*

X
Un nuevo libro explica genialmente el problema de vivir sometidos a una economía donde todo tiene que crecer para siempre

Douglas Rushkoff ha escrito el que podría ser el libro clave para entender la relación entre la economía y la tecnología o cómo el sistema económico de crecimiento todo lo permea, todo lo trastorna y todo lo devora (hace algunos años el popular periodista Matt Taibbi, en su cobertura de Wall Street, acuñó el término "calamar vampiro" para referirse al sistema financiero). En Throwing Rocks at the Google Bus, Rushkoff ausculta el sistema económico basado en el crecimiento, el cual, explica, en realidad surgió a finales de la Edad Media como una respuesta de la aristocracia a las libres transacciones --estilo bazar--  y monedas locales que se estaban generando entre las personas y que amenazaban con generar riqueza fuera de su alcance:

Esta fue la brillante, aunque explotadora, innovación: dinero cuya función esencial era hacer más ricos a los ricos. Debido a que los aristócratas ya tenían riqueza, ellos eran los únicos que podían participar en el nuevo suministro de prestar dinero. Si las personas y los negocios querían comprar algo en la economía real, debían obtener efectivo de la tesorería central.

Aquí yacen los fundamentos de la economía del crecimiento: "Siempre que existieran más negocios, habría más dinero siendo prestado para pagar los intereses del dinero prestado antes. Esto era genial para los ricos, que podían dar un paso a un costado y hacer dinero simplemente teniendo dinero".

De aquí llegamos a una versión optimizada por los instrumentos financieros de una economía en la que lo que importa es convertirse en "holdings", en tener el dinero para hacer con él más dinero, la suprema prestidigitación de la divisa: "El dinero hace dinero más rápido de lo que las personas o las compañías crean valor. Las personas y las compañías más ricas, entonces, deberían posicionarse lo más lejos posible del trabajo y la creación de cosas, y lo más cerca del grifo del dinero".

La economía basada en la tecnología digital, nos dice Rushkoff, no es una verdadera innovación que crea oportunidades para todos, donde cualquiera puede ser un multimillonario con una buena idea y una laptop. "Las compañías con nuevas tecnologías son libres de perturbar casi cualquier industria que elijan... siempre y cuando no afecten el sistema operativo financiero que subyace a todas las industrias", explica. Lo que está ocurriendo con las grandes corporaciones de Silicon Valley es "una nueva forma de que los negocios se hagan como siempre", es decir, cambiar para que las cosas no cambien del todo. Esto es fundamentalmente porque las empresas como Facebook, Twitter y Google, que en algún momento prometían generar aplicaciones y servicios que realmente podrían mejorar la calidad de vida de las personas e inyectar valor a las comunidades, al cotizar en la bolsa y al tener que cumplir con el mandamiento de los accionistas de seguir creciendo, deben supeditar toda innovación al mercado: "Al aplicar nuestras innovaciones tecnológicas al crecimiento por encima de todo lo demás, hemos echado a andar una forma poderosamente desestabilizadora de capitalismo digital acelerado".

La forma en la que la economía está programada se vuelve la "mentalidad" de las corporaciones (las cuales son "personas" o entidades con derechos y poderes) y se imprime en los productos que desarrollan. Así, las plataformas digitales con las que interactuamos reflejan el código esencial de la economía de succionar el valor de las cosas, no de optimizarse para mejorar la vida de las personas. (Facebook no está hecho para que los usuarios puedan mejorar sus vidas y sus relaciones, está hecho para que la información de los usuarios pueda ser monetizada, genere algoritmos de predicción de comportamiento y anuncios más efectivos). De igual manera la tecnología no genera realmente formas más ricas de expresión humana y creatividad, genera un mayor nivel de automatismo y predictibilidad. Esto es porque seguimos viviendo bajo "el ethos de la era industrial que coloca las necesidades y los valores humanos por debajo de las máquinas y los sistemas en los que vivimos".

