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Sensaciones de media tarde hacia el atardecer: sobre la cinta “El caballero de copas” (Terrence Malick, 2016)

Arte

Por: Psicanzuelo - 11/15/2016

Nuevamente, en su juego audaz de recursos fílmicos, Malick llega al fondo del espíritu humano contemporáneo, encontrándose a sí mismo en un mundo superficial

Es fácil quedar hipnotizado por el trabajo de cámara y de montaje que ha llevado a trabajar al genio de la imagen Terrence Malick con el director mexicano de fotografía Emmanuel “El chivo” Lubezki, y con el mismo grupo de editores una y otra vez. Pero si uno pudiera poner más atención, lejos de la yuxtaposición de planos, musical, se percataría rápidamente de que el trabajo de creación de personaje que realiza Christian Bale es excepcional, y viene de Malick. Despejar la mente de la persona para que se conduzca el espíritu en la pantalla, y por medio de la música ir encontrando el ritmo de los planos en su combinación posterior en montaje. Más que un cubista Malick es un compositor, los instrumentos saltan a la vista en una melodía visual que se combina con el score.   

 

Muchos tarotistas vinculan la carta del caballero de copas con el amor, con la fantasía, con las visiones hacia la inactividad, también sintiéndose el portador de la copa y del caballo más inclinado hacia su pensamiento que hacia la acción. Así encarna Bale a un exitoso guionista de Hollywood, que vive la vida contemporánea que el sistema económico puede brindar a un hombre triunfador en el mundo del entretenimiento banal. La voz en off se combina entre la suya y la de sus conquistas, que más que personas son arquetipos antiguos que se relacionan con él, son capítulos de su búsqueda personal para encontrar al arcano del mundo.

La carta sobre todo habla de ser fiel hacia los ideales. Esta carta en el tarot es un arcano menor, como ustedes han visto los artículos que se llaman Las 22 puertas del castillo-espejo tratan de los arcanos mayores cinematográficamente, encontrando una correlación entre cine y realidad. En este caso estamos hablando de un arcano menor, estos arcanos van siempre a magnificar lo que viene expresado o codificado en una tirada por parte de los arcanos mayores, que también aparecen en la cinta cuando Rick entra a una lectura de cartas mirando, más que su futuro, su presente cinematográfico representado por todos los que lo rodean.  

En El caballero de copas de Malick se hace deambular a Rick por un laberinto conformado de lugares naturales y artificiales, un purgatorio de las sensaciones que se van purificando para ascender al cielo. Luces de atardecer en la playa, luces de tarde en el desierto, en azoteas en la ciudad, luces de noche desde el fondo oscuro de las pasiones eléctricas. El héroe viste marcas sofisticadas, caras, pero nunca resaltan, es parte del entorno, recordando cintas como Gigoló americano (Schrader, 1980), que contaba con diseño de ropa de Armani, pero sobre todo las cintas italianas que inspiraban a Schrader: Antonioni y el joven Fellini en blanco y negro, Mastroianni, por decirlo de otra manera.

Los cortes de tomas en el montaje de un momento a otro de la escena, arriesgando la secuencia, hacen destacar el lugar del director sobre cualquier otra función al construir este artilugio, este trabajo que radica entre lo que es el arte y lo que es la magia. De eso está hecha la película El caballero de copas, de placer, carnal y espiritual; el caballero está despierto y la cinta se siente más sobre las sensaciones que sobre cualquier otra cosa. El buen crítico del New Yorker, Richard Brody, llega a mencionar que es la mejor película sobre la memoria, y además la nombra “un manifiesto virtual en imagen y sonido”, pero pocos críticos la han disfrutado con la profundidad necesaria, más se dedican a descalificar un ejercicio fílmico que intenta encontrar nuevas rutas que las trilladas maneras de hacer películas en Hollywood.

Bale (Batman, American Psycho)/Rick se recorre, Malick recorre las ventanas que puede abrir en Bale, ambientes familiares, disputas con su hermano y su padre que resuenan en su carácter, en el terremoto que vemos en una escena en Los Ángeles. Reuniones hollywoodenses carnavalescas que presentan personajes reales como Antonio Banderas y Bruce Wagner, en smokings y cocktails margaritas.

La rebeldía de Rick en sus búsquedas nocturnas viene a ser más una búsqueda por la esencia del ser humano, por su espíritu. Eso es lo que graba Malick en cada reacción, que luego mágicamente edita y nos presenta el espíritu anhelado. 

