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Asiste a un choque de titanes en la lucha libre vudú de Senegal (FOTOS)

Por: pijamasurf - 03/07/2016

En África la lucha libre es uno más de los umbrales entre el mundo de los mortales y el de lo divino, pero el mortal que pueda inclinar a su favor la balanza puede llevarse entre 10 mil y 300 mil dólares por combate

(Todas las imágenes: ©Christian Bobst/The Guardian)

En la costa atlántica de África, en la ciudad de Dakar, Senegal, tiene lugar un tipo de competencia/deporte/arte marcial que conjuga la fuerza y habilidad física de los luchadores con un sentido ritual. Observar el ensayo fotográfico de Christian Bobst publicado en The Guardian nos hace preguntarnos qué sentiríamos si en México o en la liga estadounidense un luchador se bañara con leche y ofreciera una ofrenda a una deidad del panteón vudú. La multitud de estos eventos alcanza el rango de lo masivo para los estándares locales, y los apostadores están a la orden del día.

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Y es que los gris gris rescatan algo sobre las artes marciales y el combate de competencia que los griegos tenían muy claro: los cantos que los poetas componían en honor de los vencedores en las olimpiadas los comparaban con Hércules en fuerza y con leones en ferocidad. Existe algo muy primordial en el hecho de que el combate en Senegal siga teniendo una vinculación tan inmediata con lo religioso, pues nos permite tomar perspectiva respecto al combate como espectáculo (sin descrédito alguno de este sano y brutal entretenimiento) donde los luchadores se relacionan de otra forma con las mitologías locales y con el consumo.

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Pero haríamos mal en ver a los gris gris como una curiosidad exotista más (el llamado "occidente" no es mucho menos violento en cuanto a deportivizar la guerra): este es el deporte nacional (y no sólo de Senegal, también del Congo) y un buen luchador obtiene algo más que un guiño de las divinidades cuando alcanza la victoria: la carrera de luchador no es larga, pero el vencedor será respetado siempre, e incluso puede aspirar a abrir un gimnasio y enseñar a otros luchadores. Y eso puede hacer la diferencia para muchos jóvenes en un país con oportunidades limitadas por la geografía y la tensión política. 

 

(Visita la galería completa en The Guardian)

El narcisismo, una epidemia contemporánea

Por: pijamasurf - 03/07/2016

La era de Internet se ha aliado a la tendencia individualista y juntos han detonado lo que muchos consideran un narcisismo epidémico

El concepto de narcisismo como tal nace hace más de 2 mil años con la leyenda de Narciso, escrita por Ovidio. Posteriormente se popularizaría gracias a que Freud retoma dicho mito para explicar aspectos de su teoría del ego, y a partir de entonces el narcisismo se ubicaría como un fenómeno de la psique humana que, cuando excede un cierto nivel, se torna una patología. 

El aspecto saludable o neutral de esta acepción tiene que ver con la seguridad de una persona en sí misma, así como con el amor propio. Sin embargo, cuando un individuo se muestra demasiado preocupado por sí mismo y su estabilidad requiere de la aceptación y admiración del otro, entonces empieza a florecer el doble filo. La carencia de estos ingredientes en la vida del narcisista detona un alto nivel de inseguridad en él, e inclusive depresión. Por eso busca casi insaciablemente estos aditamentos anímicos y aunque se muestra muy sólido y seguro frente al mundo, en realidad es un perfil psicológico bastante frágil. 

Si bien el narcisismo como fenómeno ha acompañado a la humanidad desde tiempos inmemorables, en los recientes se advierte una notable propagación de esta condición. Para explicar esta situación se han señalado diversos factores, entre ellos la orientación hacia el individualismo que se consolidó tras la era industrial y que en las últimas décadas ha acentuado el cambio de un compromiso con lo colectivo a un enfoque en el bienestar individual; también se apunta a este afán de las retóricas de autosuperación por nutrir, quizá en exceso, el tema de la autoestima. Como tercer factor se señala la revolución digital y la masificación de redes sociales; en particular se califica a Facebook e Instagram como vitrinas en las cuales proyectamos personalidades semificticias en espera de la aprobación colectiva y, aunque resulte un tanto paradójico, las "redes sociales" son virtuales comunidades que al parecer terminan alimentando más el ego individual que la responsabilidad colectiva o la empatía.

De hecho, como  bien menciona este artículo de Psypost, un gran cúmulo de estudios orquestados en la Universidad de Harvard concluyó que aquello que más felicidad genera son las relaciones fuertes y duraderas o, en otras palabras, que "la transición de la inmadurez a la madurez es análoga a la transición del narcisismo a la conexión".