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La conciencia y la energía son los dos aspectos esenciales de la realidad más profunda; ésta es una visión sostenida por el budismo, el hinduismo y otras tradiciones no duales que conciben el universo desde una ontología de sólo luz

La teoría de Einstein, con su famosa fórmula E = mc2,  sugiere que la energía y la materia no son dos cosas separadas, sino dos aspectos de lo mismo. Las cosas pueden verse como objetos sólidos y separados de los demás o también –quizá de manera más acertada– como oscilaciones de energía en el espacio o excitaciones en el vacío que están constantemente surgiendo y desapareciendo. 

Si bien esta implicación de la teoría de Einstein es aceptada por la ciencia, por otro lado, seguimos arrastrando la visión cartesiana de una diferencia irreconciliable entre mente y materia, la cual influye profundamente en nuestra concepción del mundo, y nos cuesta más trabajo ver a la mente también como materia (o a la materia como mente y no como dos cosas separadas). Por añadidura, nos cuesta concebir también a la energía como mente y a la mente como energía (pese a que nuestra experiencia nos dice que nuestros pensamientos afectan nuestro cuerpo y su capacidad de hacer algo, es decir, nuestra energía). Sin embargo, existen otras tradiciones, menos materialistas y dualistas que la ciencia moderna, que sostienen que la energía y la conciencia son dos aspectos de la realidad fundamental del universo y que, como la energía y la materia, son convertibles.

Hace unos años el físico Richard Feynman escribió: "Es importante notar que en la física actualmente no tenemos un conocimiento verdadero de lo que es la energía". Con esto se refería a que la conservación de la energía es un principio matemático abstracto, y no se tiene una noción concreta de lo que es la energía. Esto parece reflejar una de las paradojas de la ciencia, que si bien es capaz de producir modelos teóricos funcionales del universo que a veces logran traducirse en tecnología, no es igual de proficiente cuando se trata de explicar la naturaleza de una forma que incluya nuestra experiencia de la misma, ni tampoco resuelve cuestiones sobre el significado, el sentido o la esencia de las cosas –lo cual tradicionalmente es la dimensión de la metafísica–. La ciencia en este sentido reconoce sus limitantes, se dedica a describir la realidad más que a encontrarle sentido. Y, en este caso, su modelo de realidad no es suficiente, ya que, como seres humanos encarnados en el mundo, experimentamos una relación intensa y vívida con la energía, la cual buscamos entender en un nivel que haga sentido con nuestra experiencia subjetiva de la misma, es decir, con nuestra conciencia de la energía. 

Quizá la ciencia moderna no tiene un modelo satisfactorio para entender qué es la energía por la misma razón que no tiene un modelo satisfactorio sobre la conciencia, lo que se conoce como el problema duro de la ciencia, puesto que, como argumentaremos aquí, la conciencia y la energía están estrechamente unidas.

En la medicina tibetana se dice que "el rlung es el caballo en el que se sube la mente", rlung es equivalente al prana del hinduismo, al chi de la medicina china, al mana de los nativos americanos y al pneuma de los griegos; un término que se traduce como energía o aliento vital. De manera similar, en el qi-gong (o chi-kun), afianzado en la medicina tradicional china, se dice que a donde se dirige la atención, ahí le sigue el chi, y se usa el término dao-yin, lo cual hace referencia literalmente a dirigir la energía y también a una práctica ascética de utilizar la intención para dirigir la energía por los diversos canales para desbloquear puntos que se han obstaculizado, muchas veces debido a factores emocionales (notablemente en la medicina china las emociones son consideradas como vientos internos, es decir corrientes de energía, y están ligadas a ciertos órganos y elementos en un flujo de transformación interna).

Para estas tradiciones la energía no es un concepto abstracto, invisible o remoto, sino que es una realidad cotidiana que permea toda las dimensiones de la existencia. David Frawley explica el significado de prana en el hinduismo:

Prana tiene muchos niveles de significado, desde el aliento hasta la energía de la conciencia en sí misma. Prana no sólo es la fuerza vital básica, también es la forma maestra de toda la energía que trabaja al nivel de la mente, cuerpo y vida. En realidad, todo el universo es una manifestación de prana, que es el poder creativo original.

