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5 valiosas lecciones sobre sexualidad que se aprenden al leer a Shakespeare

Libros

Por: pijamasurf - 09/20/2016

Nadie como Shakespeare conoció el alma humana... y también la sexualidad y sus manifestaciones

Mark Twain dijo alguna vez que los clásicos son esos libros que muchos alaban y reconocen como grandes obras, pero pocas han leído en realidad. La frase es irónica, corrosiva incluso, pero también es posible entenderla de una forma un tanto más constructiva.

Si muchos hablan de los clásicos incluso sin haberlos leído, eso también significa, desde cierta perspectiva, que hay algunas obras que a pesar del paso del tiempo, aún tienen presencia, nos dicen algo: de nosotros mismos, de nuestra época, del momento histórico o subjetivo en que nos encontramos. A pesar del paso del tiempo.

Así, por ejemplo, Shakespeare, de quien recientemente se cumplieron 400 años de su muerte y cuyas obras continúan leyéndose e interpretándose, en buena medida porque pocos autores examinaron tan bien el alma humana y sus pasiones como él. Shakespeare no sólo conoció y describió lo humano a la perfección, sino que él mismo inventó esto que llamamos ser humano, según ha sostenido Harold Bloom.

A través de Medium, la casa editorial Penguin Random House publicó un texto en que Jillian Keenan expone cinco lecciones sobre sexualidad que se aprenden al leer a Shakespeare. Cinco de muchas posibles, sin duda, las cuales compartimos a ahora con nuestra propia explicación.

 

1. La sexualidad femenina importa

En The Taming of the Shrew (que en español se conoce cono La fierecilla domada, aunque otros aseguran que una traducción más acertada del título sería La doma de la bravía, o La doma de la furia) Petruchio y Katerine intercambian un diálogo en el que él dice que pondrá su “lengua” en la “cola” (“tail”) de ella, que en la época era uno de los nombres que recibía la vagina. Veamos.

PETRUCHIO.- ¡Hola, hola, avispilla querida! Eres muy rabiosa.

CATALINA.- Si soy avispa, ¡cuidado con el aguijón!

PETRUCHIO.- El remedio es fácil; se le arranca y en paz.

CATALINA.- Los idiotas no saben dónde está.

PETRUCHIO.-¿Quién ignora dónde tienen las avispas el aguijón? ¡En la cola!

CATALINA.- En la lengua.

PETRUCHIO.- ¿En la lengua de quién?

CATALINA.- En la vuestra, que habla sin ton ni son. Adiós.

PETRUCHIO.- ¿Qué? ¿Mi lengua en tu cola?

Cabe mencionar que además del contexto en que este diálogo ocurre (una metáfora sobre Katerine como avispa y la evidente atracción entre ambos), La fierecilla domada es una obra que, a pesar de las apariencias, tiene en primer lugar a la protagonista. Tanto por sí misma como en su relación con Petruchio, incluso en lo relativo a los asuntos del placer sexual.

 

2. El sexo anal se ha practicado desde siempre

Quizá ahora nos pueda parecer subversivo, arriesgado o poco común, pero lo cierto es que el sexo anal es una práctica que, secreta o abiertamente, ha formado parte de la sexualidad humana casi desde siempre. En Romeo y Julieta (una obra que, por lo demás, identificamos más bien con el amor romántico), Mercucio desea esto a su gran amigo Romeo:

O, Romeo, that she were, O that she were
An open-arse, and thou a pop’rin pear!

Aunque los académicos aseguran que, en tiempos del Bardo, se llamaba “open-arse” a una fruta común en Flandes cuya forma semejaba al de una vagina, lo cierto es que, a la letra, Mercucio quisiera que las mujeres estuvieran de culo abierto para que Romeo pudiera caer ahí.

 

3. El consentimiento tampoco es una “moda” de nuestra época

Si bien series como Game of Thrones (en donde, por cierto, también hay influencia de Shakespeare) nos hacen pensar en un ambiente medieval en que los hombres tomaban a las mujeres en todos los aspectos posibles sin preguntarles su opinión, esa es una versión un tanto distorsionada de la realidad. De hecho, algunos antropólogos sostienen que la monogamia surgió como una forma de dar estabilidad incluso a las pequeñas sociedades prehistóricas. En el caso de Shakespeare, el consentimiento es el tema de toda una obra: Sueño de una noche de verano. En este contexto, Jillian Keenan hace una propuesta arriesgada: ¿qué si el siguiente diálogo, de Helena para Demetrius, fuera la declaración de consentimiento más transparente de toda la obra?

Y yo te quiero más por decir eso.
Soy tu perrita: Demetrio, cuanto más
me pegues tú, yo seré más zalamera.
Trátame como a tal: dame golpes, puntapiés;
desatiéndeme, abandóname, mas consiente
que, indigna como soy, pueda seguirte.
¿Qué peor lugar tendría yo en tu afecto
(aun siendo para mí un puesto de honor)
que ser tratada como tú tratas a tu perro?

