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Provocación color neón: Nicolas Winding Refn a 5 años de Drive

Arte

Por: Lalo Ortega - 09/15/2016

A medio camino entre el cine de culto, la industria y la fidelidad a un estilo, Nicolas Winding Refn cuenta con uno de los corpus fílmicos más interesantes de nuestra época

Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) aparece con frecuencia en los listados de las mejores películas, sea de los últimos años e incluso entre las mejores en lo que va del siglo. Tiene también el estatus de “película de culto” y sin duda es la más exitosa de su director, tanto crítica como comercialmente: con ella Refn obtuvo el premio a Mejor Director del Festival de Cannes y, por otro lado, la película recaudó más de 78 millones de dólares (cuando su presupuesto fue de 15 MDD).

En otro aspecto, la cinta llevó a Refn, de origen danés, al mapa del mainstream hollywoodense. Drive se filmó en Los Ángeles y en habla inglesa, pero por su estilo vaticinaba el arribo a la industria del cine de un director con otra sensibilidad, artística pero lo suficientemente accesible para ser atractiva y rentable para el gran público. Se pensó entonces que su siguiente filme sería la magnificación comercial de su estética elegante, colorida y obsesivamente calculada en sincronía con un soundtrack cargado de sintetizadores. Pero entonces dirigió la antítesis de todo ello: Only God Forgives (2013).

Refn desafió todas las expectativas con un thriller delirante y fluorescente sobre el mundo criminal de Bangkok, niveles grotescos de violencia y tintes edípicos como cereza del pastel. Only God Forgives confirmó a Refn como un director capaz de dividir a la crítica y decepcionar en taquilla. 

En otro sentido, sin embargo, la cinta fue la declaración de Refn sobre su visión artística, sobre el hecho de no comprometerla y continuar realizando sus películas tal cual las quiera crear, explorando los límites de su colorida y sangrienta estética. Si bien los colores en alto contraste y su multiplicidad de connotaciones han sido un elemento siempre presente en su filmografía (originado por necesidad, pues Refn es daltónico), a partir de Drive es más notoria su utilización para crear atmósferas hipnóticas, complementando la evolución de sus personajes.

El refinamiento visual de Only God Forgives encontró su perfección en The Neon Demon (2016), un título más que preciso para la retorcida y excesiva crítica a la superficialidad contemporánea a través de un derrame cromático en pantalla.

Éste quizá sea el trabajo más artificial de Refn a la fecha: una puesta en escena que parece un anuncio comercial de Calvin Klein que se extiende por dos horas. Si se le ha criticado por priorizar la espectacularidad visual por encima de la sustancia narrativa, esta película parece abrazar ese hecho sin tapujos pero, más que otra cosa, es su confirmación como un cineasta cuyo leitmotiv es la provocación por medio del contraste y el extremo, indulgente consigo mismo, más comprometido con su visión que con las complacencias y la ganancia económica. 

Refn dijo en una entrevista que el propósito de la creatividad es obtener una reacción, buena o mala. Y eso, una reacción, es lo que logra al secuenciar la esperanza del amor imposible con un batidillo de sesos bajo la inmaculada iluminación de un elevador –la escena más icónica de Drive está coloreada de amarillo, el tono del optimismo pero también de la decadencia–.

A cinco años del estreno comercial de Drive, Nicolas Winding Refn se ha reafirmado como un cineasta dedicado a cultivar su mirada creativa, y poco más que eso. Los contrastes narrativos tanto o más estridentes que las paletas de color que los acompañan pueden gustar o no al espectador o al crítico, pero eso a Refn no le importa.

 

Trainspotting 2, de regreso a Edimburgo 20 años después (TRAILER)

Arte

Por: Pijamasurf - 09/15/2016

El clásico que marcó a una generación está por regresar a las pantallas de cine con el mismo elenco y el mismo director, veinte años después

La secuela de Danny Boyle a la película que ya puede considerarse como un clásico se estrenará en los cines en enero de 2017, en una esperada "revisita" a las vidas del entrañable grupo de junkies de Edimburgo: Spud, Renton, Sick Boy, y Begbie. Algo así como 20 años después en sus vidas; si la primera parte de Trainspotting trató sobre qué es ser joven, drogarse mucho y enfrentarse al mundo consumista que presiona para conformarse, ésta parece tratarse de qué es llegar a la mitad de la vida (¿y drogarse? ¿y tener una crisis de edad media?). En realidad no se ha dicho mucho sobre la trama, pero se sabe que está basada en la secuela del novelista Irving Welsh, Porno.

La cinta se está terminando de filmar y cuenta con el elenco original y el mismo director, por lo que ha generado gran expectativa.

La primera parte de Trainspotting marcó a una generación de jóvenes que empezaban a interesarse por las drogas y les dio un imaginario y una banda sonora para sus experiencias. Los trips de Trainspotting, como aquel legendario del bebé que aparece en el techo de la habitación de Renton en un bajón de heroína, o el luminoso universo submarino dentro de un excusado (cuando uno pierde sus drogas en medio de la mierda), se convirtieron en parte de la memoria colectiva. Especialmente hay que recalcar la calidad de la banda sonora, posiblemente una de las mejores de la historia, que captura la escena rave y la melancolía que también generan las drogas, con artistas como Brain Eno, Lou Reed, New Order, Iggy Pop, Primal Scream, y Underworld, cuyo tema "Born Slippy" se convirtió en un himno de los momentos climáticos de una fiesta, cuando explota el éxtasis.