En realidad el yoga y el tantra no son más que sistemas que mapean la relación entre la conciencia y la energía y crean modelos para experimentar en el cuerpo su unidad, la cual es representada como la unión entre Shiva y Shakti. Shiva, en sistemas como el tantrismo de Cachemira, simboliza la conciencia absoluta y Shakti significa la manifestación de esa conciencia que no tiene forma. Al manifestarse esa conciencia, es el mundo; la conciencia se despliega como la energía de Shakti y el poder de la manifestación de existir como cualquier cosa. Ram Dass lo dice poéticamente: "La madre (Shakti, la diosa) es el instrumento para transformar el espíritu en materia. Entender que toda forma es espíritu vuelto materia es ver que en el origen del mundo de la materia yace la madre". En otras palabras, aquí nos está diciendo Ram Dass que la energía (Shakti) es el instrumento para que la conciencia o espíritu se haga manifiesto en la dimensión de la experiencia, para que pueda experimentarse a sí misma (a través de nosotros que somos sus extensiones). Esto es lo que significa el mantra Sat-Chit-Ananda, la manifestación del ser, que es pura conciencia, como gozo. Abhinavagupta, el más grande maestro tántrico del shivaísmo, escribe que "la conciencia está hecha de luz y gozo". Quizás esto mismo había entendido William Blake cuando escribió: "la energía es delicia eterna".

La relación entre Shiva y Shakti es poéticamente representada en el cuerpo a través del despertar de la energía kundalini. Shakti, la diosa dormida en la forma de una serpiente enrollada en la columna, despierta y se eleva por el cuerpo en un torrente de energía liberando los nudos de los nadis hasta alcanzar la corona donde duerme Shiva (quien es representado como un yogui meditando absorto en samadhi en la cima de una montaña o en la flor de loto de los mil pétalos). Cuando se realiza la unión de Shiva y Shakti (el hierosgamos de la conciencia y la energía en el microcosmos que es el cuerpo) no sólo se libera una energía alquímica que se derrama por el canal central, particularmente vertiendo gotas de ambrosía en la copa del corazón, se produce paralelamente (y este es el objetivo) un estado de conciencia en el que el individuo se fusiona con la divinidad y experimenta la totalidad del universo subjetivamente (Atman se vuelve Brahman). En cierta forma, es la energía que se libera la que funciona como el soporte de esa conciencia. Desde la perspectiva relativa del individuo, la divinización o la percepción de toda la realidad como teofanía no es posible más que a través de una cierta descarga o concentración de energía. La práctica tántrica es esencialmente una metodología que se utiliza para liberar esta energía que sostiene una percepción del mundo como el cuerpo de la deidad, donde todas las apariciones son fenómenos libres de sufrimiento que se transfiguran en gozo estético y en gnosis no dual. 

Abhinavagupta escribe en su Tantraloka

La realidad suprema (param tattvam) de lo cognoscible es Shiva, pura luz consciente (prakâsa), porque lo que no es luz consciente no puede llegar a ser luminoso ni tener existencia real.

El término sánscrito prakâsa es usado por Abhinavagupta para designar la unidad entre la conciencia y la luz. Lo que nos lleva al entendimiento más fino de este artículo: la luz como la síntesis de la energía y la conciencia. Y es que la luz para diversas tradiciones religiosas esotéricas, en Occidente y en Oriente, engloba tanto a la conciencia como a la energía; es justamente aquello que sella esta unidad entre la mente y su manifestación. Esto es interesante porque la luz, sin quererla definir científicamente, nos remite a algo que no es del todo material, pero que es lo que nos permite percibir la materia, y como si fuere, teje un puente entre el mundo físico y la experiencia del mismo (la luz es, regresando a la cita de Ram Dass, el instrumento para materializar o revelar el espíritu). Asimismo, tenemos todas estas metáforas que igualan a luz con la inteligencia o con la sabiduría, como si fuera una energía cargada de pura conciencia. La luz de manera muy intuitiva parece comunicarnos la idea de energía y de conciencia al mismo tiempo. 

