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Martin Heidegger conversa con un monje budista sobre tecnología y filosofía (VIDEO)

Filosofía

Por: Javier Raya - 08/31/2016

En 1963, Heidegger conversó para la televisión alemana con el monje y profesor tailandés Bhikku Maha Mani sobre la tensión entre filosofía y religión, así como del papel del pensamiento en los medios informativos

Martin Heidegger fue un filósofo alemán comúnmente estudiado dentro del existencialismo, aunque para él la filosofía se trataba de una laboriosa y rigurosa pregunta por el Ser. Su obra ha sido considerada una de las más importantes del siglo XX, y en su mayor parte está dedicada a la cuestión del ser, como es evidente en su trabajo más conocido, Ser y Tiempo, aunque abordó también cuestiones relativas a la crítica del sentido (la hermenéutica), la política, los mitos griegos y la poesía. Su influencia llegó incluso a Tailandia, donde el monje budista y profesor universitario Bhikku Maha Mani llegó a pensar que Heidegger era "el filósofo alemán". 

Maha Mani entrevistó Heidegger en 1963 para el canal SWR. Uno podría esperar consideraciones por parte de Heidegger con respecto a los problemas filosóficos comunes entre el existencialismo y el budismo u otras disciplinas orientales, como el taoísmo (que fue tema de un libro de Reinhold May); sin embargo, Heidegger no se refiere propiamente a problemas determinados por la geografía, sino por la necesidad de construir un pensamiento global, que pueda dar cuenta del ser humano en su relación con el ser, sin importar las categorizaciones políticas y tecnológicas que dividen a la gente, y nos previene en cambio del peligro de convertirnos en "máquinas" obedientes. 

A continuación se muestra la entrevista en dos partes (para la que están disponibles subtítulos en inglés en el botón CC), y debajo se ofrece una transcripción y traducción.

Primera parte

Segunda parte

-Habiendo pensado vívidamente sobre la esencia del ser humano durante décadas, ¿a qué conclusiones ha llegado?

-La experiencia decisiva de mi pensamiento, y lo mismo aplica para la filosofía occidental, esto es, la contemplación de la historia del pensamiento occidental, me mostró que, en el pensamiento contemporáneo, una pregunta nunca ha sido postulada, esta es, la pregunta por el Ser. Esta pregunta es de importancia, debido a que en el pensamiento occidental. la esencia del ser humano está determinada, en su relación al ser, y en que existe, en su correspondencia con el Ser. Esto significa que el ser humano es esta correspondencia, esta esencia, que tiene lenguaje. A diferencia, pienso, de las enseñanzas budistas, el pensamiento occidental realiza una distinción esencial entre el ser humano y otros seres vivos, plantas y animales. El ser humano se diferencia por su lenguaje, esto quiere decir, que se sabe en relación al Ser. Y esta pregunta por el Ser no ha sido formulada en la historia presente del pensamiento occidental, o para decirlo más claramente, el Ser mismo ha permanecido oculto para el ser humano. Es por eso que ahora debemos formular esta pregunta, para obtener una respuesta sobre qué y quién es el ser humano.

¿Piensa usted que deberíamos crear una nueva actitud fundamental hacia la vida, o que deberíamos profundizar las presentes enseñanzas de la religión?

-Me parece que a través de mi respuesta a su primera pregunta he dejado claro que una nueva forma de pensamiento es necesaria. Es especialmente necesaria puesto que la pregunta no puede ser respondida por la religión. También es necesario formular esta pregunta, puesto que la relación occidental con el resto del mundo ya no es transparente, sino confusa, en parte a causa de la liquidación de la fe, la iglesia, por parte de la filosofía, y por parte de la ciencia, y la extraña circunstancia de que hoy en el mundo moderno, la ciencia es vista como si fuera una forma de religión. Voy a aclarar este enunciado más adelante.

¿Por qué no trata de compartir sus ideas con la gente a través de los medios modernos, como la radio y la TV?

La tarea que se requiere del pensamiento hoy, tal como yo la entiendo, es nueva en un sentido de que requiere un nuevo método de pensamiento, y este método sólo puede conseguirse a través de la conversación inmediata, de humano a humano, y a través de una larga práctica y ejercicio en la sensibilidad de un mirar del pensamiento. Esto quiere decir que esta manera de pensar, en un principio, sólo es comprensible para unas pocas personas, pero puede, a través de diversos aspectos de la educación, ser comunicado a otras. Le daré un ejemplo. Hoy en día todo el mundo sabe cómo usar una radio y un aparato de televisión, sin comprender las leyes físicas que los gobiernan, sin comprender los métodos necesarios y la investigación de tales leyes. Estos métodos, necesarios para la investigación de estas leyes, en su contenido sustancial, son comprendidas únicamente por unos cinco o seis físicos.

En un principio, este pensamiento es tan difícil que sólo unas pocas personas pueden ser educadas en él, pero esto puede llevar a un equívoco: que estas serían personas extraordinarias. Pero la verdad es que cualquier ser humano, a condición de que sea un ser pensante, puede conseguir este pensamiento. Pero, en nuestro presente sistema educativo y de acuerdo con nuestra historia, sólo unas pocas personas cumplen con los requerimientos para este pensamiento.

