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Una invitación al viaje sin la necesidad de recurrir a agentes externos para probar el néctar de las más altas frecuencias de la conciencia

Hace un par de años el doctor Thomas Roberts planteaba que alterar la propia conciencia es un derecho humano inalienable, incluyendo así el uso de psicodélicos como un proyecto de legislación humanista. De la misma forma que utilizamos aplicaciones, tecnología, medios y todo tipo de aparatos y alteramos los ambientes en los que nos movemos y que podemos hacerlo libremente, es parte esencial de nuestra libertad subir en nuestra "biocomputadora" aplicaciones mentales, programas, ideas, códigos, sustancias, etc. Después de todo, esto pasa de cualquier forma, por ejemplo, un programa de TV, naturalmente, en mayor o menor medida, programa nuestra mente. La comida, el aire que respiramos, los libros que leemos, de alguna manera también alteran nuestra mente. Así que, ¿por qué no tomar cartas en el asunto y actuar proactiva y discriminatoriamente, controlando y decidiendo lo que consumimos en todos los aspectos, sutiles y burdos? 

Si bien estoy de acuerdo a grandes rasgos con la propuesta de Roberts, especialmente en cuanto a su argumento de tomar conciencia de que las drogas psicoactivas son "psicotecnologías" pero que también la información en sí misma es una droga, me parece que mucho hemos glorificado los estados alterados de las drogas (me incluyo en esta tendencia) y que si bien tienen un importante potencial de autoconfigurar la mente y liberarnos de ciertas estructuras programativas de la cultura colectiva --el sistema operativo consensual-- tienen mayores riesgos y existen herramientas más seguras, quizás menos deslumbrantes y que requieren más de nuestro esfuerzo, pero que por eso mismo también brindan mayores recompensas.  

Como apunta Terence McKenna en su libro Food of the Gods, el hombre tiene una especie de instinto de exploración natural ligado a su deseo de conocer, de conocerse a sí mismo y de conocer el mundo --de la misma manera que parecería aberrante prohibir la exploración de nuevos continentes y nuevos planetas, prohibir la exploración de nuevas dimensiones y reinos mentales va en contra de nuestra naturaleza. El barco, la nave, el cohete a la luna de la psique, a veces es un hongo. Nuestra relación con las plantas psicoactivas es entrañable y duradera y no tiene por qué concluir, puesto que como toda relación biológica entre la inteligencia humana y los diferentes seres vivos tiene una cualidad de simbiosis que se desdobla como unidad evolutiva (la conciencia de ser una sola conciencia que encarna y se mueve hacia adelante: un destino futuro que se parece al origen, a la fuente). Dicho eso, y sin negar la puerta verde de la inteligencia vegetal, la cual según William Blake estaba conectada a la inteligencia divina, a manera de cultivar también el propio jardín de la mente de forma autosustentable y poner a prueba nuestra naturaleza psiconáutica, quiero abrir aquí un abanico, a manera de invitación (la seducción de una Alicia de la Mente, hacia el Otro Lado) en el que se muestren las diferentes técnicas que pueden llevar sin asistencia externa, sin el consumo de agentes que socialmente hemos llamado drogas --aun cuando sean mejor entendidos como aliados, plantas de poder, enteógenos, etc.-- y que contienen un estigma y una serie de predicamentos asociados. 

Después de haber experimentado con sustancias psicodélicas y probar las mieles que hicieron que los sabios de los Vedas consideraran a una planta --el soma-- como una divinidad y aquello mismo que diviniza (porque conduce  a través de una ebriedad a conocer los estados de conciencia, los cuales son equivalentes al estado de divinidad) es casi seguro que uno buscará repetir o regresar ardientemente a ese estado que aquí hemos llamado de elevación de la conciencia. Muchas veces con las drogas estos estados son evanescentes y no podemos recordar bien lo que vivimos o vimos, aunque tengamos la sensación de que por momentos nuestra percepción fue más clara y honda y nuestra sensación fue una de conexión, integración y armonía con las leyes y patrones de la naturaleza. Sin embargo, cuando llegamos a estos estados utilizando otras técnicas nos es más fácil constatar los cambios, las mejoras, los resultados: tenemos más tranquilidad para autoobservarnos y ponernos a prueba en situaciones ordinarias, las cuales debemos resolver con mayor soltura. Es más fácil regresar a esa tierra mágica cuando hemos llegado sin magia. Esto también nos otorga un benchmark, una tierra firma para seguir creciendo y cultivando con mayor constancia y seguridad; a fin de cuentas no se trata de una carrera o de la búsqueda de una única visión redentora, de un relámpago, de un genial hack que nos otorgue la iluminación --esto, aprendemos poco a poco, es cuestión de toda la vida, un viaje enorme (toda la vida un único viaje, un contínuum mente-tiempo-espacio). De otra forma uno puede convertirse en un experto psiconauta de DMT o ayahuasca y seguir atravesando umbrales en dimensiones sutiles, e ir accediendo a planos más altos, pero, siendo sinceros, ¿cuánta continuidad, cuánta confiabilidad tenemos de que estamos trabajando siempre sobre la misma base, y plantando semillas que darán frutos que podemos utilizar, o que el viaje nos otorgará las mismas condiciones de trabajo siempre? Y, ¿cómo comprobar, en esa maravillosa cascada visionaria, que estamos ante lo que Terence McKenna llamaba "alucinaciones verdaderas"? 