Pero Rushkoff no habla de una conspiración de una élite; más allá de que el sistema económico moderno sea el resultado de la intervención hegemónica de los reyes y la aristocracia para apropiarse de la riqueza y ejercer un control monopólico, considera que como una especie de software viviente, la economía del crecimiento se instala sobre nuestra sociedad y ejerce las características de su programa, es un medio particular en el cual nos movemos. En vez de lamentarnos de que somos los siervos impotentes de una plutocracia insensible e implacable, debemos enfocar nuestros esfuerzos a reprogramar el sistema. De manera urgente, puesto que el código actual de crecimiento a toda costa está acabando con las cosas --primero con la Tierra, los recursos naturales y las cosas que pueden transformarse en productos y valor, y luego con los espacios virtuales hacia los cuales voltea cuando ya ha extraído el valor de todo el mundo material-- e incluso también acabará con todos aquellos que por ahora miran desde arriba el espectáculo, como los emperadores romanos en el Coliseo. Una riqueza apuntalada en un "producto sin producto", en dinero que genera dinero pero que no tiene ningún soporte material y una civilización de miles de millones de personas que no tienen con qué comprar las cosas que los algoritmos inteligentes los convencen de que necesitan es una bomba tiempo a la vez que un castillo de naipes, una riqueza espectral.  

Seguiremos comentando este texto de Rushkoff que deberá ser estudiado y valorado por cualquier persona que busque vivir en un mundo que prioriza la generación de valor, las relaciones humanas  y la prosperidad, aunque esto signifique dejar de crecer económicamente. ¿Para qué convertirse en esclavo de las métricas, de las acciones fluctuantes del mercado, de las cosas que tenemos, de las máquinas que supuestamente habíamos programado para liberar nuestro tiempo y nuestra mente? ¿No es esto idiótico o más bien robótico? Rushkoff considera que el problema esencial de nuestra sociedad es este despiadado sistema económico que, como si fuera un organismo viviente, busca perpetuarse sin ningún miramiento o dejo moral. Creo que ahí mismo yace también una crisis espiritual global, acaso encandilados por los espectros de deseo que produce la maquinaria económica --y todas esas apps tan cool y realmente insignificantes-- con los cuales se asegura de que seguiremos alimentándola de la electricidad y la información que necesita para nunca apagarse, hemos interiorizado también la mentalidad de extraer valor de los demás, de explotar las circunstancias, de vivir de manera mercantilista, apilando cosas --en vez de creando movilidad-- y en general hemos valuado las cosas de manera cuantitativa (cuánto es la palabra que más usamos) y no cualitativa. Hemos dejado que predominen los valores corporativos y el modo de ser de las máquinas; nosotros las programamos, pero luego ellas nos programan. 

 

Twitter del autor: @alepholo

Cómo iniciarse en el “Voudon Gnostic Workbook”, uno de los más extraños manuales de ocultismo

AlterCultura

Por: Federico Erostarbe - 03/30/2016

Un manual de una de las corrientes de ocultismo más extrañas que hayan existido
[caption id="attachment_108006" align="alignright" width="300"]Imagen: www.inominandum.com Imagen: www.inominandum.com[/caption]