¿Existe un punto de encuentro entre la tecnología y la filosofía?

A tu pregunta respondería que sí, existe de hecho una relación muy esencial. Está dada, en la emergencia de la tecnología moderna por parte de la filosofía, está en la filosofía moderna, que por primera vez estableció por principio que, sólo lo que podemos claramente, esto es, matemáticamente, conocer, es real. 

Hay una frase muy famosa del físico alemán Max Planck, que dice: "Lo real solamente es lo que puede medirse."

Y esta idea de que la realidad sólo es accesible para el ser humano en tanto sea medible, en el sentido de la física matemática, es la idea dominante de la tecnología. Y cuanto más como que fue pensado por primera vez por Descartes, el fundador de la filosofía moderna, la relación entre la tecnología moderna y la filosofía se vuelve bastante clara.

En Occidente, a menudo se ha identificado a las personas sin religión como comunistas; otros, sin embargo, que viven de acuerdo a preceptos religiosos, son llamados locos. ¿Qué piensa de esto?

La afirmación de que la gente sin religión es comunista y la gente con religión está loca, son acusaciones ambas, que, me parece, pueden despejarse si uno piensa qué es lo que significa aquí la religión. La religión significa, tal como lo indica la palabra, una re-vinculación con los poderes, fuerzas y leyes que superan las capacidades humanas. Aquí podríamos incluso hablar de una religión atea, a saber, el budismo, que no reconoce un Dios, y que sin embargo es una religión, pues contiene en sí misma un vínculo. 

También he de decir que gente como los comunistas tienen una religión, a saber, la fe en la ciencia. Estos creen incondicionalmente en la ciencia moderna. Y esta creencia incondicional, esto es, el crédito en la certeza de los resultados de las ciencias, es una creencia y es en cierto modo algo que va más allá del ser humano, por lo tanto es una religión. Debo decir que no existe ser humano sin religión y que cada ser humano está, en cierto sentido, más allá de sí mismo, es decir, loco.

¿Deberíamos abolir la religión y la filosofía las cuales, a pesar de sus múltiples milenios de larga existencia, nunca influyeron la vida humana como querían, y porque la religión y la filosofía parecen ser contradictorias?

No podemos y no debemos abolir el pensamiento ni la fe, porque en su larga historia no hayan alcanzado lo que trataron de lograr. No podemos abolir el pensamiento y la fe porque la esencia humana es finita. Porque en su esencia, el hombre siempre ha sido orillado a intentar de nuevo. Y especialmente en esta época, debo decir, y volviendo a tu primera pregunta, que una reflexión sobre lo que es el ser humano, es necesaria, ahora con el peligro de que el hombre esté a merced de la tecnología, y un día será transformado en una máquina controlada.

Usted también hizo otro comentario, con respecto a su país de origen, donde mencionó que su país y su gente pertenece a los países subdesarrollados. Si uno piensa el subdesarrollo, uno siempre debe preguntarse a qué fines se encamina dicho desarrollo. De acuerdo con la idea de la moderna Europa y América, es principalmente un enfoque tecnológico. Desde este punto de vista debería decir que su país, a causa de sus antiguas y continuas tradiciones, es altamente desarrollado. Los estadunidenses, por otro lado, con toda su tecnología y sus bombas atómicas, son subdesarrollados.

¿Existe una manera de armonizar a las personas, y dicha manera podría traducirse a situaciones globales reales, tales como la Alemania Oriental y Occidental?

Esta pregunta es tan general que primero debemos diferenciar entre las condiciones políticas para una posible unidad y las condiciones emocionales humanas para la confluencia de los seres humanos. Para ambas condiciones, debo decir, a causa de nuestra situación histórica entera, y a causa de la separación de los seres humanos en diferentes religiones, diferentes filosofías, y diferentes relaciones con la ciencia, no existe un terreno común hoy en día para el entendimiento simple e inmediato. Pienso que necesitamos diferenciar entre un país europeo, con su historia y su pasado, y un país, donde uno tiene su hogar. De modo que será necesario decir que, si existe alguna posibilidad del todo para el entendimiento en el futuro previsible, sólo puede ocurrir si, además de las condiciones políticas, los seres humanos de todos los frentes encuentran auto-consideración. Pero esta auto-consideración, como mencioné previamente en sus anteriores preguntas, es difícil, pues no sólo en Alemania, sino en toda Europa en general, no tenemos una relación alguna, clara, común y simple, con la realidad y con nosotros mismos. Este es el gran problema del mundo occidental, y en parte es la razón de la confusión de opiniones en todas las áreas.

 

h/t Open Culture

Versión de Javier Raya.

