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Millones de personas deprimidas en el mundo recurren a drogas que no fueron inventadas para la depresión

Salud

Por: Edmée García - 07/07/2016

Las drogas antidepresivas son ineficientes y tienen graves efectos secundarios. ¿Deberíamos confiar en los laboratorios que las crean y se esfuerzan en mantener su data fuera del alcance de investigadores independientes?

La Organización Mundial de la Salud estima que la vida de aproximadamente 350 millones de personas en el mundo se ve afectada por la depresión, lo que hace a esta enfermedad una de las causas de sufrimiento principales en la actualidad. Esta dolencia se caracteriza por un conjunto de sentimientos que afectan la calidad de vida y la salud general de los individuos, tales como falta de motivación, poca energía, baja autoestima, mal humor y la pérdida del rango emocional que permite a los humanos asombrarse frente al mundo y disfrutarlo. En busca de respuestas que les permitan aliviar el sufrimiento las personas suelen acudir a los psiquiatras, pues éstos se han dedicado a estudiar las patologías de la mente y correlacionar algunas reacciones físicas con los sentimientos. Para ellos la depresión es la reducción o agotamiento de los niveles de serotonina, aunque en realidad no existe evidencia que sugiera que dicho padecimiento es causado por esta razón, de tal manera que suelen recetar fármacos que buscan interactuar con la química del cerebro para restablecer los niveles óptimos de tal o cual sustancia y así generar un estado de “bienestar”. Todo esto suena muy bien, pero hay un problema: los antidepresivos no funcionan, o al menos, no más de lo que lo haría un placebo.

De hecho, antes de empezar a tomar un antidepresivo uno debería pensárselo bien, pues un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern hizo públicos dos descubrimientos principales:

1. Las drogas antidepresivas no fueron inventadas para la depresión. Los investigadores usaron ciertas drogas para manipular la conducta de animales estresados y luego concluyeron, erróneamente, que estos fármacos podrían ser “buenos antidepresivos”. Sin embargo, el estrés crónico no causa los mismos cambios moleculares que la depresión, de tal manera que se están aplicando drogas creadas para una situación distinta y por eso son tan inefectivas. 

2. Un desequilibrio en los  neurotransmisores del cerebro no necesariamente provoca síntomas depresivos, como hasta ahora hemos creído. Los eventos bioquímicos que llevan a la depresión empiezan en el desarrollo  y funcionamiento de las neuronas, esto quiere decir, básicamente, que los antidepresivos se enfocan en los efectos o síntomas de la depresión pero erraron totalmente en cuanto a qué los causa.

Además de ser inefectivos contra el mal que se supone deben erradicar, los antidepresivos tienen otros efectos negativos. Muchos pacientes reportan que sus emociones pierden profundidad, para ellos es como si sus sentimientos se volvieran planos, además de presentar una reducción en su rango emocional. Este no es el único efecto secundario. Los antidepresivos que reemplazaron a las benzodiazepinas son promovidos como no adictivos; no obstante, muchas personas encuentran difícil dejar de consumirlos, pues intentarlo puede conllevar síntomas de abstinencia como la ansiedad y el insomnio. Otras posibles consecuencias de tomar antidepresivos son la pérdida de deseo sexual e incremento de peso, pero lo peor es que en algunas personas pueden provocar pensamientos violentos o suicidas. Esto último es un problema grave pues, aunque no se haga mucha publicidad al respecto, el suicidio es la segunda causa de muerte entre individuos de 15 a 29 años alrededor del mundo.

Para establecer un balance entre los beneficios y los riesgos de tomar antidepresivos es necesario que los  investigadores independientes tengan acceso a toda la data de las pruebas clínicas de estos fármacos, pero las compañías farmacéuticas se han resistido a ello. Esto ha llevado a muchos a cuestionarse si realmente estas “medicinas” que sólo algunos pueden dejar de consumir tras largos períodos de monitoreo y reducción gradual de la dosis son tan seguras, si deberíamos confiar en unos fármacos de compañías que insisten en mantener en secreto información sobre los efectos de sustancias que la gente introducirá a su cuerpo, sustancias que son legales y por cuya venta estas compañías obtienen grandes cantidades de dinero. Parece poco ético decir a quienes enfrentan el terrible sufrimiento de la depresión “ustedes deben confiar en nosotros, no podemos explicarles por qué pero si toman estas pastillas inofensivas este sufrimiento se acabará” y darles algo que en realidad no les ayuda.  