 

4. ¿Amor es amor?

En estos meses se ha popularizado la consigna “Love is Love”, la cual alude al amor entre personas del mismo sexo, una circunstancia que no debería verse como impedimento u objeción para querer a alguien más. Sin embargo, la homosexualidad es un tema presente en la literatura, la filosofía y otras disciplinas creativas casi desde siempre. Con tino y conocimiento, Marcel Proust escribió que el placer se busca donde se pueda encontrar, sin importar que sea en un hombre o en una mujer.

La obra de Shakespeare –mejor dicho: su época– no es la excepción. En un interesante artículo, el escritor Gerardo Piña describe la sorpresa que se siente al leer los Sonetos del Bardo y descubrir poco a poco, conforme pasamos de uno a otro, que aquello que por prejuicio creíamos dedicado a una mujer, está en realidad consagrado a un hombre, uno que además despreció a otro hombre para casarse con una mujer y formar una familia.

¿Shakespeare era homosexual? No precisamente. O quizá para la Inglaterra isabelina cabría tener una noción de sexualidad un tanto más amplia, en la que cupiera la posibilidad de que un hombre experimente el afecto y la atracción por otro hombre (o una mujer, ídem) sin que ello implique juicios condenatorios...

 

5. La sexualidad humana es diversa

Comprender al ser humano es en buena medida entender la diversidad que le es inherente. En Hamlet, Shakespeare escribió que sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser. Y esto es válido también para el ejercicio de nuestra sexualidad, de nuestro erotismo y de nuestro amor. Solo viviendo descubrimos que podemos amar en una forma que quizá nunca habíamos imaginado.

 

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Cuando regreses a Ítaca, pide que tu viaje sea largo: el poema de Cavafis sobre la riqueza de la vida

Libros

Por: pijamasurf - 09/20/2016

Uno de los poemas más célebres de Constantino Cavafis en una adaptación gráfica sumamente precisa y justa

En la tradición clásica es bien conocida la historia de Ulises (aka Odiseo) que, luego de 10 años en la guerra de Troya, emprendió el viaje a Ítaca, su isla natal de la que además era rey. Este motivo, por sí solo, ha sido tomado como una de las grandes metáforas sobre el regreso, la fidelidad, el reencuentro con el pasado y otras situaciones afines que en mucho están relacionadas con la angustia que puede provocar la combinación de saberse sujeto del tiempo (esto es, que el tiempo transcurre a pesar nuestro) y también de las circunstancias: que hay hechos que pasan aunque nosotros no lo queramos. Y sin embargo… algo en nuestra existencia nos lleva a creer que podemos sobreponernos a ambos, al tiempo y las circunstancias, y que si bien nunca existe un regreso exacto, no es posible regresar como éramos cuando nos fuimos, quizá, a pesar de todo, podemos reanudar, volver a unir lo que en cierto momento se interrumpió.

Uno de los mejores intérpretes de este motivo fue el poeta de origen griego Constantino Cavafis, uno de cuyos textos más conocidos (o quizá el más) se llama “Ítaca”, precisa y sencillamente, pues Cavafis retoma el regreso de Ulises sin añadirle nada extraordinario pero sí viéndolo de otra manera, desde otro ángulo, uno que nos sugiere que quizá la “odisea” de Ulises no sólo fue necesaria sino incluso enriquecedora. Que quizá, en efecto, pasar 10 años lejos del hogar y después vivir una y mil peripecias y contratiempos al volver tiene algo de ironía, de broma divina, pero también de regocijo inesperado por todo lo vivido. Una expresión sin duda inconmensurable pero aun así aprehensible para quien sabe bien qué es vivir, experimentar, existir.

La vida, nuestra propia vida, es en sí misma un viaje a Ítaca, quizá no en el sentido de un regreso (¿o sí?) pero sí en el matiz que le otorga Cavafis: es un viaje arduo, difícil, extendido. Y por eso a esta luz podemos darle la razón al poeta y, con él, pedir que la travesía sea larga, llena de aventuras y experiencias.

A continuación compartimos una adaptación gráfica del poema realizada por Zen Pencils y traducida por el sitio elguindilla.com. De ellos mismos hemos publicado antes un poema de Bukowski sobre las condiciones auténticas de la creación artística, algo más a partir de un inspirador texto de Albert Camus y, recientemente, una frase de Séneca contra el miedo en un épico storyboard.

Compartimos además el poema en la traducción de Pedro Bádenas de la Peña, publicada a su vez por Alianza Editorial.

Y ahora ya lo sabes: cuando regreses a Ítaca, pide que tu viaje sea largo.

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ÍTACA 

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid, 1999.

Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña

 

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Imagen de portada: 'Ulysses Deriding Polyphemus', Joseph Mallord William Turner (1829)