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Este 19 y 20 de marzo del 2016 se celebra el equinoccio de primavera en el hemisferio norte y el equinoccio de otoño en el hemisferio sur, una fiesta astronómica llena de significado en la que por un breve momento la luz y la oscuridad entran en equilibrio

Este 19 o 20 de marzo, según la latitud, se celebrará el equinoccio de primavera o equinoccio vernal en el hemisferio norte y el equinoccio de otoño en el hemisferio sur. Esta fiesta astronómica y antes religiosa marcará el más temprano ingreso de la primavera en relación al calendario desde 1896. El punto exacto del equinoccio, en el que el Sol cruza el ecuador celeste de sur a norte, ocurrirá a las 4:30 horas del 20 marzo, tiempo universal, y el 19 a las 22:30 horas del tiempo de la Ciudad de México. La variación del punto equinoccial tiene que ver con que el calendario gregoriano tiene años de 365 días y 366 en años bisiestos (como este año), mientras que la duración exacta del año es de 365.242 días 

En el equinoccio (aequus nox: noche igual) el día --en casi todo el mundo, salvo en los polos-- dura casi exactamente igual que la noche y la salida del Sol se alinea exactamente con el este y la puesta del Sol con el oeste. El equinoccio es el más preciso marcador del tiempo en la naturaleza y nos sitúa en un punto de equilibrio o ecuanimidad que es, como todo en este mundo, fugitivo, ya que no se mantendrá así y pronto el hemisferio norte se bañará de luz, avanzando hacia el esplendor de la naturaleza en el verano, mientras que en el sur es el inicio de la muerte cíclica de la naturaleza. La órbita de la Tierra yace inclinada en un eje de 23.5º, esto hace que los equinoccios sean los puntos de equilibrio después de los cuales el hemisferio norte y el hemisferio sur cambian lugares para recibir la luz del Sol de manera más directa. 

(Aquí la información del Equinoccio de otoño y primavera de septiembre 22 del 2016)

Astrológicamente el equinoccio marca también el ingreso al signo de Aries, el año nuevo en la astrología occidental, el signo de fuego regido por Marte en el cual el Sol tiene su exaltación, y en el cual se celebra la renovación y revitalización de la naturaleza a través del incremento de la luz que insemina la tierra. Esto es solamente desde la perspectiva de la división zodiacal que mantiene la astrología, ya que debido a la precesión, el equinoccio ocurre contra el telón de fondo de las estrellas de Piscis (la astrología, sin embargo, sólo utiliza la precesión para medir los grandes años o eras mundiales). La primavera es el tiempo en el que despierta de su letargo la naturaleza con el vigor del Sol, las flores empiezan a crecer, los pájaros a cantar y en general la siembra se vuelve fértil, avanzando hacia la gran cosecha del verano. En la alquimia, tradicionalmente en primavera se recoge el rocío con el cual se fabrican los elixires y medicinas espagíricas, bajo la noción de que el rocío vehicula el espíritu universal, una esencia celeste que se logra captar a través de las sales de la tierra, siendo en sí misma una especie de gota alquímica --un orbe microcósmico-- en su estado de potencia pura. Generalmente el rocío se recoge a la mitad de la primavera --bajo el estímulo de Tauro, un signo de tierra, pero puede haber variaciones en esta práctica.   

Históricamente el equinoccio vernal es una de las grandes fiestas religiosas (ahora paganas), celebrado por las más diversas culturas. Muchas de las antiguas religiones tienen un carácter de astroteología, ligando sus historias de creación y sus dioses con planetas y movimientos siderales. Es por ello que, por ejemplo, este día es el Año Nuevo persa (hoy Irán), o Nowruz, una festividad que data de tiempos de los zoroastros, lo cual hace sentido ya que ésta era una religión de la luz, profetas de fuego, y hoy es justamente un día regido por el fuego de Aries, el carnero, que ignita el año con su acción enérgica. 

