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Anonymous declara guerra frontal a Donald Trump y publica información personal del empresario

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/18/2016

Anonymous comienza una guerra cibernética contra el precandidato republicano y se une así a millones de voces que condenan el discurso de odio que Trump promueve

Donald Trump es sin duda uno de los personajes más aborrecidos en la actualidad. Sin embargo, al parecer también hay millones de estadounidenses dispuestos a votar por él, lo cual lo convierte en una amenaza (de hecho, The Economist lo catalogó como una de las 10 amenazas para la estabilidad global). Entre los primeros, aquellos que consideran a Trump un tipo esencialmente nocivo, además de vulgar y ridículo, ya podemos incluir al colectivo descentralizado de hackers Anonymous. 

"Esto no es una advertencia. Esto es una declaración frontal de guerra", advierte Anonymous en un videomensaje. Y de hecho, para que nadie dude de las intenciones del grupo, ya comenzaron publicando información personal del empresario, por ejemplo su número telefónico, su número de seguridad social e información diversa sobre su familia, entre otros datos. Además, aseguraron que expondrán los peores secretos de Trump, sabotearán sus plataformas digitales y, en resumen, le harán la guerra.

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La relación entre la práctica espiritual y el uso de sustancias psicoactivas parece apelar a las mismas inquietudes: desarrollo personal y transpersonal, conocimiento de sí mismo, conexión con el mundo, con uno mismo y los demás, etc. Sin embargo, ¿podrían complementarse en la práctica?

Un par de libros que tocan el tema son Breaking open the head de Daniel Pinchbeck y el clásico Zig Zag Zen de Allan Badiner, quienes han investigado la relación entre sistemas de pensamiento orientales y el potencial transformativo de sustancias psicodélicas.

El inicio de esta relación puede rastrearse a los años 60 de la mano de divulgadores y artistas como Alan Watts, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs o Ram Dass. La literatura, la filosofía y el uso de drogas —consideradas ilegales sin estudio ni fundamento real por los gobiernos desde Nixon— pueden nutrirse mutuamente, sin que se impliquen necesariamente.

Por el lado del budismo, las enseñanzas prohíben expresamente el uso de alcohol, pues provoca dispersión y agudiza el egoísmo, pero no se dice nada sobre las plantas de poder. Incluso existen tradiciones budistas, como la shivaíta, que cultivan sus propias cepas de cannabis en los templos, destinadas a la oración, la ofrenda o la curación.

Tal vez el planteamiento de la pertinencia del uso de psicoactivos desde la perspectiva budista podría resolverse si nos preguntamos por el potencial de dichas sustancias para producir mayor empatía, compasión y amor. La cannabis, el hachís, el híkuri, el yagé, los honguitos "mágicos", el DMT, e incluso el MDMA en un contexto amoroso, pueden resultar provechosos para hacernos conocer un sentimiento de unión y compasión con el mundo y con los demás.

Si en nuestros días el budismo y los psicoactivos experimentan un auge renovado es porque nos encontramos en un punto crítico de la existencia social: el colapso ecológico, el despojo económico, la desesperación espiritual y la agresión moral son la orden del día. Las religiones occidentales parecen ser más parte del problema que de la solución; la vuelta al chamanismo, la medicina tradicional y el uso ritual de sustancias psicoactivas, como peyote o ayahuasca, suplen una necesidad humana de comunidad que no es fácil fomentar actualmente.

Para Badiner los psicoactivos pueden servir también como preparación psicoespiritual para la “transición final”, el umbral de la disolución o el nuevo comienzo: la muerte o la crisis de transformación del organismo vivo, el desapego de la conciencia respecto a su inminente desaparición, y todas esas cosas que difícilmente vas a aprender en la escuela o en los libros y que tienen que ver con procesos vitales.

Naturalmente, ni el budismo ni las sustancias psicoactivas deben ser algo que se imponga “democráticamente” a todos, ni algo que deba probarse por presión o mero entretenimiento. Se trata de caminos complementarios para dirigir la experiencia vital a largo plazo: el budismo, como sistema ético a través de la compasión, y los psicodélicos por su potencial transformativo de los rasgos de personalidad a largo plazo, pueden iluminarse mutuamente y permitirle al practicante volver al mundo con una visión renovada de su lugar en él.

 

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