En las religiones abrahamicas la luz nos remite siempre a la creación (el fiat lux), a la manifestación de la voluntad divina y a la vez al verbo, a la palabra o al pensamiento divino. El filósofo, teólogo y protocientífico Robert Grosseteste, quien es considerado un santo en Inglaterra a la vez que el padre del pensamiento moderno de ese país, creía que la naturaleza matemática del universo, sus mismas leyes, derivaban directamente de que estaba hecho de luz. Arthur Zajonc en su libro Capturar la Luz glosa la teoría de Grosseteste:

Según Grosseteste, la luz fue la primera forma de corporeidad, a la que siguieron todas las demás. Multiplicándose a partir de un sólo punto infinita e igualmente hacia todas partes, formó una esfera y de esta acción surgió la materia... Por consiguiente, toda la creación material es luz condensada.

[...] A su juicio, el "Hágase la luz", ordenado por Dios abarcaba dos vertientes. Una era la que a la postre se convertiría en la luz de nuestra existencia física, que se condensaba incluso en forma de materia; la otra era una luz de inteligencia encarnada en las creaciones puramente espirituales y angélicas de Dios.

Así tenemos esta doble vertiente de la luz, que es lo que se cristaliza como los cuerpos materiales y a la vez es el medio de la inteligencia o la forma en la que la conciencia divina se mantiene como presencia que experimenta el mundo (los ángeles pueden verse ciertamente como el sistema nervioso de la divinidad). También Jung notó esta relación de la luz con la conciencia particularmente en sus estudios sobre la alquimia. Jung cita a Paracelso: "El hombre al nacer 'está dotado con la luz perfecta de la naturaleza'. Paracelso lo llama 'el mejor y primer tesoro que la monarquía de la naturaleza oculta dentro de sí misma"'. Y en su libro Sobre la naturaleza de la psique, escribe:

Ya que la conciencia siempre ha sido descrita en términos derivados del comportamiento de la luz, en mi perspectiva no es exagerado pensar que estas múltiples luminosidades corresponden a diminutos fenómenos conscientes. Esta luz es la "lumen naturae" que ilumina la conciencia. Si la luminosidad aparece en forma monádica como un sola estrella, sol u ojo, rápidamente asume la forma de un mandala y debe ser interpretada como el sí mismo.  

Jung aquí parece jugar con la idea de un especie de naturaleza cuántica de la conciencia cuya unidad mínima serían los fotones (pero que a la vez nos remite a los thigles del budismo tibetano, que son puntos de luz o energía vital pero que a la vez son unidades de información, como bits cuánticos). La forma en la que estas "múltiples luminosidades" se configuran como mónadas de las cuales deriva una identificación con un yo  (con un sí mismo), nos remite a ciertos aspectos cosmológicos del budismo tibetano donde se explica que la pura luz o energía de la mente que aparenta surgir de la vacuidad (sin dejar de ser igual a la vacuidad) se convierte en los cuerpos y en los objetos que aparentan estar separados de una mente que los percibe. La energía infinita de la vacuidad con su cualidad de cognoscitividad primordial no está limitada y puede, entre su infinito potencial de manifestarse, caer en un proceso de ignorancia en el que percibe el universo de forma dualista y da pie a sí a un mundo de objetos sólidos que emergen como si existieran separados de un yo que los percibe. Esto significaría que donde en realidad existe sólo pura luz dotada de conciencia primordial, nosotros empezamos a producir, a través de la percepción dualista, un universo ilusorio de objetos físicos separados de esa energía y de esa conciencia. Alan Wallace lo explica mejor en su artículo "Perspectivas científicas y budistas de la energía":

Los contemplativos budistas han sondeado más allá de este estado de la vacuidad relativa de la mente, penetrando a las dimensiones más profundas de la cognoscitividad [awareness], conocidas como conciencia primordial (jnana). Esto es el estado base no local, atemporal y último de la cognoscitividad, el cual es idéntico [no dual] al espacio absoluto de los fenómenos (dharmadhatu), del cual surge todo el cosmos del tiempo-espacio y la mente-materia. Este espacio luminoso de la conciencia primordial también está imbuido de infinita energía, de la que todas las otras formas de energía surgen, ya sea térmica, cinética, electromagnética o gravitacional. Como tal, esta dimensión de realidad trasciende todo concepto dualista de materia y energía, espacio y tiempo, sujeto y objeto, mente-materia e incluso existencia y no existencia. En la visión budista conocida como la gran perfección (dzogchen), todos los fenómenos, mentales o físicos, son vistos como manifestaciones de la unidad primordial entre la conciencia infinita, el espacio y la energía. Dudjom Lingpa, un reconocido contemplativo tibetano del siglo XIX, describe el espacio absoluto de los fenómenos así:

