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Esto sucede cuando se sincroniza "The Force Awakens" con "The Dark Side of the Moon" (VIDEO)

Por: pijamasurf - 04/15/2016

¿Una coincidencia o una sincronicidad auténtica? ¿Por qué a veces el azar se disfraza de hecho significativo y pleno de sentido?

Muchos sabemos que uno de los grandes momentos de la sincronización ocurrió cuando a alguien (un iluminado ahora anónimo) se le ocurrió correr el clásico del cine hollywoodense The Wizard of Oz (Victor Fleming, 1939) a la par de The Dark Side of the Moon, el legendario álbum de 1973 de Pink Floyd. Cuando el sonido de la película es sustituido por las pistas del disco, algo sucede, algo que es muy tentador adjetivar de mágico o al menos de misterioso, sin duda sorprendente: hay coincidencias entre filme y música que inexplicablemente parecen significativas.

Por ejemplo, cuando inicia la canción “Money”, con su característico sonido de caja registradora incluido, el filme pasa de las tonalidades sepia a color, lo cual además tiene relevancia histórica, pues The Wizard of Oz fue la primera película de la historia filmada en Technicolor, una tecnología que supuso una buena inversión monetaria. O, más adelante, la canción “Brain Damage” coincide con el momento en que el personaje del Espantapájaros canta la pieza “If I Only Had a Brain”. Los ejemplos pueden multiplicarse, pero quizá sería mejor que cada uno experimente por cuenta propia esta sincronización.

 

Curiosamente, “Dark Side of the Rainbow” (como se le conoce a esta combinación) no es el único ejemplo sincrónico que involucra a The Dark Side of the Moon, aunque sí es el más famoso. Hay quienes aseguran que con Watership Down (Martin Rosen, 1978; adaptación animada de la novela homónima de Richard Adams, de 1972) también ocurren cosas. Y, ahora, también con el más reciente episodio de la saga de Star Wars: The Force Awakens.

Hace unos días, el usuario de reddit “knnl” publicó un post en esta red social en donde asegura que el álbum de Pink Floyd tiene una “sincronización perfecta” con la susodicha cinta. Entre otros momentos destacados, asegura que la línea “I'm not afraid of dying/anytime will do!”, de “The Great Gig in the Sky”, suena al mismo tiempo que Poe despierta en la cámara de tortura de Kylo Ren, que la lucha entre Rey y Kylo coincide con las líneas “Black and blue/Who knows wich is wich and who is who?” de la misma pista o, quizá lo más asombroso, que en esta sincronozación el encuentro con Luke Skywalker tiene como fondo los versos “The lunatic is on the grass/remembering games, and daisy chains and laughs/got to keep the loonies on the path”, de “Brain Damage”.

Oficialmente, The Force Awakens no ha sido comercializada para su uso doméstico, sin embargo, hace poco se filtró un torrent para su descarga, de lo cual es muy posible que haya resultado esta breve muestra de la sincronía.

 

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Fomentar el pensamiento ocioso podría ser, paradójicamente, un hábito notablemente productivo

Nuestra época privilegia la acción sobre el pensamiento, o al menos eso parece a la distancia. Se nos hace creer que sólo el acto importa, pues parece significar utilidad, provecho, valor, esto es, algún tipo de ganancia. El pensamiento, por el contrario, tiene el aura de lo ocioso, lo efímero, lo que no se concreta y sólo pasa y se consuma sin generar nada.

¿Qué tan cierto es esto? Bien pensado parece una dicotomía falsa pues, por otro lado, sabemos bien que en este mismo tiempo existe un gran aprecio por la creatividad y las obras que resultan de su ejercicio.

Hace poco, por ejemplo, el conocido magnate Warren Buffett declaró que ha dedicado 80% de su vida a nada más que leer y pensar, una práctica que, con variaciones, comparte con otras personalidades que la cultura mainstream no dudaría en calificar de exitosas, como los inventores contemporánes Elon Musk y Jeff Immelt, Jeff Weiner (CEO de LinkedIn) o Bill Gates. Pero más allá de nombres y fortunas, podría haber una constante sobre la cual cimentar una idea común de éxito: hacer en la vida lo que verdaderamente queremos.

