradable. Es inhóspito, solitario, amargo incluso. Sin embargo, muchísimas personas se aferran a vivir ahí. Muchas veces por miedo, otras por ignorancia, algunas más por una falsa sensación de comodidad.

Agradecer, escuchar, reconocer al otro en su diferencia, ser compasivo, vivir ligeramente. Todas esas son vías para salir de esa cárcel que, paradójicamente, tiene las puertas abiertas, listas para que salgamos en cuanto tomemos la decisión de hacerlo.

 

¿Qué te parece? ¿Qué piensas tú que necesitamos para dejar de vivir rodeados de fronteras? 

#RompeTusMuros