Debido al aspecto radiante y claro del espacio, puede aparecer como tierra, fuego, aire, agua, forma, sonido, olor, sabor, y objetos táctiles. Esto es, como la apariencia de planetas y estrellas reflejándose en el océano debido a su aspecto de claridad y limpidez. Pero todo estos reflejos, planetas y estrellas no son más que el océano mismo, y son de la misma naturaleza... Debido al poder incesante en la naturaleza de la conciencia primordial, existe un completo conocimiento de todos los fenómenos, sin que jamás se mezcle con o entre a los objetos. La conciencia primordial se origina por sí misma, es naturaleza clara, libre de oscurecimiento internos y externos; es el espacio infinito que todo lo permea, radiante y claro, libre de toda contaminación.

Aunque el budismo no concibe que exista una deidad creadora o un alma inmortal, los paralelos entre esta conciencia primordial del dzogchen que es igual al espacio y a la energía y la forma en la que describe la conciencia el tantrismo de Cachemira (cuyo máximo exponente es Abhinavagupta) son de notarse. Ambas escuelas son tal vez las dos cumbres de la filosofía no-dual y ambas practican una versión de  anuttara y anupaya, el no-método, para simplemente residir en ese estado de conciencia primordial sin elaboraciones. 

Para concluir, después de entrever esta relación entre la conciencia y la energía en un nivel metafísico y cosmológico regresemos al cuerpo, que es a fin de cuentas el vehículo que tenemos para alcanzar la realización de esta unidad entre la energía y la conciencia. En su estudio de una serie de textos secretos, atribuidos a Padmasambhava, en los que se explica el papel de la sexualidad en el vajrayana, Kenard Lipman escribe:

Estos textos nos revelan que el estado de energía depende del nivel de desarrollo de un individuo. Inicialmente la energía es algo que le pertenece al cuerpo que "tenemos". Pero cuando uno va progresando más allá de esta visión posesiva del cuerpo, uno se da cuenta de que la energía y la mente no están separadas. Sentir, percibir y conocer son fenómenos energéticos. A fin de cuentas, la energía es inteligente. 

Lipman considera que el entendimiento de la energía del budismo tántrico, donde se utilizan una serie de visualizaciones que van ligadas a un proceso de dirigir los pranas por el cuerpo para crear un cuerpo "imaginal" en el que el individuo se identifica con los diferentes budas, tiene un paralelo con la forma en la que Jung entendió los arquetipos (el mismo Alan Wallace en el texto citado anteriormente hace referencia a que el estado de la conciencia base alaya-vijanana accede a una dimensión arquetipal similar al mundo de las formas platónicas o los arquetipos jungianos). Lipman cita a Jung:

Los arquetipos son, al mismo tiempo, imágenes y emociones. Uno puede hablar de un arquetipo sólo cuando estos dos aspectos son simultáneos. Cuando hay meramente una imagen, sólo tenemos una simple figura de poca consecuencia. Pero al estar cargada con una emoción, la imagen gana numinosidad (o energía psíquica); se vuelve dinámica, y de aquí necesariamente emanan ciertas consecuencias.  

A lo que comenta Lipman:

En la práctica del yoga tántrico, la concentración de las sensaciones puede guiar y controlar la energía biológica; la visualización arquetípica puede canalizar la energía emocional; y la presencia pura puede unificar la energía y la mente para lograr un conocimiento más allá del intelecto. Podemos entrenar nuestra energía para que sea más inteligente y a nuestra mente para que esté más enraizada en la energía. 

