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Un curioso desorden mental llevó a este hombre a asegurar que su gato era un espía

Por: pijamasurf - 02/21/2016

¿Qué harías si tu gato, tu pareja o tu mejor amigo fuesen suplantados por el FBI para espiarte o conspirar en tu contra?

La mente humana es un laberinto de resquicios que a su vez son, en potencia, cada uno otro laberinto, y así sucesivamente. Y como parte de esta peculiaridad dinámica existen cientos de desórdenes mentales, desde los más predecibles hasta los más improbables. Un ejemplo de lo anterior es el síndrome de Capgras, el cual en pocas palabras orilla a su anfitrión a suponer que alguno o varios de sus seres queridos fueron suplantados por impostores y conspiran en su contra. 

La revista New York, citando a su vez un estudio publicado en la revista científica Neurocase, documenta el caso de un hombre que llevó este desorden a un lugar harto peculiar: se obsesionó con la idea de que su querido gato había sido reemplazado por un gato impostor, obra del FBI, y ahora ejercía meticulosas labores de espionaje sobre él. 

El paciente tiene antecedentes de alto consumo de alcohol durante su juventud, así como registro de múltiples golpes en la cabeza pues durante años jugó hockey. Tiempo después comenzó a experimentar destellos de paranoia, los cuales fueron acentuándose hasta que finalmente terminó por intuir la verdadera identidad de su gato (que ya no era su gato sino un malévolo suplente).

En fin, si alguna ve sientes que tu gato, tu pareja o tu mejor amigo pudieran haber sido sustituidos por agentes espías te recomendamos que no descartes que pueda tratarse de un episodio de Capgras y mejor te relajes, mires las estrellas, montañas o cualquier otro horizonte relajante que tengas a tu disposición, y dejes que la hipótesis se diluya. 

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MDMA reduce la agresividad y aumenta la empatía, según estudio con macacos

Por: pijamasurf - 02/21/2016

El uso de MDMA en circunstancias clínicas con macacos permite avizorar un buen futuro a posibles aplicaciones de la sustancia en humanos para promover la empatía y la comunicación emocional

Un estudio dirigido por el doctor Sébastien Ballesta de la Universidad Lyon 1 buscó analizar en términos de comportamiento los conocidos efectos de apertura emocional (empatogenia o entactogenia) de la asimilación de MDMA. También conocida como éxtasis o Molly es una conocida droga de fiesta que aumenta la empatía y promueve el baile y el comportamiento festivo (en primates humanos), pero su dosificación ha sido poco estudiada, sin contar con que se trata de una sustancia ilegal, y por lo tanto su fórmula no está regulada sobre una base estándar. 

El MDMA puede ser utilizado en un campo clínico para incidir en las modulaciones farmacológicas de comportamientos afiliativos estimulando la descarga de serotonina, dopamina y noradrenalina en roedores, humanos y otros primates. Para la investigación se empleó a tres macacos cangrejeros machos, jóvenes y acostumbrados a un entorno social. Se administraron por vía subcutánea tres dosificaciones distintas (1, 1.5 y 2mg/kg, o pequeña, mediana y grande) y se filmaron con cámaras especiales los comportamientos de los primates durante 68 sesiones, con un intervalo de 1 semana entre las sesiones para no afectar negativamente la descarga hormonal de los macacos.

Un total de 200 horas de comportamiento fueron clasificadas en cinco categorías de conductas básicas: descansar, locomoción, búsqueda de alimento, contacto social (acicalamiento propio y compartido) y juego con un objeto. Con la dosis más baja (1mg/kg) aumenta la manipulación del objeto y el juego; esto es relevante porque los investigadores lo interpretan como un aumento de la curiosidad y probablemente relacionado con las propiedades alucinógenas del MDMA, además de que dichos animales no suelen manipular objetos en presencia de otros macacos en situaciones normales (i.e.: cuando los médicos no les están inyectando cosas).

A partir de la dosis mediana y grande los comportamientos tienden a hacerse más sociales y en las tres dosificaciones se inhibe el impulso de buscar comida, lo cual coincide con las conocidas propiedades anorexigénicas del MDMA. Con la dosis de 2mg/kg la locomoción se vuelve incesante, lo que verifica la propiedad estimulante de la sustancia. Los investigadores explican que "el MDMA sólo incrementa el acicalamiento social recibido, no el dado, lo que sugiere que tal efecto prosocial puede explicarse como un incremento en las posturas no agresivas más que un incremento genuino en la motivación de afiliación social".

En otras palabras, el aumento de la conducta social de los macacos no se debe a que el MDMA "incremente" la necesidad de contacto físico, sino a que reduce los mecanismos de defensa y vuelve a los animales más "abiertos" para socializar. En condiciones normales, los macacos no siempre quieren que otro macaco venga a rascarles la cabeza, pero con una dosis grande de MDMA la reticencia y el impulso de defensa bajan, pues por alguna razón no se sienten amenazados. Tal vez este estudio ayude a explicar por qué el MDMA puede funcionar en terapias de pareja para primates no humanos: nuestras reticencias contra el otro bajan y somos más proclives a empatizar con sus sentimientos y motivaciones, más que a enfrentarnos a ellos.