¿Qué hacer entonces? Afortunadamente existen otras perspectivas que pueden ayudarnos a dilucidar las causas detrás de la depresión. Por ejemplo, la neuropsicología reconoce que la depresión se siente de esta forma por una razón. Si la función de la mente es satisfacer nuestras necesidades con respecto al mundo exterior, entonces tiene sentido que los sentimientos asociados con la depresión tienen un motivo. 

En su artículo “¿Por qué la depresión se siente mal?" el neuropsicólogo Mark Solms y el profesor Jaak Panksepp han desarrollado la idea de que los sentimientos han evolucionado por razones biológicas, pues hacen contribuciones específicas al funcionamiento del cerebro. Además, ya que los sentimientos de la depresión son sumamente parecidos a aquellos asociados con el duelo, es posible que este padcimiento tenga que ver con una pérdida, una pérdida social. Si los sentimientos depresivos están relacionados claramente con la psicología del apego y la pérdida, entonces deberíamos considerar que los sistemas del cerebro de un mamífero evolucionaron con el propósito de mediar el apego y la pérdida; por lo tanto, los mamíferos desarrollan apego por sus madres y posteriormente con parejas sexuales y grupos sociales. Cuando estos lazos se rompen el animal se siente mal y cae en un estado de pánico o angustia; esto provoca que evite la separación y busque la unión, lo cual incrementa sus probabilidades de sobrevivir. No obstante, si esta unión no sucede el animal entra en un segundo proceso: darse por vencido, lo cual es la respuesta desesperanzada a una separación. 

Puede ser que los especialistas continúen recetando antidepresivos a sus pacientes porque no tienen mucho más que ofrecerles, pero ello no significa que la solución para el sufrimiento que la depresión causa en la gente esté en una pastilla. De hecho, puede ser que los valores que tenemos actualmente estén afectando nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos, con otras personas y con nuestro entorno, de tal manera que los desequilibrios emocionales y físicos no son más que el reflejo de todas esas alteraciones. Actualmente las personas aparentemente estamos interactuando todo el tiempo, desde las redes sociales, desde vehículos de comunicación remota, pero, ¿realmente estamos cultivando relaciones cercanas, profundas, íntimas?, ¿somos más o menos empáticos?, ¿nos sentimos parte de la comunidad?, ¿nos sentimos aceptados?, ¿respetamos el entorno porque nos reconocemos en él?, ¿pasamos la mayor parte del tiempo de nuestra vida haciendo cosas que nos importan, que creemos valiosas, que nos retan, desarrollan o interesan? Quizá entre las respuestas a esas preguntas estén las causas de que millones de individuos en el mundo lleguen a sentir que la vida los aplasta. 

 

5 formas en las que la microbiota está transformando la salud humana

Salud

Por: pijamasurf - 07/07/2016

La revolución del microbioma en la salud humana

El Proyecto del Genoma Humano fue una de las iniciativas científicas más caras y más celebradas de la historia. Cuando concluyó este proyecto que supuestamente habría de marcar un antes y un después se asignaron recursos para continuar, esta vez como el Proyecto del Microbioma Humano. Con un origen más discreto, este proyecto es quizá el que está transformando de manera más efectiva la salud del ser humano.

La idea era que con el descubrimiento del genoma se podrían cambiar ciertas "letras" del libro humano, genes individuales, y se corregirían enfermedades fácilmente. En los últimos años hemos aprendido que las enfermedades generalmente no ocurren por causa de genes inidividuales --o son muy pocas las que dependen estrictamente de un único gen. Por otro lado, una pequeña revolución en la microbiología ha encontrado que muchas de las enfermedades modernas sí tienen relación con la microbiota ("microbiota" es el término usado para llamar al colectivo de microorganismos que existen en el cuerpo humano; "microbioma" son los genes que codifican a estos microorganismos).

A continuación cinco formas en las que la microbiota está alterando la forma en la que la ciencia concibe al ser humano:

 

1. El ser humano es un superorganismo

Diversos biólogos, a la luz de la nueva información, han jugado con la idea de que el ser humano debe redefinirse, ya no como un individuo sino como un colectivo o una colonia de biodiversidad ambulante. Esto debido a que en el ser humano hay más de 100 billones de bacterias y hasta 10 veces más células microbiales que propiamente humanas. Esta enorme diversidad interna forma un complejo ecosistema, el cual es parte esencial de la evolución del ser humano, que puede considerarse un "simbionte", un organismo simbiótico que existe de manera interdependiente con una enorme cantidad de organismos, algunos de los cuales forman relaciones parasitarias, pero muchos otros más crean relaciones de beneficio mutuo. "Como organismos compuestos que contienen partes microbiales y humanas, debemos reconocer que su biología está íntimamente relacionada. Estos microbios son nuestros compañeros para toda la vida, y si los podemos nutrir y cuidar, ellos protegerán también el cuerpo humano que llamamos nuestro hogar", dice el biólogo Justin Sonnenburg.

