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Esto probablemente sea lo más sensato que se ha escrito sobre el triunfo de Donald Trump

Política

Por: Pijamasurf - 11/15/2016

La brillante lectura de Charles Eisenstein sobre el estado en el que se encuentra Estados Unidos actualmente

A continuación reproducimos una traducción de lo más relevante de un texto escrito por Charles Eisenstein, autor de varios libros y una importante voz en el movimiento ecológico en Estados Unidos. El texto en inglés completo puede leerse aquí. Como preámbulo sólo mencionamos lo que ha señalado el Dalái Lama en varias ocasiones: que son las personas más ignorantes las que merecen nuestra mayor compasión. Lo cual no significa que las miremos de manera condescendiente, sino que hagamos un esfuerzo por entenderlas y genuinamente ayudarlas, lo cual también significa reflexionar sobre nuestros propios defectos.

Lo normal está siendo trastornado. Por los últimos 8 años ha sido posible para la mayoría de las personas (al menos entre las clases más o menos privilegiadas) creer que la sociedad se encuentra bien, que el sistema, más allá de algunas vacilaciones, básicamente funciona, que el deterioro progresivo de todo, desde la ecología a la economía, es sólo una momentánea desviación del imperativo evolutivo del progreso.

Una presidencia de Clinton habría ofrecido 4 años más de esta pretensión. Un presidente mujer después de un presidente negro habría significado para muchos que las cosas están mejorando. Habría oscurecido las cosas aún más. Habría oscurecido la realidad de la economía neoliberal, guerra imperialista, extracción de recursos bajo el velo de un falso progresivismo femenino. Ahora que hemos, en palabras de mi amiga Kelly Brojan, rechazado a un lobo vestido de oveja en favor de un lobo vestido de lobo, la ilusión es imposible de mantener.    

[...] Aunque uno siempre puede tener la esperanza de un milagro. Lo más probable es que Trump, ya que carece de una ideología política sólida, llene su gabinete de halcones neoconservadores adictos a la guerra, insiders de Washington, saqueadores corporativos, arrasando con el bienestar de la clase trabajadora blanca que lo eligió mientras les proveía el endulcoramiento del conservadurismo social.  

Los horrores sociales y ambientales que probablemente se cometerán bajo el presidente Trump seguramente provocarán una desobediencia civil masiva y posiblemente disturbios. Para quienes apoyaron a Clinton, de entrada con poca convicción, la administración de Trump podría marcar el final de su lealtad a nuestras presentes instituciones gubernamentales. Para los que apoyan a Trump, la celebración inicial chocará con la dura realidad cuando Trump pruebe que, al igual que sus predecesores, no tiene la capacidad o la voluntad de desafiar los sistemas anquilosados que continuamente degradan sus vidas: el capital financiero global, el Estado profundo [las agencias de inteligencia y sus sistemas de big data], y sus ideologías programativas. Añade a esto una probable crisis económica global, y la endeble lealtad al sistema existente se podría desplomar.  

Estamos entrando en tiempos de gran incertidumbre. Instituciones tan duraderas que parecían ser idénticas a la realidad pueden estar por perder su legitimidad y disolverse. Podría parecer que el mundo se está viniendo abajo. Para algunos, este proceso empezó en la noche de la elección, cuando la victoria de Trump provocó incredulidad, shock, vértigo. "No puedo creer que esto esté pasando!".

En momentos así es normal buscar a alguien a quien culpar, como si identificar un culpable pudiera restaurar la normalidad, por lo cual muchos reaccionan con enojo. El odio y la culpa  son formas convenientes de encontrar sentido en la perplejidad. Cualquiera que difiera de la narrativa de la culpa puede recibir más hostilidad que los mismos oponentes, como en el tiempo de guerra cuando los pacifistas son más denostados que el mismo enemigo.

La narrativa de "culpen a los racistas" (los ignorantes, los tontos) genera una clara división entre los buenos (nosotros) y los malos (ellos), pero también violenta la verdad. Oscurece, también, una importante raíz del racismo --el enojo desplazado de los sistemas opresivos y sus élites hacia otras de las víctimas de ese sistema. Finalmente, emplea la misma deshumanización del otro que es la esencia del racismo y la precondición de la guerra. Tal es el costo de preservar una historia moribunda. Es por eso que los paroxismos de violencia comúnmente acompañan el fallecimiento de la narrativa que define a una cultura.

