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La ciencia lo dice... tatuarse también es bueno para la salud

Salud

Por: pijamasurf - 05/01/2016

Exponerte a largas sesiones de tinta y aguja refuerza tu sistema inmunológico y te fortalece en el manejo fisiológico del estrés

Si bien entre muchas culturas tatuarse es una práctica ritual desde hace milenios, hoy podríamos afirmar que vivimos la era dorada del tatuaje –al menos desde una perspectiva cuantitativa. La masificación de esta práctica ha fomentado la creación de incontables estilos y corrientes estilísticas que hacen de esta subcultura o moda un amplio panorama gráfico. 

Pero no sólo culturalmente el tatuaje ya es casi bien visto, incluso cool entre millones de personas, sino que su actual relevancia cultural ha provocado que la ciencia se aboque a determinar cuáles son los efectos puntuales para el cuerpo y la salud que conlleva tatuarte. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Alabama publicado en la revista científica American Journal of Human Biology, tatuarse tiene implicaciones positivas para la salud humana.

Puntualmente, la investigación se refiere a los beneficios que aporta tatuarse para el sistema inmunológico de una persona. Tras analizar los niveles de inmunoglobina A de participantes que tienen uno o muchos tatuajes, los investigadores encontraron una relación proporcional entre ambos factores. Es decir que el estrés al cual se somete el cuerpo durante una sesión de tatuaje provoca que el individuo vaya desarrollando una cierta tolerancia al mismo, y por eso quienes más horas de tinta acumulan evidencian mecanismos antiestrés más afinados. 

En pocas palabras tatuarte equivale a una especie de terapia de shock a tu sistema inmunológico, la cual, ya probadamente, fortalece un mecanismo importante del cuerpo. Así que, al menos en este plano --y sin dejar de considerar que deben tomarse medidas fundamentales de higiene y cuidado, podemos hoy invitarte a regalarle a tu sistema inmunológico un nuevo tatuaje. 

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¿De qué hablar y de qué no con una persona que está próxima a morir?

Salud

Por: pijamasurf - 05/01/2016

La experiencia de un programador belga con cáncer terminal se traduce en este protocolo para morir, que incluye algunos consejos prácticos sobre las conversaciones que pueden sostenerse con una persona a punto de fallecer

El abismo que separa a los vivos y los moribundos es quizá mucho más amplio que el que se encuentra entre los vivos y los muertos. A primera vista podría pensarse que entre estos últimos, por ser antagónicos, la distancia es insalvable –y desde cierta perspectiva, se trata de una apreciación acertada; sin embargo, en un nivel más simbólico, los que están a punto de irse son quizá los que se encuentran más lejos de quienes sabemos que seguiremos viviendo.

¿Por qué motivo? Tal vez porque están por cruzar una frontera que mientras estamos vivos nos parece terrible, ominosa. “Algo se teme tras la muerte”, dice Shakespeare en el célebre monólogo de Hamlet, y es quizá eso desconocido lo que más nos repele, lo que más nos hace sentir que los moribundos se encuentran cerca pero en realidad tan lejos de nosotros, porque aunque están aquí, sabemos que están a punto de entrar a un estado del que no podemos formar parte –y que además nos asusta.

Hace unos días, el sitio del diario inglés The Guardian reseñó el inquietante y conmovedor caso de Pieter Hintjens, programador belga que luego de haber vencido al cáncer en 2010, este año recibió un diagnóstico terminal por colangiocarcinoma (cáncer en los conductos biliares), lo cual lo llevó a un proceso de enfrentamiento con la muerte tanto para sí como con respecto a sus seres queridos.

Como parte de esta singular experiencia, Hintjens compartió en el blog de su sitio web un artículo titulado “Un protocolo para morir”, lo cual, leído incluso desde la jerga de la programación, suena ya desde el inicio como uno de esos manuales que a veces parecen necesarios para manejar algo desconocido. Morir, desde la perspectiva de Hintjens, también puede tratarse de esta manera.

Después de contar sus razones para escribir este protocolo y las circunstancias en que recibió el diagnóstico fatídico, el programador incluye un apartado bastante interesante sobre las conversaciones que, como enfermo terminal, ha tenido con otras personas. “Puede ser terriblemente incómodo hablar con un moribundo”, comienza Hintjens, haciendo eco de esa aura ominosa que, como señalamos antes, parece rodear a las personas próximas al deceso.

Y es esa misma “incomodidad”, esa extrañeza y aun incomprensión lo que hace a los individuos situados en la otra orilla incurrir en frases, alocuciones, preguntas, deseos desesperados y otras formas de la expresión que a oídos del moribundo también tienen mucho de irracional e ininteligible.

A continuación compartimos una selección de dicho texto, el cual vale la pena leer completo (en este enlace). Cabe mencionar que los nombres Bob y Alice son ficticios, recursos de Hintjens para generalizar al moribundo (Bob) y al familiar, amigo o cercano de éste (Alice).

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DE QUÉ NO

¡Detente ahí! Debes tener esperanza. ¡Debes luchar! – Está bien suponer que Bob está luchando tan duramente como puede. Y si no, eso es totalmente una decisión suya.

¡Esto es tan trágico! ¡Tan triste! ¡Por favor no mueras! – Que fue lo que me dijo mi hija una vez. Le expliqué tranquilamente que no puedes ir en contra de los hechos. La muerte no es una opinión. Enojarse o entristecerse son hechos con los que se pierde el tiempo.

¡Puedes vencer esto! ¡Nunca se sabe! – Alice expresando su esperanza. Pero la falsa esperanza no es una medicina. Una buena quimioterapia o un analgésico, eso es medicina.

Lee este capítulo de la Biblia. Te ayudará. – Lo cual es tanto irrespetuoso como ofensivo, además de torpe y arrogante. Si Bob quisiera consejo religioso, hablaría con un sacerdote. Y si no, simplemente no hablaría de eso. Otra práctica sumamente violenta.

 

DE QUÉ SÍ

Historias sobre aventuras que Alice y Bob tuvieron juntos. – ¿Recuerdas esa vez…? ¡Claro que sí! ¡Fue increíble!

Detalles clínicos. – Bob, postrado en su cama, probablemente está obsesionado con los rituales de cuidado, el personal, las medicinas y, sobre todo, su enfermedad. Bob querrá compartirlo, en un segundo.

Ayudar a Bob con detalles técnicos. – Salir de la vida es complejo y requiere muchas manos y mentes.

Te traje tu libro. – Suponiendo que Bob es como ciertas personas, quizá esto lo halague o lo haga sonreír.

 

Y QUÉ TENDRÍA QUE HACER BOB

No todo es trabajo de Alice. Bob también tiene obligaciones dentro de este protocolo. Estas son algunas cuantas:

Ser feliz. – Esto puede sonar trillado, pero es esencial. Si vas a estar decaído y triste, Alice se sentirá miserable cada vez que hable contigo.

Ordena tus asuntos. – Estuve esperando la muerte por muchos años, así que estuve haciéndome prescindible en lo que pude. Con la familia no es posible. Con el trabajo, sí.

Sé realista. – La esperanza no es una medicina, como expliqué. Si vas a negociar con tus médicos, sé pragmático respecto a los intereses de todos. A los míos les dije que podían probar cualquier tratamiento de quimioterapia que quisieran. Es información para ellos y al menos puedo ganar para el sistema que me fue dado 5 años más de vida. 

Sé honesto y transparente con todos. – El duelo toma tiempo, y es mucho más fácil sobrellevar la muerte de Bob cuando puedes hablar de ello con Bob.

 

No hay vergüenza en morir. No es un fracaso.