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¿Mejor solo que mal acompañado? Las virtudes (y desventajas) de la soltería y la vida en pareja (VIDEO)

Por: pijamasurf - 03/31/2016

Esta animación explora los pros y contras de la vida en pareja vs la soltería, las dificultades de cada una y cómo el amor es sobre todo un proceso de madurez

El amor es complicado, de eso no hay duda, quizá, sobre todo, porque a la propia complejidad del sujeto se añade la complejidad de la relación con otro, esto es, con alguien más que posee su propia historia de vida. Desde cierto punto de vista puede decirse que conjugar ambas subjetividades en un vinculo es el gran desafío del amor –difícil, sin duda, pero no imposible.

Esto, además, tiene como horizonte de posibilidad una cultura que a su vez contiene innumerables ideas, conceptos y narrativas completas en torno al amor, los significados de qué es ser hombre y qué es ser mujer cuando se ama, la influencia de instituciones sociales como la religión o la familia, etc. En Occidente, por ejemplo, dos de las influencias mayores y más persistentes son los conceptos de “amor cortés” y “amor romántico”, que lo mismo se han expresado en poemas, obras de teatro, novelas y pinturas que en chick flicks hollywoodenses. Entre Tristán e Isolda y 500 Days of Summer, pasando en el ínterin por Romeo y Julieta, el mito de Don Juan o el Werther de Goethe (por mencionar sólo algunos ejemplos emblemáticos), hay casi 20 siglos de historia cultural alrededor del amor que, de una u otra manera, nos cruzan, nos definen (hasta cierto punto), nos limitan pero también, en el mejor de los casos, nos hacen ir por más, nos hacen perdernos para, eventualmente, encontrar y construir por cuenta propia nuestra forma de amar.

El video que presentamos en esta ocasión es una producción The School of Life, un proyecto animado por el filósofo pop Alain de Botton y del cual hemos reseñado antes otros materiales. Grosso modo, se trata de una exploración sobre la oposición aparente entre la soltería y la vida en pareja.

Tener una pareja es un estatus que además de otras cualidades también tiene un valor social, a veces incluso hasta el grado de la imposición. Paradójicamente, quizá como nunca, en nuestra época existe un miedo terrible a la soledad, al llamado “quedarse solo” (lo que sea que eso signifique), pero al mismo tiempo parece haber una dificultad sintomática para establecer un vínculo amoroso auténtico con alguien más. En La agonía del Eros, el filósofo coreano Byung-Chul Han señala un narcisismo persistente en esta sociedad nuestra que se caracteriza por tender hacia el “infierno de lo igual”, hacia la supresión de la diferencia y la negatividad propia de la existencia. Tal parece que somos incapaces de amar porque somos incapaces de salir del yo, incapaces de aceptar y aun ni siquiera esperar que algo o alguien sea distinto a lo que somos. Y con todo, una parte de nosotros desea amar.

El problema, como lo plantea este video, es que a veces, cuando intentamos llevar a la realidad ese deseo, coercionados en parte por el miedo antes dicho, caemos no en formas del amor sino en formas de la vida en pareja que a la postre resultan catastróficas, frustrantes y, en general, muy lejanas del verdadero placer.

Sin embargo, el objetivo del video tampoco es elogiar la soltería. No tener una relación de pareja puede vivirse igualmente como una catástrofe o una frustración continua y dolorosa, así que al menos esas emociones también se encuentran de ese otro lado.

¿Entonces? ¿Qué es lo recomendable? Bueno, parece ser que la conclusión tentativa es la misma que la de ese refrán conocido en ciertos países hispanohablantes: mejor solo que mal acompañado. El amor, según lo plantea The School of Life, es un camino que no está exento de dificultad (de hecho podría decirse que la dificultad es una de sus principales características) pero que quizá, por encima de todo, consiste en un compromiso: de entrada con uno mismo –con el deseo que cada quien desea, fidelidad a ese deseo– y, después, con ese deseo pero en relación con el otro.

 

*Puedes activar la traducción de subtítulos del video haciendo clic en el icono de Configuración (figura del engrane) y seleccionando Español en la opción Traducir subtítulos.

4 errores que tu cerebro comete todo el tiempo (y cómo hackearlos a tu favor)

Por: pijamasurf - 03/31/2016

Nuestra mente incurre en todas estas formas de ver la realidad no porque algo ande mal con nosotros, sino para protegernos: los prejuicios, los errores de cálculo y la falta de empatía buscar proteger al organismo de un medio cambiante. Entérate de cómo funcionan

Desde una perspectiva psicológica y de conducta, la ignorancia puede explicarse como el resultado de una serie de operaciones cognitivas encargadas de ignorar literalmente ciertos estímulos del entorno, de manera que la percepción no se inunde y tu capacidad de respuesta sea más efectiva. De hecho, todo lo que vemos, pensamos o percibimos tiene un ligero retraso (algunos dicen que hasta de 15 segundos), pues somos capaces de registrar una cantidad inimaginable de estímulos que, sin embargo, no necesitamos. Además, la ignorancia te protege de las creencias distintas a las tuyas, y si la mente opera bajo la premisa de que es necesario sobrevivir, todo lo que atente contra la lógica de un mundo terminado y predecible (y por lo tanto, seguro para el organismo) debe ser tratado como una potencial amenaza. 

