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Deshielo (Ciclo continuo del estado de la materia): una exposición sobre el cambio y los factores que lo provocan

Arte

Por: pijamasurf - 09/15/2016

El artista mexicano Alejandro Fournier presenta una reflexión desde el arte sobre los cambios que ocurren en la materia, no siempre por motivos naturales

La sucesión de los estados de la materia es un fenómeno natural que ocurre todo el tiempo a nuestro alrededor, y quizá por esto mismo ejerce un encanto poderoso en nuestra manera de percibir la realidad.

Desde hace unos días, la Galería SISMO, en la Ciudad de México, exhibe Deshielo (Ciclo continuo del estado de la materia), del artista mexicano Alejandro Fournier. Grosso modo, el trabajo es el resultado de una temporada que Fournier pasó en Islandia, en contacto con eso que su exposición nombra: el cambio constante del mundo visible, ese mundo físico que toma la forma de témpanos de hielo, cavernas, ríos y todo aquello que siendo igual, es siempre distinto.

Cabe resaltar, sin embargo, que Fournier va más allá de esta fascinación para ubicar también otros factores no necesariamente naturales que inciden en esa transformación de la materia, específicamente, la actividad humana relacionada con la explotación de los recursos, la producción incesante de mercancías y el consumismo desbordado. Como el conocido efecto mariposa de la teoría del caos, podría decirse –y en parte así lo señala Fournier– que la compra de un objeto en un supermercado provoca la fragmentación de un iceberg en las latitudes boreales.

La curaduría de esta exposición corrió a cargo de Guillermo Santamarina y Javier Cárdenas Tavizon, cuyos textos al respecto pueden leerse en el sitio de la Galería SISMO. Deshielo (Ciclo continuo del estado de la materia), por otro lado, permanecerá en exhibición hasta finales de octubre de este año.

A continuación compartimos una entrevista realizada al artista.

Galería SISMO

Celaya 4-PB
Colonia Condesa
Ciudad de México

Mujer documenta la depresión de su esposo en este emotivo ensayo fotográfico

Arte

Por: pijamasurf - 09/15/2016

"El mar que nos rodea": con este elocuente título la fotógrafa Maureen Drennan documentó la tristeza de su pareja

Desde hace algunos años, nuestra época viene arrastrando la molesta carga de la depresión. Si, hasta cierto punto, puede decirse que cada momento histórico tiene su propia enfermedad –la locura del siglo XVI, la melancolía del XVII, la histeria en el XIX–, patológicamente el nuestro se ha distinguido por tener en la depresión al más terrible de sus fantasmas.

La gente entristece de pronto, pero a diferencia de lo que sucedió con la sombría ola melancólica del barroco, el problema parece ser que ahora no se sabe qué hacer con esa tristeza. Una persona de pronto pierde el encanto por el mundo, pero en vez de preguntarse por qué y ocuparse al respecto, ignora o posterga esa atención porque se siente impelida a continuar con su vida: ir al trabajo, ver a las personas que suele ver, convivir, comer, ver una película, dormir, y todo mientras hace como que no ve eso que tiene frente a sí.

Como una posible expresión de esto, compartimos ahora un elocuente ensayo fotográfico de Maureen Drennan quien, con la mirada que otorga la cámara, registró el periodo de depresión de Paul su esposo.

El proyecto, aunque creativo, fue claramente subjetivo, y por ello mismo notablemente terapéutico. Durante la realización, Drennan se dio cuenta, por ejemplo, de que cuando se comparte la vida con una persona como Paul, se es al mismo tiempo compañero y extraño, presencia y ausencia, alguien que está ahí pero a quien la profunda soledad de la persona con depresión excluye de tal manera que pareciera que no.

El mar que nos rodea es el nombre que la fotógrafa dio a este serie, mismo que tomó de un poema de Neruda, “La noche en la isla”:

He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.

El mar que se mira inmenso, amenazante, capaz de ahogarnos. El mar que Virginia Woolf eligió para salir de este mundo. El mar que, como a veces la tristeza cuando se está ahí, parece no tener fin.

Pero también el mar que es origen de la vida, lugar de satisfacción y metáfora de eso más grande que nosotros y de lo cual también formamos parte.