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Encuentran planeta similar a la Tierra en Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol

Ciencia

Por: - 08/26/2016

Planeta en Próxima Centauri de atardeceres naranjas que inflaman los sueños de un viaje interestelar a un nuevo mundo

Un planeta de características similares a la Tierra se ha convertido en el luminoso objeto del deseo de los astrónomos en el mundo. El planeta orbita la estrella enana roja Próxima Centauri y está apenas a 4.25 años luz de distancia. Esta estrella no puede observarse con el ojo desnudo ya que es eclipsada por los brillos de Alpha Centauri A y B

Los científicos lograron observar el planeta de manera indirecta utilizando el instrumento HARTS que se encuentra en Chile, al notar que la luz de la estrella titubeaba un poco mientras el planeta la circunda. Los cálculos sugieren que el planeta es un poco más grande que la Tierra y da vueltas a su estrella una vez cada 11 días. Pero como la estrella no tiene tanta luz, las condiciones podrían ser ideales para la existencia de agua en estado líquido --siguiendo el modelo de la vida que conocemos en la Tierra. Aunque las condiciones para la vida podría estar dadas, de todas maneras este planeta sería un tanto extraño para nosotros ya que una faz probablemente nunca enfrenta a su estrella.

Se cree que si el planeta tiene una atmósfera el cielo sería perpetuamente del color de un "atardecer de otoño", rojizo y naranja. Es por ello que se ha bautizado a la iniciativa para investigar a este planeta "Pale Red Dot", una referencia al "Pale Blue Dot" de Carl Sagan.

En los próximos 10 años es probable que podamos saber si tiene una atmósfera y quizás oxígeno. Muchos de los telescopios actuales y de los que están por lanzarse tendrán en su agenda este "pálido punto rojo" en nuestra vecindad galáctica, y los sueños de colonizar el espacio y el incentivo para fondear viajes interestelares podrían estar por iniciar su primavera. 

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Científicos descubren que cientos de genes se activan hasta 2 días después de la muerte

Ciencia

Por: pijamasurf - 08/26/2016

Quizás tengamos que cambiar nuestra definición de lo que es estar muerto, a la luz de esta nueva información

Nuestra definición científica de lo que es la muerte podría cambiar próximamente y por lo menos extender el momento en el que una persona se declara oficialmente "muerta". Los investigadores Peter Noble y Alex Pozhitkov, de la Universidad de Washington, han encontrado evidencia de que cientos de genes de ratones y peces zebra se activan hasta 48 horas después de lo que se considera la muerte del organismo. Existen atisbos de que esto también ocurre en seres humanos, lo cual podría tener implicaciones para el transplante de órganos e incluso la resucitación.  

Los científicos determinaron esto midiendo la cantidad de ARN mensajero en estos animales a intervalos de 4 días tras su muerte. Observaron picos de actividad asociada con más de 500 genes, lo cual significa que existe suficiente energía y función celular para que se activen ciertos genes luego de la muerte. Curiosamente algunos de los genes activados (los cuales generalmente se apagan al nacer) tienen que ver con el desarrollo del feto, y también genes previamente asociados con el cáncer.  

La investigación cuestiona nuestra definición de la muerte, la cual comúnmente se define como la cesación del latido del corazón, la actividad cerebral o la respiración. Como señala uno de los autores del estudio, si los genes están activos 48 horas después esto merece que nos preguntemos si una persona sigue técnicamente viva. "Claramente estudiar la muerte proveerá nueva información sobre la biología de la vida", dice Noble.

Por el momento, se cree que los genes se mantienen activos como parte de un proceso fisiológico que ayuda a sanar o resucitar después de lesiones severas. Tras la muerte puede existir suficiente energía celular como para echar a andar un proceso ligado a proteger del daño de una inflamación, como si el cuerpo siguiera vivo. Por otro lado, la interrupción acelerada de algunos genes que suprimen a otros normalmente puede permitir que genes usualmente inactivos se enciendan, como aquellos del desarrollo embrionario. 

 

(Imagen: New Scientist)