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Propaganda vintage: ve aquí la psicodélica película antidrogas que el gobierno de EU alguna vez promovió

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/26/2016

Ésta podría ser la propaganda antidrogas que más te inspire a drogarte...

La llamada "guerra contra las drogas" es una campaña emprendida hace poco más de un siglo, con fines presumiblemente políticos y económicos –y no con el supuesto afán de perseguir el beneficio de la sociedad–. De hecho, el fenómeno es tan insensato que, por fortuna, a lo largo de su historia ha caído en múltiples absurdos. Durante las décadas de los 70 y 80, esta cruzada vivió parte de su era dorada, y la cantidad de propaganda que se creó para satanizar las drogas y así justificar políticas diversas fue monumental. 

Justo en aquellos tiempos se hizo una película que, inspirada en Alicia en el País de las maravillas, buscaba asustar a los niños en relación al consumo de drogas y así evitar que las nuevas generaciones, a diferencia de sus antecesores hippies, se engancharan con las sustancias. Lo curioso es que esta memorable pieza, creada por el National Institute of Mental Health y recién rescatada por Open Culture, termina siendo una pieza profundamente psicodélica, un filme que cualquiera que haya consumido psicodélicos disfrutaría enormemente (y más si añadimos lo ridículamente hilarante que es la retórica propagandística). 

Así que te invitamos a ver el material completo, bajo la advertencia de que, contrario a lo que sus autores oficialmente intentaban y aunque no disfrutes de consumir psicotrópicas, tal vez termines con ganas de descubrir, gracias a esta película, qué tan profundo es el agujero del conejo blanco. 

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Podemos concebir el clima como una manifestación del "anima mundi"

Las asociaciones entre el aire y el alma o el espíritu son vastas y ocurren en casi todas las culturas (términos como chi, prana, pneuma, nephesh y nuestra misma palabra respiración lo ilustran).  En su libro Climate, Soul of the Earth, Dennis Klocek escribe:

Trazando la etimología de la palabra atmósfera, uno ve cómo, para los griegos, existía una comunidad entre los conceptos de viento, aliento, alma, aire, vapor y principio vital y los conceptos de espíritu o animación. Más tarde, en la Edad Media, el alma fue conocida como el "aire del cuerpo" y considerada como el asiento de la conciencia de aquel que la poseía. Asimismo, el aire o atmósfera fue considerado el alma de la Tierra, el centro vital de los influjos y movimientos que surgen cuando los otros cuerpos celestes interactúan con la Tierra. La historia nos dice que Pitágoras fue el primero en "escuchar" e interpretar la relación geométrica de las interacciones planetarias como una música celestial. Subsecuentemente, filósofos medievales creyeron que estas influencias, causadas por movimientos de otros planetas, que se registraban en el alma de la Tierra, eran manifestaciones de lo que había sido llamado "la música de las esferas". Hoy llamamos a estos impulsos armónicos "patrones climáticos".

Klocek dice que el clima puede considerarse musical porque "es un fenómeno matemático rítmico" y puede ser o "armónico o disonante". Kepler incluso teorizó que las perturbaciones armónicas en el cuerpo pneumático de la Tierra se manifestaban como eventos meterológicos (pocos saben que Kepler incluso escribió música para estas mociones). El clima entendido incluso como una emoción planetaria. 

La idea de Klocek de concebir al clima como ocurriendo en el alma de la Tierra o en su cuerpo sutil toma de la visión analógica o macro-microcósmica del mundo. Para medicinas como la china, la tibetana o la india, los vientos que corren por el cuerpo significan la energía y su correcto flujo determina la salud. Así la atmósfera está correlacionada con la energía y la salud de la Tierra como un organismo complejo que nos abarca a todos. Este sistema no es un sistema cerrado, sino que está abierto al cosmos y también a la actividad humana, animal y vegetal, a la operación de las células, por así decirlo, del  vasto cuerpo del planeta. Así, entonces, el cambio climático, el calentamiento global y la destrucción de la biósfera pueden entenderse como perturbaciones de la armonía natural del alma de la Tierra. En cierta forma son generadas por nosotros mismos, por nuestra falta de armonía. A su vez, en un circuito de retroalimentación, los sucesos climáticos y los llamados desastres naturales son generados por "el alma de la Tierra" como ajustes y reacciones inmunológicas. El psicólogo James Hillman escribió: "el alma enferma hasta que no obtiene lo que quiere". Esta visión "psicoclimática" nos sugiere que lo que estamos viviendo es la enfermedad del alma de la Tierra, una crisis que pese a ser caótica tiene un sentido y propósito, que es en realidad una especie de mensaje urgente o, términos jungianos, "un símbolo de transformación".

Twitter del autor: @alepholo