Todo se vuelve posible cuando colapsan las instituciones dominantes. Cuando la fuerza que anima los nuevos ideales es el miedo y el odio, todo tipo de pesadillas fascistas y totalitarias pueden sobrevenir, ya sea que sean ejecutadas por los poderes existentes o aquellos que emergen en contra de ellos en una revolución.   

Es por ello que, al entrar en un período de desorden intensificado, es importante introducir una fuerza diferente para animar las estructuras que pueden aparecer después de que las viejas quiebren. La llamaría amor, si no fuera por el riesgo de detonar una sensación delusoria de jerga new age  y,  también, porque ¿cómo hace uno de manera pragmática para llevar el amor al mundo de la política? Así que mejor empecemos con empatía. Políticamente, la empatía es similar a la solidaridad, nacida del entendimiento de que todos estamos en esto juntos. ¿En qué estamos juntos? Para empezar, estamos juntos en este estado de incertidumbre.

¿Qué se siente ser tú? Es el momento de llevar esta pregunta y la empatía que provoca a nuestro discurso político como una nueva fuerza animadora. Si estas anonadado por el resultado electoral y sientes el llamado del odio, tal vez primero pregúntate, "¿Cómo es ser un seguidor de Trump?". Pero no con un condescendiente aire de superioridad, de verdad, penetrando más allá de la caricatura de misógino fundamentalista y buscando a la persona real. Incluso si la persona que tienes enfrente realmente es un misógino o fundamentalista, pregúntate, "¿realmente esta persona es así?". Pregúntate sobre qué confluencia de circunstancias sociales, económicas, biográficas y demás las pudieron haber llevado hasta aquí. Quizás todavía no logres saber cómo lidiar con ellas, pero al menos no estarás en un camino automático de conflicto. Odiamos a lo que le tenemos miedo, y le tenemos miedo a lo que no conocemos. Así que dejemos de hacer invisibles a nuestros oponentes detrás de la caricatura del mal...  "El odio sólo es el guardaespaldas de la pena. Cuando las personas pierden el odio, se ven obligadas a lidiar con el dolor que lo subyace".

Vivimos en una civilización que nos ha robado a casi todos nosotros de un sentido profundo de comunidad, de conexión íntima con la naturaleza, de amor incondicional, de libertad de explorar la inocencia y mucho más. El trauma agudo que viven los que son encarcelados, abusados, violados, traficados, empobrecidos, asesinados y despojados no exenta a sus perpetradores. Lo viven como en la imagen de un espejo, añadiendo daño a sus almas además del daño que en primera instancia los llevó a la violencia. Así la adicción es harto frecuente en la policía. Así la depresión es una epidemia de las clases altas. Todos estamos en esto juntos.

Es el momento de dejar de alimentar el odio. La próxima vez que postees en línea, checa las palabras que utilizas para ver si no se está colando una forma de odio: deshumanización, burla, sarcasmo... alguna invitación al enfrentamiento nosotros vs ellos.

[...] Esto no significa que nos retiremos de la conversación política, sino que reescribamos su vocabulario. Hablar las verdades más duras pero con amor. Es ofrecer análisis político agudo pero que no lleve implícito el mensaje "Acaso no son horribles esas personas...".

¿Es Donald Trump el nuevo Silvio Berlusconi? (Los paralelos son inquietantes)

Política

Por: Pijamasurf - 11/15/2016

¿Se repetirá la historia? Lo que ocurrió en Italia en 1994 guarda preocupantes paralelos

El ascenso político de Donald Trump resulta prácticamente increíble para una persona sensata en primera impresión. Sin embargo, no es inédito en la historia reciente. El caso de Silvio Berlusconi, el magnate italiano que fue primer ministro o líder de la oposición durante 20 años, después de alcanzar el poder contra todo pronóstico en 1994, tiene un parecido notable y quizás aterrador.

Berlusconi, como Trump, empezó también en los bienes raíces y amasó su propia fortuna, luego creó un imperio mediático y se hizo del A.C. Milan, un club que en los noventa fue el más exitoso del mundo. Con su inmenso ego, "Il Cavaliere", acaparó no sólo el poder sino también la opinión pública.