El Voudon Gnostic Workbook es un manual de una de las corrientes de ocultismo más extrañas que hayan existido, construida sobre las variantes más oscuras de magia(k) telémica (la curiosa lógica matemática de C. F. Russell, el Club Choronzon) pero con toques del espiritismo tradicional de Allan Kardec, astrología y obviamente gnosticismo, algo de sintoísmo y mucho pero mucho Lovecraft, enmarcado todo a su vez dentro del vudú haitiano y la magia folclórica africana. Además, la corriente de la Culebra Negra (como se llama una de las órdenes que la representa) ha tenido una relación cercana con la Orden Tifoniana: fue el propio Kenneth Grant quien popularizó por primera vez el manual y a su autor, Michael Bertiaux, pero la influencia parece haber sido en gran parte mutua. La historia del texto, evidentemente, no es antigua; Bertiaux, principal responsable de la corriente, creó a mediados de los 60 un curso de ocultismo por correspondencia en torno al Monasterio de los Siete Rayos (otra de las sociedades principales del sendero, activa ésta en su momento en Latinoamérica) y su visión particular de la realidad. El VGW surgió más tarde tanto como continuación al curso como introducción, publicado sin la necesidad de que los lectores estén familiarizados con la obra anterior. Claro que al leerla se clarificarán algunos de los términos más oscuros, pero también introducirá infinidad de nuevas preguntas al punto de marear a todas las personas a varios metros de aquel que la esté leyendo. Y nada puede preparar al lector para la intimidante creatividad e imaginación que desborda literalmente de cada página del libro.

Mucho se ha escrito sobre esta versión bizarra de vudú transyuggothiano, sobre todo debido a Grant Morrison (pelado, mago y escritor). Su historia con el VGW puede ser resumida del siguiente modo: una serie de coincidencias lo llevaron a interesarse en el vudú, por lo que realizó un par de rituales (siempre desde la perspectiva de la magia del caos), con resultados que lo dejaron perplejo, ya que no tenían nada que ver con lo que conocía sobre la religión; pero más se sorprendió al leer el VGW, pues explicaba con lujo de detalle y con una identidad total los simbolismos e imágenes que lo habían inquietado. Comenzó a trabajar con el manual, poniendo sus experiencias en su cómic Los Invisibles; todo iba relativamente bien hasta que las entidades contactadas le comenzaron a enseñar cómo destruir auras y una especie de krav magá astral (por lo letal, claro). Morrison plasmó todo en la ficción, pero no le agradaba lo que estaba viendo; cada vez le agradaba menos y llegó a encontrarse en gigantes palacios de muertos y escorpiones, luchando por su vida. Se empezó a asustar; se enfermó, casi se muere. Y siempre tuvo la sospecha de que estaba relacionado con las oscuras y antiguas deidades que había invocado. A partir de ese momento disminuyen notablemente las referencias en toda su obra: sólo queda un ritual para viajar en el tiempo incluido en el VGW, pero en el mismo cómic, Los Invisibles.

En repetidas ocasiones Morrison aconsejó que nadie se meta con el texto y con el vudú debido a su peligrosidad; dicho por alguien que ha pasado los últimos 15 años de su vida recorriendo los Túneles de Set y las esferas qlifóticas, puede parecer una advertencia a tomar en cuenta. Y es cierto también que desde la primera página uno trabaja con Ghede, el Barón Samedi y los loa de la muerte. Pero no es menos cierto que para una gran cantidad de practicantes del sendero no hay nada de terrorífico en esta magia y considerarla peligrosa sería como considerar negativo al budismo tibetano por la importancia que otorga a las deidades iracundas y demás demonios, producto de su cercanía a la religión bön. La antigüedad de las entidades, lo extrañas que nos resultan al no pertenecer a nuestra cultura y el contexto surrealista en que son presentadas, generan un aura en la que esta magia se asemeja a la enoquiana, en el sentido de que “funciona”: no importa la experiencia previa del mago, cuán bueno o ágil sea en la creación inconsciente de experiencias mágicas si es que no cree del todo en ellas o cuán bueno sea invocando entidades exteriores si es que cree un poco más en ellas. Al trabajar con el Voudon Gnostic Workbook seguramente ocurra algo notable; mínimo quizás, pero notable.