Me gusta la siguiente imagen para comparar las técnicas internas de observación y expansión de la conciencia a diferencia de las tecnologías del éxtasis que requieren el consumo de un agente que realiza una operación en nosotros. Los dos nos llevan a la cima de una hermosa montaña, un majestuoso pico diamantino en un cielo puro y resplandeciente desde el cual podemos ver el mundo con una visión privilegiada, lo que se llamaba el ojo arquímideo, por un momento, más allá de las nubes de la mente, en ese salto de la conciencia hay una suerte de omnividencia y omnisciencia, las propiedades sublimes de la mente purificada. Esta visión puede pasar su luz sobre nuestra vida, sobre nuestros recuerdos, nuestros traumas y complejos, posar una clara y comprensiva mirada que cura, al tener esta perspectiva de inmensidad ante la cual nuestros problemas se reducen a su dimensión real (generalmente insignificante ante la enormidad cósmica que nos recibe), son opacados por la belleza del gran proceso universal en marcha perpetua: somos gota en el mar (y no hay mucho de que preocuparnos: nos abraza la mar, la madre infinita). La diferencia estriba en que los psicodélicos generalmente --más allá de que tengamos que pasar una tribulación condensada, toda una muerte simbólica, un descenso al inframundo de nuestra mente subconsciente-- nos llevan a esta cima con una especie de elevador o helicóptero o un artefacto veloz y que por momentos parece mágico, el cual nos deposita en esta cumbre. Arriba quizás sea lo mismo, la misma posibilidad de conocer esta realidad que brilla con mayor intensidad, como si fuera más real. Pero con una técnica como la meditación, por ejemplo, uno tiene que aprende a escalar y a subir cada parte de esta montaña, con sus diferentes obstáculos; a perseverar, a seguramente no subir de golpe, a caerse, a detenerse cuando es mejor, a ir poco a poco, a cultivar la virtud y obtener el mérito sin el cual la cumbre no permite ser conquistada, etc. El resultado al final es que uno aprende a subir por sus propios medios y descubre que la montaña está dentro, siempre ahí, un pico flamante. Subir la montaña entonces se convierte en un ensayo de liberación. 

El lector puede consultar la segunda parte en la que se enlistan diez técnicas o temas que creo pueden detonar un estado de conciencia similar a aquellos producidos por los psicodélicos --es decir, que manifiestan el alma o la mente y de alguna manera liberan un torrente de percepciones que, si somos lo suficientemente atentos, podrán ampliar nuestro autoconocimiento y proveernos de herramientas para transformar nuestra conciencia e incluso reflejar esta transformación en nuestros actos, en la vida cotidiana, bajar del viaje con las joyas de la cima de la montaña. Podemos tomar esta serie de artículos como un desafío para psiconautas que se precian de llamarse así, que tienen el sincero amor del surf interno, esa marca del sabio, el santo, el vidente y el mago del caos, el deseo puro (tal vez el único puro de los deseos) de conocerse a sí mismo, como fue escrito en Delfos y que repetimos aquí al ver nacer una ola de pensamiento en la mente que nos llama a deslizarnos.

LEE 10 FORMAS DE ELEVAR LA CONCIENCIA SIN TENER QUE UTILIZAR DROGAS PSICODÉLICAS

 

Twitter del autor: @alepholo

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Hace unos días lanzábamos algo entre una invitación y un reto a la exploración de la mente y el cuerpo sin sustancias psicodélicas, con fines de expandir la percepción y la conciencia. Esta exploración interna, creemos, está alineada con el principio que han enarbolado todos los sabios, santos y videntes de todas las eras y que fue inscrito indeleblemente en Delfos: "Conócete a ti mismo". Mirar hacia adentro y descubrir un universo, infinitamente profundo, con toda su geografía fractal, con las mismas joyas resplandecientes y diáfanos manantiales que la imaginación religiosa sitúa en el cielo.

Ahora cumplimos con lo que prometimos y exponemos aquí una serie de técnicas y recursos para alcanzar los estados más altos y sutiles de la conciencia, que muchos sólo hemos acariciado con la ayuda de poderosas drogas psicodélicas. Tales vuelos asistidos difícilmente son sustentables y, sin embargo, el deseo e incluso la necesidad --una sed mística-- perdura. Así que debemos mirar hacia otras sendas que podamos recorrer con seguridad aunque sean más largas y requieran que nos tomemos nuestro tiempo: festina lente. En esto podemos seguir los pasos de personajes como Richard Alpert, el colega de Tim Leary en Harvard, corresponsable de desatar la revolución psicodélica de los 60, promoviendo el LSD y otras sustancias psicodélicas como mecanismos de liberación de la mente, pero quien abandonó esta vía para convertirse en el piadoso Ram Dass y entregarse al yoga supliendo así su necesidad de experiencias de comunión. O seguir el consejo de Alan Watts, uno de los divulgadores del budismo zen en Estados Unidos, quien después de experimentar con psicodélicos señaló: "una vez que has escuchado el mensaje, cuelga". No sólo colgar, sino después de escuchar la voz de la planta, la inteligencia planetaria crisálida en nuestra anatomía oculta, ponerse a trabajar, a sembrar y cosechar ese mismo jardín desde donde habla lo que Terence McKenna llamaba el Logos de Gaia. 

