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La fascinante historia del primer encuentro sexual en el planeta

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/10/2016

En el origen de la vida compleja está el maravilloso acto sexual de fusión

¿Puedes imaginar el primer acto sexual en el planeta? Tal vez imaginas a un prototípico Adán y a una Eva en el Edén, en un ardiente abrazo carnal bajo el árbol de la vida. No: en cambio, el abrazo informático y biológico de dos bacterias en un remoto origen. 

Así describe Jill Neimark el primer acto sexual (que además, para encender el candor biológico, fue sexo mutante) en un interesante artículo sobre la función evolutiva del sexo:

Alrededor de 2 mil millones de años atrás, dos procariontes --dos bacterias borboteando en la sopa primordial de la vida-- se unieron en lo que debió de haber sido el acto sexual original. Una invadió a la otra. Una comió, la otra fue comida, y ambas vivieron para contar la historia. Se fusionaron y con el tiempo, crearon algo asombrosamente nuevo. La invadida --la que fue comida-- evolucionó a ser una pequeña pero poderosa mitocoondria a lo largo de pocos millones de años. La otra evolucionó a ser un núcleo mucho más grande.

Esta es la endosimbiosis que está en el origen de la vida de los eucariontes. No sólo estamos conformados por un 90% de células bacteriales que forman nuestro microbioma; las células animales también tienen este origen dual bacterial. Las bacterias que ahora son las mitocondrias producen la energía que permite la explosión de la vida compleja en este mundo

Las mitocondrias, que son los motores biológicos, tienden a una serie de mutaciones erráticas, lo cual sin embargo es compensado por la reproducción sexual, que en un principio no parece ser una forma eficiente de reproducirse pero que permite la más rápida recuperación en los errores genómicos de las mutaciones. El sexo es un mecanismo de adaptación. El sexo y el amor son ciertamente dos cosas distintas, pero comparten tal vez un remoto origen, en un acto primero y en un deseo, luego, de convertirse en el ser que se desea, de hacer que dos sean uno. 

5 grandes científicas de la antigüedad que el patriarcado no pudo borrar de la historia

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/10/2016

Quizá no te hablaron de ellas en la escuela, pero estas mujeres de ciencia realizaron contribuciones en el campo de las matemáticas, la astronomía, la botánica y la medicina

Las contribuciones de las mujeres a la ciencia no son pocas ni recientes. A pesar de que muchas hayan tenido que enfrentar los prejuicios que dominaban en su época y las mantenían al margen de la educación han llegado hasta nuestros días testimonios de la vida, obra e inteligencia de algunas de ellas. Estas son cinco científicas de la antigüedad de las que seguramente no te hablaron en la escuela.  

 

1. Hipatia de Alejandría

Se estima que esta filósofa neoplatónica nació entre finales del siglo IV y principios del siglo V en Alejandría (Egipto), ciudad que en ese entonces se encontraba ocupada por los griegos. Debido a su notoria inteligencia su padre, un conocido matemático, astrónomo y filósofo de nombre Teón, decidió enseñarle su oficio y le inculcó el amor por la ciencia. Ella llevó una vida ascética dedicada al conocimiento, destacó en las matemáticas y escribió varios tratados sobre geometría y álgebra. También logró avances en el campo de la astronomía, inventando el densímetro y mejorando el diseño del astrolabio. Desafortunadamente su trabajo se perdió en el incendio de la Biblioteca de Alejandría pero todas las fuentes coinciden en su genio, dedicación y ética intachable. Como testimonio de su agudeza y disciplina mental podemos citar las siguientes palabras: “Conserva celosamente tu derecho a reflexionar, porque incluso el hecho de pensar erróneamente es mejor que no pensar en absoluto”. 

 

2. Merit Ptah

La figura de esta mujer que llegó a ser la médico de cabecera en la corte del faraón alrededor del siglo XXVIII antes de la era común puede ser observada en una tumba localizada en una necrópolis cercana a la pirámide de Saqqara en Egipto. Es la primera galena cuyo nombre conocemos, a pesar de que en dicha época las mujeres con frecuencia se convertían en doctoras y parteras. 

 

3. Artemisia II de Caria

Fue una botanista e investigadora médica que vivió en el siglo IV antes de la era común. Ella fue la responsable del descubrimiento de una variedad de usos de la planta artemisia vulgaris, también conocida como hierba de San Juan. Dicha planta puede incrementar la irrigación sanguínea en el útero y la zona pélvica, por lo cual es útil para reducir los cólicos menstruales, lograr la expulsión de la placenta, evitar que se malogre un embarazo y también inducir un aborto, además de ayudar a combatir los efectos de la fatiga, el estrés y prevenir infecciones. 

 

4. Agnodice

Esta mujer originaria de Atenas y contemporánea de Artemisia es probablemente la primera ginecóloga conocida. El índice de mujeres que morían durante el parto y el sufrimiento con el que lo enfrentaban motivó a Agnodice a estudiar medicina, si bien para lograrlo tuvo que hacerse pasar por hombre. Consciente de que el castigo para cualquier mujer que osara practicar la medicina era la pena de muerte se marchó a Alejandría, donde estudió bajo la tutela de Herófilo, un celebre anatomista de la época. Aunque tras obtener su formación como ginecóloga y obstetra continuó utilizando ropas de hombre para hacer sus visitas médicas eventualmente se descubrió su verdadera identidad, lo cual la hizo muy popular entre las pacientes, quienes se sentían cómodas solicitando su ayuda en los partos. Esta popularidad la hizo blanco de envidias y enemigos, quienes la acusaron de practicar la medicina ilegalmente. Agnodice tuvo que enfrentar un juicio y hubiera recibido la pena de muerte de no ser por la intervención de las mujeres de Atenas, que testificaron a su favor. Como resultado, se aprobó una nueva ley que permitió a las mujeres adquirir formación médica.  

 

5. Aglaonice de Tesalia

Vivió entre el siglo I y II de la era común y ha pasado a la historia como una astrónoma de innegable talento. Aglaonice no tenía empacho en hacer demostraciones de sus habilidades de observación y cálculo, que le permitían predecir eclipses lunares con mucha exactitud, lo cual hizo creer a algunos que podía desaparecer la Luna a su antojo y, por ello, las astrónomas que se asociaron con ella recibieron el mote de “las  brujas de Tesalia”.

 

Puede ser que mucho del trabajo de estas y otras científicas de la antigüedad se haya perdido pero eso no significa que no hayan contribuido a la formación de las civilizaciones que hoy conocemos, de la misma manera en que las mujeres de hoy pueden formar y transformar la cultura en la que vivimos, a pesar de los muchos retos e injusticias que aún deban enfrentar.