Herbert Guenther, maestro de Lipman, y controversial traductor, explica en su libro sobre las enseñanzas de Padmasambhava, que para el gran maestro tántrico, "la intensidad vitalizante del núcleo del ser" (snying-po), no es algo que haya nacido o que vaya a morir, está lleno de la propia sustancia de su infinitud. En otras palabras, nuestra energía no es algo que haya nacido o que vaya a morir y tampoco es algo que sea diferente a quien somos, a nuestra conciencia. De hecho, nos dicen estas tradiciones, no somos más que una expresión, una intensidad, de la energía de la totalidad, el punto de intersección o ligamento entre lo abstracto y lo concreto, lo trascendente como inmanencia. Nuestra esencia es la unidad de la conciencia con la energía, y en el reconocimiento de esta naturaleza está el gozo beatífico (el ananda de los hinduistas) o "la intensidad extática", (como traduce Guenther, el término rigpa, la conciencia primordial que es la luminosidad misma del espacio, según el dzogchen). Como escribió Padmasambhava en el Bardo Thödol (traducido erróneamente como El Libro Tibetano de los Muertos), "la ignorancia es no reconocer que la luz que ves es el despliegue de tu propio ser" (rangnang).

Twitter del autor: @alepholo

Lee también: El yoga de la conciencia divina o diálogo de Shiva y Shakti en el cuerpo

 

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Científico de la NASA dice que pronto se comprobará que vivimos en una simulación informática

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/17/2016

Científicos creen que es altamente probable que vivamos en una simulación. Reconocer esto podría ser la nueva revolución copernicana, según Rick Terrile

Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar.

-Antonio Machado

 

¿Para qué estamos vivos? Para despertar. En esto coinciden el Buda, Antonio Machado y una nueva ola de científicos y CEOs de importantes compañías de tecnología. La reencarnación de las ideas del samsara y del māyā es para nuestra generación la Matrix y más recientemente la hipótesis de la simulación de Nick Bostrom, que parece estar ganando tracción entre científicos y multimillonarios por igual. El mundo en que el vivimos no es real. O es real, pero sólo una vez que hemos descubierto que es una ilusión y entonces podemos recrearlo o apagarlo. 

El argumento de Bostrom es básicamente el siguiente. Una civilización post-humana, es decir que ha alcanzado una subsistencia que no depende de la biología, como por ejemplo descargando su conciencia en una computadora, tendría necesariamente que haber alcanzado un enorme poder de computación (una teoría menciona las famosas esferas de Dyson como fuente de poder). Este poder de computación sería suficiente para simular entornos de realidad de alta fidelidad capaces de hacerse pasar por reales (algo así como los escenarios de The Truman Show). Bostrom señala que si sólo un pequeño porcentaje de estas civilizaciones posthumanas fuera a correr "simulaciones ancestrales", es decir simulaciones de alta fidelidad de vida ancestral, esto haría que la simulación fuera indistinguible de la realidad para el ancestro simulado. Ya que no hay límite para las simulaciones que puede hacer una civilización post-humana, entonces deberían de existir una mayor cantidad de ancestros simulados que ancestros actuales que están realizando las simulaciones. Hay que decir que Bostrom sólo considera que esto es relativamente probable, lo cual estaría definido por la fracción de civilizaciones que logran llegar a un estado post-humano y la fracción de civilizaciones post-humanas que están interesadas en generar estas simulaciones de ancestros. Si pudiéramos decir que estas fracciones son altas entonces sería muy probable que fuéramos SIMS (seres simulados). Los científicos que se inclinan a pensar afirmativamente en este caso hacen referencia a que es muy probable que vivamos en un universo infinito, por lo cual es también muy probable que existan una enorme cantidad de civilizaciones post-humanas y de todos tipos, más allá de lo que podemos imaginar.

Hace unos meses el CEO de Tesla Elon Musk explicó por qué le parece sumamente probable que vivamos en una simulación o, en sus propias palabras, que existamos como personajes dentro de un videojuego (esto es lo que pasa cuando los techies van a Burning Man y toman psicodélicos). Musk argumentó que la tendencia exponencial con la que avanza nuestra tecnología es una señal de que en el futuro podremos crear simulaciones indistinguibles de la realidad. Ya que vivimos en un universo de una vastedad inconmensurable, es simplemente muy probable entonces que alguien antes que nosotros haya llegado ya a este punto crítico y haya experimentado simulando un universo. De alguna manera, simular universos sería la evolución lógica de una civilización tecnológicamente avanzada.

