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¿Qué hábitos debes desarrollar para conservar –y aumentar– tus poderes cognitivos?

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/08/2016

Científicos revelan qué debemos hacer si queremos conservar nuestra capacidad para procesar y entender la información del mundo que nos rodea

Aunque ahora nos resulte difícil de creer, hasta hace algunos años, la esperanza de vida a nivel mundial era de aproximadamente 40 años. Hoy en día es de unos 70 y, en la medida en que la longevidad ha aumentado, también ha surgido un interés científico por descubrir cómo podemos conservar nuestra lucidez, de tal manera que tener una expectativa de vida más larga no necesariamente implique mayores índices de desórdenes congnitivos. 

La palabra cognición, proviene del latín “cognoscere”, refiere a la capacidad que los seres humanos tenemos para procesar la información del mundo que nos rodea a través de la percepción sensorial y los órganos del cerebro. Esto implica procesos como la memoria, el aprendizaje, la atención, el razonamiento, la solución de problemas, la toma de decisiones y cómo procesamos el lenguaje. 

De acuerdo con los científicos cognitivos adoptar y practicar ciertos hábitos ayuda a la neurogénesis, es decir, las células del sistema nervioso central, como neuronas y gliales. Además permite la creación de nuevas conexiones neuronales, lo cual a su vez mejora nuestra cognición en general y nos mantiene positivos y alerta. ¿Pero qué es lo que debemos hacer? 

 

1. Celebrar las pequeñas victorias

El cerebro no distingue entre el progreso y la percepción de progreso. Por otro lado, experimentar éxito o fracaso influye fuertemente en nuestras emociones. Así que de acuerdo a los científicos, entre más celebremos nuestras pequeñas victorias y nos sintamos bien más nos predispondremos al éxito, pues el entusiasmo es una fuente de energía e inspiración.

 

2. Mantener alguna actividad física

No es necesario convertirse en un atleta para mantener la salud mental; unos 20 minutos de actividad diaria pueden ser suficientes para mejorar las habilidades de procesamiento de información y memoria. Básicamente, al hacer ejercicio el ritmo cardíaco se incrementa y el oxígeno llega al cerebro más rápidamente, lo cual provoca un incremento en la velocidad a la que se desarrollan las células. En un estudio realizado por la Universidad de Illinois se encontró que los niños que se ejercitaban regularmente desarrollaban mayor habilidad para bloquear la información irrelevante y concentrarse en una tarea. 

 

3. Buscar nuevos retos y experiencias

Esencialmente, si un órgano no se usa se atrofia, así que lo mejor que podemos hacer por nuestros cerebros es usarlos. Aprender cosas nuevas y desarrollar habilidades constantemente estimula partes de este órgano que de otra manera se activarían muy esporádicamente, conllevando el deterioro. Embarcarse en el aprendizaje de un nuevo idioma, instrumento musical o pasatiempo puede ser útil en este sentido. 

 

4. Cultivar una buena postura

En una investigación preliminar hecha por la Universidad de Harvard se descubrió que la gente que se sentaba en posiciones encorvadas tenía menos probabilidades de alzarse en defensa de sí mismos. Esto es particularmente relevante porque los participantes adoptaban muchas de estas malas posturas como consecuencia de agachar la cabeza para usar un smartphone o tablet. “Desde un punto de vista puramente cognitivo colocarnos en una posición encorvada que expresa debilidad e impotencia  predispone a nuestro cerebro a la desesperanza".

 

5. Evitar dormir con el teléfono cerca

Diversos análisis indican que hay una relación entre la luz emitida por las pantallas electrónicas de los teléfonos inteligentes y los trastornos del sueño. Interrumpir o cambiar los patrones de sueño es sumamente perjudicial, ya que necesitamos dormir de 6 a 8 horas para completar el ciclo de liberación de neurotoxinas. No hacer esto incrementa los riesgos de sufrir enfermedades como el Alzheimer. 

5 grandes científicas de la antigüedad que el patriarcado no pudo borrar de la historia

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/08/2016

Quizá no te hablaron de ellas en la escuela, pero estas mujeres de ciencia realizaron contribuciones en el campo de las matemáticas, la astronomía, la botánica y la medicina

Las contribuciones de las mujeres a la ciencia no son pocas ni recientes. A pesar de que muchas hayan tenido que enfrentar los prejuicios que dominaban en su época y las mantenían al margen de la educación han llegado hasta nuestros días testimonios de la vida, obra e inteligencia de algunas de ellas. Estas son cinco científicas de la antigüedad de las que seguramente no te hablaron en la escuela.  

