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Si tienes una idea hecha sobre el cognac, mejor empieza a dudar de ella

Al pensar en cognac quizá muchos de nosotros pensemos en cosas muy específicas: un hombre maduro con pinta respetable, bamboleando una pequeña copa mientras discute cosas serias, por ejemplo.

Sin embargo, si algo ha comenzado a suceder en los últimos al respecto de esta bebida es que, justamente, el mundo se dio cuenta de que es más, mucho más que eso. Víctor Hugo bebió cognac, y también The Notorious B.I.G. Surgió en Francia, pero actualmente es una bebida global que gana espacio entre aquellos que buscan salir de la rutina para encontrar nuevos sabores.

A continuación te compartimos ocho datos que seguramente te sorprenderán y cambiarán tu idea del cognac.

 

Ha servido de inspiración a artistas urbanos y del grafiti

Aunque parecen de mundos totalmente opuestos, el cognac ha sido motivo de inspiración artística para grandes grafiteros, en específico Shepard Fairey, Ryan McGinness y Scott Campbell, quienes colaboraron con Hennessy en el diseño de botellas de edición limitada.

 

El cognac se mezcla

Sí, aunque quizá en la mente tenemos la imagen de una copa de cognac con nada más que cognac, en realidad mezclarlo en cocteles es una práctica habitual y cada vez más atractiva, en buena medida porque contrario a lo que se cree habitualmente el precio del cognac es prácticamente el mismo que otros licores como la ginebra, el whisky o el mezcal. 

 

Era la bebida favorita de Napoleón

La leyenda cuenta que Napoleón era un gran amante del cognac, incluso antes de gobernar Francia –se dice que llegó a pedirlo en cantidad suficiente para él y su artillería– y también después, en su exilio en la isla de Santa Elena, adonde hizo llegar varias barricas de la bebida.

 

… y de James Bond

En el relato inaugural de la saga de James Bond, Casino Royale (escrito y publicado por Ian Fleming en 1952), el primer trago de un licor que bebe el famoso espía es de cognac, curiosamente no solo, sino mezclado en un coctel.

 

 

El cognac proviene del vino 

Literal. El vino es el antecesor del cognac, está en su árbol genealógico. Para elaborar cognac se toma vino y se realiza una doble destilación. 

 

Pero también es producto de una revelación en sueños

Según la leyenda, el método de elaboración del cognac le fue dictado en sueños a Jacques de la Croix-Maron de Segonzac, caballero y viticultor del siglo XVI, piadoso y vagamente poeta, a quien una noche el Diablo visitó en sueños con la intención de arrebatarle su alma. Para conseguirlo, Satanás le hizo creer que hervía su alma, pero como la fe del caballero era grande, resistió, a lo cual el Demonio respondió repitiendo el procedimiento, pero sin éxito, pues Jacques de la Croix se mantuvo firme. Al despertar, el caballero aplicó esa técnica al vino que se producía en sus campos, de lo cual resultó el cognac.

 

Se necesita mucho vino para producir cognac

En promedio, 10L de vino resultan en 1L de cognac.

 

Del tiempo, sólo lo necesario

A diferencia de su antecesor, el cognac es un destilado que permanece con la misma calidad siempre, sin importar los años que pasen. El período de añejamiento es clave, pero una vez que alcanza su punto preciso, se embotella y entonces conserva sus cualidades, casi como si estuviera fuera del tiempo. Impresionante, ¿no?

 

El cognac es punto de encuentro entre Marguerite Yourcenar y… Drake

Como buen destilado, el cognac ha tenido presencia en los terrenos de la creatividad. En la literatura, desde luego (“Después de unos pocos tragos de cognac, ya no pienso en ti”, escribió Yourcenar), pero también en expresiones contemporáneas y disruptivas como el hip hop (Drake, por ejemplo, dice: “Got a Hennessy on my hand”) o el festival de creatividad digital MUTEK.

 

¿Qué te parece? ¿El cognac es más de lo que creías? ¡Nosotros pensamos que sí!

