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La tercera entrega de la columna Consexos y sexcretos: la historia del condón merece leerse.

Historias y cuentos…

El origen de la palabra “condón” es tan misterioso como el invento de la magnífica prenda que designa. Pudiera derivar del latín condus, que significa receptáculo, pero fuentes fidedignas señalan que el condón lleva este nombre en honor al doctor Condom, médico real, quien diseñó un artefacto de tela fina -su tocayo- para envolver y restringir las emisiones del pene travieso de su alteza, el disipado rey Carlos II de Inglaterra, monarca adicto a la cópula diversificada, quien por razones más políticas y pragmáticas que humanitarias, se resistía a llenar las calles de Londres con bastardos de la semilla real.

Condom fue doctor, mas no inventor: el condón es más antiguo que el médico inglés que lleva su nombre… su uso es tan viejo como el conocimiento de que el sexo es el mecanismo de reproducción de las especies.

Ya los egipcios, desde hace 3 mil años usaban tramos de tripa animal, anudados en la punta, “donados” por camellos, peces y otros animales, con el propósito de disfrutar del polvito del desierto sin riesgo de embarazarse.

En las cuevas de Combarelles, Francia, se hallaron pinturas rupestres, obra de artistas que vivieron entre los siglos I a. C. y II d. C., o antes, las cuales muestran un pene “bien parado y trajeado”, listo para entrar en acción en acogedoras y cálidas cavernas humanas.

Sin duda, como método anticonceptivo el condón es el precursor y a lo largo de la historia se ha significado como gran favorito de las prima donnas.  El célebre Casanova, famoso conquistador de pubis angelicales en el siglo XVIII-XIX, aunque al principio se mostró renuente, reconoció en sus memorias que usaba condones de seda para no adquirir compromisos con damas comprometidas, ni pleitos por cuestiones de paternidad con maridos o consortes celosos.

Pero el Casanova original y otros Donjuanes que heredaron su vocación y apellido, han sido conscientes, desde el Renacimiento, del papel protector del impermeable para pene, no sólo contra maridos, sino también contra las no menos peligrosas infecciones. El propio doctor Condom ya mencionado, lo repartió a soldados para que no contrajeran el entonces mal llamado “mal francés”, la sífilis. 

En efecto, en el siglo XVI el gran médico Falopio -el mismo que le da nombre a las trompas femeninas que conectan los ovarios con el útero- demostró que al usar protección vergadera se reducía de manera importante el contagio de la sífilis, maldición infecciosa mortífera que asolaba a la Europa amorosa renacentista.

El Doc Falopio siguió de cerca la vida sexual de mil 100 varones, usuarios consuetudinarios del condón, durante varios años, y reportó que ninguno de ellos adquirió sífilis, por cierto, enfermedad no nativa de Francia, sino importada de América por los conquistadores e incurable en aquel entonces.

Esta venturosa noticia científica, junto con el afán de controlar la natalidad indeseable de manera eficaz, trajeron consigo el boom del preservativo a partir de 1700, generalizándose su uso y mejorando sustancialmente su fabricación a partir de textiles diversos y otros materiales.  La incidencia de la sífilis se redujo sustancialmente en todo el planeta.

En 1843 Goodyear y Hancock vulcanizaron el caucho y lograron refinar el hule hasta volverlo elástico. Se fabricaron a partir de ese momento llantas y también protectores para diferentes partes del cuerpo, de distintos grosores. Muy burdos, a qué más que la verdad. Ahí comenzó el mito de que “coger con condón es como fajar con guantes”. La investigación para perfeccionar el condón no se detuvo, aunque tardó casi 1 siglo en fructificar.

En 1930 se desarrolló el látex, una variedad de plástico líquido que al enfriarse resiste estiramientos de hasta ocho veces su tamaño sin romperse y que a la fecha es el principal material para la fabricación de condones, guantes quirúrgicos que respetan la sensibilidad táctil, y otros objetos. El preservativo se adelgazó para que en las relaciones entre heterosexuales engordara el placer, no la mujer.

A partir de la década de 1990, el posmodernismo liberaloide y las citas por Internet, entre otros factores, trajeron consigo la propagación de enfermedades venéreas desde peligrosas hasta letales: gonorrea, condiloma, sífilis, clamidiasis, micosis como la candidiasis, y los temidos y ultrarresistentes virus: el virus de la inmunodeficiencia humana VIH, el herpes genital y el papiloma humano VPH.

Este peligroso panorama venéreo hizo que las recomendaciones para el uso del condón se incrementaran y que los fabricantes se esmeraran en el perfeccionamiento del producto, para quitarle el apelativo de “matapasiones”. 

Los estudios demuestran que la protección que brinda el condón para el SIDA alcanza el 85%, para el papiloma, 70% y para las infecciones bacterianas más comunes, más de 90%. Vale la pena ¿verdad?

