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Un vistazo al misterioso Club 33 de Disneyland que cobra $10,000 USD la entrada (VIDEO)

Por: pijamasurf - 05/03/2016

Uno de los lugares más exclusivos del mundo, reservado para los más ricos del lugar "más feliz del planeta"

El Club 33 es uno de los sitios más exclusivos del mundo, y ciertamente un área poco visitada dentro de Disneyland. Inaugurado en 1967, era el lugar donde Walt Disney llevaba inversionistas para hablar de cosas adultas en el número 33 de la calle Royal, en el New Orleans Square. 

Este sentido de exclusividad se ha conservado al cobrar una membresía de más de 10 mil dólares anuales a sus miembros, que pueden asistir acompañados de invitados, donde una cena para cinco personas puede costar más de mil dólares. Además, es el único lugar del parque donde puedes encontrar un martini decente.

La antigua casona sureña --encarnación de los valores coloniales de su arquitecto y líder emocional-- fue remodelada en fechas recientes para conservar el atractivo. Hay muchos videos en YouTube que sirven para entender esa confusión muy estadounidense --acaso su rasgo característico-- de confundir el dinero con el valor, además de mostrar la necesidad de mantenerse voluntariamente infantilizados.

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“Daydreaming”: Radiohead y Paul Thomas Anderson en un trance hacia el inconsciente (VIDEO)

Por: pijamasurf - 05/03/2016

El último video antes del lanzamiento inminente del nuevo álbum de Radiohead es una exploración, de la mano del director Paul Thomas Anderson, por las zonas conectadas del inconsciente

 

En medio del frenesí y la expectativa que ha provocado Radiohead por el lanzamiento de su nuevo álbum (lo cual, dicho sea de paso, los ha colocado como maestros en el manejo de la sorpresa), esta vez la nueva pieza que se suma al rompecabezas del enigma es el video de “Daydreaming”, el cual contó con la dirección de Paul Thomas Anderson, reconocido cineasta que, entre otras cualidades, destaca por su gusto de exploración hacia los territorios de ordinario apartados de la psique humana: el poder, la adicción, la desesperación, la soledad y otros en esa curva que mientras más se pronuncia más nos hace descender hacia nuestros propios abismos.

Y eso precisamente sucede en esta colaboración: los motivos del “soñar despierto” y las puertas que se abren pero hacia lo imprevisto confluyen con una música hipnótica, repetitiva (en la tradición de ese minimalismo al estilo Philip Glass), con lo cual se logra una suerte de expedición azarosa o, mejor dicho, dueña de su propia lógica, por los territorios de la ensoñación diurna.

Quizá, después de todo, sea posible que al abrir una puerta descubramos lo que queríamos encontrar, pero bajo un aspecto que no esperábamos.