La Pascua, según estableció el Primer Concilio de Nicea, originalmente se celebraba el primer domingo después de la primera luna llena posterior al 21 de marzo o ese mismo 21 de marzo si fuera luna llena. Esto sugiere un sincretismo religioso entre la figura de Cristo y las religiones mistéricas, ligado a la fertilidad y a la adoración del Sol (Cristo siendo una clara manifestación del Sol, con similitudes con Mitra, la divinidad persa de la luz) (recordemos la relación entre las saturnalias, las festividades de Mitra, el solsticio y la Navidad). En su lectura Great Solar Symbol of the Messiah, Hall traza algunos paralelos entre Jesucristo y el Sol. Dice que de igual manera que el Sol une a la Tierra con el cielo, y une también a la materia con el espíritu, operando como un máximo pontífice, también Jesucristo sirve a este mismo rol. Las imágenes de los reyes y santos con coronas y halos, sabemos, son extensiones solares, que muestran la identidad entre el poder solar y el poder terrestre. De la misma manera que el Sol alza a los hombres "con sus rayos que terminan con manos, llevándolos hacia la luz", Jesucristo también alza a las almas hacia el Padre. El Sol es, al igual que Jesucristo, el símbolo de la restauración de la vida y la promesa de la eternidad. En la primavera este símbolo encuentra el fulgor para llevar la semilla al fruto.

Equinoccio de otoño 22 de septiembre 2017

Twitter del autor: @alepholo

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Por: pijamasurf - 03/19/2016

A través de la historia, los cambios tecnológicos han tenido un fuerte impacto en cómo vivimos y pensamos. El uso irreflexivo de estas tecnologías podría tener consecuencias terribles para nuestro futuro

La tecnología se ha desarrollado bajo la premisa de que simplificará todos los aspectos de nuestra vida haciéndola más cómoda, sencilla y llevadera, pero esto no necesariamente es así. De hecho, la tecnología podría estarnos afectando negativamente más de lo que pensamos, y la posibilidad de una ulterior simplificación de nuestra existencia a través de la automatización podría tener consecuencias graves. 

En la década de los años 60 Marshall McLuhan ya había  dejado claro que los medios no son canales de información pasivos. ¿Pero qué tanto afectan los medios o las innovaciones tecnológicas la manera en la que procesamos el mundo que nos rodea y cómo nos relacionamos con él? De acuerdo con el autor Nicholas Carr, tenemos muchas razones para preocuparnos. Primero que nada en cuanto a la simplificación de nuestra existencia: la realidad es que las personas necesitamos retos, ya que a través de ellos adquirimos habilidades físicas y  cognitivas. Además, en el camino de intentar superar las dificultades afina nuestros talentos y nos ayuda desarrollar perseverancia, paciencia y algunos dirían que también carácter. 

Por otro lado, en su ensayo ¿Está Google haciéndonos estúpidos?, Carr ha tocado el tema de cómo la tecnología con la que interactuamos moldea la forma en que pensamos y nos relacionamos con el mundo y nuestro trabajo. Carr cita a Friedrich Nietzsche, quien dijo haber notado un cambio en su forma de pensar y transmitir sus ideas tras haber adquirido una máquina de escribir. Durante mucho tiempo se pensó que nuestras estructuras cerebrales eran fijas, pero el descubrimiento de la neuroplasticidad ha dejado claro que, por el contrario, nuestras estructuras cerebrales son flexibles y adaptables y asimismo se ven influenciadas por nuestros hábitos. Esto explica por qué la popularidad de la red así como su eficiencia, rapidez y facilidad podrían estar íntimamente relacionadas con una drástica reducción de los períodos de atención de las personas, a la par de su capacidad de concentración, entre otras cosas. 

Además, mientras que los humanos sufrimos estos rezagos congnitivos, las máquinas cada vez son más rápidas y eficientes. En palabras de Carr: "Los seres humanos se han vuelto obsoletos frente a la velocidad en la que las computadores pueden comprar y vender instrumentos financieros". 

Por otro lado, las máquinas no sólo nos superan en sus habilidades en la bolsa, también podrían tomar el control de las guerras, pues el uso de drones en los conflictos armados va en aumento. Y la velocidad de procesamiento de las máquinas para tomar decisiones nos excede. Uno de los pronósticos sombríos en este campo es que llegará el punto en que los humanos no podrán ir a la par de la velocidad de las máquinas y ellas quedarán al mando. ¿Deberíamos dejar vidas humanas, la economía y los poderes bélicos en manos de robots? 

Puede ser que el desarrollo tecnológico sea imparable, pero necesitamos mantener una actitud crítica con respecto a su uso. Dejar decisiones críticas en manos de robots podría llevar a un proceso de deshumanización de todas las áreas de nuestra vida en las que los valores de eficiencia y rapidez sean puestos por encima de los cuestionamientos éticos.