Pensar sin rumbo, dejar que la mente se traslade libre por los territorios que quiera, ir y volver de uno a otro campo sin sujeción, puede ser más fructífero de lo que crees (o te han hecho creer).

A continuación, inspirados en un post del sitio Inc, compartimos una serie de jueve hábitos que, conjugados, pueden contribuir al fortalecimiento de esa práctica mayor de sólo pensar –y beneficiarse de ello.

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1. Reserva ese tiempo

Puedes pensar todo el tiempo, pero si dedicas un período específico a sólo pensar, tu acercamiento a esta práctica será muy distinto. En buena medida, será como darle una importancia especial a las ideas que resulten de ese momento.

 

2. No vayas a tu lugar de trabajo

Quizá no te has dado cuenta, pero tu mindset está íntimamente asociado con los espacios donde te encuentras. Los pensamientos habituales surgen en los lugares habituales. Para potenciar este ejercicio acude a un lugar extraordinario para tu propia rutina: un parque o un bosque, quizá una alberca, quizá tu casa pero en circunstancias poco usuales, una sala de lectura, etcétera.

 

3. Lleva contigo un cuaderno

Escribir ha sido, inmemorialmente, uno de los grandes puentes entre la creatividad y la realidad, la idea y su realización, la potencia y el acto. Considera la página en blanco como un espejo de tu mente, esto es, llénala con todo lo que pase por tu mente, sin limitarte ni contenerte. Escribe, dibuja, divaga: algo quedará de ello.

 

4. ¿Puedes reagendar o acortar tus actividades de la semana?

A veces dedicamos más de lo que deberíamos a ciertas actividades que bien podrían pasar a otro momento del día o durar menos. Si es posible, reconsidera ese tiempo empleado en reuniones, citas e incluso hábitos como revisar tus redes sociales o pasar tiempo ocioso en Internet.

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5. Adquiere el hábito de tener una lista semanal de pendientes

Más que para estresarte por todas las cosas que te faltan por hacer, esta lista hará que te des cuenta de todas las cosas que podrías no hacer, es decir, te ayudará a establecer tus prioridades.

 

6. Identifica tu top 3 del día

¿Para qué sirve esto? Básicamente para otro hallazgo significativo: de tu jornada habitual, ¿cuánto dedicas a lo que de verdad es importante y cuánto a asuntos prescindibles?

 

7. No dejes pasar muchos días sin hacerte preguntas trascendentes

¿Estoy en el lugar adecuado? ¿Hago lo que quiero con quienes quiero? ¿Qué es lo más importante para mí ahora? ¿Lo que hago me satisface? ¿En qué soy bueno? ¿En qué puedo mejorar? ¿Qué me gustaría hacer? ¿Qué me gustaría dejar de hacer?

Y si necesitas más inspiración, también puedes probar este inquietante cuestionario de Alejandro Jodorowsky.

 

8. Reserva un poco de tiempo para resolver grandes problemas

Los problemas del día a día conviven con otros problemas de mayor envergadura que resultan de la acumulación o que provienen de circunstancias que nos sobrepasan o que tienen otros orígenes más allá de lo que somos y lo que nos concierne. Con todo, nos afectan y, por ello mismo, es posible que exista un punto en el que podamos incidir, una pequeña zona en la que nuestra acción genere un cambio al respecto. Al sólo pensar, piensa también en cómo podrías solucionar esos “grandes” problemas.

 

9. Finalmente, reserva tiempo para pensar en cosas nuevas

Pocas cosas tan satisfactorias y estimulantes como dejar divagar la mente pero con cierto objetivo como guía: la creatividad. Dedica un poco de tu tiempo a pensar en cosas nuevas, sea para tu vida, tu trabajo, tus relaciones, tu casa, tu comunidad o cualquier otro aspecto de tu existencia que creas que puede ser mejor de lo que es ahora.

 

PS/ Terminamos con este video que, con silente elocuencia, muestra las obras y alcance del pensamiento en acción (del cual, además, hemos tomado las imágenes que ilustran esta nota).

 

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