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Lecciones filosóficas a niños ayudan a mejorar autoestima, razonamiento matemático y lectura

Filosofía

Por: pijamasurf - 04/19/2016

La filosofía no se trata de impartir conocimientos históricos o teóricos sino de una práctica de la libertad y de la apertura al otro, habilidades que benefician enormemente a los niños, especialmente a los más pobres

Mientras que las escuelas de educación media superior y superior en muchos países, incluido México, han comenzado a dejar de lado la impartición de materias como Filosofía o Ética, un estudio piloto en Inglaterra demostró que una clase de filosofía a la semana puede ayudar a mejorar habilidades cognitivas en niños (sobre todo de escasos recursos), además de mejorar la autoestima y fortalecer la comunicación al interior del grupo.

El programa Philosophy 4 Children fue aplicado en 48 escuelas primarias durante 1 año, dando seguimiento a mil 500 niños, además de un grupo de control de otros mil 500 niños que no tomaron el curso durante el primer año y lo hicieron al año siguiente. El primer grupo mostró avances en razonamiento matemático y comprensión de lectura equivalentes a 2 meses de aprovechamiento, comparados con los niños que no tomaron clases de filosofía.

El programa básicamente trata de acercar a los niños al pensamiento filosófico a través de dudas prácticas y construcción de argumentos; las preguntas planteadas a través de videos, imágenes o notas de periódico pueden tratar sobre la pertinencia de tener un animal salvaje de mascota, el hecho de que los hombres ganen más dinero que las mujeres por iguales trabajos o si una persona que no cuida de sí misma debería recibir un trasplante de corazón en caso de necesitarlo. 

Más que llegar a respuestas, los profesores trataron de fomentar la participación del grupo, de hablar y escuchar por turnos, además de seguir el razonamiento de los otros. Muchos de estos niños provienen de escuelas muy pobres donde reciben ayuda alimenticia debido al bajo nivel económico de las familias; fueron estos niños los que más se beneficiaron del programa en términos de aprovechamiento académico y mejoramiento de habilidades cognitivas.

Aunado a esto, los profesores que impartieron los cursos notaron un incremento de confianza, paciencia y autoestima en los alumnos de un año al siguiente. Y es que lo que olvidan los nuevos programas neoliberales de educación para el trabajo y competencias prácticas es que nada ayuda tanto a la formación del individuo como sentirse escuchado y apreciado, a la vez que aprender a escuchar y apreciar lo que los otros tienen que decir. Más que impartir conocimientos o temas históricos relacionados con la filosofía, la práctica de la conversación como parte de la enseñanza primaria puede mejorar sustancialmente la vida de las personas --y, si es preciso ponerlo en esos términos, a un costo realmente bajo.

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¿Están las redes sociales anulando nuestra capacidad de establecer relaciones cercanas y verdaderamente humanas?

Filosofía

Por: pijamasurf - 04/19/2016

Las redes sociales cambiaron la manera en que nos relacionamos con el mundo y con las personas, ¿qué ganamos y qué perdimos con ellas?

Existen algunas personas que aún pueden recordar los días en los que no existían las redes sociales y la gente se reunía para contarse el devenir de sus días cara a cara, intercambiando gestos, rechazos, confesiones y anhelos desde la carnalidad de su presencia. Aquellos días en los que la gente sentada posaba su mirada sobre sus compañeros, su pareja o quizá su comida pero no su celular, tablet o reloj inteligente. Luego llegaron las redes sociales y, como muchas otras innovaciones relacionadas a la tecnología, cambiaron la manera en que nos relacionamos con el mundo y con los demás individuos que lo habitan.  

Con el internet nos adentramos en la sensación de poder estar en más de un lugar al mismo tiempo a través de la tecnología audiovisual y de telecomunicaciones, que nos permiten ver a otros y que nos vean a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia. En teoría da lo mismo si le escribes o haces una videollamada con tu vecino desde la casa de al lado o desde África, y con esta sensación de poder entrar en contacto en todo lugar y momento también llegó la idea de que se tiene que estar disponible permanentemente. 

Lo cual, dicho llanamente, puede parecer ridículo, pero muchas personas expresan enfrentar retos para separar su vida profesional y su vida privada debido a la existencia de teléfonos inteligentes y redes sociales. La noción de absoluta transparencia, disponibilidad y acceso puede parecer invasiva o inaceptable, pero la hemos normalizado e integrado a nuestros hábitos de tal forma que si algo no se postea en redes sociales es como si nunca hubiera pasado. Además, las redes sociales han tomado un lugar tan prominente en nuestros hábitos que se han vuelto lo primero en lo que muchos piensan al abrir los ojos a un nuevo día.  Un estudio de Statistic Brain descubrió que 50% de los usuarios de Facebook de entre 18 y 24 años entran a esta red social después de despertarse.

La cuestión es que por un lado las redes sociales nos dan una voz, un espacio o canal para expresar nuestra propia narrativa, nuestras experiencias, los gozos, logros, fracasos y frustraciones del día a día. Además nos otorgan la oportunidad de entrar en contacto con potencialmente todo tipo de personas y tener acceso a información sobre sus vidas, trabajos, familias y pasatiempos. También pueden ser una fuente virtual de aceptación, que usamos compasivamente para acallar nuestras necesidades de aprobación y afecto --las cuales, por cierto, pueden parecer terribles debilidades, pero en realidad son simplemente una faceta más de la experiencia humana. Quizá por esto resulten tan adictivas y hayan terminado por absorber nuestra vida social, de tal manera que también nos han quitado cosas. 

Ha sido comprobado que la mayoría de los usuarios de Facebook usan la red social para acceder a información, noticias e interacciones que amplifiquen o tengan reverberación con sus propios puntos de vista, de tal forma que lo que vemos en la red virtual es como vivir en una burbuja social que nos dice que estamos en lo correcto. Esto presenta múltiples preguntas: ¿están las redes sociales anulando nuestra capacidad de enfrentarnos a opiniones diferentes a las nuestras y, en ese sentido, nos proporcionan una versión distorsionada del mundo? ¿Estamos perdiendo la capacidad de establecer relaciones cercanas, sinceras, abiertas e íntimas y por lo tanto significativas y verdaderamente humanas? Y, ¿cómo podríamos hacer uso de la tecnología de tal manera que contribuyamos a la fortaleza del tejido social y no a su desmembramiento? No hay respuestas definitivas, pero seguramente en los años por venir tendrán mucho que enseñarnos al respecto.