 

Fuentes

http://www.tarotygratis.com/caballero-de-copas/771/

http://www.newyorker.com/culture/richard-brody/terrence-malicks-knight-of-cups-challenges-hollywood-to-do-better

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

La artista lesbiana que pintó a todo su círculo de mujeres a la vuelta del siglo XX

Arte

Por: PIJAMASURF - 11/15/2016

Una de las joyas mejor guardadas del arte norteamericano demuestra al mundo el improbable florecimiento del amor entre mujeres a mitad del siglo XX.

Ampliamente olvidada por el mundo del arte, la artista Romaine Brooks está siendo exhibida en el Museo Smithsoniano de Arte Americano. Las tres modestas habitaciones que encierran esta obra de amplios alcances están invadidas por las pinturas y dibujos de la artista, puestos por la colección del museo que los recibió como donación de la propia Brooks en 1970, poco antes de su muerte.

Esta muestra explora casi toda su carrera, caracterizada por el rechazo a las políticas de género tan marcadas en la sociedad. Su trabajo es un vistazo a la subcultura lésbica de principios de siglo desde la peculiar mirada de la artista, evocativa y de tonalidades oscuras.

Su nombre real era Beatrice Romaine Goddard y nació en 1874 en el seno de una familia afortunada pero en desgracia. Su niñez fue ensombrecida por la devoción absoluta que su madre le tenía a su hermano, que sufría de una enfermedad mental. Brooks pasó gran parte de su vida luchando contra las secuelas de una infancia solitaria y sin afecto. Una ventaja significativa también definió su vida profesional y personal: su familia era inmensamente rica y ella estaba destinada a heredar su fortuna. Para 1902, estaba en posición de reclamar su parte de la herencia y con ello vino una libertad que utilizó para trabajar en Roma, París y Capri.

Su bienestar económico le permitió tener un estilo de vida que muchas otras sólo podían soñar en aquella época. Podía sacudirse con facilidad las expectativas que se tenían sobre las mujeres artistas en aquel entonces, incluyó desnudos femeninos desde sus primeras exhibiciones y fue a varias clases en las que ella era la única mujer.

Luego de un breve matrimonio fallido con John Ellingham Brooks, rechazó la monogamia y a los hombres en general, incluso como sujetos. En 1915 conoció a Natalie Clifford Barney, una destacada anfitriona de salones parisinos, con la que permanecería por más de 50 años. A pesar de su profundo lazo afectivo, ambas mantenían una vida completamente independiente en salas separadas de su mansión; incluso, mantenían relaciones, algunas serias, otras no, con otras mujeres.

Romaine Brooks - Azalees Blanches - 1910

En una era dominada en su totalidad por hombres, Brooks se apoyó de la subcultura a la que pertenecía y pintó a sus amigas y amantes. Su retrospectiva en el Smithsoniano muestra, entre otros, el retrato de su amiga Hannah “Gluck” Gluckstein, una artista que adaptando los discursos dominantes en la moda de la época logró transformar su vestir en un símbolo de su sexualidad. Gluck y Brooks formaban parte de un pequeño y poco conocido grupo de mujeres que comenzó a utilizar ropa masculina y a llevar el cabello corto, no sólo para seguir la creciente tendencia a la androginia de los 20, sino para comunicar a otros y entre sí que eran lesbianas.

Las emociones de Brooks alcanzan a percibirse claramente a lo largo de toda su obra. Desde sus primeros dibujos de las mujeres aristócratas con las que se rodeaba hasta los óleos de mujeres anónimas, su trabajo gráfico pone de relieve una intimidad femenina poco tratada, quizá ni siquiera imaginable para artistas con temas similares. Sus trazos dotan a la persona retratada de emociones complejas, contradictorias y profundas que nos sugieren su identidad profunda.

Romaine Brooks - Una, Lady Troudbridge - 1924

Además de varios retratos, la muestra recorre muchos de sus dibujos e ilustraciones realizados a lo largo de toda su vida madura. Ensoñaciones monstruosas en las que el detalle nunca es perdido de vista. Su estilo en papel contrasta ampliamente con lo expuesto sobre el lienzo.

Romaine Brooks, artista mayormente desconocida, fue una de las observadoras más astutas de la mujer, un talento solitario cuyo pincel capturó la singularidad y fuerza de cada una de las mujeres a las que pintó. Las reveladores y contradictorias emociones que imprime a cada rasgo, postura y gesto la ponen muy lejos de cualquiera de sus contemporáneos.

Puedes revisar más de su obra aquí.