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Nuestro sol es capaz de producir una llamarada apocalíptica, según científicos

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/26/2016

Científicos han observado estrellas que producen "superflares", poderosos destellos capaces de arrasar con la vida

En 2012, analizando datos del Observatorio Kepler, un grupo de científicos notó que algunas estrellas tienen  la capacidad de producir un destello (superflare en inglés) de enormes proporciones, el cual en algunos casos podría destruir la vida en planetas aledaños --si es que hubiera vida. 

Después de ese descubrimiento, los investigadores se dieron a  la tarea de averiguar si nuestro sol tiene una capacidad similar. Una explosión solar como las que han sido observadas supondría una energía 10 mil veces más poderosa de lo que se registró en la Tierra con el evento Carrington en 1859, que perturbó el sistema telegráfico del planeta y que, de ocurrir en nuestra época, afectaría seriamente la cuadrilla electrónica del mismo.  

Según científicos de la Universidad Arhaus, nuestro sol sí tiene una capacidad de producir esta superflare, resultado de actividad magnética, aunque ya que no tiene un campo magnético tan grande como el de algunos de los astros explosivos que han sido observados, una llamarada escala apocalíptica sería rara, aunque posible.

Según los investigadores una superflare pequeña ocurrió en el año 775 a.C., de acuerdo con evidencia de anillos de árbol en Japón. Este evento habría sido entre 10 y 100 veces más poderoso que cualquier evento sucedido en la edad espacial, y sería un importante riesgo para nuestra tecnología. Para que ocurra algo así es necesario que una mancha solar --una zona de actividad magnética en el Sol-- ocupe más de 30% del radio total de la estrella.

Por el momento, no se puede determinar si nos tocará un evento solar tan poderoso, pero quizás si logramos vivir en el planeta cientos de miles o hasta millones de años --tal vez teniendo que hacer un "reboot" de nuestra civilización para preservar la Tierra-- sería muy probable vivir situaciones de este tipo.

 

(Con información de ScienceDaily)

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En el origen de la vida compleja está el maravilloso acto sexual de fusión

¿Puedes imaginar el primer acto sexual en el planeta? Tal vez imaginas a un prototípico Adán y a una Eva en el Edén, en un ardiente abrazo carnal bajo el árbol de la vida. No: en cambio, el abrazo informático y biológico de dos bacterias en un remoto origen. 

Así describe Jill Neimark el primer acto sexual (que además, para encender el candor biológico, fue sexo mutante) en un interesante artículo sobre la función evolutiva del sexo:

Alrededor de 2 mil millones de años atrás, dos procariontes --dos bacterias borboteando en la sopa primordial de la vida-- se unieron en lo que debió de haber sido el acto sexual original. Una invadió a la otra. Una comió, la otra fue comida, y ambas vivieron para contar la historia. Se fusionaron y con el tiempo, crearon algo asombrosamente nuevo. La invadida --la que fue comida-- evolucionó a ser una pequeña pero poderosa mitocoondria a lo largo de pocos millones de años. La otra evolucionó a ser un núcleo mucho más grande.

Esta es la endosimbiosis que está en el origen de la vida de los eucariontes. No sólo estamos conformados por un 90% de células bacteriales que forman nuestro microbioma; las células animales también tienen este origen dual bacterial. Las bacterias que ahora son las mitocondrias producen la energía que permite la explosión de la vida compleja en este mundo

Las mitocondrias, que son los motores biológicos, tienden a una serie de mutaciones erráticas, lo cual sin embargo es compensado por la reproducción sexual, que en un principio no parece ser una forma eficiente de reproducirse pero que permite la más rápida recuperación en los errores genómicos de las mutaciones. El sexo es un mecanismo de adaptación. El sexo y el amor son ciertamente dos cosas distintas, pero comparten tal vez un remoto origen, en un acto primero y en un deseo, luego, de convertirse en el ser que se desea, de hacer que dos sean uno.