Una de las tantas particularidades del libro es que, a pesar de poner el foco en la creatividad del mago a la hora de crear sus propios mundos y rituales mágicos, está repleto de rituales y pautas para la elaboración de otros tantos, cuando la mayoría de tratados esconde más de lo que elabora. Siguiendo esta modalidad pragmática, el primer capítulo del libro establece las pautas para autoiniciarse en el mundo de las energías vudú; el modo de hacerlo es mediante los espíritus del Lucky Hoodoo (o el Hoodoo Suertudo). Se trata del puntapié inicial para una relación fructífera con un panteón que incluye a los loa de la muerte, hechiceros anfibios, escorpiones ultradimensionales y arácnidos de otros mundos. Este primer contacto cercano del tercer tipo se realiza con los espíritus de la tierra y del agua, ya que todo en la naturaleza requiere de estos elementos para crecer. La tierra está representada por los espíritus de los muertos y Papa Ghede; el agua por unos magos que habrían vivido en la Atlántida hace miles de años y ahora sobreviven con cuerpos de peces, crustáceos y moluscos… y su rey, Ma-Tr. El simbolismo es evidente: la muerte y las profundidades acuáticas siempre están relacionadas con la magia. El descenso al infierno es también un sendero acuático; Cthulhu aguarda en R’lyeh y Enki, patrono sumerio de la magia, es también el dios de las aguas y de sus profundidades.

Deidades y entidades consideradas maléficas, temibles y peligrosas, o por lo menos como engañosas y traviesas. Representan al “otro”, lo desconocido y es el miedo (un miedo igual de primitivo y antiguo) el que les otorga esas características: el mismísimo Lovecraft se rinde ante la majestuosidad de Nyarlathotep de tanto en tanto (muy de tanto en tanto). Eugene Thacker escribió la trilogía Horror de la Filosofía a la reacción visceral que genera lo inhumano y cómo este miedo a un mundo sin nosotros, un mundo en el que lo humano desaparece de la ecuación, se encuentra cada vez más presente a nivel colectivo (como una obsesión). Estas deidades antiguas son una paradoja: profundamente humanas, por supuesto, pero también extrañas, inhumanas; al representar ese otro lado, son retratadas como alienígenas, como animales rapaces o como insectos, o como una combinación de ellas. Tememos el fin, la muerte y Papa Ghede es en consecuencia una deidad tenebrosa con la que podemos realizar contratos en los que siempre quedaremos debiendo (algo así como un banco común y corriente), pero eso sólo es así si tememos a la muerte. De otro modo, lo reintegramos al proceso natural y su magia cobra otro matiz. Paradójicamente y a pesar de todo lo dicho más arriba, también hay rasgos profundamente amistosos en el Lucky Hoodo y sus espíritus; y si hemos de considerarlos como los “malos de la historia”, no puedo dejar de pensar en el pirata LeChuck.

El ritual completo, el modo propuesto por Bertiaux para autoiniciarse en el sendero (y hacerse amigo de los espíritus del Hoodo Suertudo) es el siguiente:

DEDICACIÓN A LOS ESPIRITUS DEL HOODOO

Parte 1. En un lugar silencioso, siéntate en una mesa en la que debes haber puesto dos velas. Una vela negra en el norte y una azul en el oeste. Debes enfrentar al este y poner un vaso de agua en el sur opuesto a la vela negra.

Parte 2. Debes decir ahora la siguiente plegaria a los espíritus del Hoodoo para dedicarte a sus poderes y existencia. Primero prende la vela negra y di:

"OH LUZ NO HAY OSCURIDAD EN LOS PODERES DE LOS MUERTOS"

prende la vela azul y di:

"OH LUZ SOY UN HIJO DE LA LUZ DEL GRAN MAESTRO BAJO EL MAR"

toca el vaso de agua con tu mano derecha pues es la mas cercana y di:

"MEDIO DE LOS ESPÍRITUS SAGRADOS, LAS AGUAS Y BAJO TODOS LOS MUNDOS, LOS ESPÍRITUS SAGRADOS DE LOS MUERTOS Y LOS MARES, ESTOY AQUÍ PARA SERVIRLES".