Haciendo memoria noto que una de mis citas favoritas del infinitamente citable Terence McKenna, el gran gurú porrista de las drogas psicodélicas, es la sencilla "Pay attention and breath" ("Pon atención y respira"). McKenna probablmemente está dando un tip para el psiconauta que toma una "dosis heroica" de hongos o DMT en la oscuridad, y navega a velocidad acelerada el hiperespacio de la mente --ese teatro que contiene todos los espacios posibles. La frase, sin embargo, encaja casi con cualquier técnica de meditación y mindfulness de cualquier tradición. Pienso que podemos aplicarla como la brújula de una nave que no cruza realidades alteradas sino la realidad misma, ese mar infinitamente rico en paisajes y en apariciones. La respiración es "la correa" de la mente, con la cual se doma al mono que cambia de rama, al toro de los viejos textos zen o al elefante salvaje que todo lo destruye (la mente sin control). Podemos acceder a un estado de conciencia más elevado del que teníamos y que sin embargo es ecuánime y navega sereno a la altura justa, con las olas y con el viento. Ir al ritmo de la naturaleza, una sincronización de nuestra mente con el tiempo del Sol y los planetas, una sensibilización a los elementos y sobre todo un estar atentos a la respiración y a lo que ocurre aquí y ahora. 

Una buena bocanada de aire puede abrir un portal dimensional, puede enviarnos directamente al ojo de la galaxia, al lago de Mnemósine donde según Platón las almas reveían los arquetipos, la geometría divina, esas formas puras y brillantes de las cuales está tejida la piel del cosmos. El aire es en todas las tradiciones el vehículo del espíritu (respiración y espíritu tienen la misma raíz). El aire, el prana, nos puede llenar de la energía vital necesaria para elevar la conciencia de la base de la columna hacia la cabeza, cascabeleando y removiendo impurezas con su vibración ascendente, hasta despertar con ese zumbido de cigarras eléctricas a la glándula pineal, ese ojo antiguo, que según Madam Blavatsky al activarse permite que veamos el universo entero en un instante. El término chino qi, o chi, expresa perfectamente esta noción: significa tanto energía como aire e incluso algunos maestros de qi gong le atribuyen también la cualidad de ser información. Energía-información-aliento, una tríada para elevar la conciencia al firmamento. El qi se transforma en la alquimia interna china (neidan) a través de una serie de técnicas de respiración y visualización en espíritu (shen), el shen es el vínculo con el cielo, con la inmortalidad. O en sánscrito "akasha", término que significa espacio o éter pero que también está asociado con la memoria y la conciencia. En uno de los Upanishad se dice que brahman (Dios, la conciencia suprema) es lo mismo que akasha, el espacio en su inmaterialidad es la mansión divina, la totalidad de las formas y manifestaciones en estado puro y latente, una energía inconmensurable disponible para quien aprenda a alimentarse del vacío, a beber de esa fuente informe e inagotable. 

Sin más preámbulo, enlistamos y comentamos algunas de estas técnicas, sin querer hacer una lista exhaustiva, al contrario, como un primer acercamiento, un esbozo de un plan de trabajo, el cual sería estupendamente complementado por las técnicas y experiencias que los usuarios agreguen en los comentarios.  

 

Qi gong y neidan

En la década de los 80 se produjo en China una "fiebre del qi gong", con millones de personas practicando diariamente este "entrenamiento de la respiración" o "trabajo de la energía" (alternativamente traducciones de qi gong) en los parques de este inmenso país, con el auspicio de las altas jerarquías del Partido Comunista. Desde que a finales de los 40 militares chinos se encontraran con viejas técnicas de respiración y gimnasia meditativa, y algunos altos mandos aparentemente lograran curarse de serias enfermedades utilizando estas prácticas, el qi gong se fue popularizando hasta llegar a un nivel de histeria masiva. Esto se detuvo luego de que con el desdoblamiento de diversos qi gongs, como el falum gong, que sostuvieran conducir a poderes supernaturales, y con el incremento exponencial de la charlatanería, se revirtiera la política e incluso se lanzara una persecución estatal a diversos maestros, y en general se viera con malos ojos a todos los practicantes, incluyendo a aquellos alejados de la usura, depositarios de una preciosa tradición.

