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Repasar la muerte de un icono es repasar también la muerte de una época

Hubo una época en que cada país tuvo sus propios iconos. Culturalmente, en especial, esto fue palpable lo mismo en el cine que en la poesía, en la música popular y en el arte más elevado. Eso fue antes, cuando la globalización aún no se afanaba por barrer con las fronteras no por espíritu utópico de convivencia mundial, sino más bien por la imposición de un único modelo de consumo afín a intereses específicos.

A esa época perteneció Juan Gabriel y los miles (¿millones?) de personas que hoy lamentan su muerte, la mayoría de ellas en México, otras más en Estados Unidos (por la comunidad mexico-americana que se ha formado en décadas de migración sostenida, misma que suscitó una pequeña nota luctuosa de Barack Obama) y quizá algunas en otros países hispanohablantes. Es innegable, visto objetivamente, que Juan Gabriel es uno de esos iconos culturales en los que aún existía la identificación colectiva, esa en la cual una sociedad (o parte de ella) se miraba reflejada, o encontraba la expresión de lo que intuía vagamente pero sin alcanzar a articular en una expresión coherente, sólida, atractiva. 

En un país de machos, Juan Gabriel nunca ocultó su homosexualidad, y aunque tampoco la aceptó públicamente sí mostró abiertamente el cariz sentimental, tierno rayano en lo cursi, que aunque todos poseemos permitimos emerger sólo en circunstancias tolerables, es decir, la borrachera.

Pero este es sólo un aspecto de las varias aristas que se podrían encontrar condensadas en ese personaje a quien hipocorísticamente ya sólo se le llamaba “Juanga”.

En un texto cuya lectura puede interesar a algunos, la periodista Susana Seijas propone un comparativo interesante entre Juan Gabriel y Prince, también recientemente fallecido. El pasado atribulado de “Juanga”, en donde se cuentan infortunios casi de catálogo como el abandono, la pobreza y la cárcel, derivó casi épicamente en el reconocimiento arrollador de su talento, una especie de lucha entre tesis y antítesis que hizo escribir a Carlos Monsiváis (¿el “Juanga” de la alta cultura?): “A Juan Gabriel nada le ha sido fácil, salvo el éxito”.

Seijas, por su parte, considera que el triunfo de Juan Gabriel se explica, curiosamente, por la cursilería de su estilo, el sufrimiento que transmitía en su música y también la entrega con que se presentaba ante el público (cualidad que lo hace equiparable con Freddie Mercury, según la periodista).

No es fácil decir si esto basta para sostener la comparación entre uno y otro cantante o si, de inicio, ésta puede plantearse. Quizá lo único claro sea que el anacronismo de una época puede medirse por el grado de entusiasmo con que se vive la muerte de alguno de sus iconos.

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Café vegano es agredido por "neonazis" con salchichas

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/29/2016

Un café vegano fue agredido en Georgia por un grupo de radicales ultraconservadores

Un café en Tbilisi, Georgia, que se precia de sólo servir alimentos veganos y que tiene una clara veta activista fue agredido por  ultranacionalistas hace unos días, según informa la BBC.

El café Kiwi en la capital de Georgia fue invadido por cerca de una docena de hombres que entraron gritando y arrojando salchichas a los platos de los comensales. Esto desató una gresca entre los agresores y el staff del lugar.

Según los dueños del café la ofensa, más que una broma, es una agresión realizada por grupos intolerantes a los cuales califican de "neonazis". Aparentemente se trata del conservador Grupo Bergmann, quienes están en contra de los inmigrantes árabes y africanos y que parecen utilizar iconografía nazi. 

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Según la BBC, este espacio en el corazón de la capital es famoso por ofrecer una forma de vida alternativa que congrega a muchos jóvenes poco convencionales. Además de causas ecológicas veganas el café está a favor de una sexualidad divergente y se pueden ver ahí manifestaciones LGBT (es sabido que en Georgia existe una marcada homofobia, al igual que en Rusia). El grupo agresor habría sentido una amenaza a su estilo de vida ultraortodoxo, según entienden los dueños del lugar y el corresponsal de la BBC. 

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En una Europa sumamente polarizada ante el tema de los migrantes, lo único que falta es que ahora también cosas como la dieta se vuelvan parte de una cultura de odio religioso e intolerancia a las diferencias, en la que cualquier señal de variedad en relación con lo aceptado puede detonar una agresión.