En la actualidad, si bien el látex sigue siendo el producto más socorrido como materia prima de condones, han aparecido fundas genitales de poliuretano, cuyo entramado molecular estrecho, al parecer no lo atraviesan los virus, y también hay preservativos de piel de cordero, que son bastante costosos, odiosos para veganos y similares, y que carecen de ventajas prácticas sobre el condón normal. Si acaso serán útiles para personas alérgicas al látex, que son muy pocas, pues se trata de un material hipoalergénico. 

El condón defiende a la pareja sexual de bichos y preñeces no deseadas; es un producto bastante accesible y noble. Es de bajo riesgo, lo peor que puede pasar es que se quede atorado por retirarse a destiempo, o que se rompa.

Hay variedades de preservativos para todos los gustos: ultrasensibles, de colores y sabores…En alguna época se fabricaron condones de cuero y hasta de marfil (en Japón). También hay condones femeninos, pero su uso no está tan difundido, porque son menos prácticos. ¿Te látex?

 

Consexo:

Mujer: La pena estorba a la felicidad mucho más que un condoncito en la bolsa. Si tu pareja piensa mal de ti porque tú lo traes, y te dice que sólo una nalgapronta compra condones, o que no confías en él, que si piensas que no se baña, o que anda de pitoflojo, y demás ideas retrógradas de macho imbécil, hazle ver que el sexo es responsabilidad de ambas partes, y que a él, como caballero y usuario, le toca comprar los globitos la próxima vez. Así demostrará que te quiere de veras y no sólo de rodillas y empinada. Protégete, protéjanse. Y como dijo una chica muy sabia: Más vale prevenir que abortar.

Además, como ya leíste, el condón es tu aliado y te defiende de las enfermedades venéreas, que son peligrosas y demasiado frecuentes por precipitación o desenfado. Por ejemplo, el virus del papiloma humano, gran amigo de la promiscuidad, anda por todas partes, habita en casi el 25% de las partes nobles de las personas de cualquier preferencia sexual a nivel mundial y aumenta en gran porcentaje la probabilidad de padecer cáncer de matriz o del pene.

Y el nefasto VPH puede aparecer de manera repentina, en plena cópula. Así aprovecha para propagarse. Y aunque parezca mentira, hay evidencia de que las personas infectadas por enfermedades “secretas” resultan más apetecibles como manjares sexuales para los demás, por razones misteriosas. Así cundió la sífilis hace unos siglos y posiblemente también el VIH y sus primos Herpes y VPH, en las últimas décadas del siglo XX. 

 

Conclusión: El condón es un auténtico ángel de la guarda. Si quiere echar un polvo o un palo aventurero, pónganse la gabardina, para protegerse de una posible tormenta de consecuencias escalofriantes y pendencieras, no aptas para menores ni para quienes apuestan por la libertad. 

 

Varón: prepárate y presérvate para la aventura. Si estás en algún affair, aventura de Internet, acostón, o desliz amoroso extramarital, en aras del respeto y la higiene, disfruta a gusto, usen preservativo. Si ganó la sorpresa y no hay condones a mano, es posible gozar del sexo sin penetración vaginal, e incluso conteniendo la eyaculación o regando la semilla en otros territorios.

Si eres tan alivianado como presumes en tus chateos y chaqueteos, suelta el orgullo que traes colgando entre las piernas. Cuando tu novia compró los globos de la guarda, dale las gracias y contágiate de conciencia social… paga tú el cuarto. Hay que ser equitativos…

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La sexualidad abarca un espacio físico, mental, emocional y espiritual bastante más amplio que la procreación

¿El orgasmo es tan sólo el momento climático de la excitación sexual?

Se afirma en textos técnicos que los eventos y sacudidas que ocurren durante el orgasmo están encaminados y programados por la biología para garantizar la reproducción de la especie, pero la voz de la experiencia asegura que la sexualidad abarca un espacio físico, mental, emocional y espiritual bastante más amplio que la procreación. Por fortuna la naturaleza incluyó el placer en la canasta básica de las necesidades humanas y colocó la manzana de la pasión bajo las faldas del Monte de Venus, a la entrada del Jardín del Edén.

Por consiguiente, es ocioso mencionar que muy pocas veces en la vida se sube uno al colchón del sexo con intención reproductiva. Ciertamente la mayoría vive trepada en sus fantasías sexuales 24 X 7 sin que su intención sea darle hijos a la persona con la que quiere sobre todo darse gusto. 

Es más, en el deporte más penetrante del mundo, entre parejas heterosexuales, el embarazo no deseado es un factor de alto riesgo. Un fantasma, más temido por algunas y algunos que las mismísimas enfermedades venéreas, por cierto, mucho más frecuentes. Como siempre, prevenir es mejor que lamentar.

