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Eran muchas las penas que aquejaban el corazón del escritor

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Cass era la muchacha más linda del pueblo. Mitad india navajo y mitad irlandesa. Tenía los ojos verdes, la piel trigueña y el cabello muy negro. Una mañana encontró al viejo Bukowski tomando una cerveza y escribiendo un poema tras otro sobre servilletas de papel en la barra solitaria de un bar.

-¿Por qué no me invitas una cerveza?

Le gritó desde el otro lado del salón, interrumpiendo su trabajo.

-¡Soy Henry Chinaski...! Por si te interesaba...

Respondió aburrido el poeta. Muchas eran las chicas que se le acercaban con la esperanza de beber gratis a sus costillas, o de interesarlo con sus tristes vidas para ver si las convertía en personajes de sus cuentos y novelas.

Cass se dejó caer sobre el sillón que estaba a su lado, y Hank descubrió que no sólo era bellísima. En sus ojos y su rostro de ángel había un poco de inocencia y sinceridad, pero sobre todo un mucho de locura.

Esto lo fascinó.

Llevaba un vestido de seda casi transparente, muy pegado a su cuerpo esbelto de gacela. Hank presintió sus caderas delicadas y unos pechos como cisnes diminutos que rozaron su hombro. Cass no llevaba ropa interior debajo.

En la cama descubrió sus múltiples cicatrices en las muñecas, antebrazos y garganta, algunas realizadas por clientes maniáticos sexuales, la mayoría trazadas por ella misma a punta de navaja.

Unas lágrimas asomaron de los viejos párpados de Hank. Se estaba enamorando poco a poco de ella. Cass era hiperactiva, se entregaba enterita a él: le hacía el amor sin pedirle nada a cambio, cocinaba deliciosos platillos, cortaba el cabello y diseñaba sus propios vestidos para ella y sus amigas.

 

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Imagen: Wikimedia Commons

Imagen: Wikimedia Commons

Nuevas lágrimas brotaron de los hinchados párpados de Bukowski-Chinaski al abrir recostado en la cama de su ruinoso apartamento en un suburbio de Los Ángeles la carta donde se le informaba sobre la muerte de uno de sus amigos de toda la vida. Ramón Vásquez, el actor jubilado, apareció muerto en la sala de su mansión en Mohave. Un par de hermanos: Linconl y Andrew, exmilitares desempleados y buenos mozos tocaron el timbre de la casa de Ramón. Conociendo de su gusto por los muchachos de tipo atlético, le ofrecieron sus servicios sexuales a cambio de unos sándwiches y tragos. En cuanto ingresaron a su casa lo maniataron y torturaron, forzándolo a que les revelara el escondite donde presuntamente se encontrarían sus dólares y joyas. En un momento dado, cuando se dieron cuenta que Ramón no poseía nada de lo que buscaban, lo violaron y procedieron a arrancarle el miembro con un gancho, dejándolo morir desangrado en la madrugada.

Hank estalló en sollozos incontrolables, él y su viejo amigo Ramón se conocieron en el hipódromo, eran apostadores empedernidos. El actor intentó seducirlo las primeras ocasiones, renunciando al darse cuenta que Chinaski no cedía ni un milímetro. No tenían nada en común, aunque a Bukowski le agradaba la manera absolutamente transparente con que se relacionaba Ramón, sin negar en lo más mínimo que se lo quería coger a cada momento. El actor jamás se compadecía a sí mismo y esto encantaba al poeta, además de aguantar largas jornadas de bebida juntos sin parar.

Cass lo abrazó para consolarlo, acallando sus sollozos con sus senos desnudos y diminutos, precipitándose a montarlo de un golpe con sus caderas habilidosas.

 

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Bukowski cerró sus viejos párpados extenuados, eran muchas las penas que aquejaban a un tiempo su corazón, para luego dejarlas partir a través de su espíritu impecable, sobreviviente de 30 años como empleado del Servicio Postal Norteamericano e innumerables palizas por parte de su padre cuando niño y adolescente. Llevaba semanas sin tener noticia de Cass, hasta antes de que el dubitativo cantinero  le revelara no sin hacer cierto esfuerzo: "...siento mucho lo de tu amiga...".

