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Los latidos del corazón afectan la manera en que el cerebro toma decisiones racionales (ESTUDIO)

Salud

Por: pijamasurf - 04/11/2016

Cuerpo y mente están más relacionados de lo que a veces suponemos, y este estudio es otra prueba de ello

Corazón y cerebro podrían tener una relación más íntima que aquella que, más o menos desde siempre, se les ha atribuido coloquial y culturalmente. En efecto, desde este punto de vista, estamos habituados a conceder una especie de antagonismo entre ambos, como si el cerebro fuera asiento únicamente de nuestras cualidades racionales y el corazón de las pasionales. Curiosamente esta dicotomía, que mucho tiene de platónica, persiste incluso en nuestros días, a pesar de que sabemos bien que el corazón tiene pocas tareas más allá de bombear sangre, todas ellas fisiológicas. Pero entonces, podríamos preguntarnos, ¿por qué una tristeza muy fuerte o un episodio de felicidad también lo experimentamos como una alteración en los latidos de ese órgano?

La respuesta podría comenzar por una afirmación sencilla: a fin de cuentas, nuestro cuerpo es uno, una orquesta sinfónica que opera sincronizadamente para mantenernos con vida. Y aunque nuestros pensamientos, nuestras ideas, emociones, miedos y alegrías a veces parezca que no los vemos, parezca que sólo son mentales, en realidad no serían posibles sin el soporte físico del cuerpo, sin las hormonas, los neurotransmisores, el estómago que se contrae o las lágrimas que acuden a paliar el sufrimiento.

Prueba de esta conexión estrecha es un estudio publicado recientemente a propósito del efecto que el ritmo cardíaco podría tener en los procesos de razonamiento del cerebro.

La investigación estuvo a cargo de Igor Grossmann, profesor de psicología en la Universidad de Waterloo, quien en colaboración con otros académicos de la Universidad Católica Australiana analizó el ritmo cardíaco de un grupo de voluntarios en comparación con un grupo de control, esto al tiempo que se evaluaban sus cualidades de razonamiento y su capacidad para elaborar juicios, recordar y otras habilidades cognitivas afines.

Según lo observado, las personas en las que el ritmo cardíaco tiene variaciones constantes fueron también quienes mostraron un mejor desempeño en las pruebas de evaluación cognitiva. En especial cuando se trató de ofrecer una solución a un problema de tipo social visto desde una perspectiva externa a la de los involucrados (esto es, como un tercero que sólo opina), los individuos de ritmo cardíaco alterado fueron quienes ofrecieron alternativas que no estuvieron sesgadas por sus propios intereses o puntos de vista.

De acuerdo con el profesor Grossmann, esto no necesariamente indica que dichas personas sean “más sabias”, sin embargo, sí parece ser una ventaja con respecto a aquellas menor variación en sus pulsaciones.

Quizá ahora sólo queda responder por qué sucede esto y si tal vez, como podría sugerirse desde una perspectiva más psicológica, si acaso la diferencia estriba en que hay quienes pueden con mayor facilidad que otros dar libre curso a sus pensamientos, emociones y aun procesos fisiológicos, mientras que otros individuos los contienen, lo cual redunda en una mayor fluidez de personalidad que se transmite y ocurre en la vida social.

 

(Imagen: Alberto Montt)

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Diversidad en la dieta, en la microbiota y en la vida: la clave de la salud

Salud

Por: pijamasurf - 04/11/2016

Las partes que integran al todo deben ponerse a jugar en armonía para resultar en el bienestar integral

Estudiando los ecosistemas, los biólogos han notado que una de las claves en la sustentabilidad es la diversidad de especies que habitan un cierto lugar. Si la diversidad se pierde, el ecosistema entero se pone en riesgo. Esto aplica en el Amazonas, como en el cuerpo humano.

La reciente explosión científica en términos de la microbiología ha descubierto que el ser humano vive en un estado de codependencia con su microbiota, el conjunto de microorganismos que forman un órgano distribuido en diversas partes del cuerpo (aunque mayormente en el intestino). Los miles de millones de bacterias que viven en el intestino humano intervienen en numerosas funciones orgánicas, desde lo digestivo hasta lo cognitivo. Si bien se han descubierto especies especialmente benéficas, los científicos consideran que de manera general la salud del sistema que conforma la microbiota con el intestino está garantizada sobre todo por la diversidad de especies y el equilibrio en las mismas.

Para Tim Spector, profesor de epidemiología del King's College, una de las formas en las que podemos asegurar nuestra salud digestiva y contribuir a la diversidad de nuestra microbiota es a través de una dieta diversa: "Debemos comer alimentos más diversos, no menos", dice Spector, quien ha incorporado a su dieta la máxima de intentar comer la mayor cantidad de alimentos posibles, sobre todo vegetales. "La diversidad o la riqueza de genes es un mejor indicador de salud que la presencia de sólo un tipo de especie microbial" (esto se refiere los genes que codifican las bacterias, el también llamado microbioma).

Coincide Justin Sonnenburg, de la Universidad de Stanford, quien menciona que "el incremento en diversidad [de la microbiota] reduce el riesgo de diabetes, cáncer y arteriosclerosis". Es por esto que se recomienda en general --con las debidas excepciones de algunas pocas enfermedades-- tener una dieta variada y alimentar la microbiota con alimentos prebióticos y probióticos: pensar en que comemos para nosotros y para nuestros microbios. Una dieta de gran diversidad contribuye "a crear un ambiente dentro del intestino que permite que florezca la microbiota". En este sentido se puede tomar una lección de agricultura o jardinería: una tierra (nuestro intestino) se vuelve más fértil y más productiva cuando se cultiva una gran diversidad de plantas, el monocultivo en cambio va en detrimento de la tierra, extrayendo los nutrientes y minerales dejando a mediano y largo plazo un terreno estéril.

Para cultivar una microbiota diversa es necesario comer alimentos prebióticos que fomenten el crecimiento de bacterias que producen sustancias químicas importantes para nuestra salud. Ajo, cebolla, poro, espárragos, cúrcuma, diente de león, entre otros, son alimentos que incrementan la población de bacterias que producen ácidos de cadena corta como el butirato, una sustancia que ayuda a suprimir el hambre y reducir los riesgos de la glucosa y la insulina que de otra manera almacenan la grasa.

Como en la dieta y en la microbiota, en la vida. La diversidad en nuestras actividades, en las cosas que hacemos con nuestras parejas, en las experiencias que tenemos y en nuestra forma de pensar contribuye a la salud mental --lo diverso es esencialmente también lo divertido-- y en general promueven una vida más plena, capaz de abarcar un espectro más amplio.

 

(Imagen: PHAZED)