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Lee el lenguaje corporal de una persona hasta con un 70% de precisión

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/04/2016

El cuerpo también habla, pero escucharlo requiere de ciertas habilidades

Desde un punto de vista más o menos superficial podemos pensar que “hablar” es únicamente servirnos de nuestros recursos vocales para hacer uso, justamente, del lenguaje hablado, ese que suena y que alguien más escucha.

Sin embargo, desde otra perspectiva, tomando laxamente el sentido de dicho verbo, también es posible decir que casi cualquier cosa de lo que somos “habla” de nosotros: la manera en que vestimos, la música que escuchamos y, más importante aún, las formas en que usamos nuestro cuerpo.

En este sentido, en psicología el concepto de “lenguaje corporal” alude a esos ademanes que hacemos en todo momento con nuestro cuerpo y que en muchos casos no son gratuitos: significan algo. A veces afirmamos con un movimiento de cabeza, o mostramos nuestra apertura o disposición hacia alguien extendiendo nuestros brazos, igualmente nuestro aburrimiento o seriedad se deja ver hacia el exterior por la expresión de nuestro rostro, por ejemplo, entre otras situaciones.

A este respecto, en el libro The Silent Language of Leaders: How Body Language Can Help--or Hurt--How You Lead, de Carol Kinsey Goman, se aventura la posibilidad de “leer” el lenguaje corporal de una persona tomando en cuenta cuatro aspectos y, por otro lado, hasta con un 70% de precisión.

 

Toma en cuenta el contexto

Un mismo gesto puede tener distintos significados en distintos contextos. Cruzar los brazos, por ejemplo, que usualmente se toma como gesto de defensa, puede ser también una manera instintiva de conservar el calor en una habitación fría, o simplemente que la silla donde se encuentra una persona no cuenta con descansabrazos.

 

Agrupa

Como las palabras o los números, el significado de un gesto también puede cambiar si se encuentra en compañía de otros. Si a alguien le sudan las manos pero nada más que eso, no es lo mismo que si dicho sudor ocurre junto con un tocamiento constante de cara o el movimiento inquieto del resto de su cuerpo.

 

Contrasta

Todos tenemos una especie de “normalidad” personal sobre la cual nos movemos cotidianamente. En cierta forma, al observar a alguien, eso sería nuestra referencia de “control”, a partir de la cual es posible hablar de otras formas de ser que salen de lo normal, que de algún modo son extraordinarias. Si, por ejemplo, vemos que una persona saluda a otras con cierta seriedad pero con una en especial se muestra efusiva, entonces, bueno, eso es indicador de algo.

 

Considera tus propios prejuicios

En cuestiones de percepción uno de los principales puntos a tomar en cuenta es nuestra propia posición de observadores que, contrario a lo que se cree, no es nunca objetiva pero sí puede ser consciente, esto es, podemos darnos cuenta de los prejuicios, suposiciones e ideas previas que ponemos en nuestra mirada y nuestra percepción. Si alguien nos es antipático probablemente interpretemos su lenguaje corporal de manera severa, y lo contrario si se trata de un amigo a quien queremos y apreciamos.

 

¿Qué te parece? ¿Crees que así ya no se te escapará ningún mensaje corporal?

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Cómo pensar en el infinito cambia la mente de los niños

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/04/2016

Pensar en el infinito abre la mente y cambia la estructura del cerebro

Muchos niños no muestran interés por las matemáticas, no tanto por que éstas sean aburridas o sumamente difíciles sino porque la forma en la que se enseñan no logra conectar con ellos y despertar un sentido de asombro y entendimiento de que las matemáticas existen en las cosas. Una de las maneras en las que se puede abrir la mente infantil a las matemáticas es presentando la idea del infinito.

La periodista científica Sarah Scoles sugiere que la idea del infinito cambia la mente de una persona. Siguiendo el trabajo del psicólogo cognitivo Frederic Bartlett, una introducción al infinito como puede ser simplemente observarse entre dos espejos colocados uno enfrente del otro, ver una de las imágenes de M. C. Escher o hacer una explicación gráfica de la paradoja de Zenón puede producir un "reacomodo neurológico". Sarah Scoles cita a Meir Ben-Hur, teórico matemático del Instituto Feuerstein de Jerusalén: "Las nuevas experiencias no tienen un efecto limitado, sino que causan que toda la estructura cognitiva se reacomode... Cuando uno aprende algo y ese aprendizaje resulta en un cambio estructural, uno está listo para aprender algo más avanzado en esa misma categoría". Así, una experiencia como puede ser caminar en una casa de espejos o descubrir que si uno corta la mitad de un papel nunca llegará al final sino que siempre podrá cortarlo en una mitad más pequeña (si se tuvieran unas microtijeras) se traduce en una mejor intuición numérica, en una habilidad matemática general.

"El infinito es un antídoto", dice Scoles, una medicina para la educación estandarizada y un tanto aburrida que se enseña en muchas escuelas, "tiene el poder de crear wows conceptuales --y hacerlo incluso en mentes que no han sido expuestas al álgebra o a ninguna otra teoría de números... nos hace descubrir que las matemáticas no sólo existen en los exámenes, están en todos lados, y sus aplicaciones son ilimitadas". Existe otra importante razón también para pensar en el infinito: añade una dimensión filosófica a la ciencia y a las matemáticas, un necesario respaldo de significado, un despertar de una curiosidad "infinita" en el saber humano. Pensemos en el infinito, niños o adultos.