“Es más fácil meterse en problemas que salir de ellos” (Woody Allen)

“no salgas caliente a la calle” (Rocktor)

¿Por dónde le llega a cada cerebro el afán erótico? Quizá lo que se busca a través del sexo es únicamente el alivio de un apetito fisiológico guiado por el instinto, o la regalada gana de abandonarse al placer de los sentidos un rato y sin compromiso. Sin embargo, según la personalidad de cada quién, la experiencia sexual promedio incluye un recorrido por sueños, fantasías y laberintos psicológicos individuales, que plantean la alternativa de liberar hacia el amor o encerrar en la frustración a los viajeros genitálicos que abordan el coito.

El antes de que entre es siempre mucho más fácil de manejar que el después de que salió. Al final es cuando y donde se demuestra la autenticidad de la intención. Bien dice el dicho que palo dado, no hay dios que lo quite. 

Además del derramamiento de semen y licores que lo acompañan, una buena cogida, o una serie de las mismas, en el mejor de los casos, enciende la luz interna que muestra la salida del túnel neurótico. Pero también una función frustrante puede generar un pantano afectivo y hundir en traumas tamaño psicoanálisis a quienes alimentan hasta la obesidad la proliferación mental negativa. Y bueno, embarazo o infección exterminan la pasión.

La persona se consuma y florece, o se consume y se marchita cada vez que se viene o se corre. El clímax sexual produce la evaporación de las ideas e inicia una fiesta o la guerra entre la expectativa y la percepción de la experiencia. Te encueras ante ti mismo y alguien más como testigo. ¿Estás lista o listo para espejearte sin Photoshop?

El orgasmo es un instante mágico que impacta a todo el organismo, afuera, adentro, arriba y abajo. Es nirvana al alcance de cualquier anatomía y de todos los cultos, incultos, puros o viciosos, ricos o sabrosos. Es la gran puerta democrática y natural para aterrizar de sopetón en el aquí y ahora, que es el terreno donde ocurre la vida real. Así como puede gustarte, puede que no… la intención cuenta mucho.

Por mencionar unos cuantos ejemplos de motivaciones que desencadenan deseos carnales, ahí van éstos, con y sin vaselina:

  • Obtener una ilusión efímera de dominio y poder sobre quien hace temblar las rodillas y pone a zozobrar el juicio; son las personas que no se vienen, sino se vengan.
  • Satisfacer la necesidad de consumar la entrega total a quien uno ama, para lo cual la mejor poesía está en la cópula.
  • Exteriorizar algún producto o fantasía de la imaginación erótica, materializar sueños o corroborar pesadillas.
  • Chocar de frente contra el sentido carnal de la existencia sin necesidad de consumir sustancias psicoactivas.
  • Desahogar alguna perversión en el cuerpo de la víctima o en carne propia.
  • Reafirmar la sexualidad personal, comprobar que se tiene sex appeal.

El cuerpo es el lugar donde se produce la alquimia. Existe el sexo glorioso, incluso tratándose de un polvo fortuito que dura una noche. Entre las múltiples manifestaciones representativas del placer orgásmico puramente físico, de carne y hueso, se conocen, entre otras:

  • Contracciones involuntarias de la cintura pélvica, que sólo se danzan a ritmo genital en festejos sexuales.
  • Activación glandular total; las personas se ofrecen para el sexcrificio bañadas “en su jugo”.
  • Desbordamiento de la cascada hormonal y de los neurotransmisores y demás químicos que circulan por el cuerpo manipulando desde el ánimo hasta los sentimientos.
  • Se apaga el pensamiento. 
  • Se descarga el instinto.
  • Se recarga la batería del deseo.

Hay muchas maneras de sacarle provecho a los encuentros sexuales, que en su mejor versión resultan grandes aliados de la salud física, emocional y mental. Los orgasmos sacian apetitos animales y existenciales, ubican a las personas en el universo de las relaciones humanas íntimas, “resetean” el cerebro y generan la memoria indeleble que habita en la entrepierna de los usuarios y usuarias cuando han transitado por la ruta del placer supremo.

¿Cómo se mueve a nivel hormonal y neuroquímico el magnetismo sexual?

No te pierdas los próximos episodios de “Consexos y Sexcretos”…

Lee primera parte: La alquimia de los orgasmos

 

Consexos:

  • Cada día aparecen más chancros que chavos. Si te descubres cualquier granito, úlcera o lesión en los genitales, o te sale sangre, pus o moco por la uretra, y te duele orinar, meas a cada rato de a poquito, orina hedionda, o descargas un flujo que huele a hotel de paso, díselo a quien más confianza le tengas para que te recomiende un buen médico y así evites complicaciones posteriores y contagios al prójimo.
  • Es vital pensársela dos veces antes de arriesgarse a la aparición prematura y/o indeseada de la fertilidad, pues la mayoría (alrededor del 80%) de las mujeres que se embarazan antes de los 18 años, terminan siendo madres solteras antes de transcurridos 5 años, con todas las dificultades presentes y futuras que esto implica y el estigma asociado. Y por lo general, 80% de machos jóvenes y prometedores en el lecho, se acobarda a la hora buena ante la responsabilidad de cooperarse para los pañales, y huye sin dejar rastro, patrimonio o matrimonio.