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¿Por qué ciertas bebidas alcohólicas parecen favorecer la creatividad?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 09/01/2016

El alcohol y la creatividad han vivido varios siglos de relación estrecha pero, según investigaciones de la neurociencia contemporánea, el motivo detrás de ese vínculo es muy distinto al que suponíamos

Es posible que la relación entre alcohol y creatividad no sea tan antigua como suponemos. En general las sustancias que alteran la conciencia han estado ligadas de manera inmemorial al pensamiento creativo, entendido éste en un sentido amplio, cuando los límites entre arte y religión, por ejemplo, no estaban tan bien definidos.

En el caso del alcohol, sin embargo, su uso como elíxir de inspiración se consolida más bien durante el siglo XIX. Movimientos como el simbolismo (en poesía) o el impresionismo (en pintura), son más o menos indisociables de la absenta, casi tanto como la obra de Edgar Allan Poe de sus borracheras épicas. Con la entrada al siglo XX, estos ejemplos de multiplican: Hemingway, Lowry, la generación beat, el secreto a voces en torno al alcoholismo de Juan Rulfo, la adicción sostenida de Joseph Roth y un largo y bien poblado etcétera.

¿Cuál es el motivo detrás de este vínculo que parece tan estrecho y hasta necesario?

Como sabemos, la neurociencia moderna ha dedicado buena parte de sus esfuerzos a entender el fenómeno de la creatividad según ocurre en el cerebro. Si ya de por sí este órgano es uno de los más enigmáticos por las habilidades cognitivas que permite (memoria, abstracción y lenguaje, entre otras), entender el funcionamiento de la creatividad supone un reto aún mayor pues, según se ha observado, las ideas que consideramos creativas, extraordinarias, son el resultado de la operación de varias regiones del cerebro.

En un estudio sobre la composición musical, por ejemplo, neurocientíficos de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins encontraron que al escribir música el cerebro de una persona teje una “red de creatividad” en la que dos de los elementos más importantes son el córtex prefrontal dorsolateral (DLPFC, por sus siglas en inglés), una región amplia en donde se planean y monitorean nuestros actos y, por otra parte, el hipocampo, asociado con los recuerdos y las emociones. Lo interesante es que la actividad de uno provoca que el otro se desactive: mientras más emociones involucre la generación de ideas, pensamientos o improvisaciones, entonces el DLPFC tiene mucho menos actividad, hasta prácticamente apagarse. En otras palabras, la creatividad se vive a nivel cerebral como una “liberación” del afán de control, previsión o seguridad a lo que, por otro lado, también estamos natural y culturalmente inclinados.

Mark Beeman, de la Universidad Northwestern de Chicago, observó en una investigación que las personas que se esfuerzan excesivamente para resolver un problema terminan por bloquear dicho proceso cerebral de solución o de creatividad y, por el contrario, quienes se encuentran en un estado de tranquilidad tienen más probabilidades de tener “momentos Eureka”, esto es, una respuesta al parecer inesperada pero a la cual el cerebro (específicamente el giro temporal superior) pudo llegar porque se le permitió desarrollar los procesos necesarios para propiciar la creatividad, gracias a estar relajados.

Entonces, no parece tan ilógico que el alcohol se haya consolidado como un estímulo de la creatividad, pues, como también sabemos, entre sus efectos más característicos se encuentra la relajación que otorga a la mente y el cuerpo. Si, por ejemplo, al beber pasa que comenzamos a recordar cosas, a tener “ideas geniales”, a plantear proyectos cuyo fracaso es impensable, en parte es porque todas esas zonas asociadas con el pensamiento creativo quedan liberadas de las otras regiones que en sobriedad imponen lo razonable, lo posible, lo lógico, lo permitido y otras limitaciones afines.

Esto no quiere decir, claro, que el vínculo entre alcohol y creatividad sea, como decíamos al principio, necesario. En todo caso, el que sí parece indisoluble es el de creatividad y relajación o creatividad y libertad, pues a fin de cuentas lo que parece mostrar toda idea creativa de cualquier época es el desdén por esas barreras culturales y sociales y, en cambio, el deseo ferviente de colocar en el mundo una creación propia, original.

 

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