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Nietzsche exploró las realidades alternas de las drogas bajo inspiración dionisíaca

Friedrich Nietzsche pasará a la historia, entre otras cosas, como el filósofo que logró regresar lo dionisíaco a nuestra cultura y, de manera fiel a este dios de la intoxicación, padeció en carne propia sus extáticos delirios, hasta el punto de caer en una espiral de autodestrucción creativa. Y es que el éxtasis que viene del exceso, que tan alto eleva, también despedaza. En su libro Noumenautics, el filósofo Peter Sjöstedt argumenta que la filosofía de Nietzsche no puede entenderse sin su experimentación con sustancias psicoactivas, las cuales él mismo se prescribía, aparentemente usando de manera taimada su título de doctor... pero en filología:

Nietzsche empezó y terminó su carrera filosófica celebrando al dios griego de la intoxicación, Dionisio. En el período intermedio Nietzsche empezó a autoprescribirse y utilizar frecuentemente drogas que alteraban su mente como opio e hidrato de cloral. Argumento en mi libro que la profunda inspiración de la que Nietzsche habla (en Ecce Homo) es similar al daemon de Sócrates, quizás hoy en día más comúnmente descrita como una alucinación auditiva. El daemon de Nietzsche era Dionisio... Sin estas inspiraciones inducidas por las drogas, dudo que hubiera surgido la poderosa filosofía del último período de Nietzsche.

A la distancia es sumamente difícil decir qué tanto de la vehemencia electrizante de Nietzsche --quien dijo "No soy un hombre, soy dinamita"-- venía de las sustancias con las que alteró su mente, siguiendo el juego báquico de la intoxicación, y cuánto provenía de su propia naturaleza, de su propia pasión, especialmente también porque las drogas que parece haber consumido son sedativos más que estimulantes, si bien son dados a las alucinaciones y a los sueños fantásticos y delirantes. Tal vez una imaginación como la del filósofo pudo haber transformado la adormidera en un profuso fuego alucinatorio (y es que algunos de los fumadores de opio más legendarios lo llamaban "dragón" no sólo por el orientalismo).   

Sjöstedt considera que las drogas fueron capitales en la filosofía de la desmesura, el rapto y la provocación de las costumbres apolíneas que tanto caracterizaron a la filosofía de Nietzsche. El autor comenta que debido a sus migrañas crónicas y sus frecuentes convulsiones Nietzsche tomaba opio, que él mismo se recetaba ya que tenía acceso libre a medicamentos. En una carta a amigos íntimos, el filósofo da un atisbo de la influencia de las drogas:

Mis queridos Lou y Rée... Considérenme, los dos, como un semilunático con una cabeza inflamada que se ha alterado completamente por la larga soledad. A esto, lo que me parece un sensible entendimiento de la naturaleza de las cosas, he llegado después de tomar una enorme dosis de opio --en mi desesperación. Pero en lugar de perder la razón, me parece que he entrado en razón como resultado. 

Sobre el hidrato de cloral, la hermana de Nietzsche reporta que el filósofo lo empezó a tomar regularmente en altas dosis en 1882 después de una influenza. Esta sustancia fue utilizada por el doctor Oliver Sacks en su famoso libro Hallucinations, donde menciona terribles alucinaciones que se produjeron después de tomar hidrato de cloral, incluyendo ver cómo todas las personas en un camión tenían cabezas de huevo con frenéticos ojos de insectos, un café que se volvía morado y el súbito rostro de un elefante. 

Otro "reporte de viaje" indirecto viene de la amiga de Nietzsche, Resa von Schirnhofer, quien en 1884 visitó al filósofo, que había combinado hidrato de cloral con bromato de potasio:

Me contó cómo, cuando cerraba los ojos, veía una profusión de flores fantásticas, entrelazándose y formando espirales, constantemente creciendo y cambiando de forma y color con exótica lujuria, brotando la una de la otra. "Nunca logro descansar", se quejó.

Esto parece ser lo más cercano a una experiencia psicodélica clásica, en la que casi podemos sugerir que Nietzsche tenía visiones internas de fractales. Más allá de la especulación sobre la influencia de las sustancias psicoactivas en su filosofía, lo cual es difícil de calibrar (aunque Sjöstedt le da un papel preponderante), es evidente que el filósofo tenía una alta estima por los estados alterados de conciencia, ya que celebró como una de las características que definirían al Superhombre los estados de conciencia a los que habían accedido místicos como Zoroastro, aquellas manías divinas que venían de Dionisio, dios de la intoxicación pero también de los misterios.  

Nietzsche, fiel a una filosofía que despreciaba toda mesura, parece haber llevado una vida excesiva, de alta intensidad intelectual y emocional, lo cual lo acercó a la tragedia --haciendo así, de su vida, un arte de vida. Esto lo llevó al colapso mental y a una miserable última década de existencia, la cual vivió enfermo bajo el cuidado de su madre y hermana. Era contranatura para Nietzsche atender a las palabras de Sócrates --a quien consideraba monstruoso (y no sólo por la reputación que tenía de ser físicamente muy feo), el filósofo ateniense que alabó siempre las virtudes de la moderación, y tampoco a las de quien fuera su gran ídolo filosófico en la juventud, el filósofo Arthur Schopenhauer, quien escribió:

Por el opio o por el vino podemos incrementar considerablemente nuestros poderes mentales, pero al momento en el que la medida exacta del estímulo se excede el efecto será totalmente opuesto.