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La cultura islámica definió a Europa política y culturalmente en su origen y puede estar redefiniéndola actualmente

El cáustico conflicto que opone actualmente a lo que ha sido llamada la civilización occidental con la cultura islámica no es en ninguna medida algo nuevo o algo cuya causa principal tenga que ver con la reciente ola de terrorismo (el cual, hemos argumentado antes, no tiene un origen religioso sino político y ha sido cultivado por los mismos poderes occidentales que ahora son el objetivo del mismo). Como argumenta claramente Robert Kaplan en The Atlantic, la fricción (pero también la influencia cultural) entre el Islam y el cristianismo ha sido la relación definitoria del continente europeo en su historia. Y actualmente, de nuevo, el Islam está redefiniendo el continente con la migración.

En la antigüedad, Europa significaba el mundo que rodeaba el Mediterráneo, incluyendo África del Norte, lugar que era en épocas de San Agustín un centro igualmente importante de cristianismo. Con la progresión del Islam en los siglos VII y VIII, Europa fue acotada y las fronteras se fueron fijando como límites que separaban más que como vías de integración. Kaplan recuerda la frase de Ortega y Gasset: "toda la historia europea no es más que una gran migración hacia el norte". Ese norte que actualmente, más que nunca, es un símbolo (blanco) de prosperidad.

Dennis Hay explicó en su libro de 1957 Europe: The Emergence of an Idea, que la unidad de Europa como continente inició con el concepto de un cristianismo en "oposición inevitable" con el Islam, concepto que, como señala Kaplan, "culminó en las Cruzadas". En su clásico Orientalismo, Edward Said dice que el Islam definió a Europa culturalmente, mostrándole contra qué se enfrentaba. La identidad e incluso el nacionalismo (y el fanatismo) suele surgir como una forma de delimitar, de agruparse ante una amenaza real o solamente percibida. Un pueblo o un grupo de pueblos se une definiéndose a partir de aquello que no son y contra aquello que creen que pone en riesgo sus valores e intereses, en este caso el Islam. Europa construyó su identidad "como un sentido de superioridad" sobre el mundo árabe musulmán que rondaba en su periferia: "El imperialismo probó ser la máxima expresión de esta evolución: la Europa moderna, empezando con Napoleón, conquistó el Medio Oriente, envió académicos y diplomáticos a estudiar la civilización islámica, clasificándola como bella fascinante y --sobre todo-- inferior".

La influencia del Islam no puede reducirse solamente al aspecto de la defensa geopolítica que fue instaurando una identidad en Europa; también, de manera a veces olvidada, el Islam fue la gran fuente de las ideas clásicas --de la filosofía, la medicina, la astronomía, las matemáticas y la alquimia-- que se mantuvieron vivas en su seno, cuando Europa atravesaba el llamado oscurantismo de la Edad Media. Más allá de lo disputable que es este término, lo cierto es que desde el final de la antigüedad hasta antes del Renacimiento el Islam llevó claramente la batuta cultural, incorporando y avanzando sobre la filosofía de Aristóteles y otros filósofos y naturalistas griegos. A través de lo que hoy son España y Turquía y mediante el contacto o la introducción de pensadores musulmanes, las grandes ideas de la antigüedad llegaron a Europa, que se encontraba a siglos de distancia intelectualmente de lo que estaban produciendo algunas de las grandes capitales islámicas. Una gran cantidad de textos clásicos se hubieran perdido si no hubieran sido traducidos al árabe, lengua desde la cual luego se tradujeron a diversas lenguas europeas emergentes. Asimismo, en los 2 siglos que antecedieron al Renacimiento muchos de los pensadores más destacados de Europa en ese entonces viajaron a universidades musulmanas para estudiar, lo que de alguna manera contribuyó a forjar las simientes para lo que luego sería el renacimiento cultural europeo. (Este artículo de Wikipedia hace un recuento de las innumerables aportaciones tecnológicas y sapienciales que hizo la cultura islámica a Europa).

Actualmente, con la nueva migración y el conflicto bélico en Medio Oriente se abre la posibilidad de una nueva reconfiguración europea forzada por el empuje islámico. Kaplan advierte que Europa parece estar respondiendo "artificialmente reconstruyendo sus identidades culturales nacionalistas en la extrema derecha o izquierda, para contrarrestar la amenaza de la civilización que antes dominó". Así, podemos estar presenciando una exacerbación de algo que ya ocurrió: la historia se repite, pero nunca de manera idéntica; los mismos patrones recrudecen cuando no logramos aprender la lección.

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Estas 40 megaciudades dominarán el mundo en 2025 (y no las naciones)

Política

Por: pijamasurf - 04/16/2016

Un mapa de la consolidación de las grandes zonas urbanas del mundo, entidades que amenazan con suplantar en importancia a las naciones

En su nuevo libro Connectography, el autor Parag Khanna argumenta que existe un giro global hacia la concentración en grandes cúmulos urbanos que en cierta forma desplazarán a las naciones como centros de poder económico, gobierno y atracción turística. Como sabemos, la tendencia a dejar el campo para irse a vivir a las ciudades parece ser irreversible y grandes megalópolis están convirtiéndose en poderosas entidades. Khanna visualiza está tendencia al alza y habla ya de concentraciones como la gran zona californiana de Los Ángeles-San Francisco, la cual incluye a Silicon Valley y puede considerarse una potencia mundial por sí sola.

La tesis esencial de Khanna es que estas ciudades pueden compararse en importancia con países enteros, debido a que "la conectividad es más importante que el tamaño".

Las ciudades que se incluyen en su mapa tienen la característica de representar buena parte del producto interno bruto de la nación a la que pertenecen, además de "jugar un rol" como un "boyante centro global". En 2025 estas ciudades operarán ya como nodos semiautónomos y ejercerán un papel de primer orden en el mapa político global. 

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En Estados Unidos, por ejemplo, el "corredor Boston-Nueva York-Washington y Los Ángeles-San Francisco aportan alrededor de la tercera parte del total de la economía del país. Asimismo tenemos monstruos como la Ciudad de México que, en conjunto con su área conurbada, tiene más población que todo Australia, o la megalópolis Tokio-Nagoya-Osaka, que significa dos terceras partes de la población de Japón.

En total estas urbes concentran 75% de las compañías más grandes del mundo y son, según Khanna, una especie de Formula Uno que recluta y absorbe el talento de otras partes para comprimirlo en estos enormes cúmulos de capital humano y económico. 

En su novela Snowcrash, el autor de ciencia ficción Neal Stephenson imaginó una humanidad en la que las ciudades y las corporaciones que las dominan son más poderosas que los países. Quizás algo así suceda y una confederación Google-Facebook en California podría convertirse en una entidad de injerencia geopolítica de primer orden. 

Después de conocer esto, el lector tal vez sienta una urgencia natural de alejarse de la ciudad y recluirse en el campo, como un acto de diversidad y sanidad fuera de la uniformidad globalizada.