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¿De nuevo a la escuela? Con estas 5 prácticas retomarás tu rutina rápidamente y casi sin darte cuenta

Retomar una rutina puede no ser sencillo después de cierto tiempo de descanso y distracción. A veces, frente a algo que consideramos un deber, sentimos cierto grado de resistencia que nos impide volver a cumplir si, por distintas circunstancias, lo interrumpimos por cierto tiempo.

Uno de los mejores ejemplos de esta situación es sin duda el “regreso a clases”, ese momento en que nos volvemos a anudar con la realidad de los horarios, las obligaciones, los trayectos bien conocidos y otros elementos que, uno a uno, conforman una rutina que si bien pausamos con alivio ineludiblemente regresa, casi como regresan las estaciones del año.

Por eso, ahora te compartimos 5 recomendaciones para ayudarte a aterrizar con suavidad en este nuevo ciclo. 

 

Intenta no verlo como un deber

El solo hecho de considerar algo una obligación predispone a muchos a no realizarla, como si se tratara de algo que debemos hacer pero sólo porque no hay de otra. Si cambias tu modo de pensar respecto a esto, es muy posible que tu estado de ánimo se modifique y con éste tu entusiasmo por cierta rutina. Seguramente hay cosas que te gustan de volver a la escuela (los amigos, el ya no estar todo el tiempo en casa, para muchos los libros nuevos o las personas que conocerán); piensa en eso y seguramente encontrarás agradable algo que antes sólo considerabas obligatorio.

 

Llega con la mente abierta

El asombro es una de las emociones más poderosas del ser humano y, por otro lado, la curiosidad es uno de nuestros recursos más fructíferos. Combinados, hacen de nuestra mente un receptor.

 

Lleva un buen recuento de tus tareas y pendientes

Toma nota de cada tarea que surja. Con este sencillo hábito, rápidamente volverás a encauzarte en el ritmo de actividades al que ya estabas habituado. Puedes auxiliarte con este método que reseñamos hace poco o con apps y otros recursos que con la comodidad de un smartphone pueden ayudarte a conseguirlo.

 

Lo que no te guste, hazlo simple…

No a todos nos gusta todo. Por distintas razones cada persona tiene sus propias preferencias, y esto también (o sobre todo) se cumple en la escuela. Ante los retos que supone iniciar un nuevo período, sé honesto contigo y, primero, date cuenta de las cosas que no te gustan pero que, por otro lado, por estar en la escuela, tienes que hacer. ¿La solución? Hazlo simple. No le des demasiadas vueltas. 

 

Y lo que te guste, conviértelo en tu pasión

Algo muy distinto ocurre cuando nos encontramos con aquello que sí nos gusta: el dibujo, las matemáticas, los deportes, la lectura. Charles Bukowski llegó a decir “encuentra lo que amas y deja que te mate”, frase que puede entenderse como un llamado a hacer con todo el entusiasmo posible eso en donde nos reconocemos plenamente, ahí donde encontramos una expresión total de lo que somos.

 

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Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/23/2016

El alcohol y la creatividad han vivido varios siglos de relación estrecha pero, según investigaciones de la neurociencia contemporánea, el motivo detrás de ese vínculo es muy distinto al que suponíamos

Es posible que la relación entre alcohol y creatividad no sea tan antigua como suponemos. En general las sustancias que alteran la conciencia han estado ligadas de manera inmemorial al pensamiento creativo, entendido éste en un sentido amplio, cuando los límites entre arte y religión, por ejemplo, no estaban tan bien definidos.

En el caso del alcohol, sin embargo, su uso como elíxir de inspiración se consolida más bien durante el siglo XIX. Movimientos como el simbolismo (en poesía) o el impresionismo (en pintura), son más o menos indisociables de la absenta, casi tanto como la obra de Edgar Allan Poe de sus borracheras épicas. Con la entrada al siglo XX, estos ejemplos de multiplican: Hemingway, Lowry, la generación beat, el secreto a voces en torno al alcoholismo de Juan Rulfo, la adicción sostenida de Joseph Roth y un largo y bien poblado etcétera.

¿Cuál es el motivo detrás de este vínculo que parece tan estrecho y hasta necesario?

Como sabemos, la neurociencia moderna ha dedicado buena parte de sus esfuerzos a entender el fenómeno de la creatividad según ocurre en el cerebro. Si ya de por sí este órgano es uno de los más enigmáticos por las habilidades cognitivas que permite (memoria, abstracción y lenguaje, entre otras), entender el funcionamiento de la creatividad supone un reto aún mayor pues, según se ha observado, las ideas que consideramos creativas, extraordinarias, son el resultado de la operación de varias regiones del cerebro.

En un estudio sobre la composición musical, por ejemplo, neurocientíficos de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins encontraron que al escribir música el cerebro de una persona teje una “red de creatividad” en la que dos de los elementos más importantes son el córtex prefrontal dorsolateral (DLPFC, por sus siglas en inglés), una región amplia en donde se planean y monitorean nuestros actos y, por otra parte, el hipocampo, asociado con los recuerdos y las emociones. Lo interesante es que la actividad de uno provoca que el otro se desactive: mientras más emociones involucre la generación de ideas, pensamientos o improvisaciones, entonces el DLPFC tiene mucho menos actividad, hasta prácticamente apagarse. En otras palabras, la creatividad se vive a nivel cerebral como una “liberación” del afán de control, previsión o seguridad a lo que, por otro lado, también estamos natural y culturalmente inclinados.

Mark Beeman, de la Universidad Northwestern de Chicago, observó en una investigación que las personas que se esfuerzan excesivamente para resolver un problema terminan por bloquear dicho proceso cerebral de solución o de creatividad y, por el contrario, quienes se encuentran en un estado de tranquilidad tienen más probabilidades de tener “momentos Eureka”, esto es, una respuesta al parecer inesperada pero a la cual el cerebro (específicamente el giro temporal superior) pudo llegar porque se le permitió desarrollar los procesos necesarios para propiciar la creatividad, gracias a estar relajados.

Entonces, no parece tan ilógico que el alcohol se haya consolidado como un estímulo de la creatividad, pues, como también sabemos, entre sus efectos más característicos se encuentra la relajación que otorga a la mente y el cuerpo. Si, por ejemplo, al beber pasa que comenzamos a recordar cosas, a tener “ideas geniales”, a plantear proyectos cuyo fracaso es impensable, en parte es porque todas esas zonas asociadas con el pensamiento creativo quedan liberadas de las otras regiones que en sobriedad imponen lo razonable, lo posible, lo lógico, lo permitido y otras limitaciones afines.

Esto no quiere decir, claro, que el vínculo entre alcohol y creatividad sea, como decíamos al principio, necesario. En todo caso, el que sí parece indisoluble es el de creatividad y relajación o creatividad y libertad, pues a fin de cuentas lo que parece mostrar toda idea creativa de cualquier época es el desdén por esas barreras culturales y sociales y, en cambio, el deseo ferviente de colocar en el mundo una creación propia, original.

 

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