 

2. Las enfermedades mentales se pueden tratar a través del intestino

Un modelo holístico integral emerge de la relación entre el cerebro, el intestino y la microbiota. Recientemente se ha demostrado que alteraciones en la dieta y el consumo de diferentes alimentos probióticos puede afectar condiciones mentales como la depresión o la ansiedad a la vez que mejorar diferentes aspectos cognitivos. Científicos han notado que través del nervio vago y de las señales químicas producidas en el intestino por intercesión de la microbiota existe un canal activo de comunicación bidireccional entre sistemas. Así, por ejemplo, el estrés afecta la composición de nuestra microbiota, pero cierta presencia de bacterias benéficas, a su vez, nos hace menos susceptibles al estrés.

Lo anterior presenta una posible revolución en el tratamiento de enfermedades mentales, las cuales hoy en día recurren a poderosos fármacos psicotrópicos que tienen numerosos efectos secundarios y que en líneas generales reducen la sensibilidad de las personas. Bacterias diseñadas específicamente para atacar problemas del cerebro pero desde el intestino podrían proveer soluciones inocuas para rehabilitar a personas que viven en los abismos de estos trastornos cognitivos y sociales. 

 

3. Un paradigma probiótico

Los antibióticos son uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la medicina y quizás por ello suelen ser abusados. Actualmente uno de los principales problemas de salud a nivel global es el abuso de antibióticos. Esto ha generado por una parte la creación de bacterias superresistentes y una serie de enfermedades que el doctor Martin Blaser llama "epidemias por ausencia", esto es, enfermedades como el autismo, la diabetes, la enfermedad de Crohn y muchas otras que parecen estar relacionadas a una pérdida de diversidad en la microbiota. 

Elie Metchnikoff, el gran pionero de la inmunología, escribió hace 100 años: "El lector puede sorprenderse de mis recomendaciones de absorber grandes cantidades de microbios, ya que la creencia general es que los microbios son dañinos. Esta creencia, sin embargo, es errónea". Dicha idea sigue vigente y genera numerosas complicaciones de salud, muchas de ellas debido al exceso de prescripciones de antibióticos. 

 

4. Somos lo que comemos

O, cómo dice el crítico del New York Times, Michael Pollan, "eres lo que come lo que comes", es decir, somos también el resultado de cómo alimentamos a nuestros microorganismos, los cuales a su vez nos alimentan a nosotros produciendo diferentes sustancias químicas que modulan nuestros estados de ánimo, hacen que trabaje en armonía nuestro metabolismo y mantienen nuestro sistema inmune funcionando sin sobresaltos. 

Las frases "eres lo que comes" y "que tu comida sea tu medicina" son lugares comunes y sin embargo es apenas que estamos dimensionando lo que significan (y son profundamente ciertas). Un cambio de dieta de un par de días puede reconfigurar radicalmente la composición de miles de millones de microorganismos en nuestro interior. En pocos días podemos hacer el equivalmente de transformar lo que era un bosque tropical en una llanura, en términos de los ecosistemas bacteriales. 

Algunos doctores empiezan a definir ya una dieta prebiótica y probiótica que favorece la diversidad microbial.

 

5. La forma en la que nacemos es vital para la salud de toda nuestra vida

Entre otras cosas, nuestro nacimiento está definido por ser el momento en el que nos llenamos de bacterias. Al cruzar el canal vaginal un bebé adopta básicamente la microbiota de su madre; esto es reforzado por los primeros abrazos y por la leche materna. Los nacimientos por cesárea suelen propiciar que un bebé se llene de una microbiota foránea y un tanto más hostil, ya que no es la microbiota que ha evolucionado por miles de años en conjunto con el ser humano. 

Es durante los primeros días de nacido que el ser humano empieza a conformar un sistema inmune, el cual es un híbrido de células bacteriales y células humanas. "Puedes pensar en la microbiota del intestino como operando un switch que controla la sensibilidad o nivel de respuesta de todo el sistema inmune", explica Justin Sonnenburg. Las bacterias determinan respuestas locales como la duración de una diarrea pero también pueden impactar la respuesta a una particular vacuna o a nuestras alergias estacionales. Estudios muestran que las personas que nacen por cesárea o toman muchos antibióticos tienen más tendencia a enfermarse por albergar un sistema inmune débil o demasiado reactivo.