 

1. Hipatia de Alejandría

Se estima que esta filósofa neoplatónica nació entre finales del siglo IV y principios del siglo V en Alejandría (Egipto), ciudad que en ese entonces se encontraba ocupada por los griegos. Debido a su notoria inteligencia su padre, un conocido matemático, astrónomo y filósofo de nombre Teón, decidió enseñarle su oficio y le inculcó el amor por la ciencia. Ella llevó una vida ascética dedicada al conocimiento, destacó en las matemáticas y escribió varios tratados sobre geometría y álgebra. También logró avances en el campo de la astronomía, inventando el densímetro y mejorando el diseño del astrolabio. Desafortunadamente su trabajo se perdió en el incendio de la Biblioteca de Alejandría pero todas las fuentes coinciden en su genio, dedicación y ética intachable. Como testimonio de su agudeza y disciplina mental podemos citar las siguientes palabras: “Conserva celosamente tu derecho a reflexionar, porque incluso el hecho de pensar erróneamente es mejor que no pensar en absoluto”. 

 

2. Merit Ptah

La figura de esta mujer que llegó a ser la médico de cabecera en la corte del faraón alrededor del siglo XXVIII antes de la era común puede ser observada en una tumba localizada en una necrópolis cercana a la pirámide de Saqqara en Egipto. Es la primera galena cuyo nombre conocemos, a pesar de que en dicha época las mujeres con frecuencia se convertían en doctoras y parteras. 

 

3. Artemisia II de Caria

Fue una botanista e investigadora médica que vivió en el siglo IV antes de la era común. Ella fue la responsable del descubrimiento de una variedad de usos de la planta artemisia vulgaris, también conocida como hierba de San Juan. Dicha planta puede incrementar la irrigación sanguínea en el útero y la zona pélvica, por lo cual es útil para reducir los cólicos menstruales, lograr la expulsión de la placenta, evitar que se malogre un embarazo y también inducir un aborto, además de ayudar a combatir los efectos de la fatiga, el estrés y prevenir infecciones. 

 

4. Agnodice

Esta mujer originaria de Atenas y contemporánea de Artemisia es probablemente la primera ginecóloga conocida. El índice de mujeres que morían durante el parto y el sufrimiento con el que lo enfrentaban motivó a Agnodice a estudiar medicina, si bien para lograrlo tuvo que hacerse pasar por hombre. Consciente de que el castigo para cualquier mujer que osara practicar la medicina era la pena de muerte se marchó a Alejandría, donde estudió bajo la tutela de Herófilo, un celebre anatomista de la época. Aunque tras obtener su formación como ginecóloga y obstetra continuó utilizando ropas de hombre para hacer sus visitas médicas eventualmente se descubrió su verdadera identidad, lo cual la hizo muy popular entre las pacientes, quienes se sentían cómodas solicitando su ayuda en los partos. Esta popularidad la hizo blanco de envidias y enemigos, quienes la acusaron de practicar la medicina ilegalmente. Agnodice tuvo que enfrentar un juicio y hubiera recibido la pena de muerte de no ser por la intervención de las mujeres de Atenas, que testificaron a su favor. Como resultado, se aprobó una nueva ley que permitió a las mujeres adquirir formación médica.  

 

5. Aglaonice de Tesalia

Vivió entre el siglo I y II de la era común y ha pasado a la historia como una astrónoma de innegable talento. Aglaonice no tenía empacho en hacer demostraciones de sus habilidades de observación y cálculo, que le permitían predecir eclipses lunares con mucha exactitud, lo cual hizo creer a algunos que podía desaparecer la Luna a su antojo y, por ello, las astrónomas que se asociaron con ella recibieron el mote de “las  brujas de Tesalia”.

 

Puede ser que mucho del trabajo de estas y otras científicas de la antigüedad se haya perdido pero eso no significa que no hayan contribuido a la formación de las civilizaciones que hoy conocemos, de la misma manera en que las mujeres de hoy pueden formar y transformar la cultura en la que vivimos, a pesar de los muchos retos e injusticias que aún deban enfrentar.