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Las aventuras de Pascual Piñón, el mexicano de dos cabezas

Por: Andrés Cota Hiriart - 06/14/2016

No pasó mucho tiempo antes de que el conspicuo perfil de Pascal ganará fama sobre los escenarios, momento en el que comenzaron a suscitarse distintas teorías sobre el carácter real de su protuberante segundo rostro.

Hacia comienzos del siglo XX comenzaron a surgir en la frontera entre México y Estados Unidos, por el rumbo de Coahuila, rumores de un portento andante. Historias que aseguraban la existencia de un delirio viviente, un ser inquietante como pesadilla de infancia, desconcertante como alucinación febril en el paraje agreste del desierto del altiplano: el hombre bicéfalo mexicano.

La identidad de este enigmático personaje respondía al nombre de Pascual Piñón y la épica saga de su vida aún hoy en día causa conmoción, cierta controversia y quizás ligera consternación. El empresario John Schindeler, oriundo de San Diego y propietario de un parque de atracciones itinerante, viajó hasta la zona en busca de corroborar las leyendas sobre el supuesto poseedor de una de las rarezas anatómicas más perturbadoras de las que se tuviera noticia en aquellos tiempos, y según narra en A monsters life --biografía póstuma que publicó el empresario sobre el personaje, se encontró con que no sólo era verdad que el peculiar ente existía, sino que lo tenían cautivo en una mina cercana al poblado. El autor asevera en su testimonio que los mineros y pobladores de la localidad consideraban al desgraciado como una criatura demoníaca y que por eso lo mantenían encerrado en la oscuridad de los túneles. Si bien esto pudiera sonar un tanto exagerado, hay que recordar las supersticiones que imperaban en la época y que estamos hablando de un poblado sumamente rural enclavado en los páramos del norte del país. En palabras del propio Schindeler :

Pascual Piñón llevaba la otra cabeza de la misma forma que un minero lleva su lámpara en la frente. Así la llevó toda su vida; como un minero de la mina de cobre lleva su lámpara en la oscuridad que él mismo ha elegido para vivir, de la misma forma la llevaba a través de la tremenda luz de la vida. Pero de su lámpara no salía ninguna luz. Las fotos dicen otra cosa: por esa lámpara más bien se precipitaba la oscuridad que entraba en ella y en él.

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Después de este primer acercamiento por los brazos de la historia, la figura del hombre de dos cabezas mexicano se esfumó por varios años. Hasta que su cruenta fisionomía volvió a ser motivo de noticia en Texas, lugar al que supuestamente había emigrado en compañía de su familia después de que el rancho donde vivió tras emerger de la mina fuera saqueado por Pancho Villa. Al menos así lo reportó el promotor del circo Sells Floto que lo descubrió hacia 1917 trabajando en el ferrocarril y que rápidamente lo enroló en el mundo de los espectáculos de variedades humanas, los famosos y prolíficos freak shows norteamericanos.

No pasó mucho tiempo antes de que el conspicuo perfil de Pascal ganará fama sobre los escenarios, momento en el que comenzaron a suscitarse distintas teorías sobre el carácter real de su protuberante segundo rostro. Algunas versiones aseguraban que, en efecto, se trataba de una cabeza adyacente que se proyectaba sobre el borde superior de su frente, incluso dotándola de personalidad bajo el mote de María --al parecer sus rasgos eran femeninos, mientras que otras se inclinaban más porque se trataba de un artificio. Es decir, la protuberancia era real, quizás un tumor o algo semejante, pero el rostro una maquinación creada a partir de cera para fines del espectáculo. De cualquier manera, rostro o no rostro, Pascal aseguraba que el apéndice formulaba pensamientos ajenos a su mente: “Ella no es muda. Además ella es un ser humano. La puedo oír, pero soy el único que puede hacerlo. Ella sólo existe a través de mí”.

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Asumiendo que la segunda cabeza de Pascual fuera real, podríamos considerar que la posible causa de su deformidad corresponde a una de dos condiciones medicas conocidas. La primera sería que, al igual que Edward Mordake, sufriera de diprosopus o duplicación craneoencefálica, una malformación congénita extremadamente rara en la cual uno o varios elementos del rostro se encuentran duplicados dentro de la misma cabeza. Esta condición sucede por una alteración en la actividad de la proteína SHH, que desempeña un papel fundamental en la segmentación craneoencefálica durante el desarrollo embrionario, gobernando los procesos relacionados con el desarrollo de las distintas estructuras faciales y cerebrales. Cuando los genes que regulan la expresión de dicha proteína no atinan a realizar sus funciones de manera adecuada, el rostro del producto en gestación sufre trastornos severos, desarrollando dos narices o tres ojos, por dar algún ejemplo tímido de sus alcances, o, en casos más extremos, incluso caras completas accesorias a la fisonomía normal y con sus propios lóbulos cerebrales.    

diprosopus

Por otro lado, también podría haber ocurrido que, desde el instante preciso de su concepción, Pascual estuviera destinado a tener un hermano gemelo monocigótico (proveniente de un mismo óvulo) y que ambos sufrieran de una complicación apabullante durante la diferenciación celular temprana, una ontogenia desastrosa determinada por la separación o fusión anómala de dos embriones diferentes. Cuando sucede un evento de este tipo, el momento del tropiezo fisiológico será el que funja como el factor determinante de la envergadura de la anomalía. Mientras más tarde se registre el error, mayor probabilidad habrá de que los dos embriones desarrollen sus estructuras primordiales y por lo tanto se obtenga hermanos siameses: dos individuos distintos unidos por alguna o varias estructuras corporales. Una existencia condenada a que dos mentes diferentes alberguen un mismo cuerpo. En los casos en que los siameses no comparten órganos indispensables para el funcionamiento humano, es posible separarlos por medio de un intervención quirúrgica; no así cuando lo que los mantiene fusionados son órganos vitales o sistemas completos.