La evolución ha programado nuestra mente para responder a distintos tipos de preferencias, inclinaciones, prejuicios, sesgos, tendencias, polarizaciones y predisposiciones de los que no somos enteramente conscientes y de los que de hecho no podríamos ser conscientes o seríamos completamente disfuncionales en la vida cotidiana: la mente, la conciencia o como queramos llamar a nuestro sistema operativo primario está protegiéndonos todo el tiempo de oleadas inimaginables de información inútil, haciendo que nos concentremos en el aquí y el ahora, y llevándonos por una serie de errores que podemos aprender a identificar para desarrollar compasión por nosotros y por los demás. Sean Sergio categoriza estos errores en cuatro grandes patrones:

 

1) Sesgo de confirmación

Los seres humanos necesitamos tener la razón. En ocasiones esta búsqueda de la razón y la verdad puede alentar a filósofos y políticos a discutir desde diferentes puntos de vista, pero en la vida cotidiana se trata de la necesidad imperiosa de tener la razón en cualquier pequeño conflicto: ¿la luz del semáforo estaba en verde o en rojo? ¿Fue gol o no fue gol? Y a pesar de que muchas de estas dudas podrían ser resueltas con un poco de objetividad, el error de confirmación consiste precisamente en encontrar ejemplos que nos dan la razón por todas partes, sin darnos cuenta de lo irracionales que parecemos. Y es que desde el punto de vista del organismo individual (tú, en este caso), la verdad siempre está de tu lado, porque la verdad del otro se asume como una ficción, una deferencia, o incluso una imposición. ¿No podríamos tener la razón ambos, o todos? Difícilmente: este error se reconoce fácilmente cuando escuchamos que alguien llama a otro "mente cerrada", que a su vez tiene la mente cerrada para el otro, y así al infinito.

 

2) Falacia del costo hundido

Este es el error que te hace justificar tonterías (o errores) del presente con decisiones malas del pasado. Podemos remontarnos tan atrás como sea necesario: ¿tus padres no te quisieron/te quisieron demasiado? ¿No tuviste amigos/tuviste demasiados amigos? No importa, podemos echarle la culpa al pasado, porque éste (lógicamente) es la razón del presente. El problema ocurre cuando utilizamos estas decisiones del pasado para justificar por qué seguimos en relaciones tóxicas o que no van a ninguna parte, o por qué permanecemos en trabajos donde no nos sentimos apreciados o que simplemente no nos gustan. Afortunadamente, las decisiones del pasado también son revocables (hasta cierto punto), o en todo caso no deben servir para justificar la miseria del presente. Volveremos sobre el asunto del huidizo presente un poco más adelante.

 

3) Error de atribución fundamental

Nuestra mente trabaja más rápido de lo que somos capaces de reconocer: cuando alguien nos platica algo, nuestro cerebro ya está haciendo reducciones y generalizaciones que permanecen en un nivel preconsciente, listas para ser activadas en el transcurso de la conversación, o incluso años después. Una generalización o un prejuicio funciona también como un concepto: una etiqueta que nos ayuda a clasificar el maremágnum de cosas que pasan a nuestro alrededor; sin embargo, una etiqueta siempre puede ser parcial, o incluso estar equivocada, convirtiéndose en un prejuicio o error de atribución. El trabajo del cerebro es categorizar todo (rápido y mal) para darnos información suficiente para tomar decisiones y sobrevivir; el problema viene cuando el cerebro aprende a simplificar demasiado. Pasa así con algunas respuestas infantiles a problemas: es claro que si todos dejamos de utilizar hidrocarburos la contaminación se reducirá, pero las cosas no son tan sencillas.

 

4) Heurística de la disponibilidad

Si pudiéramos tener toda la información necesaria para tomar las mejores decisiones, probablemente las tomaríamos --el problema es que casi nunca podemos recabar toda la "información necesaria" y tenemos que actuar sobre la marcha. Diseñados como estamos para responder al aquí y el ahora, nos perdemos en las contingencias y en los problemas del momento sin pensar (ahora sí) en las determinantes históricas. El pasado es un buen punto de referencia si somos capaces de recordar y tener en mente los aprendizajes que adquirimos antes --pero en una situación emocional o estresante es fácil responder desde la víscera y lo contingente. Después de todo, el pasado no está aquí (¿o sí?). En muchos sentidos, nuestro cerebro sigue respondiendo como el de un animal salvaje, con base en amenazas y negociaciones del lugar que ocupamos en la cadena alimenticia: colocarnos en el presente está muy bien para disfrutar del aquí y el ahora, pero en ocasiones conviene recordar que los problemas que nos acosan con urgencia presente ya se nos habían presentado antes en otras formas.

 

¿Te identificas con los sesgos aquí presentados? ¿Puedes identificar otros ejemplos y casos interesantes? Queremos leerlos en los comentarios.