David Palmer, en su libro Qigong Fever, describe al qi gong como una "tecnología del cuerpo" y podemos considerar que es una actualización o modernización de técnicas taoístas de alquimia interna (neidan), las cuales han sido combinadas con conocimientos de medicina moderna y medicina tradicional china, al igual que con aspectos de otras tradiciones como el budismo y las artes marciales. La función principal del qi gong es el mantenimiento de la salud a través del equilibrio y la circulación de la sangre y la energía en el cuerpo. Algunos hospitales (no sólo en China) han admitido el qi gong como un método de tratamiento para ciertos padecimientos. El qi gong, sin embargo, puede utilizarse también para aumentar el desempeño cognitivo, como es el caso del Zhineng Qigong del médico Pang Ming, y en niveles más altos puede utilizarse como una práctica espiritual justamente para percibir la energía del cuerpo y del cosmos y purificar el cuerpo a través de la circulación dirigida del qi. Son famosas las "bolas de energía" que fabrican los maestros de qi gong y tai-chi, pero más allá de esta curiosidad, el qi gong es todo un sistema para sensibilizarse a los movimientos energéticos y a los efectos y bondades que tiene la energía. En el qi gong, como en los ejercicios taoístas, el hombre se concibe como el eje que conecta al cielo con la tierra (un microcosomos) y el trabajo se orienta a hacerse como el cielo (transformar el yin en yang puro) y recibir los dones celestiales.

El neidan o alquimia interna es una disciplina más esotérica, con principios similares, pero cuyo foco es esencialmente la fabricación y purificación de sustancias o elixires dentro del cuerpo para elevar la conciencia y alcanzar la inmortalidad. Lo que en la alquimia occidental se realiza en un laboratorio, separando y purificando metales, en el neidan se realiza dentro del cuerpo humano. Según el gran maestro Zhang Boduan la práctica de la alquimia interna consiste primero en el cultivo del xing (naturaleza) y el ming (vida). La segunda etapa es "refinar la esencia para transmutarla en aliento". La tercera es "refinar el aliento para transmutarlo en espíritu" (según el erudito Fabrizio Pregadio, el trabajo del xing tiene prioridad al del ming). Y en la cuarta etapa se trata de "refinar el espíritu para transmutarlo en vacío" y sólo se trabaja en el xing.  

El neidan y el qi gong son excelentes simientes que pueden combinarse con otras técnicas, ya que vienen de una tradición vitalista que se dedica fundamentalmente a cultivar la energía y alcanzar el equilibrio con la naturaleza, esto permite tener sólidos fundamentos, salud y fuerza para una labor larga. Quizás la hierofanía o el estado de fusión divina con el universo esté a décadas (o incluso vidas) de distancia, y por ello también hay que cultivar los aspectos que permiten sostener este esfuerzo.

 

Alquimia (artes herméticas)

La versión occidental de la alquimia como la conocemos actualmente también provee una base para la expansión de la conciencia  y de hecho requiere que el practicante en su paso hacia convertirse en un adepto refine, a la par que trabaja en el laboratorio de manera externa, su propia percepción (como es adentro es afuera, y viceversa). El momento triunfal de la transformación de la materia es en esta poética tradición descrito como la aparición del cauda pavonis, la cola del pavo real: el practicante experimenta la visión de una luz iridiscente en el crisol o en el espacio de su laboratotio. En un artículo anterior tracé las similitudes entre este hito de la percepción en el trabajo alquímico y algunas famosas experiencias psicodélicas, incluyendo el temprano descubrimiento de Terence McKenna de que los psiconautas en realidad viven persiguendo "una cierta iridiscencia", la cual es como las alas de una mariposa en la luz del Sol.

Adam McLean, el erudito de la alquimia, nos dice que la etapa de la cola del pavo real es “la experiencia consciente del cuerpo astral”, una prueba más en la evolución espiritual del adepto: inicialmente “los aspectos negativos distorsionados del propio ser pueden predominar y aparecer como un dragón alado, pero a través de la purificación, la belleza completa y el esplendor del cuerpo astral se revelan en la cola del pavo real”.

La irradiación del ángel pavo real dentro de la cocina alquímica es sólo una manifestación, más o menos metafórica, de la visión depurada que es capaz de percibir los siete poderes creativos, un abanico de la totalidad, la luz misma aprisionada en la materia. Pero la alquimia en sí misma es una plantilla para experimentar los grandes procesos cósmicos en operación y obtener un insight de participación en los mismos. Es decir, el alquimista al estudiar la relación entre los diferentes metales y sus correspondencias y al poner en práctica los principios de su filosofía, experimenta las leyes cósmicas que lo mismo aplican en el horno de su laboratorio que en el horno de las estrellas donde se fabrican el oro y la plata o en su propio horno interno donde los alimentos son descompuestos para que el cuerpo pueda aprovechar sus "espíritus". Es por ello que la alquimia se basa en la correcta comprensión de la ley de la analogía expresada en el adagio hermético como es arriba, es abajo; como es abajo es arriba.