Si asumes cualquier tipo de proporción de incremento, entonces los juegos se volverán indistinguibles de la realidad, incluso si este ritmo de aumento cae a una proporción de mil veces menos de lo que avanza actualmente. Por ejemplo, imaginemos cómo sería en unos 10 mil años, que no son nada en términos evolutivos.

Así que, dado el hecho de que estamos en una clara trayectoria hacia diseñar juegos indistinguibles de la realidad, y esos juegos pueden jugarse en cualquier consola o PC o lo que sea, y debería haber miles de millones de estos aparatos, de aquí podríamos deducir que las probabilidades de que existamos en una realidad base [en un mundo no-simulado] son uno en miles de millones. ¿Díganme si encuentran algún error a este argumento?

De hecho deberíamos tener esperanzas de que esto sea verdad, ya que si una civilización deja de avanzar, esto debe ser el resultado de alguna calamidad que borra la civilización... o crearemos simulaciones indistinguibles de la realidad o las civilizaciones dejarán de existir. No es muy probable que simplemente entremos en una estasis de millones de años.

Un reciente converso al argumento de la simulación es el científico del Jet Propulsion Lab de la NASA, Rick Terrile. Según le dijo Terrile a The Guardian:

Si uno progresa al ritmo actual de la tecnología en algunas décadas seremos una sociedad en la que entidades artificiales viviendo en simulaciones serán más abundante que los seres humanos... Si en el futuro hay más personas digitales viviendo en ambientes simulados de los que hay hoy, entonces, ¿cómo podemos decir que no somos ya parte de una [simulación]?. 

Algunos físicos incluso mantienen que el universo a pequeñísima escala no está compuesto por átomos, está compuesto de bits de información y que la realidad puede pixelarse. "Si uno mira las entrañas del Universo -(a estructura de la materia en su escala más pequeña) se da cuenta de que no son más que bits realizando operaciones digitales locales", dice el físico Seth Lloyd.

Terrile considera que no estar viviendo en una simulación sería muy poco probable y que, de hecho, esta idea será en el futuro similar a la revolución copernicana (el descubrimiento, que hoy nos parece tan evidente, de que la Tierra gira alrededor del Sol). Y responde a la pregunta de los 64 mil bits (sobre quién programó la simulación) diciendo: "nosotros mismos en el futuro" hemos creado la simulación. 

El físico Max Tegmark, famoso por su visión platónica de las matemáticas como entidades preexistentes al universo manifiesto, no está del todo convencido. Según Tegmark, si bien lógicamente es posible que vivamos en una simulación, las probabilidades no son tan altas como creen Musk o Terrile. "Para poder hacer el argumento, en primer lugar necesitamos saber cuáles son las leyes fundamentales de la física en el lugar donde las simulaciones están siendo realizadas. Y si estamos en una simulación no tenemos una pista verdadera de cuáles son las leyes de la física. Lo que enseño en MIT serían leyes de física simuladas".

El argumento de Terrile se apoya en otra noción que aparece en el centro de la discusión científica contemporánea. "Por décadas [dentro de la física cuántica]... los científicos han intentado eliminar la noción de que necesitamos un observador consciente. La solución verdadera podría ser que necesitamos una entidad consciente como el jugador consciente de un videojuego". La interacción del jugador con el juego explicaría, según Terrile, el problema de la medición en la física cuántica o la aparente afectación que se presenta a partir del acto de observar un fenómeno. 

Terrile delata su entusiasmo y señala que la hipótesis de la simulación es sumamente optimista, ya que provee un marco para nuestra continuidad sin la necesidad de una soteriología trascendente. Eventualmente, nosotros podremos simular universos. "Tendremos los poderes de mente y materia para crear cualquier cosa que queramos y podremos ocupar esos mundos".

