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Una fascinante exploración gráfica del sexo como deseo diabólico (IMÁGENES)

Arte

Por: pijamasurf - 09/14/2016

¿El sexo tiene un matiz diabólico? Estas ilustraciones así lo sugieren

Si algo nos impulsa a crear, es el sexo. La fuerza del sexo como energía que nos lleva a más decidió nuestra evolución y también nuestra cultura. Por el sexo hay poesía, moda, música, pintura, trabajos y prácticamente cualquier cosa en la que podamos pensar.

Y también no en el mejor de los sentidos, pues como sabemos bien, el sexo también ha estado rodeado de censura y prohibiciones. Lo cual a su vez sólo ha sido como un estímulo: ante lo prohibido, la creatividad se fortalece.

Prueba de ello es esta serie de imágenes en las que, con ironía corrosiva, el deseo sexual se representa profundamente ligado con lo diabólico, aunque no en un sentido siniestro, sino más bien lúdico.

Les Diableries Érotiques es el título del conjunto de grabados, las “diabluras eróticas” que hacen ver al impulso sexual como una suerte de curiosidad insaciable, un impulso que no podemos refrenar, que disfrutamos a pesar de las prohibiciones que se le intenta imponer.

Su autor fue Eugène Lepoittevin, un ilustrador francés del siglo XIX que respondió de esta manera a la disciplina propia de su época.

 

¿El sexo tiene un cariz diabólico? Si esto nos lleva a romper con las prohibiciones, sí, sin duda.

 

 

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Mujer documenta la depresión de su esposo en este emotivo ensayo fotográfico

Arte

Por: pijamasurf - 09/14/2016

"El mar que nos rodea": con este elocuente título la fotógrafa Maureen Drennan documentó la tristeza de su pareja

Desde hace algunos años, nuestra época viene arrastrando la molesta carga de la depresión. Si, hasta cierto punto, puede decirse que cada momento histórico tiene su propia enfermedad –la locura del siglo XVI, la melancolía del XVII, la histeria en el XIX–, patológicamente el nuestro se ha distinguido por tener en la depresión al más terrible de sus fantasmas.

La gente entristece de pronto, pero a diferencia de lo que sucedió con la sombría ola melancólica del barroco, el problema parece ser que ahora no se sabe qué hacer con esa tristeza. Una persona de pronto pierde el encanto por el mundo, pero en vez de preguntarse por qué y ocuparse al respecto, ignora o posterga esa atención porque se siente impelida a continuar con su vida: ir al trabajo, ver a las personas que suele ver, convivir, comer, ver una película, dormir, y todo mientras hace como que no ve eso que tiene frente a sí.

Como una posible expresión de esto, compartimos ahora un elocuente ensayo fotográfico de Maureen Drennan quien, con la mirada que otorga la cámara, registró el periodo de depresión de Paul su esposo.

El proyecto, aunque creativo, fue claramente subjetivo, y por ello mismo notablemente terapéutico. Durante la realización, Drennan se dio cuenta, por ejemplo, de que cuando se comparte la vida con una persona como Paul, se es al mismo tiempo compañero y extraño, presencia y ausencia, alguien que está ahí pero a quien la profunda soledad de la persona con depresión excluye de tal manera que pareciera que no.

El mar que nos rodea es el nombre que la fotógrafa dio a este serie, mismo que tomó de un poema de Neruda, “La noche en la isla”:

He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.

El mar que se mira inmenso, amenazante, capaz de ahogarnos. El mar que Virginia Woolf eligió para salir de este mundo. El mar que, como a veces la tristeza cuando se está ahí, parece no tener fin.

Pero también el mar que es origen de la vida, lugar de satisfacción y metáfora de eso más grande que nosotros y de lo cual también formamos parte.