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Un experimento que no sólo prueba tu capacidad de soñar lucidamente, abre la puerta a descubrir un estado de conciencia verdaderamente primordial

En la cuarta entrega de esta serie  de "ejercicios de percepción espiritual", en los que revisamos algunas técnicas de grandes maestros espirituales y proponemos ejercicios para depurar la percepción, nos aventuramos a la dimensión de los sueños, específicamente a ese plano de posibilidades inconmensurables que se abre cuando despertamos en el sueño. El ejercicio que presentamos a continuación, cortesía de Alan Wallace, no se trata solamente de tener un sueño lúcido y disfrutar de un infinito hedonismo como si fuéramos el diseñador de nuestro propio videojuego, sino de utilizar ese momento peculiar para indagar la naturaleza de la realidad, en este caso la unidad mínima de percepción, la base energética de la conciencia. 

Alan Wallace, quien ha escrito extensamente sobre sueños lúcidos, particularmente desde la tradición del budismo tibetano, de la cual ha recibido enseñanzas de diversos maestros, incluyendo el Dalái Lama, en un reciente podcast planteó un interesante experimento para aquellos que logran tener sueños lúcidos con frecuencia o que buscan llevar su práctica a una nueva dimensión.

Wallace compartió una investigación preliminar que sugiere que se puede estar en un sueño lúcido profundo (dreamless sleep), es decir, dormido, sin soñar, pero lúcido, consciente de que se está en ese estado sin contenido. En ese estado (que recuerda al cuarto estado de conciencia de la tradición hinduista, turya)Ç explica Wallace que notablemente persiste el ritmo de la respiración, la sutilísima sensación del prana que atraviesa la dimensión que supuestamente divide el sueño de la vigilia.  Es decir. uno simplemente está consciente de la respiración y no existe nada más; dormido, tal vez como Brahma en la etapa del pralaya o no-manifestación, en la eterna marea cosmogónica.

Hay una forma de probar esto, según indica Wallace. Para hacerlo, un soñador lúcido, que ha descubierto que está soñando, debe detenerse en el sueño y suspender su atención del flujo de contenido que está experimentando "puede incluso cerrar los ojos, en cuestión de segundos todo el paisaje onírico se desvanece. Sólo se mantiene [el pasiaje onírico] por tu atención que se fija en él. No lo atiendas, no te involucres y se evaporará. Básicamente habrás apagado la máquina que enciende la imagen holográfica... Si, al hacer eso, logras mantener la lucidez, no te colapsas, mantienes el flujo de la cognición, entonces pasas directamente, suavemente, de un sueño lúcido a un dormitar lúcido".

La instrucción para los onironautas es que una vez que "la mente se ha disuelto en la conciencia del substrato", (en sánscrito alaya vijnana) cerca de un dominio que en el budismo se conoce como shamata (similar al samadhi del yoga), "descansando en esa luminosidad de la cognición", lejos de las creaciones de "la mente samsárica y de los mundos del deseo", prueba si eres "consciente del ritmo, incluso sin ser consciente de las sensaciones táctiles. Toma en cuenta que en el sueño no tenías noción de ninguna sensación táctil... cualquier sensación táctil que emerja en el sueño no es una sensación táctil, es puramente mental". Con esto Wallace nos quiere decir que durante el sueño lo que sentimos como una sensación física es una creación de la mente y, sin embargo, es posible que soñando podamos sentir la respiración, cuando todo lo demás ha sido eliminado, ese ritmo universal (el solve et coagula) persiste, como el sonido sutil de un mar sin olas. "Piensa que puedes estar en un espacio en el que no existen las apariencias pero, intuitivamente, en un nivel muy sutil, todavía estás en contacto con el ritmo. Es una especie de ritmo profundo, es el núcleo, es el prana".

Según Wallace dos personas han corroborado que esto es así, lo cual "significa que puedes mantener la noción del ritmo y alcanzar el primer dhyana (estado de absorción meditativa, gnosis). O sea que estás totalmente en ese espacio pero te sigues y puedes alcanzar el segundo y el tercer dhyana y hasta el cuarto, en el que finalmente la respiración cesa".

Así que cualquiera que se considere diestro en el arte de ensoñar, puede ponerse a prueba con este experimento, incluso le puedes escribir a Wallace al Santa Barbara Institute for Consciousness Studies y reportarle tus experiencias. 