Antecedentes de la idea de la simulación

Aunque estas ideas parecen radicales e innovadoras no lo son tanto. Los filósofos védicos y post-védicos tenían el concepto de māyā; los budistas la noción del samsara; Platón consideraba que este mundo era la sombra o copia de un mundo real superior (el mundo de las formas) y los gnósticos literalmente consideraban que este mundo era la simulación o copia de menos calidad de la creación divina, hecha por un demiurgo o un grupo de demiurgos (algo que a veces se conoce como "stereoma", la realidad virtual diseñada por los Arcontes).

Si bien en el budismo el samsara no tiene un inicio ni un final, no es un programa que se haya echado a andar en algún momento o por algún programador, sí manifiesta ciertas leyes (como el tiempo y el karma) que existen solamente mientras uno no ha despertado y descubierto que el mundo es una ilusión (ocurre como en el sueño que cuando sabemos que estamos soñando podemos volar y atravesar paredes sin ningún problema). Incluso en algunas descripciones de cosmología budista se habla de que nuestro mundo fue manifestado (diseñado de alguna forma) por la intención de seres de otro mundo, los Abhasvara.

Quizás saber bien a bien (con todo nuestro código, por usar una metáfora informática) que vivimos en una simulación sea lo mismo que lo que los budistas llaman el bodhicitta absoluto, esto es la mente del despertar absoluto, la cual justamente está ligada a la sabiduría de que el mundo es una ilusión, está vacío, no existen los objetos, ni un yo independiente que los perciba. Y estas simulaciones podrían ser como las "tierras puras" o campos búdicos que generan algunos bodhisattvas en el budismo mahayana, la más famosa de ellas, Sukhavati (la tierra pura del buda Amitabha). En ese caso estas simulaciones budistas (que son paraísos para el cultivo del dharma) no son generadas con el poder de computación que se encuentra en la materia sino con la conciencia compasiva, con la más pura intención de liberar a todos los seres de la ilusión. Y el Buda mismo, según enseña el budismo mahayana, no es más que una forma habilidosa, una especie de programa holográfico que se manifiesta conforme a las necesidades de los usuarios atrapados dentro del juego, para mostrarles que el ilusorio mundo del sufrimiento puede cesar. El Buda, como Morpheus en Matrix, sólo puede mostrar el camino, ofrecer la medicina, pero todas las personas tienen que tomar por su propia cuenta la medicina, recorrer el camino y despertar por su propio mérito. La metáfora de salir la Matrix es muy parecido a descubrir el māyā o despertar al nirvana que siempre ha existido debajo de la ilusión del samsara, esta es la resonancia arquetípica que ha hecho la saga de los Wachowski tan popular.

Una importante diferencia entre las concepciones antiguas del mundo como ilusión --ya sea el māyā védico o el samsara budista-- y la noción moderna de existir dentro de un programa informático, es que para el vedanta o para el budismo, la ilusión persiste solamente hasta que persiste la ignorancia de la realidad, sólo mientras la percepción está oscurecida y no puede ver la verdad. Vivimos en una ilusión, el mundo sólido, separado, finito, etcétera, no existe, pero tampoco existe una limitante trascendente y una diferencia entre el programa o los jugadores del programa y el programador. Por lo cual en realidad somos libres y paradójicamente darse cuenta que el mundo es una ilusión --un sueño, un programa informático--, lo cual es el requisito para despertar, aniquila al mismo programa, hace que la ilusión en realidad nunca haya existido. Los budas sólo ven Buda, para ellos toda la realidad está iluminada. 

A quienes estén interesados en seguir este hilo entre el budismo y la simulación informática, recomendamos mucho escuchar este podcast, en el que el profesor Robert Thurman (el papá de Uma, amigo íntimo del Dalái Lama y experto en budismo tibetano) explica algunas similitudes entre la película The Matrix y el budismo, particularmente la capacidad de multiplicarse y existir en diferentes partes al mismo tiempo que tiene el Buda y que muestra Neo (al igual que el agente Smith) en una de las secuelas, esto, un poder que se desdobla una vez que se ha entendido cómo funciona la estructura de la Matrix. Descubrir la ilusión, el māyā, es hacer de la existencia un juego mágico de infinitas posibilidades. 

Recientemente una investigación científica ha encontrado que la realidad es una alucinación generada por el cerebro