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En la suposición de que la segunda cabeza de Pascal se tratará de un gemelo siamés malogrado, estaríamos hablando de que los hermanos en cuestión compartían todo el resto del cuerpo, por lo que el segundo individuo sería un gemelo parasítico. El llamado fetus in fetu o mellizo parásito, es una formación humanoide originada por un accidente en cierto punto del desarrollo del cigoto antes de la formación del embrión que produce una duplicación anormal, que encamina a un segundo embrión, pero cuyo desarrollo después no llega a término. Este portento no cuenta con órganos internos funcionales, no tiene cerebro sino cráneo vacío y depende completamente de su gemelo adyacente para poder sobrevivir. Usualmente este tipo de aberraciones de la naturaleza no llegan a pesar más de un par de kilos y por lo general no afloran sobre la superficie externa del cuerpo, pudiéndose localizar internamente, en la cavidad abdominal o enquistados dentro de los tejidos, en la forma de una masa maltrecha de carne y vestigios anatómicos como uñas, pelo y dientes; sin embargo, en estos menesteres tampoco existe norma que valga para todos los casos y puede suceder que partes del parásito humanoide se disparen desquiciadamente del cuerpo que funge como hospedero.

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Así que bien pudiera ser que la segunda cabeza del buen Pascual fuera en realidad su gemelo inconcluso y que escondiera bajo su semblante un pequeño cuerpecillo maltrecho, con manos y uñas vestigiales. O no, quizás después de todo sólo era una cabeza, no una duplicación anómala de las estructuras de Pascual ni un humanoide inacabado, sino, simple y llanamente, una cabeza independiente. Existe una condición teratológica denominada como craniopagus parasiticus o epicome que se diferencia del resto de gemelos parasíticos pues únicamente se forma una segunda cabeza que sobresale de la coronilla del cráneo. Esta perturbadora manifestación de las posibilidades humanas es tan poco frecuente que existen apenas seis casos registrados dentro de la literatura medica y de estos tan sólo tres de los infantes sobrevivieron más allá del parto --probablemente el caso más famoso sea el del niño de dos cabezas de Bengala, reportado por Sir Everard Home.

craniopagus

Cerremos citando las palabras del escritor nórdico Per Olov Enquist, quien dedica al personaje su libro Downfall (traducido al español como El ángel caído):

Pascual Piñón había nacido con dos cabezas. La otra cabeza de mujer. Su extraña historia llegó al mundo en algún momento de febrero de 1922, se encontraba en una mina al norte de México. Nadie sabe nada de él, ni de donde procede, ni su fecha de nacimiento, tampoco nadie conoce a sus padres. Tal vez se avergonzaron. Probablemente nació a principios de 1880. Según sus palabras nació monstruo. Una de sus cabezas, la inferior, era de hombre, completamente normal siempre muy rígida y erguida. Tenía una barba bien poblada y cuidada. Pero encima de esta cabeza crecía otra, surgía de su frente como un brote, o como un preso que desesperadamente intenta atravesar la muralla de la cárcel, pero falla, y es condenado a cadena perpetua, encerrado a medias en la muralla

Ilustración: Ana J. Bellido

Ilustración: Ana J. Bellido

 

Twitter del autor: @cotahiriart

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Te sugerimos que pongas atención a las particularidades de cada tipo de amor y que procures aplicarlo a tu propio panorama, es decir, tratar de entender cuáles de tus relaciones amorosas (sea con parejas, amigos, familia, árboles o el universo) se ubican en cada una de las cuatro porciones (asumiendo que habrá algunas combinaciones): 

 

EROS

Un amor intenso, carnal y generalmente efímero. Algo tiene que ver con la idealización del momento, detonada por la pasión y el impulso del deseo carnal. El eros es en esencia sexual. Es el motor básico del sexo casual y las infidelidades. Bien canalizado --lo cual es muy difícil de lograr-- puede conllevar bondades místicas y espirituales.

 

STORGÉ

Un amor fraternal, comprometido y duradero. Generalmente se cultiva a lo largo del tiempo y en muchos casos implica una relación filial o una coincidencia añeja con alguien más. Hasta cierto punto es el epítome de la relación empática, un sentimiento protector y que detona la lealtad. 

 

PHILIA

Solidaridad, hermandad y amor por el prójimo son algunas de las premisas fundamentales de este tipo de amor. Es la máxima expresión amorosa frente a la otredad en general, y con frecuencia la philia sirve como motor para que un individuo busque el bien común (desdoblándose en aspectos como el respeto, la gentileza y la cooperación). 

 

ÁGAPE

Se refiere a la frecuencia más profunda del amor. Su vehículo es la pureza, la incondicionalidad e incluso la devoción. Esta forma de amor es universal, como el amor por una deidad, por la naturaleza o por la humanidad completa. El profesar este tipo de amor suele enriquecer a la persona y quizá sea parte de la esencia misma del ser humano –aunque a veces quede sepultada.