Queda sólo la fascinante pregunta de por qué la respiración es lo único que se mantiene cuando ha cesado toda la información de lo que el budismo llama los seis campos sensoriales (ayatana: olfato, tacto, vista, oído, gusto y objetos mentales). Quizás esto tiene que ver con que el prana es considerado como la base misma de la conciencia, la energía que soporta la cognición, lo que conecta el cuerpo con la mente. El mismo Wallace, quien además de maestro de meditación budista es físico de formación, nos puede orientar en este sentido:

El espacio absoluto de los fenómenos es permeado no sólo por la conciencia primordial sino por la infinita energía vital de esa conciencia (jnana-prana), que tiene la misma naturaleza también que el "cuarto tiempo", una dimensión que trasciende el pasado, el presente y el futuro. Así que el espacio-tiempo relativo, la masa-energía y el cuerpo-mente emergen de esa última simetría del espacio absoluto de los fenómenos: el cuarto tiempo, la conciencia primordial y la energía de la conciencia primordial, todos los cuales son coextensos y de la misma naturaleza.  

Ese ritmo que, según relatan expertos soñadores lúcidos, permanece cuando se ha abolido todo el mundo de las apariencias es la forma más pura y directa en la que se manifiesta la conciencia primordial: la energía que permea el universo para vehicular y sostener la naturaleza cognitiva que es la esencia de la mente, esto es, jnana-prana (sabiduría primordial y aliento-energía). El espacio es la conciencia, y su potencialidad infinita de aparecer como cualquier cosa siempre es esa energía que se percibe como un ritmo, un soplo en la oscuridad primordial del cual emanan los mundos. 

Twitter del autor:@alepholo

Ejercicios de Percepción Espiritual 1: la recapitulación pitagógrica

Ejercicios de Percepción Espiritual 2: el ejercicio budista de recordar que "esto es un sueño"

Ejercicios de Percepción Espiritual 3: ¿Puedes percibir una espiral esférica?

Las huldras habitan secretamente los bosques, según el folklore nórdico, y con su gran belleza seducen a los hombres hacia el misterio elemental de la naturaleza

Las personas que pasean en los encantadores bosques de Escandinavia tienen la fascinante posibilidad de encontrarse con una criatura femenina llamada popularmente huldra. Se dice que estas criaturas son los guardianes de ciertos lugares, asociadas al bosque de manera similar a como las ninfas están relacionadas al agua, los gnomos a la tierra o las salamandras al fuego, es decir son como criaturas elementales, en este caso, una especie de dríadas o hadas de los bosques escandinavos. Y como éstas, a través de su belleza y seducción a veces suele ocurrir una fatalidad. 

Huldra es una palabra de origen noruego que significa "cubierto", "oculto" o "secreto" y también se les llama a estas criaturas skogsfru o skofru, que significa "dama o reina del bosque". Es decir, las huldras son las damas ocultas del bosque, y ya sea por la fantasía del hombre o por experiencias que se transmiten tradicionalmente, se representa a estas criaturas como poseedoras de una magnética, a la vez que misteriosa, sexualidad. La gran belleza con la que describen a estos seres contrasta con el aspecto horripilante con el que se representa a su contraparte masculina, los huldekrall

El folklore escandinavo mantiene que las huldras son especialmente bellas, con el cabello muy largo y muy altas, pero por detrás tienen una cola animal (de zorro, vaca y otros animales) y toda su parte posterior es como el oquedal de un árbol. Suelen aparecer después de la lluvia para seducir a los hombres que vagan por el bosque. Quizás simbolizan la seducción de la naturaleza en sí misma, y ese doble aspecto de terror y belleza, que quizás depende la percepción y de la pureza del individuo. Otra leyenda mantiene que Huld es la consorte de Odín y, curiosamente, una leyenda nórdica cristiana dice que si una huldra logra casarse con un hombre en una iglesia, su cola se cae y se vuelve completamente humana. Algo que recuerda la idea de Paracelso de que las ninfas, si logran tener un hijo con un hombre, su hijo será humano y obtendrán un alma. El médico suizo escribió sobre los seres elementales algo que quizás podamos extrapolar a las huldra:

[Los tesoros] son guardados por los espíritus de la naturaleza, son ocultados y mantenidos en secreto para que no sean descubiertos hasta que llegue su tiempo.

 

En el sitio escandinavo Spangenhelm tienen más información y leyendas sobre esta fascinante criatura 

Lee también: Paracelso y las ninfas