Otro aspecto que no se debe en ninguna medida desestimar es el acto concreto de la fabricación de elixires y sustancias alquímicas y espagíricas, las cuales pueden elevar o alterar el estado de la conciencia (una práctica que sigue viva). Es difícil decir si esto califica como una "droga psicodélica" --por ejemplo fabricar un poco de oro líquido o un extracto de Venus bajo principios de magia astrológica-- pero en todo caso la labor contiene la sublime enseñanza de un conocimiento práctico y de una experiencia de transformación no sólo en la ingesta de la sustancia sino en todo el proceso, lo cual, en su afinidad con la alquimia, acerca al experimentador a la gnosis vivencial. Asimismo, algunos reportan estados de gran agudeza en la conciencia al participar en la práctica de recoger el rocío de primavera, el precioso líquido perlado con el cual se preparan ciertas medicinas, bajo la creencia de que esta delicada sustancia atrapa el espíritu universal, un fuego celeste que en contacto con la tierra se fija en una sal. 

Carl Jung ha sido muy criticado por alquimistas practicantes al intentar reducir todo el trabajo alquímico a aspectos psicológicos (donde la piedra filosofal es la individuación de la psique). Si bien ciertamente Jung ha hecho algo de daño a la vieja tradición en su aspecto metalúrgico y desviado la atención de ciertos aspectos prácticos que no pueden obviarse, también es cierto que la alquimia, como una ciencia de transmutación de lo impuro en lo puro, de lo burdo en lo sutil, tiene una analogía con todo tipo de labor psicológica de purificación y transformación, la cual podemos aplicar a nuestra vida cotidiana, especialmente si no tomamos las cosas de manera literal y somos sensibles a la riqueza psicoactiva de los símbolos y las metáforas. 

  

Meditación (samadhi)

Existen innumerables técnicas de meditación y ciertamente la meditación tiene que ser, de manera general, la técnica por excelencia para acceder a un estado más alto de conciencia. Para acotar este inmenso páramo de posibilidades que tiene la meditación, cuya constante es la observación de los procesos de la mente y de la misma respiración, hacemos aquí hincapié en la meditación de la tradición budista ligada al segundo factor en el que el Buda divide su enseñanza del óctuple sendero para alcanzar la iluminación. Junto con shila (moral) y prajna (sabiduría), Gautama Buda incluye al samadhi (concentración o dominio de la mente) en las tres piedras angulares de su sistema de liberación. Una de las formas de meditación más difundidas en el budismo, el shamata, se identifica con el samadhi. Algunas interpretaciones han ligado, quizás un tanto apresuradamente, el samadhi con la iluminación, pero al menos es un proxy de la paz nirvánica y de algunos de los siddhis atribuidos a Buda, como es la omnisciencia. Cuando la mente se logra calmar es posible entrar en un estado de trance meditativo, el cual Patanjali en sus Yoga-sutra llama samadhi, el cual constituye el aspecto final del yoga, y restituye al practicante a un estado de dicha constante. Curiosamente el psiquiatra John Lilly, en sus experimentos con sustancias psicodélicas en tanques de privación sensorial, catalogó sus estados más elevados como diferentes números de samadhi.

Una forma de iniciarse en el samadhi es practicando meditación shamata y también anapana. Para el practicante que no se encuentra dentro de una tradición, puede consultar los libros del doctor Alan Wallace o buscar asistir a un curso de meditación vipassana. 

* Debe mencionarse que todas las tradiciones religiosas y esotéricas practican una forma de meditación. Tenemos desde la meditación de la contricción del clero cristiano hasta la complejísima meditación del Golem de los cabalistas, con la cual se construye un doble u homúnculo para entrar en contacto con la divinidad.  

 

Yoga

Con yoga ciertamente no me refiero a la moderna práctica de esta disciplina ligada al fitness y la cual ha sido despojada de su verdadero significado, el cual tiene en las asanas y posturas, que constituyen el grueso de la práctica en Occidente, una mera actividad preliminar para encaminar al practicante a la unión con lo divino, que es lo que significaba para los antiguos el yoga, una disciplina que busca la comunión o el éxtasis divino. La modernidad, todo pasándolo por el filtro del capital, ha hecho del yoga una práctica secular, desdiosada y mayormente lite en la que cualquiera puede tener una experiencia de relajación o moldear su cuerpo para ajustarse a las presiones de la belleza paradigmática, pero difícilmente se encuentra el estado místico descrito por los antiguos textos con sólo aumentar nuestra flexibilidad. Yoga es en cierta forma toda actividad que nos acerca con lo divino, con el brahman, con la esencia espiritual de las cosas y, sin embargo, las tradiciones yógicas de la India tienen una serie de prácticas esotéricas bastante precisas y detalladas para producir efectos tangibles y operar sobre el cuerpo en su plano sutil. No es una espiritualidad difusa o sugestiva, sino que se trata de un sistema específico para conseguir activar ciertos centros energéticos e incluso conseguir la liberación del espíritu y alcanzar un estado de inmortalidad. En algunas tradiciones se dice que el cuerpo humano es el mudra de la divinidad, y bajo cierta correspondencia gestual con los principios arquetípicos del cosmos se convierte en un conductor de la energía divina.  

