*

X

Bailando por sobre el caos: increíbles imágenes de bailarinas de ballet en la Ciudad de México

Arte

Por: Pijamasurf - 11/21/2016

El fotógrafo Omar Robles ha creado un hermosa serie de imágenes en las que explosiones de ballet transfiguran las calles de la CDMX

Ante la brusquedad de la selva de concreto que es la Ciudad de México, la delicadeza del ballet es como un aire fresco que purifica toda la contaminación ambiental, visual, sonora y psíquica de esta urbe. Imágenes que sugieren la posibilidad de una percepción alterna de la realidad, donde el arte es sanación, o al menos la imaginación de otro orden de lo posible, como convertir la realidad en un sueño más ligero. 

El fotógrafo Omar Robles, basado en Nueva York, ha realizado una preciosa serie de fotos en la Ciudad de México en la cual lleva a bailarines de ballet a las calles de esta ciudad que se caracteriza por su tráfico y ajetreo, pero que detrás de esto contiene secretos de gran belleza. Robles antes había hecho algo similar en Cuba (su trabajo puede verse en este enlace).

Robles estuvo en la ciudad de México en octubre cerca de las fechas del Día de Muertos y captó los colores vibrantes de esta ciudad bajo la presencia refrescante de los bailarines, que sirven como especie de ángeles en estas imágenes. La serie se titula In the Land of the Living.

 

La gracia que caracteriza a las bailarinas de ballet contrasta con las calles duras de la ciudad pero a la vez opera una especie de transfiguración que revela la belleza urbana, mostrando que las cosas dependen de cómo las vivamos. Si somos capaces del equilibrio y la gracia de una bailarina de ballet, las cosas cobran una magia sensorial y una cierta luz. 

Robles señala que su intención es mostrar que México es realmente muy hermoso (algo que a veces se les escapa a los propios mexicanos) y agrega que su intención es celebrar la unidad, no la separación. Sus imágenes cumplen con este cometido y a la vez muestran el poder de la danza y del arte en general para reencantar el espacio. 

 

 

Te podría interesar:

Líneas consanguíneas: reflexión sobre la serie de TV por paga ‘Bloodline’

Arte

Por: Psicanzuelo - 11/21/2016

Sorpresivamente, Sony produce para Netflix una excepcional serie que tiene por vida tres temporadas, no habrá renovación, exactamente 33 capítulos de 1 hora

En la tradición de series de alto impacto social, con rigurosa estética y desarrollo de personajes, de esas que HBO produjo en la década pasada como The Wire, (David Simon, 2002-2008) que estudiaba los guetos afroamericanos donde se vendía el crack como dulces en las esquinas, por medio de un grupo policial que los vigilaba día y noche, poniendo énfasis en las fronteras entre lo legal y lo ilegal o Los Soprano (David Chase, 1999-2007), que hablaba tragicómicamente de la mafia italiana como parte intrínseca del sueño americano, así ahora se crea cierto contenido en algunas series de TV que permiten por su tiempo en pantalla una exploración vasta de polémicos temas.

La trama de Bloodline (Todd Kessler, Glenn Kessler, Daniel Zelman, 2015-2016) involucra principalmente a la familia de abolengo los Rayburn, en los Cayos de Florida, que se dedican a la hotelería, por lo menos de eso viene el renombre del padre, Robert (Sam Shepard), y la madre, Sally (Sissy Spacek), respetados en toda la región. El gancho inicial es el retorno de Danny (Ben Mendelsohn), la oveja negra que también es el primogénito en el que el padre ya no cree, y que pone a todos a temblar con su regreso. El hermano que le sigue es John (Kyle Chandler), que es un detective local respetado por toda la comunidad, luego la hermana Meg (Linda Cardellini), abogada litigante, y finalmente el intenso hermano menor Kevin (Norbert Leo Butz), mecánico de barcos.

Habría que recalcar que en cada episodio todo mundo bebe sin parar y que en mucho afecta esto a la trama, simplemente siendo esto un reflejo de nuestra cultura, y sobre todo la de la región donde se terminan de decidir las presidencias del país del norte.

Bloodline constituye un estudio de cierta estructura social como lo hiciera Thomas Mann en su tiempo con su grandioso libro Los Buddenbrook, que examinaba la decadencia de una importante familia burguesa de comerciantes, desde el abuelo Johann hasta Hanno, un niño que poco talento tenía para el comercio, más bien era artista, músico. En medio de los Buddenbrook se encuentran los hermanos Thomas, que es el último gran comerciante y su opuesto némesis Christian, quien sólo conoce la diversión que además le resulta carísima a toda la familia; es en estos dos personajes que el centro de la primera temporada de Bloodline encuentra encarnación, en John contra Danny.

Una estructura que parece ya explotada hasta el cansancio, pero que una vez más nos recuerda que las estructuras pueden ser reusadas, haciendo que todo se vuelva un asunto de tono que funcionará o no por una adecuada dirección, con una certera producción y las decisiones acertadas de los participantes; Bloodline tiene todo eso y más: tiempos imaginarios, flashbacks falsos, aparentes intrigas que abren pie a reales intrigas y mucho pero mucho alcohol que adereza los múltiples resentimientos familiares y sociales, dando pie a reflexiones como que en una sociedad de resentimientos cómo no van ser el pan las adicciones, la venta ilícita (dinero fácil), el engaño y la traición.

Las acciones de Danny se comienzan a volver cínicamente cada vez más peligrosas para todos, hasta que se vuelven casos policíacos que hay que ir resolviendo como líneas argumentales, al mismo tiempo que las relaciones familiares cambian y la aparición de información nos hace cambiar de personaje con el que nos identificamos, aunque el personaje de John sea impecable y nos ayude para no perdernos emocionalmente.

Habría que recalcar el papel que cumplen algunos entrañables personajes secundarios como los que les toca interpretar a los hábiles Chloe Sevigny y John Leguizamo, lumpen aparente que va controlando las decisiones en cuanto el crimen toca a la puerta del paraíso de los Rayburn rodeado de peligrosos pantanos.

La fotografía es muy cuidada y representa estados mentales, en sus formas nocturnas con neones, sombras y luces en una especie de noir tropical, y en los días el reflejo caluroso y los suaves estados de ánimo que se consigue bebiendo alcohol, paraísos artificiales de apariencias que van contrastando la absurda y salvaje violencia familiar y social. Es curioso cómo la serie contrapone lo familiar con lo social, y lo contrapuntea; por ejemplo, Danny chantaje a su hermana por sus infidelidades, al mismo tiempo que tiene un romance con la hermana de su mejor amigo --el que lo ayuda en los actos ilícitos, con la que también pronto tiene que ver el hermano menor, Kevin, así se van enredando los hilos que van construyendo una telaraña sólida que no es fácil dejar de ver hasta su final.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo