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Neurocientíficos usan esta pintura de Salvador Dalí para entender cómo mira nuestro cerebro

Arte

Por: pijamasurf - 05/02/2016

Una pintura de Salvador Dalí ayudó a este grupo de neurocientíficos a entender cómo el cerebro humano procesa los estímulos visuales

Muchos de nosotros estamos más o menos familiarizados con la obra pictórica de Salvador Dalí o, cuando menos, con el aura de extravagancia que la rodea (al igual que a su propia personalidad). Dalí, como sabemos, es uno de los exponentes más conocidos del surrealismo, si bien no necesariamente el miembro más íntegro de esta corriente, quien además encontró la manera de establecer un puente entre el coto más o menos cerrado y exclusivo de la actividad artística y el gran público, el reconocimiento masivo, la popularidad.

Y si bien esta última cualidad ha sido cuestionada por diversos críticos y aun espectadores amateurs de sus obras, lo cierto es que hubo una época en que Dalí era un creador auténtico, preocupado de lleno por encontrar expresión de su subjetividad. Y eso fue, en buena medida, la base sobre la que se construyó su reputación, pues como pintor Dalí no temió transmitir esa peculiar visión del mundo suya, surgida de las fantasías irrepresentables del mundo onírico y de la imaginación, quizá incluso del delirio y la locura.

Quizá por eso parece comprensible que, en los últimos meses, un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Glasgow, en Escocia, haya elegido precisamente la obra del pintor español para descubrir cómo funcionan ciertas capacidades cognitivas de nuestro cerebro.

En particular, el equipo dirigido por el profesor Philippe Schyns encontró en Mercado de esclavos con aparición del busto invisible de Voltaire, una pintura de 1940, evidencia a apropósito de la manera en que nuestro cerebro procesa los estímulos visuales del mundo que nos rodea.

Schyns describió así a la BBC el trabajo del equipo:

Nuestro principal interés era estudiar al cerebro como una máquina de procesamiento. Típicamente observamos señales del cerebro pero es muy difícil saber qué hacen. ¿Codifican la información del mundo visual o no? Y si sí, ¿cómo? ¿Envían información de una región del cerebro a otra y a otra? ¿Cómo?

Para responder esta pregunta, los científicos recurrieron a la obra referida de Dalí, en la que el nombre obedece a un singular efecto que el pintor plasmó en su cuadro. El motivo principal de este es una suerte de ilusión óptica en la que una representación del busto de Voltaire realizado por Jean-Marie Houdon (1781) se confunde con las figuras de dos mujeres con aparente hábito de monjas que se encuentran en compañía de varios mendigos. Según nos acerquemos o nos alejemos de esta imagen, creeremos distinguir o los rasgos de las mujeres o la efigie esculpida del filósofo francés. La mujer que contempla en primer plano el espectáculo de los esclavos es Gala, la pareja de Dalí, razón por la cual, al explicar su obra, el pintor dijo: "Por su amor paciente, Gala me protege del mundo irónico y bullicioso de los esclavos. En mi vida, Gala aniquila la imagen de Voltaire y de cualquier posible vestigio de escepticismo".

Los investigadores mostraron el cuadro a varios voluntarios, preguntándoles si veían a las mujeres o la cabeza de Voltaire o alguna otra cosa, esto al tiempo que observaban las reacciones suscitadas en su cerebro tanto por la pintura como por dicha pregunta.

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De entrada, este examen mostró que el cerebro divide el procesamiento de la imagen en dos: el hemisferio derecho se encarga de mirar la mitad izquierda del cuadro y viceversa, el izquierdo de la derecha. Esto, no obstante, no es un trabajo separado. De acuerdo con Schyns, después de 100 milisegundos nuestro cerebro comienza a procesar detalles específicos (las líneas de la nariz o de la boca, por ejemplo), y a los 200 milisegundos comienza una intensa transferencia de información de un hemisferio a otro, lo cual permite la reconstrucción de la imagen completa.

Estos hallazgos, sorprendentes como suenan, no son sin embargo suficientes para explicar por qué por momentos podemos ver a las mujeres y en otros el busto deformado de Voltaire. Un enigma para el que aún falta mucha técnica y conocimiento para resolverlo.

Antes de Google, estas eran las preguntas que la gente hacía a los bibliotecarios

Arte

Por: pijamasurf - 05/02/2016

Ahora estamos muy habituados a recurrir a Google por cualquier cosas que necesitemos saber, ¿pero qué sucedía antes de la invención de Internet? Eran los bibliotecarios quienes debían responder a la curiosidad, a veces extravagante, de las personas

Google pasará a la historia como una de las invenciones más revolucionarias en el desarrollo cultural de la humanidad. Es parte de la historia de Internet, claro, pero sin duda el algoritmo al que arribaron Larry Page y Sergey Brin a mediados de los 90 merece un capítulo aparte, pues la simpleza de su genialidad permitió generar una lógica sumamente eficiente dentro del caos potencial que es el universo digital. Ahora, para cualquier usuario de un dispositivo con conexión a Internet es muy sencillo y habitual abrir un navegador, teclear el concepto de lo que sea que necesita saber y, en un par de segundos, obtener al menos 10 buenos resultados entre los que muy probablemente estará su respuesta.

La pregunta, para efectos de esta nota, es qué hacía la gente antes de Google y antes de Internet para saber lo que necesitaba saber. La respuesta es sencilla, porque en cuestión de conocimiento el invento capital inmediatamente anterior a la Red son los libros, esa “memoria comunal que no está almacenada ni en nuestros genes ni en nuestros cerebros”, según escribió Carl Sagan en un emotivo y acertado elogio a la cultura impresa. En cierta forma, Internet es un punto en la evolución más o menos previsible de la “galaxia Gutenberg”, por utilizar el concepto de Marshall McLuhan, pues aunque las plataformas, los formatos o las prácticas de acceso, consumo y generación de conocimiento han cambiado, en buena medida su filiación sigue siendo la herencia libresca que la humanidad ha sostenido y nutrido al menos desde el Renacimiento.

Quizá por ello podría no sorprendernos encontrar una notable similitud entre las preguntas que a veces hoy se dirigen a Google –ese oráculo en donde se combinan lo trascendente y lo trivial– y las que hace algunas décadas personas de una curiosidad peculiar dirigían al personal de la Biblioteca Pública de Nueva York.

A través de su cuenta de Instagram esta institución comparte desde hace poco fichas de su archivo en las que se conserva memoria de dichas cuestiones, algunas más extravagantes que otras y que en su mayoría (al menos de las seleccionadas) dejan ver esa cercanía entre épocas que aunque podrían parecer muy diferentes quizá no lo sean tanto, al menos en lo que respecta a la forma en que nos acercamos al conocimiento de lo que no sabemos –pero queremos saber. 

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 Mi papá posee el segundo fanal más antiguo de la ciudad, ¿dónde puedo venderlo?

 

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 Quisiera saber un poco sobre el aspecto físico de Adolf Hitler. Creo que lo vi. Caminaba pesadamente, en un pie y todo.

 

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¿Alguien tiene derechos de autor sobre la Biblia?

 

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 ¿Cuándo comenzó Moisés a llamar la atención del público?

  

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 ¿Las mujeres son mamíferos?

 

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 ¿Por qué hay tantas ardillas en las pinturas inglesas del siglo XVIII? ¿Y cómo las domaron para que no mordieran a los pintores?

 

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¿Qué tipo de manzana comió Eva?

 

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