Siguiendo el texto tántrico Sat Chakra Nirupana, Arthur Avalon en su libro The Serpent Power explica el proceso de despertar la energía kundalini de la base de la columna, el primer chakra en el que habita la diosa Shakti, consorte del dios Shiva, quien simboliza la conciencia y quien habita en el chakra de la corona de la cabeza, simbolizado por una flor de loto de mil pétalos. La unión que ocurre en la corona o fontanella es en el yoga tántrico la unión de atman con Brahman, del individuo con el Uno que es Todo. Arthur Avalon describe este proceso: Devi Kundalini, "cuando llega a los lotos", por el canal [nadi] llamado nadi-Brahma, "brilla en todo su esplendor en los lotos" y "en su forma sutil, fina como la fibra de loto, se acerca a Shiva, quien es el Goce Supremo, y quien está en su forma de Bindu, en el pericarpio de Sahasrara", esto llena al "sadhaka", al practicante, del "goce de la suprema liberación". Es decir, en nuestro cuerpo se unen los dos principios cósmicos esenciales, la pareja divina en su eterna ebriedad erótica, la energía y la conciencia. En el Sat Chakra Nirupana se habla de un punto (bindu) difícil de lograr, "el cual es la llave de la liberación" y donde también se dice que reside Parama-Shiva, "el Brahman y atman de todos los seres". Este punto es descrito como "sunyata", el gran vacío y, Avalon explica, "puede ser logrado sólo con gran esfuerzo e incesante desempeño practicando dhyana" (meditación). Se dice también que en este bindu chakra se produce el amrita, el néctar de la inmortalidad. 

Como sabemos hoy el habitante de una ciudad en casi cualquier parte del mundo tiene una oferta amplia de diversas corrientes de yoga, algunas serán más atinadas que otras para sus expectativas, pero me parece que lo importante es que se profundice en las técnicas, que se instale el conocimiento dentro de una tradición y que se lleve toda práctica hacia su finalidad que es, reitero, la unión con un principio divino o con una esencia espiritual. Uno puede hacer todos los "perros bocabajo" o "cobras" que quiera pero hay que recordar que todo esto está supeditado a la unión con lo divino y a la experiencia de la verdad. De otra forma se pueden hacer estas posiciones, y no hay nada de malo en ello, pero no se estará haciendo yoga. 

 

Mantra

En la literatura védica se dice que los rsis, los videntes, en estado de comunión mística, vieron los himnos brillando en el cielo; es decir, los textos védicos son fórmulas reveladas que contienen no sólo un contenido litúrgico sagrado sino que son sonidos que formulan la esencia de la divinidad, vibraciones que conectan con las fuerzas cósmicas. Es por ello que deben recitarse en voz alta por horas y horas en los sacrificios, de esta forma llevando al sacrificante a un estado de conciencia que busca entablar una correspondencia con la divinidad. Se dice, por ejemplo, que el Om contiene en una sílaba el principio creativo del universo. Tal vez esto nos parezca como una magia muy alejada de nuestra vida moderna --especialmente cuando hablamos lenguas que no tienen gran conexión entre el sonido de las palabras y las cosas que describen y por lo cual no nos acercamos a la realidad desde una perspectiva de vibración y no concebimos que nombrar algo sea una forma de invocar e incluso de actuar físicamente sobre la naturaleza. Pero como siempre es necesario poner en práctica y probarlo por nuestra propia cuenta, abrirnos a la posibilidad de que si todas las cosas son esencialmente vibraciones en el espacio (algo que es cierto a nivel cuántico), y todos los cuerpos pueden reducirse a una ecuación matemática que a su vez se puede expresarse como sonido y como un patrón oscilatorio, entonces repetir ciertos sonidos puede tener efectos sobre nuestros cuerpos y alterar nuestra conciencia.  

La palabra "mantra" proviene de "manas", mente, así que podemos decir que son sílabas que transmiten una cierta energía psíquica. Los mantras, se dice en el hinduismo, son fórmulas que encierran la conciencia de las diversas divinidades. Según el erudito en el estudio del vedanta, Frits Staal, los mantras podrían ser más antiguos incluso que el lenguaje, y originalmente no tendrían un significado sino que serían solamente exclamaciones numinosas, quizás el primer balbuceo con el que hombre se acerca, a manera de resonancia, a los dioses. Recordemos que coinciden las más diversas historias de creación en que el universo fue creado con una palabra o un sonido. En ninguna tradición queda más patente esto que en el shivaísmo tántrico, donde el universo entero es concebido como sonido, frecuencia y vibración.

El uso de mantras y yantras, vocalización y visualización, puede englobarse dentro del tantra, un término que estrictamente refiere a una categoría de textos pero que tiene la acepción de la unión divina entre ciertos dioses y diosas y sus vehículos humanos. El tantra tiene también su contraparte en Occidente con la teúrgia, como la que practicaban filósofos neoplatónicos como Jámblico y la cual constituye un arte de elevarse hacia lo divino.

 

Mandala 

Los mandalas y los yantras en diversas tradiciones orientales, en un sentido menos esotérico, al igual que también con los mantras, son utilizados como herramientras para la meditación, para concentrar la mente o inspirar a los practicantes con una geometría sagrada y una serie de símbolos que transmiten los valores principales de una religión o filosofía. Sin embargo, estos objetos, que pueden ser físicos o mentales, constituyen en sí mismos todo un camino de desarrollo espiritual, particularmente dentro de ciertas escuelas del budismo tibetano. 