Hank pensó de inmediato en las cicatrices de su garganta e ingle. Por fin lo consiguió la muchacha. Era violenta y amorosa, demasiado impulsiva, sobre todo cuando se liaba a golpes con sus clientes menos apreciados o trataba de matarse a cuchilladas.

Tan sólo 1 mes antes Chinaski le propuso que se fuera a vivir con él. Pero Cass se negó.

"...Un par de años de abstinencia sexual...", pensó, secándose dos o tres lágrimas.

De la misma manera que el escritor Jack Kerouac, Henry no tenía prejuicios ni problema alguno con las indias como Cass, ni con las mexicanas ni las afroamericanas. Lo volvían loco todas por igual. Amaba a los perros y sobre todo a los gatos, de los cuales tuvo bastantes y le dolía mucho, como si fueran sus hermanos, cuando alguien les hacía daño. No tenía ningún problema con los homosexuales, ni con los latinos ni con inmigrantes de ningún género. Llegaba a quererlos a todos ellos y se lamentaba con el mismo dolor por unos y otros cuando partían.

 

Twitter del autor: @adandeabajo

AVES Y LÍNEAS ELÉCTRICAS FORMAN LA INESPERADA PART

Arte

Por: PijamasSurf - 07/08/2016

ESTE INSPIRADOR ENSAYO FOTOGRÁFICO NOS MUESTRA QUE NUESTRO PAISAJE COTIDIANO PUEDE SER EL LIENZO DE LA MÁS INESPERADA OBRA DE ARTE

Una de las mejores cualidades de la conciencia es la capacidad que tenemos para percibir la realidad pero no necesariamente de una forma objetiva. Esto es, no se trata sólo de que cada uno de nosotros aprehenda el mundo con los sentidos que nos son propios, los códigos sociales interpretados subjetivamente, nuestros propios referentes y límites conceptuales, sino que además esta misma particularidad puede extenderse para mirar lo que no está ahí y entonces, por ejemplo, ver en una nube la figura de un animal, en una constelación a un auriga, en la valentía de una persona la presencia de una deidad, etc. En La locura que viene de las ninfas, Roberto Calasso escribe al respecto:

Cuando la vida se encendía, en el deseo o en la pena, o también en la reflexión, los héroes homéricos sabían que un dios actuaba en ellos. Cualquier aumento repentino de la intensidad hacía entrar en la esfera de un dios. Esto significa principalmente la palabra éntheos, "plenus deo", como traducían los latinos, palabra que es el eje sobre el cual gira la posesión. La mente era un lugar abierto, sujeto a invasiones, incursiones, súbitas o provocadas. Incursio, recordemos, es un término técnico de la posesión. Cada una de esas invasiones era la señal de una metamorfosis. Y cada metamorfosis era una adquisición de conocimiento.

Ese, en buena medida, es el fundamento de la percepción artística, el sentido estético como uno de los lineamientos que guíen nuestra percepción. Las musas, la inspiración, el rapto poético, todo eso es expresión de dicha capacidad cognitiva.

Una singular prueba de ello son las fotografías que ahora compartimos, obra del japonés Yoshinori Mizutani, quien condensó uno de los retratos más singulares de los cielos de Tokio luego de hacer uno de los gestos más sencillos del mundo: alzar la vista y mirar lo que había sobre su cabeza. Mizutani se encontró entonces con cientos de aves paradas sobre los cables de la red eléctrica que cruzan y alimentan la urbe de energía. Vistas a contraluz, estas parvadas estáticas son lo que son pero también parecen ser otras cosas: trazos abstractos, las notas sobre una partitura, gráficos matemáticos, o un punto que salió a pasear (parafraseando a Paul Klee).

Se trata, en suma, como toda propuesta artística auténtica, de una invitación a mirar nuestra realidad de otra manera y descubrir el sentido estético del mundo.