Al igual que Trump, Berlusconi se promovió como un hombre de negocios libre de los vicios de la política capaz de reformar al país y transformar el statu quo.  

Tanto Trump como Berslusconi han sido acusados de vivir en su propia realidad o de tergiversar la realidad conforme a sus prejuicios de manera radical. En los medios italianos, en la cúspide del escándalo, se hablaba de una "berlusconilandia", una especie de disneylandia del exceso y el delirio. 

Ambos han sido acusados por comentarios sexistas o misóginos y son famosamente machistas (Berlusconi incluso incurrió en una pifia sexista refiriéndose a Angela Merker como una mujer con la que nadie tendría sexo, aunque en una forma más vulgar). 

El periodista Alexander Stille explica que "ambos son deliberadamente transgresores, rompiendo con el tedio habitual de la política al utilizar lenguaje vulgar, insultar y gritar a sus oponentes, adoptando eslóganes pegajosos y utilizando bromas fuera de contexto y comentarios misóginos". 

En cuestiones de escándalos sexuales, Berlusconi ha ido más allá que Trump, evidentemente, con sus fiestas bunga bunga, en las que se le acusa de dar pie a una especie de mafia sexual, en las que participan prostitutas y las llamadas "velinas" de la TV, junto con sus amigos de alto calibre (entre ellos el dictador de Libia, Muammar Gaddafi). Berlusconi fue acusado incluso de tener sexo con una bailarina de 17 años en una de estas bacanales que se celebraban en su villa. Ambos estuvieron involucrados en concursos de belleza, Berlusconi transmitiéndolos en su compañía Mediaset y reclutando bellas jóvenes para llenar sus programas de TV, los cuales han sido criticados como los más claros ejemplos de la objetificación femenina en los medios.  

Los unen también comentarios en contra del Islam y los inmigrantes. Berlusconi en otro de sus gaffes felicitó a Obama por su bronceado, en algo que parece caricaturesco, pero que no desentona si lo comparamos con el nivel que maneja Trump.

De la misma manera que Trump ha aprovechado la política del miedo y se ha encumbrado en las encuestas polarizando al electorado, especialmente con el tema del terrorismo, Berlusconi logró propulsar su campaña al promoverse como el único capaz de salvar a Italia del comunismo, creando en ese caso su propio partido, Forza Italia, para responder a esta supuesta amenaza.

El escritor italoamericano Guido Mina di Sospira compara el lenguaje coloquial y hasta vulgar de Berlusconi con el de Trump, sugiriendo que ambos apelan a un público menos sofisticado. Algo con lo que se debe tener cuidado, si no se quiere que se repita la historia. Nota Mina di Sospira que en el caso de Berlusconi, los medios no se dieron cuenta de que entre más llamaban a Berlusconi "un payaso, un empresario corrupto, un amateur, etcétera, más personas se identificaban con él, y sentían que estaba siendo tratado injustamente o incluso odiosamente por una élite corrupta establecida en el poder. Los insultos ya no se limitaban a Berlusconi", sino que todos los que votaban "eran como él, ignorantes, racistas subhumanos. Como resultado de esta demonización, muchos acabaron votando por Berlusconi nunca aceptando que lo harían". Aquí hay una zona gris que, de activarse, sería realmente preocupante: la posibilidad de que muchas personas no acepten públicamente que votarían por Trump, pero por un vínculo emocional o visceral puedan acabar haciéndolo y dando al traste con las encuestas. 

Otro paralelo que encuentra Mina di Sospira es que en los debates Berlusconi parecía ser superado por su oponente, quien era un político con más experiencia, pero esto sucedía sólo en apariencia, ya que al final el electorado se identificaban con él.

Mina di Sospiro concluye: "existen tantas analogías con la escena política estadounidense actual, que si fuera una película sería criticada por poca imaginación en el guión. Sospecho que sería útil que los estadounidenses trasciendan los confines insulares del debate político nacional y se den cuenta de que algo similar ocurrió hace pocos años en una democracia occidental y en ese entonces fue un resultado tan impensable como lo sería en el 2016". 

Foto: Disinfo (photoshop)