Una rápida introducción al sistema de los mandalas puede entreverse en este fragmento tomado de un texto de Manly P. Hall sobre el paraíso del oeste de Amitabha:

En ciertas disciplinas meditativas shingon, el mandala o el diagrama psíquico compuesto, primero es considerado como una imagen dibujada en una superficie. La imagen que cuelga de una pared es una puerta cerrada. A través de la contemplación se logra abrir la puerta. En la secta zen, el discípulo debe visualizar esta puerta, provocar que se abra en la pared y finalmente si su fe y su valentía son perfectas, podrá atravesar la puerta hacia el Vacío...

El místico budista bien puede sostener que estos mandalas dejan de ser pinturas. La naturaleza búdica en nosotros empieza a irradiar, y los mandalas resplandecen, no con su propia luz, sino con la luz de nuestros corazones. Este cobrar vida de la Ley [Dharma] es parte de la experiencia de meditación. Simbólicamente al menos, descubrimos que la imagen de Amitabha es una proyección del poder de Amitabha en el núcleo de nuestro ser. Recordar a Buda en la imagen abre la puerta para recordar al Buda de nuestro ser. Este ser búdico se vuelve cada vez más significativo mientras contemplamos este misterio. El mandala parece desvanecerse, y con él todas las cosas externas. La semilla de Buda en nuestro ser empieza a estremecerse, y a su alrededor brilla luz de su inmortalidad. Es en este momento, según la doctrina de la Tierra Pura, que el ser psíquico se vuelve consciente del universo psíquico en el que vive realmente. Es en este momento, también, que la semilla de la eternidad cae en la alberca de Amitabha [en el Paraíso del Oeste] para convertirse en el loto de nuestra promesa de liberación. La semilla es la primera experiencia mística de un hombre, la primera conciencia de su propia existencia infinita.

 

Oración

La oración o la plegaria es el método predilecto de adoración y recogimiento místico de los tres grandes monoteísmos, y seguramente no es necesario introducir esta práctica. Pero quiero llamar la atención hacia una forma de oración en la que el componente místico queda mucho más claro. Esto es lo que Henry Corbin llama "oración creativa" a partir de la obra de Ibn Arabi, el gran místico sufí de Andalucía:

La oración no es una petición de algo: es la expresión de un modo de vida, un medio de existencia y de causar que algo exista, eso es, un medio de causar al Dios que se revela a sí mismo para aparecer, de "verlo", no seguramente en su esencia, sino en la forma en la que Él se revela a Él mismo por esa forma. Esta perspectiva de la oración estremece el suelo que pisan aquellos que ignoran completamente la naturaleza de la imaginación teofánica como creación, y que argumentan que un Dios que es la "creación" de nuestra imaginación debe de ser completamente irreal y que no tiene sentido rezarle a un dios semejante. Pero es precisamente porque Él es una creación de la imaginación por lo que le oramos a él, y que Él exista. La oración es la forma más alta, el acto supremo de la Imaginación Creativa. Por virtud de compartir roles, la divina compasión, como teofanía y como existencia que manifiesta el universo de los seres, es la Oración de Dios aspirando emanar de su estado de desconocido y ser conocido, mientras que la Oración del hombre logra esta teofanía porque en ella y a través de ella la "forma de Dios" (surat al-Haqq) se hace visible al corazón, a la Imaginación Activa, que proyecta ante ella, en su Qibla, la imagen, cuyo receptáculo (forma epifánica, mazhar) es el ser del devoto en la medida de su capacidad. Dios ora por nosotros, lo que significa que se epifaniza él mismo, en tanto que Él es el Dios a quien y por quien oramos (eso es Dios, quien se epifaniza Él mismo ante nosotros y por nosotros)...

En otras palabras, simplificando esta compleja y hermosa argumentación de Corbin, según el misticismo sufí orar es una forma de crear a la divinidad que somos, de establecer una interfase con Dios en nuestro interior, lo cual sólo es posible (crear a Dios con nuestras palabras, fe e intención) puesto que nosotros somos esa divinidad que anhelamos. O como señala el crítico Harold Bloom: "la oración gnóstica es gnosis primordial: conoces al tiempo que eres conocido", se diluyen las fronteras entre la persona individual y el objeto de su oración, nos convertimos en aquello que conocemos con el furor de nuestra mente.   

 

Música 

Personajes como Marsilio Ficino y Pitágoras utilizaron la música como medicina, para a través del ritmo y la armonía conducir a la mente a un estado de tranquilidad, exaltación o reflexión. Pitágoras es famoso por supuestamente poder escuchar la música de las esferas, el sonido de la gran maquinaria cósmica, la naturaleza como una orquesta perfecta. Esto es seguramente una metáfora, pero de todas maneras nos revela un estado de conciencia agudo, el cual sintoniza la realidad en su aspecto más sutil. "La realidad es un sonido que debes sintonizar", escribe Anne Carson. Así tenemos esta doble vertiente de la música, que nos lleva a un estado de conciencia más alto, pero que a su vez debemos aumentar nuestra sensibilidad para poder apreciarla en su invisible esplendor y acceder a sus beneficios espirituales.

