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8 razones por las que los 30 son mejores que los 20 (explicadas con ilustraciones)

Buena Vida

Por: pIJamasurf - 10/02/2016

Los 20 son intensos y divertidos, los 30 son intensos y divertidos, pero tu perspectiva ya es más sólida y completa

En la época de tus 20, nadie lo negará, ocurren algunas de las más memorables experiencias de la vida. Esa mezcla entre ingenuidad, independencia y completa disposición a experimentar, garantiza una serie de aventuras que dejarán huellas indelebles en ti. Sin embargo, en la mayoría de las personas el proceso de consolidación de la identidad, así como varios ecos de la adolescencia, se siguen manifestando, lo cual provoca que todavía se frecuenten sentimientos desgarradores y un poco, o mucho, de confusión existencial. 

En los 30, en cambio, generalmente se mantiene esa energía vital, esa propensión a explorar y descubrir, sólo que ahora el vehículo es uno más sólido y la perspectiva general tiene mucho mayor claridad. Y este fenómeno fue notablemente resumido por el sitio lifehack a través de siete sencillas, pero certeras, ilustraciones. Así que si aún estás en tus 20 disfruta al máximo la etapa (todas las etapas son irrepetibles), pero si estás en los 30, entonces has consciente que es una gran década y aprovecha la madurez reunida en los últimos años para vivir con mayor plenitud. 

1. En los 20 tienes muchos grandes amigos, pero en los 30 ya sabes quiénes de estos son tus verdaderos amigos.


2. En los 30 ya sabes quién eres (o estás cerca de entenderlo) y generalmente te encanta

 

3. En los 30 ya tienes suficiente capacidad de discernimiento para ser más selectivo en cuanto a tus relaciones humanas. 

 

4. En los 20 gozas de mucha salud y, por lo general, la malgastas. En los 30 te cuidas y valoras tu salud. 

 

5. En los 20 el desapego parece imposible. En los 30 te das cuenta de que, después de todo, practicarlo es una delicia. 

 

6. En los 30 ya no exploras estilos, más bien cultivas el propio. 

 

7. A los 30 ya sabes lo que quieres, y te abocas a conseguirlo. 

Escribir 750 palabras todas las mañanas: el hábito que podría transformar tu vida

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/02/2016

Una práctica sencilla con muchos beneficios, algunos para tu psique, otros para tu desarrollo, e incluso otros más para tu salud

Ahora y desde hace algún tiempo (¿pero cómo decir cuánto?) la escritura se considera un ejercicio reservado a unos cuantos. Si bien es posible que esté más presente y extendida que nunca en la historia, su uso es más bien instrumental o utilitario. Escribimos un mensaje de texto, quizá una actualización en Facebook, un tweet, un recado, pero poco más que eso. Leemos lo que alguien más escribe (como ahora), ¿pero alguna vez nos detenemos a pensar que también cualquiera de nosotros podría escribir así? No con cierto estilo, sino escribir porque sí, escribir sin una utilidad manifiesta, escribir únicamente porque hace bien y es satisfactorio.

En los últimos meses han circulado reseñas sobre una práctica que al parecer es común entre personas de muy distintos ámbitos: actores, empresarios, periodistas y otros. Oliver Burkeman, por ejemplo, columnista en The Guardian y a quien hemos citado en Pijama Surf, también ha hablado al respecto.

El hábito es sencillo: poco después de despertar por la mañana, tomar lápiz y papel y escribir hasta completar cerca de tres páginas, lo cual equivale más o menos a 750 palabras, mismas que se completan en un promedio de media hora. Escribir lo primero que venga a la mente. Escribir sin censura. Escribir sin pensar que alguien más va a leer el resultado final. Escribir y ya.

¿Por qué algo tan simple puede tener tanta importancia? La respuesta puede ser variada. Podríamos decir que, cómo otros hábitos, este enseña también el valor de la disciplina y la constancia.

Sin embargo, si sólo fuera esto, no sería distinto de correr o de realizar una actividad de entretenimiento (hay quien teje o quien construye cosas en su tiempo libre).

La diferencia con la escritura, de acuerdo con quienes hacen esto que se ha dado en llamar “Páginas matutinas” ("Morning Pages") es que, de inicio, escribir conlleva la cualidad de la conexión. Como han descubierto muchos escritores en la historia de la literatura, paradójicamente escribir sin rumbo definido casi siempre conduce a algún lugar. Podemos comenzar con un recuerdo, con el sueño que tuvimos la noche que recién terminó, con una idea que quisiéramos desarrollar e incluso con algún pendiente del día. Si continuamos sin reservas, movidos únicamente por el impulso de escribir, con toda seguridad terminaremos en un punto que aunque no imaginábamos, de algún modo ya conocíamos.

Por otro lado, escribir de la nada, llenar una página en blanco con lo primero que se nos ocurra, también nos enseña al menos dos cosas: una, nuestros propios límites. ¿Qué podemos decir? ¿De qué manera lo hacemos? ¿Con cuánta dificultad? En segundo lugar, también nos hace escuchar a nuestro crítico interior. Todos tenemos esa voz que nos señala nuestros errores, a veces con severidad excesiva. Conocer a ese juez pequeño pero terrible también es importante para nuestro desarrollo personal, pues no pocas veces es el orquestador del autosabotaje en que incurrimos.

Finalmente, y aunque no es menor, la escritura también tiene efectos positivos en aspectos específicos de nuestra salud física y mental, pues puede contribuir a reducir las nocivas consecuencias del estrés y mejorar la memoria, por ejemplo.

Autoconocimiento, honestidad, claridad e incluso un poco de buena salud. Parece un buen intercambio, ¿no crees?