Parte 3. Ahora debes decir la siguiente plegaria de dedicación a los espíritus en voz baja o en silencio para demostrarles tus intenciones:

"ME DEDICO AL SERVICIO DE LOS ESPÍRITUS, A LOS ESPÍRITUS MARAVILLOSOS DE LOS MUERTOS QUE QUIEREN AYUDARME Y A LOS ESPÍRITUS MARAVILLOSOS DE LOS SABIOS MAGOS DEL FONDO DEL MAR QUE APARECEN EN FORMAS EXTRAÑAS.

SOLICITO LA AYUDA Y PRESENCIA DE LOS ESPIRITUS DEL HOODOO Y LLAMO A TODOS LOS SERES DEL HOODOO PARA QUE ME AYUDEN.

ME OFREZCO AL SERVICIO DEL GRAN REY DE LOS MUERTOS QUE REINA SOBRE LOS ESPÍRITUS DE LOS MUERTOS.

ME OFREZCO AL SERVICIO DEL GRAN MAESTRO DE LOS ESPIRITUS MAGOS QUE TRABAJAN BAJO LOS OCÉANOS INVISIBLES. HONRO A TODOS LOS ESPÍRITUS Y ESPECIALMENTE A AQUELLOS DE LA CIENCIA DEL HOODOO, A ÉSTOS BUSCO ESPECIALMENTE PARA TRABAJAR AHORA Y POR SIEMPRE".

Parte 4. Ahora debes cerrar los ojos y pensar en los espíritus, en cómo pueden venir a ti y en lo que deseas que hagan por ti. Luego te quedarás en silencio por unos minutos y beberás el vaso de agua, pues contiene el poder de los espíritus. Apagarás silenciosamente las velas azul y negro. Te sentirás relajado y en paz, enamorado de todos los espíritus y listo para obedecerlos. Sabe que tendrás buena suerte, pues te estás convirtiendo en un Hoodoo.

Pueden ver que se trata de un ritual sencillo que no toma más de unos minutos, aunque son por supuesto completamente libres de innovar y cambiarlo; por ejemplo, todos sabemos cuánto le gusta el ron y el brandy a los loa, por lo que podemos reemplazar el agua por alguna bebida espirituosa. La decoración del altar, si es que deciden crear uno para hacer el ritual como Papa Ghede manda, suele estar regida por los colores rojo y negro, acompañada por alguna que otra calavera y vévés particulares del libro, inventados durante el ritual o de Barón Samedi, jefe de la familia de Ghedes y a la vez contracara de Papa Ghede, pero esto último sólo si son aventureros, tontos o tienen algo de experiencia (o cualquier combinación de las tres).

Una vez autoiniciado, los próximos pasos implican una versión más compleja y plena de este mismo ritual que incorpora más velas y la posibilidad de realizar un pedido a los espíritus; la creación de una caja talismánica en la que almacenar poder, plegarias de autocuración, tips para controlar las mentes de otras personas mediante la masturbación y una guía paso a paso para el desarrollo de la imaginación y los “viajes astrales” para visitar los templos en los que habitan los espíritus. Claro que con el paso de las páginas la cuestión se pone más compleja y todavía más bizarra, pero esta primera sección es de una sencillez importante. Y lo que es más importante, el aura negativa parece sólo mala publicidad; los espíritus se presentan en las páginas del VGW con una muy buena disposición, amables y hasta simpáticos. La relación debe ser entablada con el más profundo de los respetos, pero siempre en un marco de amistad y, muy importante para los espíritus del Hoodoo, sinceridad. Si se les antoja creer en ellos, bien; en caso contrario, este es el modo en que deben iniciar el camino para ponerse en contacto con unas regiones oscuras, extrañas y antiguas (aunque también honestas, divertidas y, a pesar de lo peligrosas, amables) del inconsciente.

 

Twitter del autor: @ferostabio