En la mitología de la antigua Grecia tenemos el ejemplo de Orfeo, el gran músico que viajó al inframundo en búsqueda de su amada y cuya lira llevaba a la locura a ciertos seres de la naturaleza y a otros lograba hipnotizar. Se dice incluso que la música de Orfeo era capaz de hacer que las piedras y los árboles entraran en movimiento como si fuera una viento sobrenatural. Orfeo lo mismo encarna el principio de la música celeste que eleva como el de la música melancólica que entristece y que lleva a la nostalgia y al lamento. De cualquier forma, simbolizan el poder de la música, capaz como ningún otro arte de operar sobre las emociones. Después de ser despedazado por las ménades, se dice que su lira fue elevada al cielo como una constelación, para deleite de los Olímpicos. 

Hoy en día sabemos que la música tiene importantes efectos cognitivos, y que puede utilizarse para mejorar la concentración e influir en el estado de ánimo. De manera masiva, la música es utilizada para formar identidad entre los jóvenes y proveer experiencias de trance colectivo, las cuales reemplazan los antiguos misterios y ritos de iniciación.

El éxtasis de la danza ha sido sin duda una de las primeras tecnologías extáticas que ha conocido el hombre y la cual podemos calificar de una meditación en movimiento en el que se establece un vínculo --una magia simpática-- entre el sonido, el movimiento del cuerpo y la forma que toma, una especie de escultura dinámica que comunica imágenes externas e internas sirviéndose de la geometría y de impresiones sensoriales. De aquí por supuesto, la danza extática de las fiestas dionisíacas. 

Sabemos que grandes filósofos como Sócrates o el mismo Nietzsche practicaron la danza, Sócrates con sus alumnos en la mañana y Nietzsche de manera solitaria. El filósofo alemán escribió en alguna ocasión que no podría creer en un dios que no baila. 

 

Literatura

Aquí quiero diferenciar entre la forma y el contenido, aunque esta división no pueda ser llevada a cabo del todo. Lo que leemos, por su contenido informativo, nos puede programar para entrar en estados de conciencia alterados, especialmente si damos el paso de llevar lo que leemos a la práctica (o simplemente somos muy influenciables). Pero no me refiero a esto, me refiero a obras que son capaces de alterar nuestra conciencia base por su estilo, por su lenguaje poético y por el talento mismo del escritor de grabar en la concatenación de las palabras y en la estructura del texto un cierto estado mental que puede ser transferido. El escritor Stephen King de manera acertada ha comparado la escritura con una transmisión telepática. Marshall McLuhan dijo alguna vez: "He empezado a creer que el LSD tal vez sólo sea el Finnegans Wake del hombre perezoso". Creo que todos hemos experimentado textos que sin saber bien por qué --o simplemente anonadados por la fuerza torrencial de una nueva forma de procesar y concebir el lenguaje-- nos colocan en un estado de conciencia exaltada, aguda, sensibles a ritmos, sonidos y formas de ver el mundo que no habíamos sintonizado antes, que nos revelan de cierta forma una nueva dimensión de la realidad. Personalmente me ha ocurrido esto con novelas como Gravity's Rainbow de Thomas Pynchon, Ulysses de James Joyce, Paradiso de Lezama Lima, libros como Ka de Roberto Calasso, El templo del hombre, algunos textos de James Hillman (que son somo un jazz psicogénico) y por supuesto la poesía, especialmente en el caso de poetas como Rainer Maria Rilke, quienes en sus poemas tienen una clara preocupación por hacer de la poesía una forma de mirar el mundo, es decir una poética de la percepción.  

 

Respiración holotrópica

Para incluir algunas técnicas más modernas, las cuales tienen ciertamente sus bases en prácticas ascéticas antiguas, mencionamos aquí la respiración holotrópica, originalmente desarrollada por el psicólogo transpersonal Stanislav Grof y la cual recientemente ha aumentado en popularidad. A grandes rasgos esto es un método que se basa en la hiperventilación y en otras técnicas de respiración para producir un efecto similar al LSD. Se deriva de la terapia asistida con LSD que Grof practicaba anteriormente y supuestamente permite acceder a planos del inconsciente colectivo donde se encuentran los arquetipos y los númenes. 

Una mención especial al modelo de la conciencia de ocho circuitos, primero propuesto por Tim Leary y luego desarrollado por Antero Alli, el cual aunque tiene su parangón directo con ciertas drogas psicodélicas, las cuales corresponden a cada nivel de este circuito, en teoría constituye una base para replicar los estados de conciencia de las drogas a través de la neuroprogramación y el hacking del sistema nervioso. Este sistema nos acerca de alguna manera a la magia y a la cibernética por igual, abriendo la puerta a las diversas aplicaciones y gadgets que en la actualidad permiten también estimular la mente y producir estados psicoactivos a través de la luz, la estimulación craneal, la biorretroalimentación y otras formas de estimulación. 

 

Twitter del autor: @alepholo